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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2012.

DISFRUTAR DEL PAISAJE

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     La VI Ruta Senderista de Aliaga, que se va afianzando en el calendario de rutas de Aragón, nos ha permitido a los participantes disfrutar una vez más del paisaje que forma parte de este extenso municipio turolense y compartir unas horas de aventura, de amor a la naturaleza y de ocio entre el silencio y la soledad.

     La mañana de este último día de junio ha amanecido fresca, soleada, veraniega. Poco a poco nos hemos ido alejando del pueblo y hemos atravesado el barranco Rubio hasta llegar a la masada López, donde nos esperaba un primer avituallamiento para reponer fuerzas. El sol comenzaba a calentar y la marcha entraba en su mejor tramo. Ese descenso progresivo hacia la Tosca ha sido agradabe, rápido y placentero. Pero, después de una nueva parada, quedaba lo más duro de estos 23 kilómetros de continua caminata: el ascenso hasta el embalse de la térmica por encima de la escombrera, que cubre de gris ceniza una de las colinas que bordean a la antigua central. Un último tentempié nos esperaba en el barrio de la Aldehuela y un último ascenso por un camino agreste y empinado, que recuerda el antiguo recorrido de las vagonetas que transportaban el carbón desde las minas hasta la térmica. El sol comenzaba a apretar cada vez más y los caminantes se han sentido aliviados al contemplar una panorámica inconfundible de Aliaga (como muestra la foto) que esperaba el regreso hacia las doce del mediodía.

    El día se completó con la tradicional comida en el pabellón del pueblo. Los casi doscientos comensales compartimos una gran paella valenciana y prolongamos la sobremesa que culminó con una foto de este gran grupo que es de esperar vaya creciendo en futuras ediciones. Hay que valorar la perfecta organización de la marcha, la buena señalización del itinerario y la atención personal en cada momento a cada uno de los participantes.

A VISTA DE PÁJARO

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     Un paseo matinal por los alrededores de Aliaga lleva consigo el ascenso de alguna pequeña montaña y la contemplación del paisaje de este hermoso valle desde cualquier eminencia dentro del itinerario. La sierra tiene unas ventajas que el llano no nos ofrece. El ascenso rompe la monotonía del paisaje y nos ayuda a ver lo cotidiano de un modo distinto. Es como la vida misma.

    Hoy me he dirigido hacia la carretera de Camarillas. Desde la Porra, he tomado un sendero pedregoso que va ascendiendo progresivamente hasta la carretera. Un atajo que ha sido utilizado durante muchos años por los caminantes y por las caballerías. A mitad del camino, el abrevadero que llegó a saciar la sed del ganado está casi seco y abandonado. La misma sequía que el río La Val. Hace muchos años que no veía el cauce de este río tan desolado. Al llegar a la carretera, compruebo que hay una máquina excavadora y que la están arreglando. Quieren añadir un carril más a este tramo que no se ha reparado nunca. Me sorprenden estas obras en tiempos de crisis. Casi no pasan coches. Parece una ruta desolada y fantasmal. Eso sí. La vista que contemplo desde un mirador del Parque Geológico es impresionante: Aliaga en el fondo del valle, con la torre de la iglesia y la hilera verde de chopos cabeceros; hacia el norte Hinojosa de Jarque y Jarque de la Val, que parecen un mismo pueblo; y, sobre todo, cerros, colinas, pequeños picos y los plegamientos que indican que hace miles de años esta zona estuvo bañada por las aguas de algún mar oculto.

      Desciendo hacia el barrio de Santa Bárbara y me acerco a la partida de campos que bordean el río La Val. Compruebo con tristeza cómo la hierba va ganando terreno, los frutales pierden sus ramas, las paredes se desmoronan y las lindes desaparecen. El abandono y la soledad son el denominador común de unos campos que hace cuatro décadas producían todo tiempo de hortalizas y frutas de invierno. Al acercarme al cauce del río, compruebo de nuevo los devastadores efectos de la sequía. Cada vez se estrechan más sus márgenes y cada vez se parece más a una acequia. Sólo los chopos sobreviven a este deterioro del paisaje. A vista de pájaro se apreciaban mejor todos los detalles del valle, pero ya más cerca se pueden comprobar los efectos de los inviernos desolados y de la escasez de agua.

