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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2014.

ADIOS A UN POETA MACHADIANO

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     La semana pasada nos dejó un gran poeta, Félix Grande. Nacido en Mérida de madre republicana, pero enraizado en Tomelloso, se trasladó a Madrid a los veinte años y pulsó diversas teclas del arte y de la cultura. Hasta que se inclinó por la poesía, sin dejar de lado su gran interés por el flamenco. Con su poemario Las piedras obtuvo el premio Adonais en 1964 y, desde entonces, nos fue regalando excelentes poemas, relatos inolvidables y acertados ensayos. No podemos olvidar su novela Las calles o su ensayo Memoria del flamenco.

     Porque Félix fue desde sus primeros versos un autor comprometido, coherente, de hondas raíces existenciales. Siguió la estela de Antonio Machado y del gran César Vallejo. Colaboró con Luis Rosales en la revista Cuadernos Hispanoamericanos y obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2004. Esposo y padre de poetas, nos ha dejado una huella profunda e imborrable no sólo como escritor sino como persona. Su último poemario Libro de Familia cierra un círculo que, a pesar de su ausencia, quedará entre nosotros como un halo mágico y sugerente.

     Transcribo un poema del autor extremeño-manchego como homenaje y reconocimiento a este enamorado de las letras que enlazó la poesía social de los años cincuenta con la de los novísimos de Castellet, también recientemente fallecido:

                            Del árbol de los tiempos nos hemos desprendido

                           bajo todo un sistema de galaxias de años

                           y ahora estamos mirándonos y nos vemos extraños

                           igual que dos océanos que se hubieran unido.

                           hemos viajado tanto, es tan hondo el misterio

                           de coincidir, y amarse, desde vías tan remotas;

                           aún estamos buscándonos en el tiempo: dos motas

                           de polvo de ciprés tanteando un cementerio;

                           nos estamos mirando como dos aves pobres,

                           lastimados de vuelo, lastimados de espacio,

                           lastimados del tiempo que nos ha estado viendo;

                           nos estamos mirando lo mismo que dos sobres

                           cerrados el uno frente al otro que, despacio,

                           se van abriendo, se van abriendo, se van abriendo.

 

02/02/2014 13:03 josemarco Enlace permanente. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

EDUCAR

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     Hace tiempo que no hablo de algo tan importante como la educación. Educar es mucho más que enseñar, mucho más que orientar, mucho más que acompañar, mucho más que hacerse eco de los problemas del niño o del adolescente. Educar es todo eso y mucho más. Y en esa tarea estoy inmerso después de muchos años. Una tarea gratificante en ocasiones, ingrata en otras y cada día más estresante. Porque desde la década de los setenta, han cambiado muchas cosas en el ámbito escolar. Los alumnos son cada día más irrespetuosos, más insolidarios y más rebeldes. Y a esto hay que añadir la heterogeneidad de culturas, la distinta formación y el complicado ambiente social. Porque hay que tener en cuenta también el papel de las familias que colaboran cada vez menos con el docente. Y esto supone un lastre y un gran escollo.

    Si a todo esto añadimos la situación de la educación desde hace cinco años cuando empezó la crisis, el diagnóstico puede ser hasta desalentador. Las autoridades educativas nacionales y autonómicas no han dejado de recortar en este pilar fundamental para la sociedad del futuro. La tijera ha llegado a todos los ámbitos. Más horas de docencia, menos profesores de apoyo, más alumnos por clase, congelación o disminución de los sueldos y un futuro cada vez más incierto. Y esto nos afecta a todos los docentes, por muy vocacionales que seamos. El ambiente de los centros ya no es el de antes. Se advierte un clima de desánimo, una falta de entusiasmo y un cierto deseo inconsciente de tirar la toalla. Y a veces uno se conforma con conseguir un clima de silencio en clase, unas actitudes elementales de respeto y unas reglas elementales de convivencia. Porque si no empezamos por la base, difícilmente podremos enseñar matmáticas, lengua o inglés. Y los perjudicados son los de siempre: los pocos alumnos que muestran interés y necesitan una atención personalizada.

    No sé cuál será el futuro de la educación pública a medio plazo. Pero lo que se atisba en el horizonte es que la profesión de docente se va a convertir en algo difícil, poco valorado y sin ningún reconocimiento de la sociedad. Mucho han de cambiar los dirigentes políticos para darse cuenta a tiempo de una situación que con la LOMCE no va a mejorar sino todo lo contrario. Porque es una ley elitista, segregadora y con evidentes connotaciones ideológicas. Además se quiere implantar con pocos medios y sin un consenso mínimo. Hay cada día más voces discrepantes, pero el ministro Wert no da su brazo a torcer de ninguna manera. Y el pacto por la ecucación sigue siendo la asignatura pendiente de este país. Mientras tanto, descontento, desconcierto y una preocupante falta de entusiasmo en un cuerpo cada vez menos valorado desde todos los ámbitos.

