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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2013.

OLIETE

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     Pocas veces son noticia a nivel nacional pueblos de la olvidada y cada vez más despoblada provincia de Teruel. Y cuando aparecen en las portadas de los principales medios de comunicación es para hablarnos de anomalías climáticas como temperaturas extremas en invierno, problemas en infraestructuras, conflictos laborales o - como en este caso - desastres naturales producidos por los caprichos de la meteorología.

     Uno de los municipios más afectados ha sido Oliete, pueblo que ronda los cuatrocientos habitantes, que está situado en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos y que, como tantos otros, sufrió una brutal emigración de sus vecinos durante los años 60 y 70 del siglo XX. Esta vez los daños no han sido sólo materiales. Las consecuencias han sido mucho peores, ya que uno de sus vecinos está desaparecido desde el pasado sábado y se teme lo peor. Sorprende y atemoriza contemplar las imágenes de dos ríos, el Seco y el Martín, que han roto su caudal apacible y normalmente escaso en los meses de verano para rebelarse contra todo y contra todos.

      Sólo he estado en una ocasión en Oliete. Fue en el verano de 2006, a finales de agosto, para visitar a mi amigo Fernando Aínsa, escritor hispano-uruguayo de origen aragonés que ha vuelto a las raíces de sus antepasados y ha recuperado la casa de sus abuelos. Después de visitar a Fernando, nos acercamos al pantano de la Cueva de la Foradada y contemplamos ese río, el río Seco que paradójicamente se convirtió el sábado en un torrente incontrolado. Precisamente ese mismo día comenzaban las fiestas mayores de la localidad y después del pregón una tormenta anegó las calles y removió los barrancos. Ante esa perspectiva, decidimos volver enseguida a Aliaga. Eso sí, durante el viaje por la comarca de las Cuencas Mineras los rayos y los truenos nos llenaron de inquietud.

     Oliete tampoco me trae buenos recuerdos. Un exalumno mío del instituto de Miralbueno quedó atrapado en la sima de San Pedro mientras realizaba una actividad lúdica de espeleología.  Entonces, en la década de los 90, todavía no conocía Oliete. Había oído hablar mucho de ese pueblo porque uno de mis amigos nació allí. Pero lo más curioso es que la última vez que coincidí con Fernando en la presentación de su último libro de ensayos, le pregunté por Oliete, por su casa, por su huerta, por sus frutales y me comentó que últimamente la lluvia era escasa y la sequía avanzaba. Ahora les ha llegado el agua. Pero para mal. Ni los más ancianos del lugar recuerdan una avenida tan vilolenta. Las imágenes de la televisión hablan por sí solas. Es de esperar se encuentre con vida al vecino desaparecido. Sería la mejor noticia de este mes de agosto.

06/08/2013 12:41 josemarco Enlace permanente. PUEBLOS No hay comentarios. Comentar.

TRONCHON

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     Poco a poco voy conociendo todos los pueblos de la provincia de Teruel, de mi tierra. El pasado día 25, fecha de mi cumpleaños, me acerqué con los míos a la localidad turolense de Tronchón. Esa mañana pudimos disfrutar de un paisaje agreste, salvaje, pintoresco. El viaje de casi una hora desde Aliaga a este rincón encantador nos acercó a Pitarque, nos aproxímó e Villarluengo y nos permitió contemplar a lo lejos la silueta inconfundible de un pueblo con raíces medievales y huellas renacentistas. Es un pueblo enclavado en un lugar estratégico, baluarte defensivo durante las guerras carlistas y famoso por el exquisito queso de oveja y cabra, citado por Cervantes en El Quijote.

    Las calles de Tronchón son empinadas, recoletas, adustas. Descendiendo por una de ellas y dejando a la izquierda el histórico trinquete y la esbelta y desnuda torre de la iglesia, llegamos a Casa Matilde, uno de los lugares más visitados de la población. Allí nos recibe una mujer menuda, campechana y llena de amabilidad. Desde el primer momento nos sentimos como en casa. Porque Matilde es la dueña de una casa rural restaurada que ofrece a los visitantes un menú como los de antes: copioso, variado y muy nutritivo. Vale la pena acercarse a Tronchón para saborear los entremeses, el rabo de todo o el solomillo de casa Matilde.

