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LA BARCELONA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

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     Estoy leyendo durante estos días la novela El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón. Aunque el éxito de su obra La sombra del viento ha podido eclipsar este último relato, en algunos aspectos estilísticos y literarios no tiene nada que envidiar a la anterior.

     Hay dos protagonistas esenciales en la narración autobiográfica del joven David Martín: la ciudad de Barcelona y el libro como creación para la posteridad.  Cuando Ruiz Zafón describe Barcelona, su ciudad, evoca con maestría los avatares y vivencias de esta urbe durante la segunda década del siglo XX. Hay un párrafo inolvidable que quiero plasmar y en el que Zafón emula al mejor Eduardo Mendoza de La ciudad de los prodigios y a otros grandes novelistas europeos y americanos que han inmortalizado ciudades como Londres, París o Nueva York. El libro tiene sus lagunas y sus excesos: concesiones al folletín, descripciones repetitivas, morosos diálogos,... pero también presenta páginas inolvidables que quedarán para siempre en el haber de este joven escritor. Este fragmento es una de ellas.

     Aquellos eran años en que la sangre y la violencia en las calles de Barcelona empezaban a ser el pan de cada día. Días de octavillas y bombas que dejaban pedazos de cuerpos temblando y husmeando en las calles del Raval, de bandas de figuras negras que recorrían la noche derramando sangre, de procesiones y desfiles de santos y generales que olían a muerte y a engaño, de discursos incendiarios donde todos mentían y donde todos tenían la razón. La rabia y el odio que años más tarde llevaría a unos y a otros a asesinarse en nombre de consignas grandiosas y trapos de colores se empezaba ya a saborear en el aire envenenado. La bruma perpetua de las fábricas reptaba sobre la ciudad y enmascaraba sus avenidas empedradas y surcadas por tranvías y carruajes. La noche pertenecía a la luz de gas, a las sombras de callejones quebradas por el destello de disparos y el trazo azul de la pólvora quemada. Eran años en que se crecía aprisa, y para cuando la infancia se les caía de las manos, muchos niños ya tenían mirada de viejo.

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Autor: Luis Antonio

Me encanta que te guste este escritor. Muchos se están ensñando con él. Has seleccionado un buen texto. Yo todavía no lo he leído y me temo, por lo que tú sabes, que seré muy parcial a la hora de comentarlo. Un abrazo, José Mª

Fecha: 14/09/2008 20:57.


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