09/02/2014 12:57 josemarco Enlace permanente. EDUCACIÓN No hay comentarios. Comentar.

SILENCIO INVERNAL

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     Hay días en los que el silencio taladra nuestros oídos,  hiere nuestra sensibilidad, lastra nuestra esperanza.  Y es que esta mañana de febrero en Aliaga,  mañana apacible,  serena, invernal, nos ha sorprendido con una nevada suave y persistente que ha teñido de blanco los tejados,  la huerta y el monte.

    A media mañana me he acercado hasta el Guadalope con un amigo forestal y me ha comentado con sorpresa cómo no hace muchos años,  en días como hoy se oía el alegre y cantarín trinar de los pájaros,  se atisbaban las golondrinas bajo el alero de los tejados o el jugueteo de los petirrojos a la orilla del río.  Esta mañana,  en cambio, mientras paseábamos por la vega y el cascajar, el silencio era casi sepulcral y los chopos cabeceros se mostraban huérfanos de susurros o gorgeos.

    Ante este silencio elocuente de la naturaleza nos hemos preguntado qué estamos haciendo con la flora y la fauna de nuestro entorno,  cuál será el futuro de estos oasis naturales. Si lugares privilegiados como la cuenca alta del Guadalope pierden su esencia,  el legado para las próximas generaciones será un lastre preocupante.

     Mañana de febrero en Aliaga.  Casi nunca me he acercado aquí durante este mes caprichoso, voluble,  paradójico. Un invierno suave, apacible,  pero sorprendentemente silencioso. 

ANTONIO MACHADO

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     Hace setenta y cinco años fallecía en Colliure, un pueblecito del sur de Francia el gran poeta sevillano Antonio Machado. Como como profesor, como literato, como aprendiz de poeta, quiero recordar a este escritor comprometido, cercano a la pueblo, solitario, reflexivo, solidario y sin demasiadas pretensiones ni protagonismos.

    La trayectoria literaria de Machado camina paralela a su itinerario vital. Una andadura difícil y cercana a la aventura. De Sevilla se traslada a Madrid. Recala durante unos meses en París. Comienza su labor docente en Soria, de la que guarda un recuerdo agridulce. Se traslada a Baeza, regresando a su Andalucía natal. Ejerce su magisterio en Segovia y acaba en la capital de España donde le sorprende el inicio de la guerra civil. Desde allí es evacuado a Valencia, permanece unos meses en Barcelona y cruza la frontera con su madre y miles de republicanos, enfermo y angustiado, para emprender el viaje definitivo pocos días después.

    Se ha escrito mucho de Machado. Ahora tenemos la suerte de recrearnos con la lectura de sus poemas. Pero durante los años de la época franquista estuvo silenciado como tantos otros, entre ellos nuestro paisano Sender. De machado no sólo nos quedan sus poemas y sus obras de teatro. Podemos disfrutar también de sus consejos, sentencias y donaires, en boca de su alter ego Juan de Mairena y de su maestro Abel Martín. Son diálogos profundos, ingeniosos y sugerentes.

     Como homenaje a este gran poeta y pensados, plasmo algunas sentencias de este libro que convendría leyeran de vez en cuando nuestros dirigentes políticos y los multimillonarios que manejan el mundo:

     Decía mi maestro que deseaba morir sin llamar la atención de nadie; que su muerte pasase completamente inadvertida. Un mutis bien hecho - añadía aquel buen farsante - no debe hacerse aplaudir.

    Cuando los hombres acuden a las armas, la retórica ha terminado su misión. Porque ya no se trata de convencer, sino de vencer y abatir al adversario. Sin embargo, no hay guerra sin retórica. Y lo característico de la retórica guerrera consiste en ser ella misma para los dos beligerantes, como si ambos comulgasen con las mismas razones y hubiesen llegado a un previo acuerdo sobre las mismas verdades. De aquí deducía mi maestro la irracionalidad de la guerra por un lado y de la retórica por otro.

     "Fugit irreparabile tempus". He aquí un latín que siempre me ha preocupado hondamente. Pero mucho más este dicho español: "Dar tiempo al tiempo". Meditad sobre lo que esto puede querer decir.

     Sólo en el silencio, que es, como decía mi maestro, el aspecto sonoro de la nada, puede el poeta gozar plenamente del gran regalo que le hizo la divinidad para que fuese cantor, descubridor de un mundo de armonías. Por eso el poeta huye de todo guirigay y aborrece esas máquinas parlantes con que se pretende embargarnos el poco silencio de que aún pudiéramos disponer.

    




22/02/2014 13:17 josemarco Enlace permanente. PERSONAJES ILUSTRES No hay comentarios. Comentar.


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