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LA PORRA ILUMINADA

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     Te recuerdo desde que di mis primeros pasos. Has sido y sigues siendo un mito viviente en la memoria de todos los que hemos vivido nuestra infancia en este valle turolense surcado por el río La Val. Cual fantasma de piedra, cual milagro silencioso de la naturaleza, te eriges imponente y altiva al borde de un cruce de caminos y escuchas día tras día el susurro del río que lame tus pies ateridos.

     Tu piel amarronada y blanquecina ha soportado el sol de todos los veranos y ha desafiado el rigor de los largos inviernos de la sierra. Tu silueta muestra el orgullo inconfundible de los bravos habitantes de estos valles. Tu perfil airoso contrasta con el verde oscuro de las riberas y con la modesta elegancia y verticalidad de los chopos que te flanquean.

     Para los habitantes de Aliaga - que muchos llaman todavía porrinos - eres junto con el castillo y las montañas que rodean al pueblo uno de los milagros de la naturaleza asociados al latido cotidiano. Si no existieras, si desaparecieras de repente, te echaríamos de menos. Vecinos y visitantes te consideran una seña de identidad con muchos siglos a tus espaldas.

     Con motivo de las fiestas de septiembre, hemos podido contemplar tu silueta en la madrugada de las noches veraniegas. Iluminada, emulas con modestia a la luna llena y renaces cual un ave fénix de las cenizas de una secular oscuridad. Quizás se haya roto un poco el hechizo de lo fantasmal, pero la caricia de la luz sobre tu fisonomía eterna saluda sin recato al visitante y despide al viajero con adioses de luz y amaneceres.

(La fotografía es de Ramón Villarroya)

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