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La sombra del dopaje vuelve a ser alagada. Y ha golpeado de nuevo al ciclismo profesional. Ya son tres los ciclistas que han sucumbido a esta lacra. Dos de ellos españoles. Año tras año muchos corredores del Tour de Francia caen en esta especie de trampa. La mayoría nos preguntamos: ¿para qué se dopan? ¿son conscientes de las consecuencias de la ingestión de sustancias prohibidas? ¿son ellos los únicos responsables? ¿hasta dónde llega su culpabilidad?
Lo que está claro es que todo esto siembra el desencando en los aficionados a este gran deporte. Los mitos se desmoronan de la noche a la mañana y pasan en un instante de héroes a villanos. Y no sólo ocurre en el ciclismo. También afecta a otras disciplinas deportivas y, especialmente, al atletismo. Es de esperar que los diez días que quedan de Tour discurran sin más sobresaltos de este tipo. Y es de desear que en los próximos Juegos Olímpicos de Pekín la sombra del dopaje desaparezca por completo.
Algunos arremeten contra la prensa, sin motivo aparente. Otros critican la rigidez de los controles y de los análisis. Pero lo que está claro es que hay una trastienda cada vez más oscura e impenetrable en el mundo del ciclismo. Los espectadores sólo vemos el escaparate y poco más. Es verdad que es un deporte muy exigente, con objetivos casi inalcanzables en ocasiones. Pero habría que bajar un poco más el listón y reconocer que la resistencia del ser humano tiene un límite. Y existe una línea roja que no se debería traspasar.

No conozco a los dos nuevos fichajes del Real Zaragoza para afrontar una difícil temporada en segunda división. Pero sí que conozco a aquellos jugadores con los que no cuenta Marcelino, el nuevo entrenador. Sus motivos tendrá. Y quizás hasta le demos la razón si logra el único objetivo de devolver al equipo a la categoría que se merece. Sin embargo, llama mucho la atención que no quiera contar con jugadores creativos en el medio campo como Aymar, Longás y Matuzalem.
A los que nos gusta el fútbol-espectáculo - que creo que somos una gran mayoría - nos va a costar adaptarnos a finales de agosto a este nuevo Zaragoza. Es verdad que aún pueden llegar cinco o seis nuevos fichajes. Pero, de momento, nada de nada: gente peleona, contundente y, eso sí, entregada al cien por cien a sus colores.
Hoy por hoy reina la incertidumbre en el seno del club. Y las sensaciones no son nada positivas: dos jugadores apartados del equipo, un "figurín" que aún no ha regresado de sus vacaciones, alguno que no quiere jugar en segunda y cuatro o cinco jóvenes del filial que quizás inicien en Navaleno un viaje de ida y vuelta. El tiempo lo dirá.
No sé si Agapito y Bandrés estarán preocupados. Uno en su lugar no descansaría muy tranquilo ante la serie de problemas que se les avecinan hasta que comience la temporada. Luego empezará a rodar el balón y el equipo aragonés se enfrentará a ilustres rivales - Real Sociedad, Levante, Gimnastic, Murcia -. Pero el partido del morbo llegará el día 7 de diciembre, contra un rival regional, la Sociedad Deportiva Huesca. Todo un lujo para los aragoneses. Lástima no esté el Teruel en esa categoría. Habrá que esperar alguna temporada más. De momento, que suba cuanto antes el telón y que comience el espectáculo, aunque sea a cuentagotas.

Los jugadores del Real Zaragoza regresan mañana a los entrenamientos, después de casi dos meses de vacaciones, para comenzar a preparar una temporada que se antoja dura, larga, difícil e incierta. Con dos fichajes nacionales de segunda fila y con Marcelino García Toral como nuevo entrenador, el equipo de la capital del Ebro se enfrenta a numerosos interrogantes y presenta numerosas incógnitas.
Lo poco que el aficionado - cada vez más escéptico - conoce por los medios de comunicación es que el nuevo entrenador no cuenta con numerosos jugadores, entre los que están casi todos los sudamericanos. Se han dado cuenta - más vale tarde que nunca - de que los Milito, Oliveira, Matuzalem, Ayala, Aymar,... no son jugadores para este equipo, como ha demostrado la experiencia. Pero no acaban de darse cuenta de que la cantera es importante. Al parecer, se van a permitir el lujo de dejar marchar a Longás, una de las joyas de la cantera. Se olvidan de Goni, otro jugador con futuro, y no quieren contar con el joven Valero, que tan buen papel realizó la pasada temporada. El filial no cuenta. Sólo subirán a alguno como testimonio o para salvar la papeleta. Ya veremos lo que hacen con Sastre y con Ripa.
El presidente se ha apresurado a anunciar una bajada sensible de los abonos. ¡Sólo faltaría que cobraran lo mismo que en la anterior temporada! Al parecer, teme una huida masiva de abonados. Lo que está claro es que, si no se hacen bien las cosas desde el principio, el abonado se quedará en casa o preferirá ver los encuentros por televisión. Y lo peor que puede pasar a estas alturas - falta un mes y medio para el inicio de la liga - es la incertidumbre. Incertidumbre ante los cinco posibles fichajes, incertidumbre ante la posible salida de los "figurines" del equipo, incertidumbre ante el irremediable olvido de los jugadores de casa.
De todos modos, habrá que darle un voto de confianza a Marcelino. Su labor en el Rácing durante la pasada temporada fue digna y notable. Pero, no hay que engañarse. La segunda división es muy distinta. Y la afición zaragocista está cansada de gestiones erróneas, de rumbos imprecisos y de falta de credibilidad. Habrá que esperar noticias pero, a fecha de hoy, hay más sombras que luces, más puntos oscuros que proyectos de futuro fiables.

