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LATIDOS COTIDIANOS (3)

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    Hacía bastantes años que no te perdías el pregón de las Fiestas del Pilar de Zaragoza. Este año te ha sabido un poco mal porque volvía al balcón del Ayuntamiento el aragonés más carismático, José Antonio Labordeta. Y el polifacético cantautor zaragozano no defraudó, según has podido leer en diversos medios de comunicación. De todos modos, has aprovechado muy bien este fin de semana un poco más largo: viaje a Arros de Nay, pequeña localidad de la región francesa de Aquitania y del departamento de los Pirineos Atlánticos. Y te has desplazado por el Portalet, más agreste, más sinuoso, pero más pintoresco que el Somport. La lluvia ha hecho acto de presencia nada más entrar en el país vecino. Los campos verdes, los montes verdes, la naturaleza más lozana que a este lado de los Pirineos. Y ya en Arros de Nay, la hospitalidad de una familia de amigos, las visitas culturales a la cercana localidad de y el ascenso a una de las colinas más emblemáticas de los Pirineos franceses.

     El regreso a tu ciudad en el día de su fiesta grande, ha venido marcado de contrastes, como era de esperar: filas de turismos por doquier, calles atestadas de gente, la plaza del Pilar a rebosar y niños, jóvenes y no tan jóvenes vestidos de los trajes regionales para inundar de flores la pirámide blanquirroja, que cada año resulta más pequeña. Todavía quedan días de celebración por delante, aunque, en realidad, los días más grandes acaban con la jornada del día trece, más local, más tranquila y menos multitudinaria. No te perderás el Rosario de Cristal e intentarás acercarte a la plaza de los Sitios y a otros lugares emblemáticos del Casco Viejo. Valdespartera te queda demasiado lejos y los conciertos tampoco tienen el gancho de otros años. Eso sí, volverás a Arros de Nay en otra ocasión y te volverás a perder en plena naturaleza, observando la altivez de las montañas, el vuelo airoso de los alimoches y esa lluvia finísima que empapa la tierra y serena el ánimo, tu ánimo y el de los que te acompañan.

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