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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2013.

FELICIDAD

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     En su columna de hoy en Heraldo de Aragón la escritora Irene Vallejo nos habla de la ambición, el afán por poseer y dominar, como camino equivocado para lograr la felicidad. Se adentra como siempre en el meollo de la sabiduría de los clásicos para mostrarnos cómo el afán desmedido de tantos gobernantes y monarcas por extender sus dominios les llevaron a un continuo desasosiego y a una inquietud lindante en ocasiones con la angustia.

     Todos sabemos por propia experiencia que, en este mundo capitalista en el que vivimos, el afán de tener no es el camino para ser felices. Pero casi siempre tropezamos en los mismos despropósitos y contradicciones. Por eso es bueno que volvamos de vez en cuando a los clásicos - y no sólo a los griegos y latinos - para beber en las fuentes de la experiencia, apuntalar nuestra frágil esperanza y libar un poco de néctar de la felicidad.

     A veces nos resulta fácil ser felices en un momento determinado. Pero esa felicidad se nos antoja efímera y tornadiza. Y por ese mismo motivo buscamos más, deseamos más, aspiramos a más. Y esta aspiración es la que nos sumerge en un clima de ansiedad. Aspiramos a mejorar en todo los sentidos. Y eso es bueno, en principio. Pero nuestro nivel de insatisfacción es tal, que los logros alcanzados no nos llenan ese vacío interior tan humano.

      ¿Qué es la felicidad? ¿Puede alcanzar el ser humano una felicidad plena en esta vida? Pienso que la felicidad es algo muy difícil de definir y valorar. Y que es muy difícil alcanzarla, porque su misma caducidad la transforma en pérdida y en añoranza. Añoranza que a veces es nostalgia y otras melancolía. Por eso me gusta decir que, si en algún momento hemos sido felices, ha sido precisamente por su brevedad. Y porque hemos dejado de lado la ambición, los sueños inalcanzables y la vanidad que nos puede aportar el dinero, la fama o el prestigio social.

04/03/2013 13:10 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

ESCAPADAS

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     Ha quedado atrás el turbulento, extraño y paradójico mes de febrero. Lo abandonas con alivio, como quien quiere emprender un nuevo viaje hacia la vida, hacia el renacer, hacia la primavera. Es verdad que el invierno todavía persiste, pero los signos de la nueva estación son ya evidentes: naturaleza exuberante, campos de cereal reverdecidos, ríos con un caudal copioso y luz crepuscular.

     Para disfrutar del paisaje, de la luz, de otros horizontes más abiertos que el cemento y el asfalto cotidiano, lo mejor es emprender una escapada aprovechando el día festivo entre semana. Esta vez la ruta elegida no ha sido el Pirineo, sino la comarca de las Cuencas Mineras, que todavía conserva retazos blanquinosos de la reciente nevada que ha llenado de esperanza a los agricultores y ganaderos. El destino elegido es Aliaga, tu pueblo de toda la vida. Pero intentas aprovechar del paisaje que flanquea esta ruta de hora y media: campos de Belchite con sus olivos centenarios, hondonada fecunda de Muniesa, pintoresquismo de Hoz de la Vieja, vega fecunda del río Martín, desolación ante la vista de la central de Escucha, campos teñidos de blanco en Valdeconejos y el encanto de la Val, con sus pequeños pueblos y sus huertas y bancales.

     Una vez en Aliaga, disfrutas de su paisaje familiar, siempre nuevo y sorprendente. Y contemplas y recorres toda la geografía de tu infancia, inundada de recuerdos y colmada de nostalgia: el castillo, la porra, el calvario, las calles empinadas, las casas solitarias, la ermita, el cementerio, el merendero y el río. Un Guadalope resucitado - como se observa en la foto -, vital, arrollador, intrépido. Ha dejado de ser el cauce desolado del pasado verano y se enriquece de un deshielo acelerado que se ha llevado por delante el encanto romántico del paisaje nevado.  En cambio, todo es agua, vida, oro para los campos y para los pantanos del Bajo Aragón.