Hoy va a ser un día de alegría pra el fútbol aragonés. La Sociedad Deportiva Huesca acaba de conseguir, por fin, su ansiado ascenso a Segunda División. Después de un partido difícil, tenso e incierto, el delantero centro Roberto - con categoría de Primera - ha conseguido un gran gol, un gol que firmaría el mismo David Villa o Fernando Torres. Pero lo más importante de esta tarde ha sido la culminación al trabajo bien hecho, a la formación de un equipo compacto, al empuje e impulso del veterano entrenador Manolo Villanova.
El equipo oscense se codeará con el Real Zaragoza en Segunda División. Si hace un mes, el equipo de la capital del Ebro descendía lamentablemente a Segunda, hoy se produce el ascenso del Huesca, que cruzará los destinos de dos conceptos distintos de ver el fútbol y de crear equipo. Si en el caso del Zaragoza ha predominado el talonario y los fichajes estrella - más nombres que hombres -, en el caso del Huesca ha predominado la austeridad, el sacrificio y la preferencia por jugadores aragoneses, muchos de ellos descartados - ninguneados - por el primer equipo de Aragón. La lista es larga: Ripa, Sorribas, Dorado, Rodri,...Que podrían haber triunfado en el primer equipo. Pero alguien les cerró la puerta y se fueron con toda la ilusión del mundo - y su calidad - a la vecina ciudad altoaragonesa.
Mi enhorabuena a la Unión Deportiva Huesca. Mi satisfacción como aragonés y como aficionado al fútbol. Lástima que el Teruel no haya podido culminar la hazaña de ascender a Segunda División B. Eso sí, a ver si los nuevos dirigentes del Zaragoza y de la Ciudad Deportiva se fijan más en sus valores. El Huesca es un espejo. Un equipo con casi toda la plantilla de nacionales y numerosos jugadores de la tierra. ¿Aprenderán la lección Agapito, Bandrés, Marcelino y Herrera?

Como socios del Real Zaragoza, hemos recibido Javier y yo sendas cartas de don Eduardo Bandrés Moliné, presidente de la Sociedad Anónima Deportiva. Hace tiempo que no recibía una misiva "personal", y eso me ha movido a leerla con una cierta ilusión. Creía que me iba a invitar a la renovación de mi abono para la próxima temporada en el pozo de Segunda División. Pero, me he equivocado. Se trata de una carta en la que Bandrés habla de un "doloroso momento" y pide perdón a los aficionados. Esta primera parte entra dentro de lo que uno cabría esperar después de la debacle del final de temporada.
Lo que más me ha llamado la atención es la segunda parte de la carta a los abonados. Habla del tópico de una "nueva etapa" - ¡qué remedio! - e insiste por activa y por pasiva en el respaldo tanto económico como moral de Agapito Iglesias, máximo accionista del Club, al nuevo proyecto. Dice que el Zaragoza va a renovarse y modernizarse - ¿cuándo? ¿cómo? - y que van a formar una plantilla poderosa - ¿qué entienden por poderosa? - para lograr el ascenso.
Como abonado desde hace casi quince años, tengo que decirle al señor Bandrés - ya que no tengo ganas de responderle personalmente - que, aunque mantengo la fidelidad a los colores del Zaragoza, no tengo - a fecha de hoy - ni una gota de ilusión en un proyecto que se me antoja continuista. (¡Ojalá me equivoque!) Tengo que decirle que ya no me siento orgulloso de ser zaragocista y que, últimamente, sigo con más ilusión al Huesca y a mi querido olvidado Teruel . ¡Ojalá asciendan de categoría! Debería saber don Eduardo que el mejor reclamo para tantos aficionados desencantados no es un buen entrenador - algo que no pongo en duda - sino la potenciación de la cantera de una vez por todas. Y que vendan o malvendan a argentinos y brasileños. Y que se quiten el lastre de jugadores veteranos que no van a aportar más que los de casa. Y que confíen más en los jóvenes valores de Aragón. Que los hay.
Eso sí, tgengo que agradecerle al señor Bandrés su gentileza. Es un gran político y sabe hacer bien su papel. Lo que no le garantizo es la renovación de mi abono. Prefiero ir a ver a los infantiles del San José o a los juveniles del Zaragoza. Seguro que me lo voy a pasar mejor. Muchos han de cambiar las cosas para que cambie de opinión. Siento manifestarlo así, pero ya estoy cansado de foráneos y - con perdón de la palabra - de mercenarios. Y los de casa no lo son. Ni lo serán.

