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MUNDIALES

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      Acabo de leer uno de los últimos libros del escritor Miguel Mena, madrileño afincado en Zaragoza. Se titula Todas las miradas del mundo y nos acerca a la España convulsa, inmersa en una incipiente y frágil democracia, asaeteada por el terrorismo de ETA, recién salida de un golpe de estado y todavía convaleciente del envenenamiento por el aceite de colza, que produjo tantas víctimas inocentes.

      Han pasado nada más y nada menos que treinta y dos años y estamos en una nueva edición del mundial de fútbol. La cita es en Brasil, una de las naciones más volcadas con el deporte rey. Y una vez más - quizás todavía más que en el mundial de España-82 - todas las miradas del mundo convergerán en este país que arrastra una grave desigualdad social, que contempla cómo se han dedicado grandes cantidades de dinero a infraestructuras y estadios y se están abandonando ayudas para necesidades tan básicas como sanidad o educación.

      Durante el mundial de España ocurrieron acontecimientos importantes tanto a nivel nacional como internacional. Durante el mundial de Brasil, reaparece de nuevo la imagen de un mundo convulso. Países como Siria, Irak, Afganistán o Ucrania arrastran enfrentamientos atávicos que pueden desembocar en una guerra civil. En Brasil, la imagen que nos mostrarán las televisiones de todo el mundo tal vez sea más idílica que real. No contemplaremos el submundo de las favelas o la lucha callejera fuertemente reprimida.

      Cuando acabe este mes polarizado por el deporte rey, volveremos a recordar que en Europa, y concretamente en España, estamos intentanto salir de una larga y dolorosa crisis, que el rey Juan Carlos I acababa de abdicar, que su hijo el príncipe Felipe se convertiría en el nuevo monarca Felipe VI, que se despertó de nuevo en muchos españoles el aliento republicano. Las miradas del mundo se dirigirán a los doce estadios de fútbol de Brasil. Pero, mientras tanto, Cataluña sigue firme en su camino hacia la secesión, el País Vasco tampoco se queda al margen de esta inquietud independentista y el mapa político español acaba de sufrir una metamorfosis con la irrupción de nuevos partidos como Podemos.

      Miguel Mena ha radiografiado con precisión la España del verano del 82 en esta novela policíaca, muy bien documentada, de prosa ágil y de cuidado estilo. Los que éramos jóvenes en ese año de la primera transición recordamos aquel reguero de atentados, aquella tensión en el ejército, aquel repunte de paro y aquel icono de naranjito, tan pintoresco. La eliminación prematura de Brasil, una de las selecciones favoritas y la vistoria final de Italia se han convertido en telón de fondo de una España gris, convulsa y convaleciente.

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