    La tarde fresca, a pesar de estar todavía en agosto, nos permite acercarnos a visitar Casa Colás, en La Cañada de Benatanduz, otro pueblo pintoresco enclavado en un valle elevado y otoñal. La carretera es sinuosa y está cortejada por montañas escarpadas y desfiladeros sublimes. Nos recibe con los brazos abiertos los descendientes de la familia de mi abuelo materno. Me dice mi primo que los Colás descienden de Fortanete y se establecen luego en Troncón y en La Cañada. Precisamente me muestra un escudo de armas de una fachada de una cada de Tronchón. La tarde se desliza lenta, con una lejana amenada de tormenta que no llega a cuajar. Regresamos a Aliaga por Fortanete, por Villarroya de los Pinares, por Miravete. Lugares con encanto, castigados por un implacable clima invernal y por el lastre de la emigración. Masadas abandonadas, casas solitarias y una inmensa nostalgia.

    Un día para recordar. Una ruta para reeditar con más calma. Un paisaje de ensueño. Unos rincones arcádicos. Una soledad que grita desde dentro.

(FOTOGRAFÍA: Uno de los rincones más pintorescos de Tronchón).

27/08/2013 13:51 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.


LAVADEROS

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     El regreso a la ciudad después de tres semanas en el pueblo viene acompañado de recuerdos no exentos de nostalgia. Uno de los lugares más tradicionales de los pueblos de toda España es el lavadero. Cuando en los pueblos no había agua corriente (de eso no hace tantos años) las mujeres acudían con su canasta mimbre llena de ropa al lavadero para realizar esa tarea que hoy ya no valoramos porque tenemos lavadora en casa y parece que eso ha existido siempre. Pero los lavaderos no sólo eran un lugar para hacer la colada. Allí se encontraban las mujeres del pueblo, comentaban los hechos más relevantes, compartían inquietudes y rompían un poco la rutina de las cuatro paredes de la casa.

    Ahora los lavaderos se conservan como una reliquia y muy pocas personas se acercan a ellos. En la página Teruel pueblo a pueblo de facebook hay una sección dedicada a los lavaderos. En ella se muestran 84 fotos de para todos los gustos y colores. Hay lavaderos antiguos, restaurados, pequeños, recoletos, acogedores, a la intemperie,... Pero todos tienen en común ese sabor a pasado, a vestigios de décadas ya casi olvidadas, a rincones semiabandonados y condenados a un futuro incierto si nadie lo remedia.

    Conozco varios lavaderos, especialmente de la provincia de Teruel. Por supuesto, el de Aliaga es el que me trae más evocaciones, tanto de mi infancia como de la infancia de mi hijo. Allí hemos jugado a barcos, allí nos hemos refugiado de las tormentas, allí nos hemos escondido, allí hemos buscado la sombra en los calurosos días de verano. Pero, además del lavadero de mi pueblo, recuerdo con cariño el de Cirujeda, anejo auna fuente y a un pequeño parque infantil fresco y recoleto. Cada verano me acerco a este barrio rural de Aliaga y me asomo a su poza y saboreo el agua fresca. También recuerdo el de Cobatillas, cerca del cauce del río Seco, semiabandonado y olvidado, pero muy acogedor. El último lavadero que me llamó la atención fue el de Tronchón, pueblo que visité por primera vez la semana pasada. Es un lavadero distinto, original, muy bien conservado. También me impresionó hace unos ocho años el lavadero de Cuevas de Cañart: parece una obra de arte. Y lo es. Pero todavía conservo en mi retina otros lavaderos de la provincia de Teruel, la mayoría de la comarca de las cuencas mineras. En el de Montoro de Mezquita aún lavaba la ropa una vecina hace pocos años.

    Fuera de la provincia de Teruel y de Aragón, quiero evocar al lavadero de Massalavés, en el que mi hijo ha pasado muy buenos ratos a la hora de la siesta, buscando la sombra y el rumor del agua. Todavía alguna mujer se acercaba a lavar alguna prenda hace unos diez años. Hoy está restaurado y muy bien conservado.

     No sé qué será de los lavaderos en el futuro. De momento, la mayoría están en un aceptable estado de conservación. ¿Se les podría dar otro uso? De todos modos, ahí están como huella visible y sonora de los quehaceres de hace dos generaciones.

(En la foto: El lavadero de Aliaga)

30/08/2013 13:13 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.


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