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UNA SEMANA SANTA ATÍPICA

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     Ahora que llegan las minivacaciones de Semana Santa, muchas familias se plantean si abandonar por unos días su lugar habitual de residencia o quedarse en el pueblo o en la ciudad donde residen. Este año las fechas parecen un poco a contrapelo, algo atípicas. La Semana Santa cae un mes antes de lo normal y comienza todavía en invierno - aunque las temperaturas sean bastante benignas. Por eso, los que tienen la suerte de disfrutar de una semana libre se plantean como alternativa a la playa o a disfrutar del deporte del esquí, la estancia en una casa de turismo rural o en un albergue.

     Y es precisamente en estos meses de preprimavera cuando la demanda de reservas en casas rurales se dispara. Las razones pueden ser diversas e incluso dispares: la orilla del mar todavía no apetece demasiado, el deporte de la nieve está muy saturado y no es asequible para todos los bolsillos y quedarse en casa tampoco tiene mucho aliciente. Mucha gente se inclina, por tanto, hacia breves estancias en un entorno natural tranquilo, alejados de aglomeraciones - se puede comprobar estos días en Valencia - y disfrutando además de paisajes pintorescos. Un ejemplo claro es el valle cacereño del Jerte, inundado de miles de cerezos en flor. Pero hay otros lugares por descubrir: la sierra onubense de Aracena, el interior de Galicia, la zona norte de León, todo el principado de Asturias y, obviamente, algunos rincones de Aragón desconocidos hasta por los propios nativos.

     Otro tipo de turismo de Semana Santa es el de las procesiones. El reclamo de las ciudades andaluzas - especialmente de Sevilla - es evidente. Pero la masificación puede ser para algunos un factor disuasorio. En algunas ciudades de Castilla y León - sobre todo Zamora y Valladolid - la Semana Santa tiene un carácter más serio que en el sur de España. Es otra manera muy distinta de vivir la religiosidad. Ambas son válidas e incluso discutibles. No podemos olvidar, lógicamente, cómo se vive esta semana en el Bajo Aragón. Las nueve localidades turolenses que forman la Ruta del Tambor y el Bombo atraen a cientos de visitantes. Calanda se lleva la palma, quizás por el peso de la figura de Buñuel, pero personalmente me quedaría con las procesiones de Alcañiz y con la subida al Calvario de Alcorisa. De todos modos, si alguno no va a salir de Zaragoza, hay reclamos turísticos que sus habitantes no acabamos de valorar. Las procesiones son uno de ellos: la del Domingo de Ramos, la del Encuentro y la del Santo Entierro son las más representativas. Y no tienen nada que envidiar a las de otras ciudades españolas.

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