Para los aficionados al Real Zaragoza ha sido una tarde gris. Hasta el tiempo otoñal parecía anunciar como un presagio la crónica de un descenso anunciado. Nadie quería que el Zaragoza descendiera, pero pocos pensábamos en el milagro de última hora. A los jugadores del Real Zaragoza les ha ocurrido lo mismo que a los malos estudiantes. Han dejado todos los deberes para el final y, como es lógico, no se pueden corregir en una tarde los errores de nueve meses. Errores evidentes, llamativos, repetidos. Errores a la hora de fichar. Errores a la hora de confeccionar la plantilla. Errores a la hora de menospreciar a jugadores de la cantera que están triunfando en otros equipos.
Y ahora, ¿qué? Eso es lo que se preguntan los aficionados, esa sufrida y fiel afición que ha apoyado a sus jugadores hasta el último momento. Ahora comienza el tiempo de la reflexión, de la autocrítica, de la rectificación y - ¡cómo no! - de los ceses, dimisiones y despidos.
Recuerdo la noche de la Recopa. Ese glorioso 10 de mayo de 1995. Javier tenía tres meses. Se lo cuento con frecuencia. A veces, no se lo acaba de creer. A sus trece años recién cumplidos ha vivido ya ¡dos descensos del único equipo de su vida! Algo similar les debe ocurrir a los aficionados más jóvenes. Javier piensa ya para el año que viene en el CAI de baloncesto, en el CAI de balonmano, en el Huesca, en el Teruel, en los equipos del San José. Y quiere olvidarse, al menos de momento, de los figurines millonarios del primer equipo de fútbol de Aragón. Y piensa que hay que empezar de cero, desde abajo, con la cantera como estandarte y algún refuerzo más. Preferentemente españoles o europeos. Y que sientan los colores. Y que no se incorporen bajos de forma. Y que no estén pensando sólo en su promoción personal y profesional.
No sé lo que ocurrirá durante la próxima temporada. Lo que está claro es que hoy es una noche triste, muy triste, para los aficionados del Real Zaragoza. Lo que está claro es que no se han hecho bien las cosas desde el principio. Que no es tiempo de lamentaciones. Que se veía venir. Pero, eso sí, mañana volverá a salir el sol para todos.

Con una temperatura ideal, pero con el campo en malas condiciones, el equipo de infantil de tercera categoría de la Unión Deportiva San José ha disputado en Pina de Ebro su último partido de la temporada. Después de conseguir el ascenso la semana pasada, los de Zaragoza han comenzado un poco relajados y los de Pina no han tardado en anotar el primer gol, fruto de una jugada personal del once local, un jugador que tiene planta de juvenil y maneras de líder. Luego subirían más goles al marcador, hasta el 4 a 1 del descanso.
En la segunda parte, cambió un poco la cara del San José: más rasmia, más conjunto y más empuje. Fruto de ese dominio, ha llegado el segundo gol, obra de Javier. Y a punto ha estado de llegar el tercero. Un poste lo ha evitado. Al final del encuentro, el 5 a 2 no reflejaba lo que se ha visto en el campo. De todos modos, hoy ha sido un encuentro de poder a poder, con dificultades para controlar el balón, con predominio del fútbol garra y con un buen sabor de boca al terminar el partido. El Pina ha celebrado por todo lo alto el ascenso de categoría - con repetidos baños en los charcos - y los del San José han regresado a casa pensando en la copa y, sobre todo, en los merecidos meses de descanso antes de afrontar la próxima temporada.

