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ACERCANDO ORILLAS

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     Un fin de semana da para mucho. O para muy poco. Según cómo se mire. En mi caso ha ocurrido lo primero: he podido alargar metafóricamente las cuarenta y ocho horas - esta vez cuarenta y nueve - del sábado y del domingo para disfrutar de la cultura, del deporte, de la familia y de la literatura. No leído o releído ninguna novela de terror ni ninguna leyenda de Bécquer ni ningún fragmento del Tenorio, como correspondería a estas fechas cercanas al día de Todos los Santos y a la jornada de recuerdo por los difuntos. He dedicado mi tiempo de lectura a unos relatos breves que fueron seleccionados por la Concejalía de Acción Social y Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Zaragoza como mejores muestras del III Concurso de Narrativa sobre experiencias migratorias en Zaragoza. En estos textos de corte autobiográfico no destaca el estilo brillante o la prosa retórica. Llaman la atención por su sencillez, su espontaneidad y por la profunda sugerencia de ideas.

     La antología de estos relatos se titula Acercando orillas. Historias de la vida. Porque la mayoría de sus protagonistas contemplan la vida desde la otra orilla, desde el otro lado, con la óptica de los perdedores, de los desarraigados, de los marginados. No todos los que narran su experiencia son de África o de América Latina. También hay algún inmigrante que ha abandonado el pueblo que le vio nacer y no ha tenido más remedio que desplazarse a la gran ciudad, en este caso a Zaragoza. Y Zaragoza es en todos los textos un lugar de acogida, más o menos inhóspito, una patria común, soñada o imaginada y una etapa más - casi siempre definitiva - del deambular de estas personas por la geografía europea o española en busca de un trabajo digno o de un lugar donde vivir.

    De la lectura de estos relatos, me quedo con algunas reflexiones que pueden servir para hacernos reflexionar sobre los vaivenes de la vida, la incertidumbre del destino o los sinsabores cotidianos del que no se ha integrado en la sociedad:

     Siempre he pensado que cada cosa pasa por algo importante en la vida y que estamos en el lugar que necesitamos estar en ese momento específico, que las cosas no pasan en vano, ni el tiempo ni las situaciones.

    Cada día se aprende algo y, si es de gran magnitud, pues mejor. Sólo tenemos que verlo con otra perspectiva: sacar lo mejor que se nos ofrece y luchar por dejar una buena huella y unos buenos recuerdos en las personas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida.

     Respirar con los pulmones llenos, mirar con los ojos limpios y curiosos, contemplar con amabilidad todo lo que nos rodea para sentir que no estamos solos: esa es uno de los grandes retos del ser humano.

 

 

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