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FRACASO EDUCATIVO

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     Cuando llegan estas fechas de inicio del curso escolar, aparecen numerosas estadísticas en los medios de comunicación sobre la educación en España, sus aciertos y sus lagunas. Aunque las estadísticas son frías y hay que analizarlas en su contexto, está claro que una de las asignaturas pendientes de la tarea educativa en nuestro país es el alto nivel de alumnos - en torno a un treinta por ciento - que no llegan a culminar los cuatro cursos de Enseñanza Secundaria. Los motivos son muy diversos y, en ocasiones, complejos y difíciles de desentrañar. Desde mi dilatada experiencia docente observo que los contenidos son cada vez más asequibles, que los libros de texto han mejorado notablemente y que los alumnos de Secundaria están cada día más desmotivados. Tienen demasiados reclamos extenos que los alejan de la concentración, de la lectura, de la reflexión y de un trabajo metódico. Porque ahora lo que se lleva es el trabajo rápido y sin esfuerzo, el vivir de rentas, la falta de motivación y el nulo afán de superación.

     En estas fechas, cuando saludo de nuevo a mis alumnos, - este año de Primero de Bachillerato - les recuerdo la importancia de la curiosidad intelectual - inherente a tantos intelectuales y científicos -, la inquietud por aprender y el deseo de superarse día a día. Me da la impresión de que a la gran mayoría esto les suena a música celestial. Porque en el mundo que les rodea - el mundo real y el virtual - hallan modelos que con su conducta les ofrecen todo lo contrario. ¿Para qué esforzarse si el dinero fácil se puede conseguir de otra manera? ¿Para qué perder el tiempo en la lectura o en cualquier actividad cultural? ¿Para qué sirve un título si puedes encontrar un trabajo decente sin mucha formación? Son preguntas que se puede plantear culaquier adolescente cuando se mira en el espejo cada vez más cóncavo de esta sociedad capitalista. Y aquí es donde puede tener cabida el papel de los docentes - educadores - y, sobre todo, el papel de los padres. Sin la colaboración activa e implicada de la familia, la educación del hijo o de la hija irá a la deriva desde los primeros años de primaria. Porque hay que ser claros: el fracaso de secundaria se fragua desde los primeros cursos de primaria. Los buenos hábitos se adquieren durante esos años. Lo demás son paños calientes. De todos modos, las estadísticas son tan frías que merecen todavía más estudios e interpretaciones. Todos conocemos las causas. Pero nadie se atreve a afrontar el problema sin rodeos, sin tapujos y sin paños calientes. 

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