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EVOCACIONES DE SEMANA SANTA

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     Hoy ha amanecido Aliaga con un clima invernal. Suele ser lo más frecuente en estas fechas de Semana Santa. Mientras la nieve cae copiosamente y comienza a teñir de blanco los tejados, evoco con nostalgia la Semana Santa de mi infancia. Esos días lúgubres y tenebrosos que se parecen más a lo que plasma Luis Buñuel en alguna de sus películas que a la realidad actual. El novelista aragonés Ramón J. Sender lo evocó con realismo en uno de los volúmenes de Crónica del alba: unos días de luto, de silencio, de prohibiciones y de profunda tristeza. 

     La Semana Santa actual - ¿no habría que cambiar el nombre? - ha dado un giro radical debido a los cambios sociales y políticos. Las nuevas generaciones ya no viven en ese clima de temor y de secreta admiración por lo sublime. La Semana Santa se ha democratizado y se está viendo afectada por un clima de laicismo y secularización. La mayoría de los ciudadanos disfrutan de estos días como un tiempo de ocio o como un paréntesis anhelado para romper la rutina cotidiana. Es verdad que quedan todavía personas creyentes, convencias de su fe y de su devoción. Pero si observamos la realidad, veremos que las playas, la montaña o los viajes a otros países son, a pesar de la crisis, los destinos de unos días más o menos primaverales.

     Evoco la Semana Santa de mi infancia y sólo se parece a la actual en este clima invernal inclemente. Los bares están abiertos, la vida discurre con normalidad y sólo las ceremonias religiosas mantienen encendida la llama de la fe para los verdaderos creyentes. En aquellos años oscuros del franquismo se vivían estos días casi con miedo. Ese temor infantil surcaba nuestras venas y nos sumía en un ambiente de tinieblas y silencios. Sólo me cautivaba el sublime secreto de las imágenes ocultas con paños morados, el sonido amaderado de las carracas, el silencio sepulcral de las campanas y, sobre todo, la procesión del Viernes Santo por la vega y el cascajar, con el sonido de los tambores como fondo y las trompetas que desafiaban el silencio del crepúsculo.

     Han cambiando los tiempos y, afortunadamente, predomina el respeto y el talante democrático. El rostro de la Semana Santa ha cambiado tanto, que sólo a través de la literatura y el cine revivirán las futuras generaciones el perfil más tradicional de esta semana de ocio y de descanso.

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