
Al filo del crepúsculo, contemplas ese cielo agrisado, caprichoso, casi insolente. Desde tu balcón - ese mirador privilegiado que te remite a tu infancia - observas el perfil de una de las montañas que circundan Aliaga, con sus pinos jóvenes, sus arbustos humildes, sus piedras eternas tejidas de un blanco agrisado.
Desde tu balcón, percibes tenuemente el fluir de la tarde, herida de soledad y de nostalgia. Un lejano sonido se personifica por momentos y el silencio emite paulatinos latidos de melancolía.
Desde tu balcón, te recreas atisbando a vista de pájaro el perfil de las casas deshabitadas, el color rojizo de los tejados humedecidos por las últimas lluvias, la chimenea humeante del antiguo horno de leña, hoy excelente casa rural.
Desde tu balcón, adivinas el cauce del río, que discurre agazapado entre una hilera de chopos desnudos. Vuelves al pasado de este pueblo turolense, tu pueblo. Y no puedes evitar que el corazón se llene de emociones contenidas y que en tu mente se entrecucen caminos ya olvidados, senderos infinitos, sueños de futuro.
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Autor: Luis Antonio
Fecha: 08/12/2010 10:49.
Fecha: 08/12/2010 19:00.
Autor: Belén.
Fecha: 30/01/2011 03:08.
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