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MILLONES DE SABINAS

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     De acuerdo con un estudio de la Fundación Ecología y Desarrollo, para contrarrestar o compensar los efectos de la contaminación que generaría el parque de juego y ocio Gran Scala  - unos 15 millones de toneladas de CO2 anuales - haría falta plantar 1.500 millones de sabinas, es decir, dos tercios de la superficie de Aragón.

    La noticia es sorprendente. Y despertará polémica. Lo que está claro es que, siga adelante o no el macroproyecto de Gran Scala, la necesidad de repoblar grandes zonas semidesérticas de Aragón - y de España - es cada vez más urgente. Me parece un acierto la intención de sembrar nuestros montes con semillas de sabinar, este árbol resistente a vendavales y ventiscas, de madera muy valiosa, con propiedades medicinales y de muy larga vida. En la provincia de Teruel hay muchos sabinares. Entre ellos destaca el sabinar de Formiche Alto. Las sabinas están en todas partes y conforman un paisaje peculiar. En esta zona se pueden encontrar tres especies: sabina negra, sabina blanca o albal y sabina real. La sabina negra es la más frecuente, aunque la más valiosa es la sabina albal, que puede alcanzar veinte metros de altura y dos o tres metros de diámetro.

    Siempre me han llamado la atención las sabinas que se extienden irregularmente por diversas zonas del término municipal de Aliaga. Alternan su presencia con el enebro - ambas se caracterizan por su lento crecimiento y su longevidad - y compiten en algunas zonas con el pino. En la ribera del río Guadalope, en las laderas que flanquean su cauce desde Aliaga hasta Miravete de la Sierra, la sabina se erige en protagonista de un paisaje desolado en invierno y acogedor en pleno verano. Están dispersas, separadas. A veces se elevan como testigos solitarios de un pasado cada vez más lejano. Eso sí, su presencia es cada vez más escasa. Muchos no distinguen la sabina del enebro. Javier las diferenciaba desde pequeño por el color de sus hojas - verde más claro en los enebros - y por el tacto. El enebro pincha, la sabina acaricia y produce sólo un ligero cosquilleo.

     No sé si llegará a buen puerto el proyecto de Gran Scala. Al parecer, cada vez surgen más inconvenientes y más detractores. Lo que debería llegar a feliz término es la plantación de sabinas en zonas como los Monegros, los montes de Belchite o grandes extensiones de la Ibérica turolense. Sería una siembra de futuro. Y seguro que no encontraría tantos detractores como el megaproyecto de ocio previsto entre Zaragoza y Huesca.

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gravatar.comAutor: David Ballota

Hola, nos gustaría contar con una colaboración tuya (quincenal) en la nueva época de la revista Generación XXI. Escríbeme a davidballota(arroba)hglobal.es y "hablamos". Un saludo.

Fecha: 30/03/2008 19:16.


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