     Me quedo con la sensación agridulce de lo que fue y con la incertidumbre de lo que serán estas sierras cada vez más agrestes y solitarias. Eso sí, lo pintoresco del paisaje gana terreno día tras día.

 

09/07/2012 11:31 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.


CORAZÓN SIN ARRUGAS

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                                  Cuando despunta el alba,
                                 caminas por las calles solitarias
                                 de tu querido pueblo
                                 y adensas los recuerdos,
                                 los posos del pasado,
                                 las vivencias lejanas
                                 con una dulce y gris
                                 melancolía.

                                  Tienes la mente clara
                                 y tus ojos despiden
                                 un halo de nostalgia
                                 surcada por los años
                                 y por las estaciones sin retorno.

                                  Tienes el alma joven
                                 y un corazón alegre,
                                 sin arrugas.

                                  A pesar de los años,
                                 a pesar de los ecos solitarios
                                 de un pasado lejano,
                                 aderezas las horas
                                 con tu eterna sonrisa
                                 y el brillo juvenil
                                 en tus pupilas.

                                  Corazón sin arrugas,
                                 desafías el ritmo acelerado
                                 del tiempo que se esfuma
                                 desde el alba al ocaso
                                 por las veredas grises y empinadas  
                                 de este pueblo vacío.
 
(FOTOGRAFÍA: Del blog de Jesús García Peón, Diversidad funcional)
15/07/2012 13:08 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

EL JARRÓN ROTO

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    El periodista y ensayista Javier Gomá nos ha regalado para este tórrido y convulso verano un ensayo que, con el título Todo a mil, recopila 33 microensayos publicados en el suplemento literario Babelia de El País.

    El escritor bilbaíno aborda todos los temas de actualidad - desde el educativo, al artístico o al literario -. En uno de estos breves artículos pone el dedo en la llaga al hablar de esta crisis que nos tiene a todos con un nudo en la garganta. Con el título "Yo no he sido", hace referencia al niño que acaba de romper un jarrón en el salón de su casa y, ante las preguntas de su padre, niega gimoteando toda evidencia y se atreve a culpabilizar al gato, al viento o a cualquier agente extraño.

     Señala Gomá que con la crisis ocurre algo similiar. Nadie se considera culpable ni causante de esta situación cada día más crítica. Todos intentamos señalar a otras personas - políticos, banqueros, ejecutivos, nuevos ricos - como responsables de este jarrón roto de la crisis. Y nadie, prácticamente nadie, echa mano de la autocrítica y reflexiona sobre el tren de vida que ha llevado en los últimos años, sobre la hipoteca para disfrutar de unas vacaciones, sobre las compras de apartamentos o coches de gama alta, sobre los créditos bancarios,...

     Es verdad que siempre hay unos más culpables que otros. Es cierto que una gran mayoría no se merecen cargar con las consecuencias de lo que está ocurriendo. Pero lo cierto es que la tendencia a acusar siempre al otro nos acerca a la mentalidad infantil del que niega lo evidente. El jarrón está roto. Y entre todos tendremos que buscar cómo recomponerlo. Ni el FMI, ni el Banco Central Europeo, ni los alemanes nos van a sacar las castañas del fuego.

     Una reflexión adecuada y una metáfora sugerente. Todo a mil es un buen libro para leer y saborear en los momentos de ocio que nos brinda el verano.

(FOTOGRAFÍA: Del blogodisea.com)

 

17/07/2012 12:27 josemarco Enlace permanente. SOCIEDAD No hay comentarios. Comentar.

ODA AL GATO RURAL

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                                    Astuto, libre, audaz,
                                   penetras con tus ojos de misterio
                                   el fondo de los sueños,
                                   el fondo de la noche.
                                    Surcas las avenidas
                                   con la cautela gris
                                   de los susurros,
                                   recorres sin recato
                                   todos los vericuetos
                                   de aldeas solitarias.
                                   de pueblos silenciosos.
                                    Eres el nuevo rey
                                   de tejados rojizos,
                                   de azoteas sombrías,
                                   de oscuros solanares.
                                    Buscas la libertad.
                                    Ese es tu sino
                                   y el de todos los tuyos:
                                   insobornables siempre,
                                   nunca esclavos.
                                    Con el lomo erizado
                                   te rebelas altivo
                                   y huyes de toda mano amenazante.
                                    Sólo aceptas caricias
                                   cuando el hogar cercano
                                   te acoge y te regala
                                   al filo del invierno
                                   el alimento azul en las mañanas
                                   fugaces de la sierra
                                   y un calor infinito.