Noche de fiesta en la Romareda. Ambiente de gala en las gradas, como en los mejores tiempos. Otra nueva final. Otro día de nervios e incertidumbre. Una nueva decepción.
Todo parecía pintar bastante bien en los primeros minutos. Pero los transistores no traían buenas noticias. Como era de esperar, Osasuna y Recreativo ganaban sus partidos. Y el Zaragoza estaba obligado a ganar a un Real Madrid que no se jugaba nada. Pero los de Schuster no perdonaron y se llegó al descanso con un empate a uno que no servía de casi nada al equipo de casa. Pero aún quedaba lo peor. O lo mejor. Según como se mire. El Zaragoza se lanzó a por todas ante un Madrid algo más relajado. Pero en un contrataque del equipo visitante llegó la puntilla. Y la decepción. Menos mal que un gol del Zaragoza en los últimos minutos deja abierta una pequeña puerta a la esperanza. Muy pequeña. ¡Para qué nos vamos a engañar!
Del partido de anoche me quedo con unos breves apuntes. Que el Zaragoza quiere pero no puede. Que la mala suerte parece que le persigue. Que tiene una afición de diez. Que sus dirigentes deben dar un giro radical en todos los sentidos, se baje a segunda o no. Y que el partido de ayer es de los que hacen afición. Eso sí, al parecer, la reacción ha llegado demasiado tarde. ¿O aún creemos en los milagros?

El viernes pasado, al filo de las once de la noche, el CAI Zaragoza de baloncesto alcanzó la gloria. Después de doce años ausente de la ACB, después de seis años en el purgatorio de la LEB, los jugadores dirigidos por Curro Segura se reconciliaron con una afición fiel y obtuvieron matemáticamente el pase a la mejor liga de Europa.
Han sido ocho meses de lucha, de sufrimiento, de incertidumbre. Pero todo se olvida cuando se logra el sueño del ascenso. Un sueño hecho realidad unos minutos antes de terminar el encuentro ante el Hospitalet. Fueron momentos de emoción, de gozoso suspense, de alegría contenida.
Me quedo sobre todo con una imagen que me llegó a emociona como aficionado al deporte y a la sana competición. Me refiero a los últimos quince segundos del encuentro. La pelota estaba en posesión del equipo zaragozano y decidieron dejarla botar. Mientras tanto, los aplausos resonaban en un pabellón repleto de aficionados. Mientras tanto, los jugadores del Hospitalet - que certificaba su descenso de categoría - aplaudían a los campeones en un gesto que les honra. Mientras tanto, se agotaban los últimos segundos de sufrimiento y de incertidumbre. Fueron quince segundos de gloria. La alegría anticipada y la emoción contenida. Hasta que llegó la explosión final. Pero eso ya entraba dentro del guión previsto de antemano. Como de costumbre, un gesto vale más que mil palabras.

En una tarde lluviosa, con un tiempo desapacible más propio de febrero que de mayo, el equipo del grupo segundo de tercera infantil de la Unión Deportiva San José ha certificado matemáticamente su ascenso de categoría a falta de dos jornadas para finalizar el campeonato.
Ha sido un partido extraño, intenso, de poder a poder. Los de casa han tenido que remontar dos goles en contra, que han llegado en los cinco primeros minutos. El equipo Ciudad de Zaragoza se ha crecido, pero le ha durado poco la alegría. Un cabezazo de Adrián a los pocos minutos y un gran gol de Javier al filo del descanso han igualado el marcador. En la segunda parte todo ha sido más fácil y al final, el 5 a 3, ha hecho justicia.
Javier ha vuelto a cuajar un buen partido. Le ha costado entrar en juego pero, hacia el minuto veinte, ha comenzado a mandar en el centro del campo y se ha encontrado más cómodo . Su gol es uno de los mejores desde que viste la camiseta del San José. El zurdazo ha sido impresionante.
Tarde de deporte, de convivencia y de diversión. Merienda colectiva en el bar del club y un reto para el próximo sábado: empatar o ganar en el campo del rival más directo, el Pina. Después llegará la copa y los merecidos días de descanso. El balance de la temporada ha sido positivo, con los lógicos altibajos. Eso sí, para la próxima campaña habrá que pulir algunos defectos y reforzar algunas líneas. La categoría superior va a exigir mucho esfuerzo y algo más. De momento, la fiesta continúa y los chavales, más unidos que nunca.

