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SUEÑOS

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     El sueño siempre ha sido un motivo recurrente en la literatura, en el cine, en el teatro o en la pintura. Afirmaba Francisco de Goya, el aragonés universal, que el sueño de la razón producía monstruos. Precisamente el dramaturgo Buero Vallejo representó con éxito Un soñador para un pueblo en la que aparece como protagonista el genio de Fuendetodos. Y es que el sueño es un aliado de la genialidad, de la fantasía y de la imaginación. El sueño es, en cierto modo, una representación surrealista de la vida. Y si no que se lo pregunten a otro soñador aragonés, el cineasta calandino Luis Buñuel.

     Es evidente que a todos nos gusta soñar sueños dulces, felices, reconfortantes. Porque muchos de nuestros sueños son caminos abiertos desde el subconsciente, desde lo más profundo de nuestro ser, para reconciliarnos con la vida, con los seres queridos que se han ido, con amigos que han desaparecido como por arte de magia. Soñar es abrir horizontes al futuro. Un futuro incierto y, a pesar de todo, esperanzador. Pero también es intentar curar heridas del pasado, avivar la memoria, bucear en nuestros sentimientos más íntimos.

    El motivo del sueño tiene raíces bíblicas: el sueño de Adán para que naciera Eva - "Entonces Yavé Dios hizo caer sobre el hombre un sueño letárgico y mientras dormía tomó una de sus costilla..." - Y ha ofrecido desde siempre una simbología religiosa. En la obra calderoniana La vida es sueño, el despertar es la otra vida para el creyente, y la efímera vida terrenal es como un sueño que linda en ocasiones como pesadillas. Pesadillas que han alimentado muchos argumentos narrativos y cinematográficos. Pesadillas que han servido de fuente para tantas películas de terror.

     Tengo la costumbre de recordar la mayoría de mis sueños. Al menos durante las horas inmediatas o en instantes de duermevela. Y he comprobado que la mayoría de mis sueños son surrealistas, buñuelescos, dalinianos. Se convierten casi siempre en aspiraciones frustradas, en reencuentros imposibles o en utópicas vivencias. Entre los motivos más recurrentes está la presencia de mis seres queridos, la nostalgia de vivencias infantiles, los amores imposibles, los temores inquietantes o la crudeza de algunas vivencias cotidianas. Muchas veces esos sueños se transforman en pesadillas y me persiguen durante unas horas. Pero la memoria, que es sabiamente selectiva, elimina los malos presagios y sólo se queda con un poso dulce, melancólico, anostalgiado. Decía un pensador que nos gustaría en ocasiones que los sueños se convirtieran en realidad y que la relalidad se transformara en sueño. Paradojas de la vida. Materia prima para los amantes del arte y de la literatura.

     Esta noche se celebra la gala de los premios Goya. Numerosos actores, actrices, directores, productores,...soñarán con tener entre sus manos una estatuilla de otro soñador. Muy pocos los conseguirán, pero la mayoría vivirán del sueño durante las horas previas y tal vez en otros momentos posteriores.

    

17/02/2013 11:52 josemarco Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Isidora

Jose, qué bien sigues escribiendo en el blog, después de años. ¡Cuánta perseverancia y orden!
Me ha gustado este tema de los sueños. Da mucho de sí. Me recuerda ese genial poema de Rosalía de Castro referido a los "sueños" en tanto que "ilusiones" Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros/ ni la onda con sus rumores, ni con su brillo los astros./ Lo dicen, pero no es cierto/ pues siempre cuando yo paso/ de mí murmuran y exclaman:/ -Ahí va lo loca soñando con la eterna Primavera de la vida y de los campos...
Un saludo.

ISIDORA

Fecha: 28/02/2013 23:14.


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