    Ha sido sólo una breve y fugaz escapada. Y regresas a la ciudad con el ánimo templado, con la ilusión renovada y con un pequeño poso de nostalgia al abandonar estos núcleos rurales cada vez más solitarios y despoblados.



ADIÓS A UN POETA VITAL

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     Todavía tengo el enlace del poeta Antonio Pérez Morte, que falleció recientemente en Sabiñánigo, donde residía y creaba. La noticia me ha dejado helado. Se nos va un amigo, un poeta, un amante de la vida y de Aragón, la tierra que le vio nacer en Zuera en 1960.

      No lo llegué a conocer personalmente, pero sé que vivía por y para la literatura, me animaba a seguir adelante con mi blog y me comentaba con especial sensibilidad algunos de mis poemas y artículos. Antonio era un poeta del paisaje, de la amistad, del amor, de la denuncia. Y creía que la literatura era un remidio contra la soledad y las sombras de la noche. Tenía una fe ciega en la literatura como consuelo y contagiaba a sus amigos esa vocación de poeta desde dentro.

      Han sido muchas sus colaboraciones en la prensa y en revistas tan emblemáticas como Trébede, Rolde o la excelente Turia. De entre sus obras destacan Escombros o De puño y letra. Pero no podemos olvidar los poemas escritos en su blog y que quedarán ahí como una huella imborrable de su presencia vital y esperanzadora.

      Como homenaje a Antonio, plasmo este poema que recoge en su blog Marta Navarro y que supone a su vez un homenaje y reconocimiento a los poetas aragoneses:                                        

                       Tomaré de Seral el amor a la palabra,
                       de Pinillos pasión, fortaleza y constancia.
                       La humildad, la intuición de Lucianico Gracia,
                       para cantar cada día con su voz asombrada.

                       La verdad de Ildefonso, sus dudas más largas.
                       La soledad de Guillermo, siempre solidaria.
                       Con Miguel me hundiré en sus preguntas eternas,
                       cuando huya con “sumido” a una isla desierta.

                       De Luesma, la luz, la sed… la tristeza
                       de cantar Aragón, Sinfonía Incompleta.
                       De Labordeta la rabia y también la ternura
                       de quien canta por amor y por amor denuncia.

                       De Julio Antonio el amor, amores de leyenda,
                       de Navales elegancia y de Ferreró belleza.
                       La rebeldía de Guinda, su palabra desnuda.
                       De Rosendo, paisajes, reflexiones y fábulas.

                       La experiencia de Alegre, el misterio de Prat.
                       La memoria de Rodríguez, la artesanía de Trisán.
                       La nitidez de Vallés, la construcción de Esquillor,
                       la utopía entrañable de Emilio Gastón.

                       La rotundidad de Petisme, la sencillez de Teresa,
                       el compromiso de Rey y la esperanza de Serna.
                       De Ciordia ironía, transparencia de Blancas.
                       La hondura de Vilas y la amargura de Salas.

                       La fuerza de Andú, de Saldaña su magia.
                       La melancolía de Antón, de Alcubierre nostalgia.
                       De Lasala, sin duda, las confesiones más tiernas
                       y también la emoción y la inquietud de Sopeña.

17/03/2013 12:11 josemarco Enlace permanente. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

RAMOS

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     La Semana Santa siempre ha ocupado un lugar especial en mi vida. No sólo como celebración religiosa, sino como hecho cultural y como vehículo de nuevas vivencias e impresiones. Soy consciente de que no sólo me ocurre a mí. Son muchas las personas que evocan e incluso siguen viviendo estos días con un no sé qué de devoción teñida de nostalgia.

