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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2015.

ECOS DEL VERANO

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    Cuando llega septiembre, uno recapitula e intenta ver el verano en perspectiva como desde un espejo retrovisor. Han sido dos meses intensos, de viajes, de vivencias, de reencuentros, de pausas necesarias, de reflexión, de esbozos de proyectos, de cargar de nuevo las pilas. Han sido dos meses de caminatas, de travesías, de rutas en bicicleta, de ascensión a las atalayas de la sierra, de suaves amaneceres, de dulces crepúsculos, de noches cuajadas de estrellas. Durante estos días estivales también he encontrado tiempo para los concursos de guiñote, para las tardes de vaquillas, para las noches sin horario. He recorrido casi todos los pueblos cercanos a Aliaga: Allepuz, con su excelente acogida; Valdelinares, el pueblo más alto de España, con una inusual granizada; Linares, encantador y pintoresco, con su pino del Escobón y sus casas señoriales; Villarroya de los Pinares, con su tarde de capea inolvidable; Miravete de la Sierra, con su perfil inigualable y su animación en agosto; Aguilar, con su cortejo de chopos cabeceros a la orilla del río Alfambra; Camarillas, con su suntuosa iglesia que reclama una urgente reconstrucción; Jorcas, siempre acogedora a mediados de agosto, con los recuerdos de las tardes con el llorado José Antonio Labordeta; Campos, cada vez más cuidado por sus vecinos; Cervera del Rincón, tan familiar en verano y casi sin vecinos en el crudo invierno; Hinojosa de Jarque, cortejada con originales esculturas y siempre hospitalaria.

    Ahora, desde Zaragoza, cuando septiembre nos indica una nueva andadura llena de incertidumbre, agito mi ramillete de recuerdos y miro al horizonte más cercano. Porque queda lo mejor: las fiestas anuales de Aliaga en honor de la Virgen de la Zarza, a partir de este viernes. Un fin de semana que promete. Un broche de oro para este ajetreado verano en la sierra turolense.

02/09/2015 11:14 josemarco Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UN PREGÓN PARA EL RECUERDO

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     La peña La Masada, la más veterana de Aliaga - su origen se remonta al año 1958 - se ha encargado de inaugurar las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Zarza con un pregón para el recuerdo y la nostalgia. Nos han hecho ver por un espejo retrovisor cómo se celebraban las fiestas hace cincuenta años y cuáles eran los actos más emblemáticos. Como los tiempos han cambiado, muchos de nuestros jóvenes no recuerdan el bandeo de campanas, el sonido del campanico, el baile en la calle mayor o los fuegos artificiales. También nos ayudaron a recordar los lugares más pintorescos del término municipal de Aliaga: Boca Infierno, la Hoz Mala, el Hocino, la Clara, la Tamborera y un largo etcétera.

     Fue un pregón cargado de emoción, una llamada a celebrar las fiestas con diversión pero en armonía. Un guiño a las nuevas generaciones. De todos modos, eché de menos - tal vez había que abreviar - alusiones al presente y al futuro más cercano de este pueblo castigado como tantos por la emigración a partir de los años 60 del siglo pasado. Podríamos hablar del acondicionamiento de los accesos al castillo y su iluminación, del futuro de la central y de un pantano cada vez más anegado, de una posible construcción de una residencia de ancianos, de seguir potenciando el sector turístico...

    Hoy continúan las fiestas, aunque muchos no podemos estar presentes debido a nuestras obligaciones laborales. Además, los días 7, 8 y 9 de septiembre son los días clásicos de las fiestas. Desde Zaragoza, evocaré la tarde del toro - hoy de vaquillas - la ofrenda de flores a la Virgen de la Zarza y el baile por la noche en el pabellón. Ahora las peñas llevan el peso de las fiestas pero los actos que se organizan intentan llegar a todas las edades. Por eso las fiestas de Aliaga van más allá del valle del Guadalope y son un reclamo para los pueblos vecinos.

07/09/2015 11:30 josemarco Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Y VOLVER, VOLVER...

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    Cuando llega el mes de septiembre, nos bombardean desde todos los rincones y nos hablan de rutina, de vuelta al cole, de regreso a nuestras obligaciones, de ajuste de horarios, de coger el ritmo, de no mirar hacia atrás.

    Pero septiembre es mucho más que un regreso a la ciudad teñido de nostalgia. Porque septiembre sabe a reencuentro, a otoño dulce, a fiestas en los pueblos, a tardes dilatadas, a cielos agrisados, a caminatas por la ribera del río, a rutas en bicicleta, a nuevas amistades.

    Y aunque el clímax festivo del mes lo marcan las fiestas de Aliaga, no podemos olvidar la noche festiva de Garrapinillos, la tarde soleada de Leciñena, la noche de terraza en el centro de Huesca, el pregón de fiestas de Remolinos, el rancho y el concurso de guiñote con un valioso segundo premio.

    Ahora viene la segunda parte del mes. Nos esperan las clases, las reuniones, el grupo de lectura, el frontenis, el concurso de guiñote de Zuera, el reencuentro con los alumnos, las notas de selectividad, los recuerdos del verano, la vendimia, el color amarillo, los rebollones,...

    En septiembre todo vuelve. Menos aquellos que se han quedado en el camino durante estos largos meses de verano. Es de esperar que, a pesar de los tópicos, mantengamos la ilusión y voovamos a la poesía, a la creación literaria, a los conciertos, a las presentaciones, al día a día cultural y lúdico.

(Foto adjunta: En los porches de Aliaga después del pregón del día 4)

13/09/2015 16:46 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

INCIPIENTE OTOÑO

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    El inicio del otoño, que se estrenó ayer con el equinoccio de septiembre, no suele coincidir con el otoño climatológico. Sin embargo, hay indicios claros de su inmediata llegada. Estos síntomas se advierten más en los núcleos rurales que en las grandes ciudades. Por la mañana suele caer una ligera rosada en los pueblos de la sierra, comienzan a humear las chimeneas y, sobre todo, el día va perdiendo enteros en favor de la noche, cada vez más larga. Además, las temperaturas nocturnas invitan a abrigarse y, con frecuencia, a caldear las casas al atardecer.

    Personalmente no me suele gustar el otoño: esa estación de ocres y amarillos, de hojas caídas, de ramas desnudas y de atardeceres agrisados. Sin embargo, hay un aspecto de esta estación que contrasta con la tristeza y la melancolía. Es el primer otoño, el que abarca septiembre y octubre, el que prolonga todavía los ecos del verano, el que nos regala con sus frutos - uvas, ciruelas, manzanas, peras, nueces, membrillos - y el que nos contagia un clima de dulzura y serenidad. Ese es el otoño que deseo y con el que más disfruto. En cambio, cuando llega noviembre, el gris se apodera del paisaje, el amarillo se va desvaneciendo y los días se engalanan de un tono cárdeno y anostalgiado.

    Para decir adiós a este tórrido verano y dar la bienvenida a estos tres meses otoñales, comparto con vosotros una fotografía del blog de mi amigo y paisano Luis Antonio Pérez (lperezcerra.blogspot.com). En ella podemos observar el otoño en Aliaga, a orillas del Guadalope, con todo su esplendor.



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