A veces - o casi siempre - no es necesario acercarse a La Romareda o a la Ciudad Deportiva para disfrutar de un buen partido de fútbol. Eso hemos experimentado una vez más los que hemos presenciado en el flamante campo de la Unión Deportiva San José de Zaragoza, el encuentro de categoría infantil entre el equipo local y el Olivar.
No ha sido un partido fácil ni espectacular en la primera parte. El marcador estaba muy igualado cuando los visitantes se han adelantado en un buen contraataque y, pocos minutos después, han estrellado un balón en el larguero. Desde ese momento, el equipo local se ha despertado de su letargo y ha comenzado a funcionar, aprovechando también el cansancio de los rivales. Entonces han llegado los mejores instantes del partido. Y los mejores goles. Nada más ni nada menos que tres, para remontar un resultado adverso que parecía casi definitivo. Al San José, que aspira a ascender de categoría, la victoria le ha venido como anillo al dedo. Un paso más para consolidar esa merecida segunda plaza y un impulso hacia la gloria, a dos partidos del final de la liga.
Hay que destacar, además del juego colectivo, el buen partido de Javier. Hoy ha partido como titular y no ha defraudado la confianza de los entrenadores. Además, ha jugado en una de sus posiciones preferidas: de extremo izquierdo. En punta, hace mucho daño. Por su velocidad, por su cambio de ritmo, por su implicación, por su visión de la jugada. Hoy ha realizado uno de sus mejores encuentros, a pesar de que le ha faltado la guinda del gol. Por fin le han colocado en su sitio preferido. Más vale tarde que nunca. Aunque, eso sí, rinde al cien por cien en cualquiera de sus posiciones habituales.

Como miles de aficionados, hemos acudido a La Romareda para disfrutar del buen fútbol y, a ser posible, presenciar, por fin, una victoria del Real Zaragoza. Pero no hemos conseguido ni lo uno ni lo otro. Las colas interminables y el mal funcionamiento de los tornos - algo que ya es lamentablemente habitual - no nos ha permitido ver el primer gol del Betis, el equipo visitante. A partir de ahí, todo han sido despropósitos, juego bonito y parsimonioso, falta de actitud en algún jugador y vuelta a los males que se arrastran desde el principio de temporada.
¡Qué pena daba ver a algunos aficionados abandonar el estadio media hora antes de concluir el partido, cuando el marcador señalaba un sonrojante 0-3! ¡Qué pena producía contemplar a jóvenes aficionados y a niños con su gorra y su bufanda - algunos acudían por primera vez a La Romareda - con un rictus de tristeza, de aburrimiento y de desilusión.
Es verdad que aún quedan siete partidos. Es verdad que aún están en juego veintiún puntos. Pero la imagen que ha vuelto a dar el equipo es de segunda división. Me sabe mal por Manolo Villanova, mi vecino de Las Fuentes, porque no se merece esto ni mucho menos. Con lo bien que estaba en el Huesca... Menudo marrón le han endosado. Me sabe mal por esa afición fiel, que ha llenado de nuevo La Romareda. Pero, está claro, jugando así no se va a ninguna parte. Habrá que esperar al último partido de liga para pedir responsabilidades. Pero, es evidente que las cosas se han hecho mal desde el principio. Se ha fichado mal. Se ha ninguneado a jóvenes valores de la cantera. Se ha conjuntado un equipo comodón y sin ambiciones.
¡Ojalá se salve el Real Zaragoza! Pero, a pesar de que soy optimista por naturaleza, tengo muy malas sensaciones. ¿Qué tendrá que hacer ahora el entrenador? De momento, poner a los que mejor estén y a los que más se impliquen. Y dejar a los "nombres" o "figurines" en el banquillo o en la grada. Lo malo es que tal vez sea demasiado tarde para adoptar medidas tajantes. Lo que ha quedado patente esta tarde es la respuesta ejemplar de una afición que no se merece este espectáculo.

Como aficionado al Real Zaragoza, me dispuse a presenciar en abierto el partido de fútbol entre el Sevilla y el equipo aragonés en el estadio Sánchez Pizjuán. Más que ilusión, tenían expectativa por conocer cómo se encontraba el equipo visitante después de la injusta derrota ante el Barcelona y tras la media hora decente de juego en la segunda parte. Pero pronto se vino abajo ese falso andamio al que le falta una base sólida y firme. Transcurridos unos diez minutos de juego, le comenté a Javier que se avecinaba una humillación sin paliativos y una goleada de escándalo. Y así fue, en efecto. Me duele como aficionado, pero la imagen que ofreció ayer el Real Zaragoza ante toda España fue la de un equipo de segunda o tercera división. Las figuras - ¿tenemos alguna? - brillaron por su ausencia y muy pocos - sólo el portero, César, que nos salvó de una derrota escandalosa - se puso el mono de trabajo.
Y ahora, ¿qué? Se preguntarán esta mañana muchos socios y aficionados del equipo de la capital de Aragón. La pregunta no tiene de momento más que una respuesta - o quizás miles -. Ahora, a evitar el descenso. ¿Cómo? Recurriendo una vez más a la cantera. A los que sudan la camiseta. A los que se sienten de casa. A los que no están pensando en un futuro europeo lejos de la capital del Ebro. Porque no se trata de echarle toda la culpa al entrenador - que también la tiene -, ni al cuerpo técnico - que debería hablar con más hechos -, ni a la directiva - que debería actuar con más coherencia. Las razones de esta situación, que puede acabar de nuevo en el pozo de la segunda división, son muy complejas. Pero hay unas conclusiones que parecen bastante razonables. Que el lateral Diogo debería seguir los pasos de D' Alessandro. Que los fichajes de Ayala, Luccin, Pavón, Paredes... no eran necesarios. En la cantera los hay iguales o mejores. Que Oliveira no es un jugador para la disciplina zaragocista... En resumen, que habrá que empezar de cero una vez acabe la liga. Eso sí, ya podemos rezar para que el equipo de nuestra tierra consiga ganar los cuatro o cinco partidos que necesita para mantenerse en primera. Después de lo que vimos ayer, hasta el Levante - prácticamente en segunda - puede complicarnos la vida el próximo domingo. Mientras tanto, los jóvenes valores de la cantera emigran a Madrid, a Barcelona o se van a la Sociedad Deportiva Huesca. Aquí no los quieren. Prefieren foráneos. Hasta que se convenzan de lo contrario.