     Esta mañana, mientras veía desfilar por la calle don Jaime de Zaragoza a una de las procesiones más emblemáticas de la Semana Santa de esta ciudad, recordaba los domingos de Ramos de mi infancia en Aliaga. En vísperas de la celebración, ya nos asomábamos a la ermita de la Virgen de la Zarza para ver cómo preparaban el paso de la borrica con Jesús sentado encima y los adornos consiguientes como aparejo del animal. Ere uno de los pasos más simpáticos y una de las procesiones más alegres, lejos de la tristeza lúgubre de la procesión del Viernes Santo. En la misa del domingo de Ramos nos entregaban un ramo de boj - siempre eran de este duro y austero arbusto que abundaba en nuestro término municipal, aguas abajo del Guadalope - que llevábamos orgullosos durante la misa y la procesión, y colocábamos luego en el balcón de nuestra casa hasta la misma fecha del año siguiente. Decían los vecinos que el ramo bendecido llevaba la paz y el sosiego a los hogares.

     Varias décadas después, los ramos de olivo se alternan con las sofisticadas palmas - como vemos en la fotografía - que llenan de ilusión a los niños ya que contienen pequeños regalos y algunos dulces de colores llamativos. Es la fiesta del estreno, el día de la manifestación, la antesala de unas jornadas que, al parecer, han perdido el reclamo religioso pero siguen manteniendo el gancho turístico por su exotismo o suntuosidad. 

     En muchos pueblos de España habrán desfilado hoy de nuevo los pasos de Jesucristo sentado en una borrica. Es una estampa idílica, casi popular, que podría sugerirnos un toque de sencillez tan necesario en estos tiempos de crisis. No sé si muchos captarán esta vertiente. De momento me quedo con la imagen contrastada de un ramo de olivo - símbolo de la pervivencia - en manos de una persona mayor y de una palma ornamental en manos de un niño encantador.

 

24/03/2013 19:50 josemarco Enlace permanente. SOCIEDAD No hay comentarios. Comentar.

TAMBORES

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     Un elemento esencial en la Semana Santa aragonesa - y en otros lugares de España - son los tambores. Los bombos y tambores se han convertido en un símbolo y en una realidad. Dicen que simbolizan los estruendosos truenos que conmocionaron la tierra después de la muerte de Jesús en la cruz. Y la realidad es que estos tambores retumban cada viernes santo en numerosas poblaciones aragonesas del Bajo Aragón y acompañan a las procesiones en combinación con las cornetas y carraclas.

     Ayer en volvieron a redoblar en la plaza mayor de Calanda cientos de bombos y tambores. Un sonido que ensordeció a los miles de vecinos y visitantes y que rompió cinco minutos de solemne silencio. Si Luis Buñuel levantara la cabeza, se alegraría al comprobar cómo se mantiene esta tradición y cómo los jóvenes y niños toman el relevo de los mayores con seriedad y entusiasmo.

     Siempre me ha emocionado el sonido rítmico y persistente de los tambores. Desde mi infancia he llevado interiormente ese ritmo constante y repetitivo, siempre distinto, siempre renovado. Es como un latido del corazón, como un símbolo de la tenacidad de los aragoneses, como un viaje metafórico hacia el pasado y hacia el futuro.

     El sonido insistente del tambor tiene ecos, tiene ritmos, supone solidaridad, implica pequeños retos, surca las calles y las avenidas de pueblos y ciudades, rompe el silencio de las madrugadas, evoca tristeza y desolación y, como contraste, anticipa un clima festivo. Todo un homenaje, una tradición, una seña de identidad de sus habitantes en estas fechas que oscilan entre lo religioso y lo festivo.

      Ayer en Calanda la lluvia respetó esta rompida colectiva a pesar de que el cielo encapotado presagiaba el agua que cayó poco después. Pero los tambores y bombos siguieron recorriendo las calles empinadas de esta localidad bajoaragonesa. Eso mismo hicieron la noche anterior en La Puebla de Híjar, Híjar, Andorra y en todos los pueblos de esta ruta turística que recibe cada año a más visitantes y admiradores. 

30/03/2013 11:16 josemarco Enlace permanente. SOCIEDAD No hay comentarios. Comentar.


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