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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2009.

EN BICICLETA HASTA CIRUGEDA

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     Cirugeda es uno de los barrios más pintorescos del municipio de Aliaga. Sus casas se apiñan en el fondo de un pequeño valle, resguardadas por la iglesia de la Asunción y coronadas por la ermita de San Eloy. Para llegar a Cirugeda desde Aliaga, hay que recorrer quince kilómetros de carretera. Es una ruta tortuosa, llena de altibajos y flanqueada de una vegetación envidiable. De todos modos, después del incendio de finales de junio, nada será lo mismo en este valle que, una vez atravesado el río Campos, se aproxima a la Muela Cerra, una cumbre que aparece calcinada - fotografía adjunta - en contraste con el pino que milagrosamente se ha salvado.

     Mientras asciendo la empinada pendiente, agacho con frecuencia la cabeza para no contemplar tanta desolación. Todavía me llega un amargo olor a ceniza. Durante unos tres kilómetros no aparece ni un brote verde, no se contempla ningún aliento de vida, no se oyen como antaño los trinos de los pájaros ni se percibe el vuelo majestuoso de los buitres. Sólo al final de esta prolongada cuesta puedo contemplar con alivio la masada de Las Erías, salvada del fuego, y advierto que todavía hay vida y esperanza. Unos agricultores están cosechando la mies de los campos cercanos. Desde allí hasta Cirugeda, la vegetación se mantiene en pie. El fuego se ha dirigido más hacia La Cañadilla y hacia Ejulve.

     Una vez coronados los últimos cerros, el paisaje vuelve a ser el de antes: campos de cereal, pequeñas huertas e hileras de chopos que indican la cercanía de alguna fuente. Cirugeda aparece finalmente desde un último cerro, contemplada a vista de pájaro. Un descenso suave nos lleva a la entrada de este pequeño núcleo rural. Me quedo en un pequeño recinto sombreado, cerca del lavadero y al lado de la fuente, que ha sido testigo durante tantos años de reuniones festivas y de meriendas familiares. De sus cuatro caños brota un agua fresca, cristalina, vital. Me agacho para refrescarme y saboreo este bien cada vez más escaso. Tomo fuerzas para el regreso a Aliaga. Será una hora más pedaleando, con el agravante de un sol de fuego de primeros de agosto. Vuelvo a contemplar el paisaje, salvado milagrosamente de la quema. En mi retina queda este rincón pintoresco que sus pocos habitantes miman  y cuidan. Dentro de unos días celebrarán la fiesta anual en honor de la Virgen de la Asunción. El valle se llenará de vida durante unos días. Un valle que merece, al menos, una visita anual para disfrutar de su paisaje y saborear el agua de su fuente.

LA SOLEDAD DE LA SABINA

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     Mientras viajaba el lunes por la mañana desde Teruel hacia Valencia, observaba desde la autovía mudéjar, a la altura de La Puebla de Valverde y hasta el límite de la Comunidad Valenciana el casi insólito paisaje sembrado de sabinas. Al contemplar este árbol azotado por el cierzo y castigado por inviernos inclementes, recordé unos versos de José Antonio Labordeta, que plasmo a continuación:

 

                    EL PERFIL SE desangra..
                    Se rompe el horizonte.
                    Como un pájaro quieto
                    la sabina interrumpe la distancia.
                    El viento, atenazante,
                    lo desconcierta todo
                    y una ontina sedienta
                    rompe la longitud
                    de un cielo invertebrado.

                    Allí permanece quieta
                    igual que la soledad,
                   pasa el tiempo por sus ramas
                   y no las puede truncar.
                   Soporta la ira del cierzo
                   igual que un barco en el mar.

 

     También evoqué una enhiesta sabina - que aparece en la fotografía - en las proximidades de Aliaga, salvada milagrosamente del pavoroso incendio de finales de julio. No es la sabina de La Puebla de Valverde, no es la sabina de Los Monegros, es la sabina de Aliaga, arropada por sus hermanos los pinos y emulada por los ariscos enebros. Todo un símbolo del paisaje de Aragón. Labordeta lo supo captar y así lo expresó en una de sus canciones en 1997.

05/08/2009 18:43 josemarco Enlace permanente. ARAGÓN No hay comentarios. Comentar.