 
 
19/07/2012 09:00 josemarco Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

MIRANDO AL CIELO

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     Hay días en que es mejor mirar al cielo. Tender la vista hacia el horizonte infinito y contemplar ese azul implacable que nos cura de las heridas y nos revitaliza por dentro. Es mucho mejor mirar al cielo que inclinar las pupilas hacia las miserias cotidianas. Hay tanta desolación en nuestro entorno, tanta miseria, tanta incertidumbre, que la contemplación de las montañas de la sierra en esta mañana dominical puede ser incluso algo terapéutico.

    Los fines de semana tienen últimamente muchas ventajas. Hay que destacar, entre otras, el obligado paréntesis de la rueda siniestra de la economía, que nos da un mazazo un día sí y otro también. Todo se encamina al borde del precipicio, todo está bajo sospecha. Hasta el clima parece que se ha puesto de acuerdo con las cotizaciones de la bolsa. Descensos, escasez de agua y cauces de los ríos desolados. Parece que estemos viviendo un verano de transición, un estío de sobresaltos, una estación incómoda. Casi sin querer ya anticipamos el otoño, un otoño caliente, un otoño de crudas realidades y oscuros presagios.

    Por eso hay que mirar al cielo, hay que contemplar las estrellas al anochecer, hay que pasar de puntillas por esta sequía pertinaz, por este bombardeo de noticias incongruentes, por esa escalada cruel de la prima de riesgo. Y hay que intentar sonreír, hay que intentar vivir intensamente el presente, hay que intentar soñar. Y valorar la amistad, las tardes dilatadas en el campo, las veladas alegres y despreocupadas, las tertulias, las lecturas amenas, el ocio bien empleado.

     Y hay que mirar también hacia el cielo para adivinar la llegada de alguna nube por el horizonte, que siembre de copiosa lluvia los campos, que revitalice los cauces de los ríos, que aleje para siempre el fantasma de la sequía. Para que el río Guadalope, mi río de toda la vida, no muestre esta imagen fantasmal y descarnada, con sus entrañas despojadas de vida y de alegría.

(FOTOGRAFÍA: Cauce seco del río Guadalope a su paso por Aliaga)

22/07/2012 19:51 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

TEJADOS

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     Siempre me ha atraído y cautivado la contemplación de la silueta de los tejados y azoteas de un pueblo desde una eminencia. Los tejados son una metáfora de las ensoñaciones, de las esperanzas, de las ilusiones. La literatura, el cine y el arte en general están surcadas de tejados de todo tipo: tejados de zinc, tejados de uralita, tejados de pizarra o tejados rojizos de la clásica teja castellana.

    La reparación del tejado de mi casa del pueblo, me ha llevado estos días a reflexionar sobre esas Visiones y sueños de Torres con Quevedo por Madrid, sobre este Diablo Cojuelo satírico y picaresco y - ¡cómo no! - sobre la obra de teatro de Tennessee Williams, La gata sobre el tejado de zinc caliente, que logró una gran acogida a finales de los años cincuenta del siglo XX.

    Consulto el blog de Lola Mariné - http://gatosporlostejados.blogspot.com - y me llama la atención esta reflexión que la escritora plasma en su portada, a modo de bienvenida: El escritor, la escritora, como gatos por los tejados observan la vida a su alrededor desde la distancia, aparentemente impasibles; pero en algún momento, una palabra, un gesto, una mirada, empiezan a configurar en su mente una historia y no recobran el sosiego hasta que se sientan a escribirla.

    Todos hemos sido como gatos por los tejados en algún momento de nuestra vida. Todos hemos vivido aventuras infantiles en las que intentábamos saltar de un tejado a otro, o de una azotea a la del vecino para emprender una huida o buscar una experiencia fascinante. Pero no sé si nos hemos detenido de vez en cuando a observar desde la distancia el discurrir de la vida de un pueblo, de una aldea, de un barrio, de una pequeña ciudad. Desde los tejados, desde las azoteas, desde lo más alto de los edificios, muchos escritores han seguido la pauta de la escritora barcelonesa y han enriquecido su experiencia interior con nuevas visiones, nuevas perspectivas, nuevas percepciones.

