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CASCADAS PRIMAVERALES

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Siempre ha despertado mi interés e intensificado mi entusiamo la contemplación de una cascada desde el camino, desde el valle o desde un pequeño promontorio. Por eso es gratificante comprobar cómo han aparecido en el Pirineo de Huesca cascadas inusuales y sorprendentes. En una fotografía de el Periódico de Aragón de hoy - que no he podido reproducir aquí - aparece un chorro de agua impetuosa y cristalina que caía ayer en Lafortunada, sobre el túnel de las Devotas, junto al río Cinca. Obviamente,  este surtidor natural es fruto de las copiosas lluvias de los últimos días y parece confirmar que esta primavera va a entrar dentro de la normalidad meteorológica. Algo que no ocurrió en el pasado invierno.

Prefiero, sin embargo, las cascadas veraniegas. Esas que abundan poco y que aparecen con cuentagotas en algún recodo del camino. Las que más conozco son las de Aragón y, en concreto, las de la provincia de Teruel. En el término municipal de Aliaga hay numerosas cascadas, aunque son pocas las que logran esquivar los rigores estivales. Una de las que casi nunca faltan a la cita es la cascada - mejor dicho, las cascadas - del barranco de La Clara. Tampoco olvido la cascada de La Tamborera - casi sin agua en los últimos veranos - y la del barranco del Hocino, que visité en agosto de 2007, cuando estaba ya en las últimas. Me olvido algunas, lógicamente, pero no quiero dejar pasar las pequeñas y cristalinas casacadas de agua que brotan de las piedras en el camino de Boca Infierno, antes de que el Guadalope se estreche hasta quedar encajado entre dos elevadas eminencias rocosas.

En otros lugares que conozco hay cascadas para todos los gustos - algunas son al mismo tiempo nacimiento de un río. Recuerdo, entre otras, las del río Pitarque, después de su espectacular nacimiento; las del nacimiento del Llobregat, en Castellar de n’Hug; las del nacimiento del río Mundo, cerca de Alcaraz; las del río Cuervo, en la provincia de Cuenca; las del río Piedra en el Monasterio de Piedra (como la de la fotografía adjunta); las del río Arazas, en el Valle de Ordesa... Y, volviendo al Pirineo, me han impresionado siempre las cascadas del valle de Pineta. Son, simplemente, maravillosas.

En estos momentos de sequía. En estos tiempos de "guerra del agua". En esta situación que genera tanta polémica, la contemplación de una cascada como la de la foto es un soplo de agua fresca. ¡Que dure y se repita un mes de abril como éste! Son de los que nos reconcilian con el paisaje y con el medio ambiente. 

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