Nunca he entendido la polémica que se ha montado entre los obispados de Lérida y de Barbastro por la custodia de ciento y pico obras de arte religioso de gran valor. Creo que no debería llegarse adonde se ha llegado. Es decir, a la intervención de Roma. ¿No quieren los catalanes los papeles del archivo de Salamanca? ¿Por qué rechazan entonces la devolución de estas obras que pertenecen legítimamente a parroquias oscenses de la franja con Cataluña? La cuestión es ridícula y rocambolesca. Pero lo peor del caso es que, tal como publica la prensa de hoy, el vicario de Lérida afirma que no va a dar los bienes religiosos "al primero que llegue". ¿Es que el futuro Museo Diocesano de Barbastro es un cualquiera? Y se enroca tozudamente en su idea y quiere recurrir a la súplica a Roma y se apoya también en que los custodia la Generalitat. Por ello - afirman - hay que solicitar un permiso a este organismo. Todo esto me suena a desfachatez y me recuerda tiempos pasados. Porque parece ser que la iglesia catalana sólo recurre a la Generalitat cuando le interesa. Y la critica casi siempre. Paradojas de la vida y contradiccíones evidentes. Hasta la Diputación de Lérida ha intervenido en el caso para pedir a la Generalitat que tome todas las medidas necesarias para evitar que se lleven estos bienes. Como si fueran suyos,...¡Qué ironía!
Pues si son suyos, pues por si no lo sabes muchos de ellos fueron vendidos por los propios parrocos. Desde de años y años nos acordamos que esos bienes son nuestros y todo por politica, a los politicos les va bien el anticatalanismo...ala pues sigamos así.