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RECORDANDO A LABORDETA

RECORDANDO A LABORDETA

     "¡Qué queda de ti,... qué queda de ti!" Mientras visito la recién inaugurada Fundación José Antonio Labordeta en la zaragozana calle Mariano Barbasán, van sonando claras y contundentes algunas de las canciones inolvidables del cantautor aragonés. Porque visitar la Fundación es sumergirse en un halo de melancolía, en un mundo de recuerdos y vivencias. Al acercarme a una de las dos salas de este acogedor recinto, la dedicada a la biografía de José Antonio, me doy cuenta de lo efímero de la vida, del rodillo implacable del paso del tiempo y de la huella imborrable que nos ha dejado Labordeta, hace casi cinco años. Porque queda mucho de ti, José Antonio. Esto lo comprobamos al visitar emocionados la sala dedicada a su trayectoria profesional. Nos quedan tus canciones, tus poemas, tus artículos, tus impresiones como viajero, tus participaciones en tertulias radiofónicas, tu labor docente, tus dos legislaturas como diputado nacional.

    Pero como trasfondo de tus más de cuarenta años de cantautor, poeta y creador literario nos queda tu inmensa solidaridad, tu lucha por la libertad, tu compromiso político y social. Y nos queda, sobre todo, tu amor por Aragón, por esa tierra que te vio nacer en la gris Zaragoza de posguerra, por ese Teruel en el que viviste tus mejores años como profesor de Enseñanzas Medias, por esa geografía aragonesa que recorriste de norte a sur, en tiempos del franquismo, en la difícil etapa de la transición y en plena democracia. Y nos queda tu personalidad, con esa espontaneidad tan aragonesa, con ese humor somarda, con esa sabiduría innata, con esa capacidad para escuchar, dialogar y rebatir.

     Conocí a José Antonio en uno de los quinces de agosto que visitó y actuó en el pequeño pueblo turolense de Jorcas. Acudía por amistad con mi llorado primo Luis Vicente, catedrático de Historia como él, y se alojaba en casa de mis tíos. Recuerdo las veladas en las que compartíamos un café. De su boca salían anéctotas curiosísimas y todo lo expresaba con franqueza y cercanía. Desde entonces lo he seguido en toda su trayectoria musical y literaria. Tengo en mi casa de Aliaga todos sus discos de vinilo, desde el austero "Cantar y Callar", hasta el excelente "Cantata para un país". Sus canciones me han hechizado, porque la mayoría rezuman poesía y llegan a lo más hondo de los que nos sentimos aragoneses y aspiramos a un futuro mejor para esta tierra. Por eso la visita de ayer a la Fundación acentuó mi cariño hacia Labordeta y desenterró nostalgias y recuerdos.

1 comentario

Mª José Arpal Gimeno -

Pienso visitar la Fundación tan pronto pueda. Es grande mi admiración por José Antonio Labordeta. Tú lo explicas con bonitas palabras, pero muchos aragoneses tenemos los mismos sentimientos hacia su persona.
Guardo todas sus cintas, sus libros y ahora voy recopilando todo lo que puedo en cd.
Nosotros también asistimos a muchos de sus conciertos en los que cuando llegabas ya te hacías la composición de lugar de cómo salir si las cosas se ponían feas. Especialmente recuerdo dos ocasiones comprometidas: el concierto en el colegio mayor La Salle y otro en los bajos del Mercado Central. Y como contrapunto los famosos conciertos de Jorcas todos los 15 de agosto, a los que acudíamos media provincia de Teruel.
Una gran persona que sigue viva en nuestros corazones.