     Esto me está ocurriendo durante estos días calurosos de julio en Aliaga. La silueta del pueblo se me presenta dibujada como en un cuadro realista. Lo demás es ya fruto de mi imaginación, de mis recuerdos, de mi memoria del pasado. Un tejado nuevo será pronto un cambio de imagen, un viraje distinto de los sueños, una mirada nueva de futuro.

(FOTOGRAFÍA: Vista parcial de los tejados de Aliaga, mientras destejan el mío)

LAS ERAS

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     Todavía recuerdo que, en mi temprana infancia, las eras eran un lugar de juegos, de aventuras, un recinto lúdico. En mi pueblo había eras de todo tipo. Estaban cubiertas de hierba y en verano, cuando llegaba el tiempo de la cosecha, recibían la mies espigada que era triturada por el trillo que daba vueltas y más vueltas como una noria, y aventada por una máquina rudimentaria, que entonces nos parecía el invento más sofisticado.

     Recuerdo especialmente la era del tío Juan – que aparece en la fotografía adjunta -. Está situada en el lugar más elevado del pueblo. Desde allí se divisaba el perfil de las casas arracimadas hacia el castillo, las cruces del calvario y la airosa torre de la iglesia de San Juan Bautista. Esperábamos ansiosos la llegada de las caballerías, que acarreaban el cereal y lo esparcían formando un curioso círculo. Todos buscábamos la oportunidad de montarnos encima de la tabla del trillo y comenzar a rodar y rodar. Eso sí, intentábamos mantener el equilibrio y huir como de la peste de esos filos dentados que suponían un peligro para nuestra integridad física. Mientras tanto, la aventadora no paraba de expulsar un polvo insolente que llamaba nuestra atención, pero nos mantenía lo suficientemente alejados para evitar cualquier imprevisto.

      En Aliaga había dos eras un poco más grandes, como de más categoría. Eran las eras largas y las eras cortas. En ellas se concentraban varios corrales y se trillaban varias cosechas de mies al mismo tiempo. Las que más me gustaban eran las eras largas. En ellas, cuando llegaban las fiestas de septiembre, se celebraban diversos juegos populares como carreras de sacos, carreras de burros o la captura de un gallo que pendía de un palo alto en forma de cucaña. Todo ello ya pertenece al álbum olvidado de la memoria.

      Hoy las eras son lugares solitarios y desolados. Los pequeños corrales están abandonados o se han convertido en garajes o almacenes. Sólo queda el recinto cubierto de hierba y de maleza. Ha ocurrido lo mismo que con las otras eras, esas pequeñas parcelas o bancales que tapizaban las colinas del castillo y que se trabajaban año tras año para extraer de la tierra un fruto escaso pero necesario. Los tiempos han cambiado tanto en las últimas décadas, que nuestros hijos sólo conocen una acepción de la palabra ERA: período de tiempo más o menos amplio en que puede dividirse la historia. Las demás acepciones sólo quedan en ese mausoleo de las palabras que es el diccionario. Y en la memoria de los que vivimos esa época irrepetible.

 

HUERTOS

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     Se están poniendo de moda los huertos urbanos. Con el incremento del paro, las prejubilaciones y la prolongación de los años de vida, muchos hombres, y también algunas mujeres, ocupan su tiempo de ocio en cultivar una pequeña parcela y disfrutar del aire libre y de las hortalizas que a los pocos meses van produciendo. Pero los huertos con más historia y tradición son los huertos rurales.

     Antes los huertos eran un medio más de vida y, en algunos casos, un medio de supervivencia. Casi todos los pueblos de la provincia de Teruel estaban surcados por un río o una acequia y rodeados de una superficie de huerta más o menos cultivable. Los tiempos han cambiado y el huerto va cediendo paso a las parcelas para edificar segundas residencias, a los espacios para que paste el ganado o al recinto de recreo para la familia o los amigos.

