
Una fina lluvia de primavera
se desliza fugaz y cantarina
por el ocre paisaje de la aldea
olvidado de Dios y de los hombres.
Cual mano de barniz almibarado
acaricia el alféizar
y da un beso de luz a los cristales
de aquella vieja casa
perdida en el ocaso.
Desde dentro,
sumida en el silencio y el olvido,
se adivina el perfil de una silueta
que contempla extasiada
el fugaz aleteo de las gotas
y el anuncio impaciente
de la estación de luz y amaneceres.
Sólo se advierte entonces
el esbozo pueril de una sonrisa
henchida de esperanza.
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Autor: María Dolores
Fecha: 24/03/2010 22:48.
Autor: Luis Antonio
Fecha: 25/03/2010 11:16.
Autor: José María
Fecha: 25/03/2010 12:10.
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