Acabo de visitar la exposición Los años magníficos, dedicada a recordar los 75 años de historia del Real Zaragoza. Una muestra llena de historia, cargada de recuerdos y colmada de vaivenes y altibajos. Antón Castro, comisario de la muestra, ha aglutinado con acierto los sentimientos de cientos de zaragocistas que han colaborado para ofrecer durante dos meses en el Palacio de Sástago todo un catálogo de vivencias y de acontecimientos.
El recuerdo en imágenes del golazo de Nayim, en la final de París del 10 de mayo de 1995, da la bienvenida al visitante, que muestra en su rostro las emociones vividas cuando contempla viejas fotografías, botas de todo tipo, balones rudimentarios, trofeos, camisetas, entradas, cromos, caricaturas y hasta unas pequeñas cajas de cerillas con las imágenes de los ídolos deportivos del momento. A partir del año 63, con el famoso equipo de los Magníficos, el Real Zaragoza comenzó a crecer con los lógicos vaivenes y altibajos. Hasta entonces el equipo vivió años difíciles, con una guerra de por medio. Desde aquel lejano 1932, en que nació el actual equipo tras la fusión de los avispas y los tomates, la historia del Zaragoza ha avanzado unida a la de una ciudad y a la de una región. Por eso la memoria evoca los momentos más dulces y los acontecimientos más positivos.
Precisamente hoy se ha celebrado una tertulia en una de las salas del Palacio. En la mesa presidencial han dialogado de forma espontánea y cordial dos históricos exzaragocistas, Canario y Violeta, acompañados de Ricardo Lapetra, el hermano del llorado Carlos, el mejor aragonés del Real Zaragoza en su época más gloriosa. Han recordado los años difíciles, el esfuerzo para hacerse un hueco en el equipo y ese espíritu de unión que reinaba en la plantilla. Canario ha confesado "éramos como una pandilla de amigos". Todo un ejemplo de pundonor y amor a los colores para las nuevas generaciones. Quedan 25 años para el centenario. La nave zaragocista seguirá adelante. Parece que fue ayer cuando Nayim marcó el gol a Seaman, cuando se inauguró La Romareda en 1957, cuando los Magníficos pregonaban el nombre de la ciudad por toda Europa. Ese es el mérito de esta Exposición que cada día recibe cientos de visitantes: aquilatar la memoria y despertar la ilusión. Y, al parecer, está logrando con creces su objetivo.