    En Aliaga todavía quedan algunos excelentes huertos – como el que figura en la fotografía -. Pero, lamentablemente, cada vez son menos las personas que se animan a cultivar un trozo de tierra. La zona que tiene las mejores huertas es la de la Vega, muy cerca del pueblo. También se siguen cultivando pequeños huertos en la zona de la Masada Romero, en Las Tablas o en los aledaños del Cascajar. Sin embargo, los terrenos que bordean el río La Val en dirección a Santa Bárbara están casi todos yermos y abandonados desde hace varios años. Poco a poco van desapareciendo los límites entre un huerto y otro,  se van cegando las acequias y la maleza se está adueñando de lo que hace unas décadas eran lozanas huertas. Sólo quedan como testigos mudos algunos frutales, una partida de chopos y los robustos chopos cabeceros.

     Algunos hablan de una posible vuelta al campo y al cultivo de estas tierras yermas y abandonadas. Soy escéptico al respecto. Muy mal se tienen que poner las cosas para que nuestros hijos o nietos regresen a la azada, al tractor o la mula mecánica. Ojalá no sea así. De todos modos, tal como están las cosas, nada se puede descartar. Eso sí, está claro que la mayoría de los jóvenes prefieren dedicar el tiempo de ocio a otra actividad. El cultivo de la huerta no les atrae, salvo contadas excepciones. Los huertos los asociamos a las personas mayores. Quizás no debería ser así. Pero es lo que hay, como decía un amigo mío.

 

27/07/2012 12:49 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

FUENTES

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     Cuando se tiene sed, nada hay más placentero que beber agua directamente de una fuente o de un manantial. Es como comer un pan recién horneado o saborear una fruta recién cogida del árbol. Todo ello, a pesar de las prevenciones y de los avisos de los precavidos dirigentes sanitarios. Muy cerca del puerto de San Just, en la carretera de Teruel a Alcañiz, está la famosa fuente del Vaso. Es un lugar de parada obligada para muchos viajeros que aprovechan para llenar sus garrafas de agua, haciendo caso omiso del cartel que indica que es agua no potable. Tendrían que indicar que es agua no tratada. Cada cosa por su nombre.

     En el término municipal de Aliaga hay varias fuentes y manantiales. Debido a su orografía y a su singular situación geográfica, este pueblo turolense está rodeado de norte a sur de diversas fuentes, todas ellas con su nombre y su peculiaridad. Si llegamos al pueblo desde Teruel o Zaragoza, poco antes de llegar al barrio de Santa Bárbara, se encuentra en una pequeña cueva, al borde de la carretera, la fuente de la Canaleta. Un lugar fresco, agradable y recoleto. Poco antes de llegar a Aliaga, está la fuente de la Porra, un pequeño manantial castigado últimamente por la sequía y el estiaje. Si tomamos la carretera de Miravete, siguiendo el cauce del río Guadalope, dejamos a la izquierda, después de cruzar el río, una de las fuentes más emblemáticas de Aliaga, la de la Cedrilla, siempre con su pequeño chorro de agua fresca, a pesar de la sequía que estamos padeciendo. Poco más adelante está la fuente de los Baños, con su correspondiente abrevadero para el ganado de las masadas más cercanas. En el mismo pueblo, muy cerca de la ermita, el merendero y el cámping, está la fuente de la Virgen, que está tomada de la red de suministro de agua a la población. Y hacia el oeste, en la parte alta de Aliaga, muy cerca de las antiguas escuelas, se encuentra la fuente de Capileta, casi siempre seca, adonde acudíamos a refrescarnos en los recreos de nuestros tiempos de escolares. Y ya un poco más lejos, tomando un camino a la izquierda desde la carretera de la Aldehuela, se esconde una de las fuentes más escondidas y desconocidas, la fuente del Molar, con un agua de excelentes propiedades medicinales.

     Siempre que vuelvo a mi pueblo natal, me gusta visitar todos estos lugares y saborear sus cristalinas aguas. Son pequeños oasis que tal vez las jóvenes generaciones ni siquiera conozcan. Son rincones en los que hemos disfrutado de meriendas con los amigos, de encuentros vespertinos o de avituallamientos durante una larga travesía. A veces me pregunto qué sería de Aliaga sin sus fuentes. Para mí siguen siendo una de sus señas de identidad.

 (FOTOGRAFÍA: La escondida y pintoresca fuente del Molar)



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