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LAVADEROS

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     El regreso a la ciudad después de tres semanas en el pueblo viene acompañado de recuerdos no exentos de nostalgia. Uno de los lugares más tradicionales de los pueblos de toda España es el lavadero. Cuando en los pueblos no había agua corriente (de eso no hace tantos años) las mujeres acudían con su canasta mimbre llena de ropa al lavadero para realizar esa tarea que hoy ya no valoramos porque tenemos lavadora en casa y parece que eso ha existido siempre. Pero los lavaderos no sólo eran un lugar para hacer la colada. Allí se encontraban las mujeres del pueblo, comentaban los hechos más relevantes, compartían inquietudes y rompían un poco la rutina de las cuatro paredes de la casa.

    Ahora los lavaderos se conservan como una reliquia y muy pocas personas se acercan a ellos. En la página Teruel pueblo a pueblo de facebook hay una sección dedicada a los lavaderos. En ella se muestran 84 fotos de para todos los gustos y colores. Hay lavaderos antiguos, restaurados, pequeños, recoletos, acogedores, a la intemperie,... Pero todos tienen en común ese sabor a pasado, a vestigios de décadas ya casi olvidadas, a rincones semiabandonados y condenados a un futuro incierto si nadie lo remedia.

    Conozco varios lavaderos, especialmente de la provincia de Teruel. Por supuesto, el de Aliaga es el que me trae más evocaciones, tanto de mi infancia como de la infancia de mi hijo. Allí hemos jugado a barcos, allí nos hemos refugiado de las tormentas, allí nos hemos escondido, allí hemos buscado la sombra en los calurosos días de verano. Pero, además del lavadero de mi pueblo, recuerdo con cariño el de Cirujeda, anejo auna fuente y a un pequeño parque infantil fresco y recoleto. Cada verano me acerco a este barrio rural de Aliaga y me asomo a su poza y saboreo el agua fresca. También recuerdo el de Cobatillas, cerca del cauce del río Seco, semiabandonado y olvidado, pero muy acogedor. El último lavadero que me llamó la atención fue el de Tronchón, pueblo que visité por primera vez la semana pasada. Es un lavadero distinto, original, muy bien conservado. También me impresionó hace unos ocho años el lavadero de Cuevas de Cañart: parece una obra de arte. Y lo es. Pero todavía conservo en mi retina otros lavaderos de la provincia de Teruel, la mayoría de la comarca de las cuencas mineras. En el de Montoro de Mezquita aún lavaba la ropa una vecina hace pocos años.

    Fuera de la provincia de Teruel y de Aragón, quiero evocar al lavadero de Massalavés, en el que mi hijo ha pasado muy buenos ratos a la hora de la siesta, buscando la sombra y el rumor del agua. Todavía alguna mujer se acercaba a lavar alguna prenda hace unos diez años. Hoy está restaurado y muy bien conservado.

     No sé qué será de los lavaderos en el futuro. De momento, la mayoría están en un aceptable estado de conservación. ¿Se les podría dar otro uso? De todos modos, ahí están como huella visible y sonora de los quehaceres de hace dos generaciones.

(En la foto: El lavadero de Aliaga)

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