La fresca y apacible mañana otoñal prometía buen espectáculo futbolístico en este barrio zaragozano, que ronda los diez mil habitantes y que presenta una avenida recientemente remodelada y convertida en semipeatonal, una vez realizado el tan esperado y necesario desvío de la Autovía de Logroño. Se enfrentaban en equipo local de primer año de infantil contra los infantiles de la Unión Deportiva San José, que se han vestido de amarillo como visitantes. Había ilusión y espectativa en una y otra afición. Había ganas de seguir progresando y de disfrutar en los 22 jugadores que han saltado al campo. Se ha adelantado el San José, con un buen contrataque culminado por José Mari. Pero en la segunda parte los locales, con más fuelle, con más ganas y algo de suerte le han dado la vuelta al marcador. Quedaban casi quince minutos de lucha, empeño e incertidumbre; pero el colegiado, agobiado tal vez por lo que le comentaban desde las bandas y preocupado más de lo que pasaba fuera que del propio devenir del juego, silbó tres veces de modo inesperado e, incomprensiblemente, dio el cerrojazo a un partido que prometía más goles y más juego. Algunos jugadores lloraban de rabia, otros se retiraban al vestuario con cara de cincunstancias. Pero el árbitro - que no parecía inexperto en estas lides - no ha dado su brazo a torcer y ha tirado por lo más radical y menos oportuno: suspender el partido. No hay que echarle toda la culpa al joven colegiado, pero podría haber dialogado un poco con el delegado de campo, con los entrenadores o con algún responsable del club. Ha conseguido lo que nadie deseaba: quitarles la ilusión a unos chavales de doce años y escenificar en exceso un desencuentro con alguno de los espectadores. Y, además, le seguirán pagando y continuarán confiando en él.
En otro orden de cosas, los vecinos de Casetas siguen reclamando un campo municipal propio. El flamante campo de hierba - que no han utilizado los infantiles - pertenece a una empresa privada. Al parecer, es un asunto que colea desde hace años. Y el recinto necesita una reforma urgente o un cambio de ubicación. Un equipo como el Casetas, que llegó a estar hace poco en la Segunda División B, merece otro estadio más acorde con su categoría. Me llevo, por tanto, un sabor agridulce de Casetas. He encontrado un barrio moderno, remodelado y acogedor; pero la polémica deportiva y el comportamiento arbitrario - ¿tendrá que ver con el vocablo árbitro? - del colegiado me han dejado un poso más amargo que dulce. Menos mal que la competición acaba de comenzar y de que estas actitudes no ocurren, afortunadamente, todos los días.

El equipo de infantiles de la Unión Deportiva San José ha brindado a la incondicional afición un partido con un final tan espectacular como inesperado. En esta tarde de sábado prepilarista, mientras las Peñas calentaban motores para el pregón de las seis en la plaza de Santa Engracia, los pequeños y bravos jugadores han logrado remontar un marcador claramente adverso. El 2-4 de la primera parte - claramente engañoso - contra el equipo de La Romareda-Casablanca se ha transformado en un marcador casi de fútbol sala. Los entrenadores han rectificado a tiempo y han realizado los cambios de jugadores y los cambios tácticos oportunos para ir a por todas. Cuatro goles como cuatro soles ha recibido el visitante en una segunda parte frenética, con rasmia, con empuje y con el apoyo incondicional del más de un centenar de aficionados que han aprovechado la tarde soleada para acercarse al nuevo estadio de hierba artificial del Camino de Miraflores.
A los que nos gusta el buen fútbol, el final del partido nos ha dejado muy satisfechos. Es verdad que hoy comenzaba una larga temporada y que quedan muchas jornadas para pulir defectos y para mejorar estrategias. El fondo físico de los chavales del San José ha resultado determinante en los últimos minutos. Aunque parezca paradójico, en estos momentos bajos del Real Zaragoza, disfruta uno más viendo estos partidos de categorías inferiores que los de primera división. Espero que mañana por la tarde cambien mucho las cosas ante el Levante, colista de primera. ¿Veremos en los profesionales del Real Zaragoza la misma rasmia que en los infantiles del San José? ¿Sentirán los colores con el mismo entusiasmo? Eso es lo que quiere la afición después de la lamentable derrota contra el Barcelona y de la prematura eliminación en la copa de la UEFA contra el Aris de Salónica. Lo demás será agua de borrajas. Y no queremos ser apocalípticos, como dice Víctor Fernández. Somos simplemente realistas. Y ayer no hubo autocrítica alguna por parte del entrenador. Así no pueden cambiar mucho las cosas. En fin, habrá que darles un voto de confianza a estos profesionales. Pero por poco tiempo. De lo contrario, seguiremos en el pelotón de la liga y sin ninguna aspiración en el año del 75 aniversario.