EL PODER DE LA PALABRA (II)

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     Me he reencontrado esta tarde en el lugar más insospechado con unos discos de vinilo que llenaron muchas de mis momentos de ocio durante los años ochenta: Aute, Labordeta, Sabina, Loquillo, Juan Luis Guerra, Patxi Andión,... De entre ellos, he prestado especial atención al más antiguo y quizás a uno de los más poéticos. Son las 24 canciones breves de Luis Eduardo Aute. Este polifacético cantautor filipino compuso estos breves poemas en una época de efervescencia política en Europa - mayo del 68 en París - y de aislados intentos en España por salir poco a poco del pozo de la dictadura. Aute elige como un motivo recurrente la palabra. Porque el artista conoce la fuerza de la palabra y - en la línea de otros poetas comprometidos de la época - sabe que la palabra sincera, afilada, cargada de simbolismo, puede contribuir a cambiar el mundo.

     Por razones obvias, no he podido volver a oír estas canciones. Lo que sí conservo son sus letras. He seleccionado cuatro pequeños poemas para evocar una actitud comprometida y revivir la fuerza de la palabra. Además, he podido comprobar que, en este tórrido verano de incendios y olas de calor, la metáfora de la palabra cobra un relieve especial.

                    LA POESÍA ES PALABRA

                  La poesía es palabra

                 que vela despierta.

                  La poesía es palabra

                 que toma conciencia.

                  La poesía es palabra

                 que mueve a las piedras.

                  La poesía

                 es palabra que debe alumbrar.

                   PÁJAROS DE ALAS CORTADAS

                 Surcaban ayer sus plumas los aires

                 los pájaros de altivas alas,

                 poetas del trigo y del alma.

                 Sus alas de hoy no vuelan, no tañen,

                 hay voces que mandan cortarlas

                 por miedo a sus justas palabras.

                  De hastío se viste la cálida tarde

                 por voces que rezan y matan

                 pájaros de alas cortadas.

                      ÁRBOL

                  La vida que fluye en las ramas

               del árbol que tengo en el cuerpo,

               las hondas raíces del alma

               se pudren si está seco el huerto.

                    DE TANTO

               De tanto quemar las palabras,

             la voz se hace llama,

             el viento no apaga la hoguera,

             le ayuda a que crezca.

              De tanto matar la esperanza,

             la fe se hace espada,

             el cuerpo que arrastra cadenas,

             se arrecia con ellas.

07/08/2009 18:24 josemarco Enlace permanente. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

LA NOCHE COMO MOTIVO POÉTICO

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      Desde los primeros momentos de la poesía, la noche ha ocupado un lugar preferente entre los compositores de todos las épocas. Todos recordamos la Noche oscura del alma de San Juan de La Cruz. Aunque habría que remontarse al Romanticismo para encontrar los poemas más profundos y más reveladores. Bucear en la noche es bucear en la soledad, es bucear en el amor, es bucear en la muerte.

     Uno de los poetas del siglo XX que mejor han versificado sobre la noche es el escritor chileno Alfonso Calderón, recientemente fallecido. Este novelista, crítico y poeta, Premio Nacional de Literatura de Chile en 1998, escribió composiciones breves en la línea de los poetas renacentistas y románticos más universales.

     Transcribo tres poemas de Alfonso Calderón, como homenaje a este escritor chileno. Su poesía es poco conocida al otro lado del Atlántico. Su ritmo, su cadencia, su musicalidad revelan las cualidades de un buen creador.

                                                 Tú...
                                                 en las estrellas.
                                                 Yo...
                                                 en el agua.

                                                 Y así para nosotros
                                                 la noche entró a los caminos
                                                 como un buey de sombra.

                                                 Se aquietaron las voces azules
                                                 de los astros lejanos,
                                                  y en un temblor de labios
                                                  presentí el silencio.

                                                         *    *     *

 

                                                 La noche comprende esa música total
                                                 de la boca creciendo en el tiempo.

                                                 Por eso,
                                                 nunca estamos solos,
                                                 corazones ignorados,
                                                 porque siempre una estrella nace en círculos
                                                 deslizándose en la geometría de las manos,
                                                 y la noche nos ubica como la sangre perdida
                                                 que la pupila no entiende.

                                                                     *     *      *

                                                 ¿Quién se acerca
                                                 a los designios del labio?
                                                 ¿Quién desnuda tus manos
                                                 en un brillar de venas?

