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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2013.

CERVERA DEL RINCÓN

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     Cada mes de agosto aprovecho para acercarme a pueblos casi olvidados que conforman la geografía del Teruel profundo. Son enclaves solitarios, pintorescos, perdidos entre las montañas agrestes y los valles profundos. Uno de estos pueblos es Cervera del Rincón, situado al abrigo de una de las estribaciones de la sierra de San Just y envuelto en el silencio y la soledad, incluso en pleno verano.

     En invierno no llega a la veintena de habitantes, pero en verano los hijos del pueblo o sus descendientes vuelven unos días a la tierra que les vio nacer y recorren sus campos, ascienden a sus montañas o se acercan a lugares que ha mimado la naturaleza como Las Parras de Martín. Sus más de mil doscientos metros de altitud lo emparentan con localidades cercanas como Son del Puerto, Pancrudo, Rillo, Fuentes Calientes o Mezquita de Jarque. Pero Cervera es peculiar. Destaca su torreón medieval, sus peirones y el frontispicio de la iglesia de la Asunción.

    Para ir desde Aliaga a Cervera tomamos una pista forestal asfaltada que parte desde Mezquita de Jarque. A la izquierda dejamos el nacimiento del río La Val y a la derecha se asoma Son del Puerto, entre altivas rocas y oscuros pinares. Pero todavía hay que acercarse hasta las abandonadas minas de Rillo y dirigirse hacia Pancrudo, municipio al que pertenece Cervera. Todo han sido malabarismos para visitar a unos familiares que residen en Valencia y buscan en verano unas temperaturas suaves y una inusual tranquilidad.

    Ahora Cervera del Rincón ya no es un pueblo perdido al final de la carretera. Me comenta mi primo que han asfaltado la pista que se dirige a Las Parras de Martín y desde allí pueden acercarse a Utrillas para comprar o para pasar un día de ocio. Decidimos por eso regresar a Aliaga por Las Parras y, de paso, conocer un nuevo pueblo de la provincia. Un lugar casi desconocido para muchos aragoneses y muy valorado por la orografía que dibuja el cauce del río Martín: cascadas, cuevas y pozos imponentes. La ruta es difícil y complicada, pero el paisaje que observamos merece una nueva visita con más calma. Ya anochece cuando dejamos a la izquierda la factoría Casting Ross y llegamos a Utrillas. Ahora sólo nos queda una parada casi obligada: la fuente del vaso. Saboreamos el agua fresca y cristalina que baja de la sierra y llegamos a casa con una sensación agridulce. Dentro de pocos días estos pueblos volverán a quedarse casi vacíos: sin niños en las calles, sin chimeneas humeantes en invierno, sin un bar donde charlar o jugar la partida de guiñote.

FIESTAS

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     A medida que se esfuma el verano, las fiestas de los pueblos llegan puntuales a su cita y marcan un antes y un después de la actividad anual, muchas veces monótona y anodina. Antes la fiesta suponía, además de su orientación religiosa, un respiro y un alivio para aquellos trabajadores del campo que veían con satisfacción cómo llegaba a los graneros el cereal o cómo la uva recién vendimiada se recogía en las cooperativas. Estoy hablando, por supuesto de las fiestas rurales, las fiestas más populares y las que conservan todavía ciertas raíces.

    Sin embargo, desde hace unas décadas, las fiestas han cambiado mucho. Han surgido las peñas - que en algunos pueblos crecen como setas -, se han creado las comisiones de fiestas y se han multiplicado actos lúdicos de todo tipo. Y, aunque en esencia parecen las mismas, no lo son ni mucho menos. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los que participamos en las fiestas residimos fuera y acudimos sólo cuatro o cinco días o el fin de semana. Los que viven el el pueblo, que son pocos, son los que sueñan más con las fiestas, los que las viven con más ilusión y los que intentan conservar algo del pasado.

    En Aliaga acaban de terminar unas fiestas multitudinarias. Hay que destacar el papel de la comisión y la aportación de las peñas. Pero también hay que quedarse con los festejos taurinos - tan tradicionales es este pueblo - y con los actos en honor de la patrona, la Virgen de la Zarza. Personalmente echo de menos los fuegos artificiales de la noche del día siete, los juego populares en las eras largas y el baile en la calle mayor o en alguna de las plazas como la del Bote. Es verdad que todo ha cambiado y que hay que innovar. Pero no costaría mucho compaginar actividades de siempre con nuevas iniciativas.

    De todos modos, las fiestas también suponen un reencuentro con los amigos, una alteración de los rígidos horarios habituales, una visita a lugares emblemáticos del pueblo, un cambio de talante, una actitud más abierta y tolerante. Lástima duren tan poco y sean tan efímeras como este verano que se nos escapa de las manos como lluvia de arena. 

15/09/2013 20:25 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

OTOÑOS

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     Esta noche entrará de nuevo el otroño meteorológico y se esfumará definitivamente otro verano. Un verano efímero, cálido, prometedor. Pero este nuevo equinoccio, en el que los días compiten con las noches, marca el inico de un otoño que se va incorporando con suavidad, con dulzura, como si no quisiera herir de nostalgia a los amantes de la luz y de los crepúsculos dilatados.

      Porque, en realidad, vivimos varios otoños. Al menos, dos estaciones distintas con una misma denominación. El otoño dulce de finales de septiembre y del mes de octubre y el otoño austero y crepuscular de noviembre y de principios de diciembre. El primero se resiste a abandonar esa placidez de las tardes veraniegas y esos amaneceres con un sol todavía generoso; el segundo se embebe paulatinamente de sombras y nos sumerge en la melancolía.

     Nunca me ha gustado esa acotación progresiva de las horas de luz. Nunca me ha gustado ese despojo de los árboles y esa tonalidad amarillenta de los valles y de los montes. Es como si nos robaran algo de vida, como si atenuaran sibilinamente nuestras ganas de vivir. De todos modos, hay que buscar en el otoño el aliento del paisaje, que se viste de colores inusuales, la generosidad de la tierra que nos ofrece sus últimos frutos y ese sosiego de la naturaleza que nos invita a aprovechar con más intensidad las horas centrales del día. Sin olvidar, desde luego, ese otro otoño cultural que sobrevive sin tregua a pesar de los recortes y la alargada sombra de la crisis.

     Vuelve el otoño, vuelve el curso escolar y se adivina el regreso a la rutina. Eso sí, en Zaragoza todavía queda un paréntesis festivo que nos recuerda de nuevo las fiestas y celebraciones del pasado verano. Es la semana del Pilar que rompe de nuevo la monotonía de los días y marca el final de una etapa festiva, lúdica y trasnochadora antes de sumergirnos en esos largos meses que, con o sin nostalgia, siempre nos van a dejar un resquicio para la reflexión y la esperanza.

22/09/2013 13:09 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

BESOS

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                                         BESOS
                                  Hay besos dulces,
                                 besos salados y
                                 efímeros.
                                  Hay besos con veneno
                                 besos embriagadores
                                 besos con sabor a nata
                                 o a vainilla.
                                  Abundan los besos falsos,
                                de cartón...
                                o de porcelana.
                                 Y son muy escasos
                                los besos de amor...
                                apasionados, densos,
                                profundos,
                                casi eternos.
                                 No sé si elegir
                                los que envenenan
                                el alma
                                o los que hacen añicos
                                el corazón.
28/09/2013 11:32 josemarco Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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