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GOYA E ILDEFONSO MANUEL GIL

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     Ayer tarde tuvo lugar en la biblioteca María Moliner de la Universidad de Zaragoza un homenaje al poeta aragonés Ildefonso Manuel Gil, nacido en la localidad de Paniza hace 100 años. Este centenario reunió a estudiosos del poeta, a profesores universitarios y a su hija para recordar la admiración de Ildefonso por su paisano, el pintor universal Francisco de Goya.

    Participaron como conferenciantes en el acto el crítico de arte Jorge Gasca y el doctor en Filología y profesor de instituto Manuel Hernández. Gasca sintetizó la labor cultural del grupo Pórtico, en la Zaragoza de los años 40 y Manuel seleccionó diez poemas del libro Homenaje a Goya, de Ildefonso Manuel Gil, publicao por Pórtico en 1946 e ilustrado por los principales artistas del momento.

    Manuel Hernández habló de la admiración del escritor de Paniza por el pintor de Fuendetodos. Comentó las similitudes entre los dos artistas - guerra y exilio en distintas épocas - y valoró la sensibilidad del poeta para expresar con metáforas, sinestesias y paralelismos aquello que el pintor plasmó magistralmente en cuadros como Los fusilamientos de la Moncloa, Pinturas negras y aguafueres, La gallina ciega, El Columpio, La ermita de San Isidro o Fuendetodos.

    Como doble homenaje a Goya y a Ildefonso, voy a plasmar uno de los poemas de este libro, dedicado a las Pinturas Negras. (En la foto, una de las más conocidas). Es un magistral soneto que refleja el latido oscuro de unas obras profundas e imperecederas.

                                          Estas pinturas son tu despedida

                                         del mundo de las cosas. Aquí empieza

                                         tu búsqueda febril de la belleza

                                         en sueños y delirios escondida.

 

                                         La Misa negra de tu frente herida

                                        movía tus pinceles con fiereza,

                                        descifrando la farsa, la tristeza

                                        y el inútil vacío de la vida.

 

                                        Tus ojos desvelaban sus visiones;

                                       y por cada relumbre que perdía,

                                       entregada a lo oscuro, tu paleta,

 

                                        de la selva confusa de intuiciones

                                       al brío de tus manos te nacía

                                       un verbo milagroso de poeta.

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