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LAS PEQUEÑAS ESPINAS DE RAQUEL

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     Tengo entre mis manos el último poemario de la poeta gaditana Raquel Lanseros. Con Las pequeñas espinas son pequeñas Raquel ha obtenido por unanimidad el XXIX premio Jaén de poesía. Publicada por la incombustible editorial Hiperión, esta jugosa y densa antología es un maduro paso adelante que continúa de modo ascendente la trayectoria marcada por Leyendas del promontorio (2005), Diario de un destello (2006), Los ojos de la niebla (2008) y Croniria (2009).

     Desde el poema introductorio "Contigo", en el que la autora indaga en su propio interior y se pregunda quién es como Miguel Labordeta: Mil veces he deseado averiguar quién soy, hasta el denso poema final "Himno a la claridad", en el que proclama un optimismo guilleniano como un canto a la vida: No hay verdad más profunda que la vida, Raquel reflexiona sobre su propia existencia y hace un balance a mitad del camino. La poeta desnuda con sinceridad su propio interior y comparte con el lector los sentimientos de amor, nostalgia, pérdida, amistad, olvido y anticipo de un futuro incierto frente al acoso del calendario y la presencia de la muerte. Tal como confiesa Lanseros: "Es un libro que significa mucho para mí, porque todos los poemas en él contenidos responden a una vivencia, a una reflexión, a un sentimiento, a un aprendizaje o a todo ello a la vez".

     He leído y releído cada uno de los 40 poemas, agrupados en cuatro partes - CUANTO SÉ DEL ROCÍO, CÓNCLAVE DE MARIPOSAS, CROQUIS DE LA UTOPÍA y EL PASADO ES PRÓLOGO - y me he quedado con una sensación de haber cortejado con lo sublime, con lo mítico, con las raíces más profundas de la tierra y del ser humano. Porque Raquel conoce muchas culturas y se hace eco de nuestra más primigenia tradición literaria. Están presentes los ecos manriqueños en el poema "Maldición y venganza": Hay veces que la muerte se avergüenza de serlo, fluyen los senderos ocultos machadianos en el poema "Plegaria del clarividente": Sé que voy a marcharme sin bolsillos, y afloran los guiños a Larra, a Dámaso Alonso, a Borges y a Umberto Eco.

    El endecasílabo predominante en casi todos los poemas - alternado con el alejandrino y el heptasílabo - llega hasta nosotros enriquecido por insólitas metáforas y surcado de interrogaciones retóricas que evidencian la profunda reflexión sobre los aspectos esenciales de la andadura humana. Raquel ensalza y abraza la vida: La vida es hermosa como una novia al alba, busca una rendija para eludir el fantasma de la muerte: Cuando te encuentre, morirá la muerte, se interroga sobre un más allá inaccesible: ¿Quién está percibiendo a través de nosotros? y compone una inquietante "Canción de ultratumba": Es delgada la lámina que separa los mundos / que un mismo corazón cultiva en sus entrañas.

     ¿Cuál es el secreto de estos versos? ¿Qué horizonte alcanza esta voz poética? La misma autora nos lo revela con su sencillez habitual: "Por encima de todo, la voz poética está presidida por las constantes ganas de vivir". "El misterio de la vida se canta con la devoción de quien redescubre el mundo cada día".

     He seleccionado un poema que me parece representativo de este aliento vital, de este desafío a lo efímero y de una nostalgia agudizada en estas fechas crepusculares del calendario:                           

                                              FAROS ABANDONADOS

                                    Se le amotinan los huesos a mi madre,

                                    mi padre comparece al ocaso de su vista,

                                    el invierno decreta el estado de sitio

                                    a los pocos ancianos que aún resisten.

                                    Los sólidos colosos de mi infancia,

                                    almenas de altas torres,

                                                                      postas de caminantes,

                                    ahora son hostigados por el calendario.

                                    La impotencia me asfixia

                                    cuando - al aproximarse - los contemplo risueña.

                                    No quiero que sospechen mi dolor al sentir

                                    qué mayores se están haciendo mis mayores.

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