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CREMATORIO, UNA NOVELA SINGULAR

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    Gracias al grupo de lectura Garamond, he leído y comentado recientemente una de las mejores novelas del escritor valenciano Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949). Crematorio - premio de la Crítica en 2007 - es mucho más que una novela en la que se llora la muerte del ideólogo Matías Bertomeu. Es un relato que nos acerca, a través de un selecto mosaico de personajes relacionados con el difunto, al desarrollismo urbanístico del Levante español durante las últimas décadas del siglo XX. A través del monólogo interior de Rubén - opulento constructor hermano de Matías - nos adentramos en el microcosmos de Misent, una ciudad costera del Levante venida a menos y amenazada por la cara más oscura del progreso. Una ciudad que podría ser Gandía, Benidorm o el mismo Tavernes. A medida que avanza el relato, se incorporan otros protagonistas: Silvia, la hija de Rubén, de ideas cercanas a su tío; Mónica, la última mujer de Rubén, caprichosa y antojadiza; Juan, el marido de Silvia, crítico que prepara una biografía de Federico Brouard, un escritor fracasado...

     Pero la lectura de Crematorio va mucho más allá del mero entramado argumental. El cambio de puntos de vista - con el excelente uso de la segunda persona - es muy acertado. Los ingredientes culturales: las referencias al cine, a la literatura, al arte,... La alternancia de expresiones coloquiales con un registro más culto, las sensaciones, los sabores, los olores, las metáforas, los símbolos... Todo ello unido a una crítica social contra el desarrollismo salvaje, a una reflexión agridulce sobre el ineludible paso del tiempo, sobre la caducidad, sobre la amenaza ineludible de la vejez o de la muerte.

    Tengo que reconocer, sin embargo, que la lectura de la novela de Chirbes no me ha resultado fácil. Pero los intercambios de opinión con mis compañeros del grupo de lectura me han abierto los ojos a este caleidoscopio narrativo que me ha recordado a Faulkner, a Proust o a Luis Martín Santos. Y me han dado a conocer a un autor que en sus novelas - La caída de Madrid, La larga marcha, La buena letra, Los viejos amigos - retratan los vaivenes y vicisitudes de la sociedad española de las últimas décadas del siglo XX.

     Adjunto un fragmento de la novela, extraído del blog de Enrique Ortiz, para que os animéis a conocer las obras de este autor y disfrutar con su lectura:

      "Hace milenios que se destruye esta tierra. No queda ni un rincón que no haya sido violado. Mira aquí mismo, dentro de Misent. No hay más que leer los periódicos. Durante una obra, destruyen una villa romana, destruyen un hamán almohade, una muralla califal, han destruido media docena de fonduks (al parecer, dicen los periódicos, ésta fue una ciudad comercial en el siglo XII: contactos con Alejandría, con Túnez, con Sicilia). Eso dicen los periódicos que hacemos los constructores. Como si el hamán o la muralla califal no hubieran destruido la muralla o el templo que los precedió. ¿Cuál es el estrato en el que reside la verdad?, ¿en cuál debería la humanidad haberse detenido para ser auténtica? El ruso, con su hiperactividad de insomne: esta mañana tenía los ojos pastosos, olía a alcohol, y a ese destilado agrio que deja en el sudor la cocaína, se notaba que aún no se había acostado. He pensado que seguramente sigue en sus tráficos con Guillén. Y también que capitalismo y cocaína tienen algo en común. Construcción y cocaína tienen mucho en común, además de algunas cuentas corrientes engordadas deprisa. La hiperactividad, el empeño por luchar contra el tiempo. Capitalismo y cocaína, este frenético no parar."

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