                                                 Y al fin de la noche,
                                                 ¿qué misterio párpado
                                                 Vio ocultarse la última estrella
                                                 tras el límite de tus ojos?

                                                               *     *     *

09/08/2009 20:11 josemarco Enlace permanente. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

LOS COLORES DEL VERANO

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     A medida que avanzan los días y las semanas de este efímero verano, una polifonía de colores se va adueñando de la realidad, cruda y descarnada, a pesar de las tan cacareadas vacaciones de agosto. Cual si fuera un caleidoscopio cromático, la vida cotidiana se va tiñiendo de los tonos más dispares e inverosímiles. Del color rojo agrisado de los incendios forestales, se ha pasado al tono amarronado de las tormentas, riadas y avenidas. Del color rosa de las vacaciones idílicas en una isla tranquila, se ha pasado al color negro de la dictadura del terror, que acaba de ’celebrar’ así sus bodas de oro. Del color azul del cielo, con continuos avisos de olas de calor, se ha pasado al color gris de las nubes, que se han enseñoreado por unos días de las playas del Levante. Del color blanco de la concordia y de una utópica paz social, se ha pasado al color amarillo de la envidia, del victimismo, de la sospecha continua y de las acusaciones infundadas.

     Así discurre el verano. Así discurre el mes de agosto. Así discurre la vida. La gripe A continúa amenzante como una espada de Dámocles, la muerte se lleva por delante - con su dictadura incomprensible - la vida de de un deportista joven, la crisis económica se toma unos días de vacaciones antes de la inminencia del otoño, la jerarquía eclesiástica se mantiene erre que erre en sus principios trasnochados,  algunas autoridades locales se empeñan en prohibir lo que ya está asumido por todos los ciudadanos, los responsables del tráfico siguen obsesionados por el exceso de velocidad y por el afán de recaudar, algunos retrógrados quieren volver a la segregación por sexos en la educación como hace más de treinta años, las obras del Fondo de Inversión Local continúan a marchas forzadas y, mientras tanto, los ciudadanos que pueden huyen de las grandes ciudades hacia las playas - que cada  vez son menos paradisíacas - o hacia las montañas - que sufren año tras año la enfermedad del desarrollismo. Son los colores del verano, ahora que los calores nos han dejado, aunque sólo sea por unos días.

EL DANCE DEL REINAO

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     La tarde del día 15 de agosto se desliza cálida, casi bochornosa. Por la ribera del río Guadalope nos acercamos a Miravete de la Sierra, ese pueblo "dondenuncapasanada". Los vecinos de este pueblo turolense nos acogen con alegría y entusiasmo. No es para menos. Están en plena celebración de las fiestas en honor de San Cristóbal y de San Roque y, como se dice vulgarmente, han echado la casa por la ventana, a pesar de la crisis.

     Son muchas las personas que se reúnen en Miravete durante este fin de semana. Los que nos hemos acercado esta tarde, lo hemos hecho con la intención de contemplar un dance tradicional de este pueblo. Se denomina el "Reinao" o "Reinau" y es un baile que recorre las principales calles del pueblo al son de la dulzaina y el tamboril. Doce parejas de mujeres interpretan diversas danzas tradicionales aragonesas y, casi al final, cada una de las damas elige du pareja de entre los numerosos varones que contemplan desde la primera fila este espectáculo singular.

     Pero la visita a Miravete da para mucho más. Pasear por sus calles empedradas es un placer reservado a unos pocos. Contemplar la silueta de la iglesia de Santa María de las Nieves y caminar bajo sus arcos es como viajar hacia épocas casi olvidadas. Pero la modernidad también ha llegado a Miravete: un centro cultural y lúdico muy acogedor, una piscina recientemente inaugurada y otras inquietudes a corto y medio plazo. Porque los habitantes de Miravete se preocupan por el futuro de este lugar tan encantador, con una naturaleza privilegiada y numerosos rincones pintorescos por descubrir.

