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DESOLACIÓN EN ALIAGA

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     Regresas a tu pueblo a disfrutar de unas horas de descanso y te encuentras con un paisaje triste, desolado, casi irreconocible. Tenías previsto realizar un recorrido en bicicleta desde Aliaga hasta Cirugeda, pero has tenido que cambiar de ruta. Si te acercas a una eminencia desde la que se contempla la Muela Cerra, te vas a llevar un tremendo disgusto. Las piedras que coronan la cima están heridas por el humo y terriblemente huérfanas. Todavía no has bajado hasta Las Erías - ¿cómo estará la masada? -. Tampoco te has acercado a La Cañadilla, ese rincón idílico en el que has pasado tardes maravillosas recogiendo rebollones y disfrutando del paisaje.  De momento, prefieres esperar a que la situación se calme. Y guardas silencio. Tienes un nudo en la garganta y un ahogo en el corazón. Porque este paisaje ha alegrado los días de tu infancia, las tardes de tu juventud. Aún recuerdas tenuemente un incendio similar hace unos veinte años. Partió de la zona de Boca del Infierno. Ahora que empezaba a recuperarse la naturaleza... Los pinos y las sabinas volverán a surgir, como un ave fénix, de sus propias cenizas. Los buitres comenzarán una huida hacia ninguna parte. Pero la zona tardará, al menos, otros veinte años en recuperarse.

     Es una catástrofe ecológica impresionante. Es una catástrofe natural que tardarás en asimilar. De momento, predomina el silencio y la tristeza en las caras de tus vecinos y amigos. Alguno se consuela porque podía haber sido peor.  Hasta Neoelectra ha estado amenazada. Sólo hubiera faltado eso, después de los esfuerzos que ha costado mantenerla en funcionamiento. Aunque parezca duro y contundente, nada será igual en esta zona a partir de julio de 2009. Otro verano fatal. Como el de 1994 en una zona cercana. Regresas a casa. Hablas de estos incendios con los tuyos. Y piensas si se podrían haber evitado. Porque es una pena que lo que la naturaleza ha labrado durante siglos, quede asolado en pocas horas a causa de las condiciones atmosféricas de un verano inclemente.

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