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ENTRE EL INTIMISMO Y LA LITERATURA

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     Hay circunstancias en la vida que invitan a refugiarse en lo más íntimo, a bucear en las raíces de uno mismo, a reclamar la confidencia, el desahogo, la sinceridad a flor de piel. Poco antes de que naciera mi hijo Javier - en frebrero de 1995 - comencé a escribirle cariñosas cartas, nacidas desde dentro y teñidas de ternura. Algún día las leerá y las podrá valorar. Ahora, dos meses y medio después de la ausencia de Nieves, le escribo frecuentes cartas desde la soledad, el recuerdo y la cada vez más nítida memoria.

     La carta siempre ha sido un recurso literario que se alimenta de intimismo, de estética y de sinceridad. Desde las primeras creaciones literarias hasta las más recientes, la carta ha reclamado un lugar privilegiado como un subgénero cercano al realismo y no exento de idealizaciones y utopías. Hoy mismo aparece en la prensa la noticia de la publicación de una carta que el escritor Francisco Umbral - fallecido en agosto de 2007 - dirigió a su esposa María España. El escritor y académico Pere Gimferrer, autor del prólogo, afirma que "el tema del que trata no es el del amor ni el de la vida en pareja; lo que aquí se ventila es el paso del tiempo, lo que va quedando de un hombre cuando vislumbra que lo que le queda por vivir es menos que lo que ha vivido".

     Un escritor más joven, Carlos Castán, publica en su antología de relatos Museo de la soledad una carta de un personaje - a quien llama su hermano - a Laura, su amor ausente. Con una prosa poética y profunda, el autor plasma con estas palabras los sentimientos que genera el recuerdo y que alimenta la soledad:

     Muchas veces, querida Laura, he sentido este mismo dolor en la garganta al regresar a casa tarde, con los zapatos mojados como ahora, y respirar el silencio amargo de las habitaciones. Tantas veces antes he tenido la certeza, como hoy, de romper a llorar en cualquier momento, de pie, con la frente apoyada en el cristal de la ventana, la taza de café frío en la mano y mirando la noche salpicada de ventanas encendidas.

     Muchas veces he querido escribirte una carta parecida a ésta, contarte cómo duelen los besos de los demás y las parejas que caminan enlazadas, lo húmedo que ha llegado este invierno o cómo creí ver tu cara avanzando hacia mí entre un mar de paraguas y otra vez como siempre no eras tú; decirte lo cansado que me siento, la pereza que me da la palabra "futuro" y que tuve que volver el rostro para no ver el portal donde tantas veces nos despedimos en la madrugada, fumando ese último cigarro que nos resistíamos a apagar hasta que nos quemaba los labios. Y hablarte de eso, de cómo la ciudad entera a cada paso hurga en el centro de mi herida, las fachadas de los cines, los callejones, los bares donde fuimos felices aunque entonces no lo pareciera, cada lugar que nos vio pasar de la mano y, sobre todo, cada sitio donde recuerdo haberte hecho llorar.              (Fragmento de "Muchas veces, querida Laura")

                                              

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gravatar.comAutor: Javier López Clemente

Escribí muchas cartas desde que en 1982 me trasladé de Utrillas a Zaragoza, después fueron las cartas desde el cuartel de artilleria. Mi novia las guardó todas y ahora las tenemos en el trastero, en un caja enorme que me da mucho miedo abrir, me temó que allí, entre aquellas líneas estoy yo, y no creo estar preparado para bucear en un pasado tan reciente.

Salu2 Córneos.

Fecha: 14/03/2008 20:41.


gravatar.comAutor: José María

Gracias por tu comentario, Javier. A mí me ocurre algo parecido, aunque lamento haber quemado muchas cartas de mi madre.

Fecha: 14/03/2008 21:04.


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