HOMENAJE A VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

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     Aguilar del Alfambra es un pintoresco pueblo turolense, situado en plena sierra, en la comarca de la capital. El pueblo, afectado por la emigración de los años sesenta, al igual que todos los de su entorno, intenta recuperarse en verano y, para ello, programa numerosas actividades lúdicas y culturales. Una de estas iniciativas ha consistido en organizar una exposición dedicada al escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Muchos se preguntarán el porqué. La razón es muy sencilla: el escritor naturalista (1867-1928) era oriundo de Aguilar del Alfambra. Su padre, Gaspar Blasco, nació en esta localidad y emigró con su familia a la capital del Turia, abriendo una tienda en la calle de la Jabonería Nueva. La fortuna les sonrió y ello permitió que su hijo Vicente llegara a ser abogado.
     Esta exposición dedicada a Blasco Ibáñez ha sido organizada por la Plataforma Aguilar Natural y por el Ayuntamiento de Aguilar del Alfambra. Han colaborado también la Asociación Amigos de Vicente Blasco Ibáñez y la Biblioteca Tomás Navarro Tomás. El lunes por la tarde tuve la oportunidad de visitar la muestra y recordé lo que ya conocía de la vida del escritor y conocí otros aspectos de una vida breve pero intensa. Evoqué entre otros detalles un episodio de su novela "Arroz y Tartana". El autor nos muestra cómo los hijos de las familias numerosas de Aragón encontraban su acomodo en Valencia, primero perdidos entre el gentío que llenaba la plaza del Mercado y, más tarde, trabajando como aprendices en alguna de las tiendas que llenaban los aledaños. En su novela, Blasco Ibáñez no hacía sino rememorar la propia historia de su familia. Era la de su padre, Gaspar Blasco, que fue uno de esos muchachos que aprendieron el oficio de comerciante iniciándose como aprendiz en una tienda de la plaza del Mercado.
     Completamos la visita a Aguilar con una breve estancia en la plaza dedicada al escritor, unas fotografías de la casa donde nació su padre y un paseo por este lugar acogedor, familiar y recoleto.

19/08/2009 18:59 josemarco Enlace permanente. PERSONAJES ILUSTRES No hay comentarios. Comentar.

RECUERDOS Y ADIOSES

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     Se esfuma agosto, se desvanece el verano, al menos en lo que a ocio y tiempo libre se refiere. Atrás han quedado unos días de calor inusual, incluso en la sierra. Atrás ha quedado la desolación de los incendios, el fantasma de la sequía, el desasosiego de la soledad y del silencio.

     Pero no todo es de color oscuro. Hay adioses que quedarán para siempre en la memoria y en el recuerdo. Adiós a las rutas en bicicleta, coronando los puertos de San Just, El Esquinazo y Sollavientos. Adiós a tardes memorables de partidas de guiñote, de cotos encadenados, de arrastres inverosímiles. Adiós a noches de tertulia, a la luz de la luna, buscando el aire fresco de los callizos. Adiós a Miravete de la Sierra, ese pueblo que cada vez presenta más encantos. Adiós a Villarroya de los Pinares. Adiós a Son del Puerto. Adiós a Allepuz. Adiós a Camarillas. Adiós a Aguilar de Alfambra. Adiós a Jorcas. Pueblos con encanto, pueblos que ya han comenzado a afrontar la soledad de todos los inviernos. Pueblos que buscan a contratiempo su propia identidad.

     Recuerdos de esta última estancia en Aliaga. Quince días escasos. Estancia que se prolongará durante algunos fines de semana. Muchos de los que nos hemos reencontrado en Aliaga durante este mes volveremos de nuevo a nuestros lugares de trabajo, a nuestra residencia habitual. Y nos llevaremos el eco de vivencias intensas, breves, profundas. La mayoría se despide hasta el verano que viene. Otros regresarán a menudo con un poso de nostalgia. Porque es muy duro contemplar el pueblo casi vacío. Porque la soledad de las calles se cuela de rondón en los corazones. Porque la imagen de las casas cerradas nos llena de melancolía. Eso sí, todavía quedan las fiestas de septiembre en honor a la Virgen de la Zarza. Todavía quedan tardes otoñales inolvidables. Todavía queda la ilusión de unos niños que volverán a la escuela, de unos ancianos que volverán a la rutina cotidiana, de un paisaje que se vestirá de amarillo y volverá a recibir sin recato la tan esperada lluvia. Como dice Juan Cruz en su blog: "Hay que buscarse una esperanza para seguir viviendo".

31/08/2009 19:21 josemarco Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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