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UN ENTORNO NATURAL PRIVILEGIADO

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            Este domingo me he desplazado con mi familia a Nuévalos para visitar el Monasterio de Piedra. Estuve allí hace más de veinte años y prácticamente no recordaba casi nada de lo que hoy hemos podido contemplar. Lo que más sorprende es que, en medio de una zona seca, casi esteparia, surja este vergel, este oasis natural. Todo ello gracias al curioso y original serpenteo de un río denominado precisamente río Piedra.

            Lo primero que hemos visitado ha sido el monasterio cisterciense del siglo XIII. Poco queda ya de ese cenobio, que fue primero castillo musulmán y después estuvo habitado por los monjes hasta el siglo XVIII. La desamortización de Mendizábal en 1835 y el abandono y saqueo posterior lo privaron de casi todas sus riquezas escultóricas. En 1940, cuando lo compró la familia Muntadas, sólo quedaba el claustro y algunas dependencias que hoy hemos podido visitar: la bodega, la sala capitular y el refectorio. Lo que más sorprende es la iglesia en ruinas y las huellas de una restauración barroca que afean el gótico original.

            Pero lo mejor estaba por llegar: la visita al Espacio Natural Protegido del Monasterio de Piedra. Iniciamos un recorrido de casi dos horas por un itinerario surcado de árboles centenarios, lagos naturales, originales cascadas, fauna autóctona y variada flora. Mientras recorría estas cuevas y pasadizos y ascendía o descendía escaleras, me venía a la memoria el viaje que José María Quadrado y Javier Parcerisa realizaron a este pintoresco lugar en el otoño de 1844. Estaba muy reciente la huella del saqueo de las guerras carlistas y el escritor menorquín y el dibujante catalán captaron con especial sensibilidad la huella que la naturaleza dejó en este rincón de la provincia de Zaragoza y el estruendo constante e imparable de esa singular cascada de 50 metros denominada “Cola de Caballo”. Hoy he leído en una inscripción que Federico Muntadas descubrió en 1860 la gruta Iris, que desciende paralelamente a la cascada y atraviesa materialmente la caída del agua. Me han entrado mis dudas, porque Parcerisa ya dibujó del natural en 1844 una litografía de ese preciso lugar. ¿Se podría acceder desde el exterior? Lo intentaré averiguar, si es posible.

            Día de visita a uno de los monasterios cistercienses de Aragón. Están mejor conservados el de Veruela y el de Rueda. Pero el de Piedra merece un viaje como éste para disfrutar de su entorno natural privilegiado. Es un regalo para los sentidos en este día del Medio Ambiente y en esta etapa de sequía y de abandono del paisaje.

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