Los zaragozanos nos hemos levantado hoy con la dulce resaca del partido de anoche ante el Sevilla y con una niebla otoñal, que difuminaba el perfil claro y limpio de las calles y plazas. Hoy era el día de una cita muy esperada para muchos atletas aragoneses y para los que nos han visitado desde otras autonomías. A las nueve en punto comenzaba la primera Maratón, Expo Zaragoza 2008. Casi mil quinientos atletas tomaban la salida en el Parque Grande para recorrer más de cuarenta y dos kilómetros por las calles de la ciudad. Después de comprar el periódico, nos hemos acercado al cruce de la calle Salvador Minguijón con Echegaray y Caballero para contemplar la cabeza de la carrera. Poco después de las diez, un grupo de seis atletas africanos se acercaba al kilómetro diecinueve a muy buen ritmo y con un estado de forma envidiable. Diez minutos después, aparecería un atleta en solitario y, poco a poco, se irían acercando a esa curva el resto de los participantes, agrupados la mayoría y arropados por un público entusiasta. Hacia las diez y media pasaba por el kilómetro dieciocho el grupo más numeroso - una especie de pelotón - y, a partir de ahí, los corredores se volvían a dispersar.
Aunque me atraen estas carreras de fondo, nunca me he atrevido con una maratón. Es una prueba que exige un gran esfuerzo, mucho sacrificio y una larga y progresiva preparación física. He participado, sin embargo, en carreras medianas o más bien cortas. Mi intención es correr los ocho o diez kilómetros a una media de cuatro minutos y medio. De todos modos, con el paso de los años, uno va dejando de lado las metas que antes perseguía con entusiasmo y se contenta con llegar al final lo más entero posible. La próxima cita será la tradicional carrera de Ibercaja, a finales de octubre. Luego, durante el invierno, intentaré hacer algo de ejercicio los domingos por la mañana para no perder del todo la forma. Tengo que reconocer que nunca he dejado de practicar algo de deporte y que me ha ido muy bien para combatir el estrés y para mantener un aceptable estado de forma.

Ayer hacía una clara noche otoñal. Hasta la luna se había vestido de gala para presenciar un espectáculo deportivo en el Camp Nou. Mi sobrino vivía la cercanía de las diez de la noche con toda la ilusión del mundo. Mi vecino Eugenio se apostó una hora antes en el bar de la esquina con su plato de patatas bravas y su tubo de cerveza. Laura se enfundó a media tarde la camiseta del Zaragoza y la bufanda de la Recopa del 95. Después de la victoria contra el Osasuna, quien más quien menos esperaba una reacción de los jugadores, un cambio de táctica del entrenador, un equipo crecido ante el todopoderoso Barcelona. O, al menos, un buen espectáculo. Sin embargo, algunos - más cautos y algo recelosos - preferimos quedarnos en casa y seguir el encuentro por la radio o por el teletexto. Poco, muy poco duró la ilusión del pequeño Andrés, el entusiasmo de la joven Laura - vecina de localidad en La Romareda - o la fe ciega de mi vecino del barrio de Las Fuentes. Bastaron cinco minutos para que se desmoronara el castillo de naipes de la ilusión de los más optimistas había levantado desde la tarde del domingo. Luego llegó la debacle, el ridículo, el naufragio total.
Mi amigo Ignacio, residente en Barcelona y zaragocista hasta la médula, me ha llamado por teléfono esta mañana para desahogarse un poco. Estaba desolado. Igual que Laura. Lo mismo que Andrés. Igual que Eugenio. El silencio y las caras largas de muchos aficionados del Real Zaragoza lo decían todo en esta mañana de cierzo y nieve en las cumbres. Desde que el Zaragoza descendió a segunda, no se había vivido situación similar. Y lo peor de todo es que, al parecer, no es un accidente, ni una mala noche. Hace semanas que se veía venir. Menos mal que la manopla de César, la suerte y la relajación del rival evitaron una goleada de escándalo.
¿Servirá para algo esta humillación? ¿Reaccionarán a tiempo las cabezas pensantes del club? Mejor que sea así. de lo contrario, la ilusión de los más pequeños se desvanecerá como esa luna llena que brillaba lozana y fue absorbida por una nube oscura. El Real Zaragoza se merece algo más. Y, si se han hecho mal las cosas, aún hay tiempo de rectificar. Los aficionados quieren ilusión, entrega, lucha sobre el terreno e implicación total de los jugadores. Y eso, de momento, se está viendo a cuentagotas. ¿Surgirá la autocrítica? ¿Habrá una revolución táctica y deportiva? Es de esperar que sea así. De lo contrario, la luna se seguirá oscureciendo en las noches otoñales que se avecinan.

Me gusta practicar un poco de deporte en las mañanas dominicales. Me encanta correr por la ribera del Ebro o pasear en bicicleta por los alrededores de la ciudad. Pero ayer fue un día especial: la carrera Carrefour cumplía sus 17 años y tanto a Javier como a mí - sobre todo a Javier - nos apetecía acudir a la cita. Y nuestra intención era realizar el recorrido más largo y más difícil: nueve kilómetros. La cita era a las diez de la mañana y ahí estábamos diez minutos antes realizando pequeños ejercicios de calentamiento, esperando nos tocara algún premio en el sorteo previo y aplaudiendo a nuestros atletas Eliseo Martín, María José Pueyo, Isabel Macías, Luisa Larraga,...
Llegó el pistoletazo del alcalde y tuvimos que abrirnos paso entre los más tranquilos - personas mayores, bebés, familias, grupos de amigos - para conseguir un buen ritmo. Al menos hasta el kilómetro tres. Allí empecé a desfallecer y Javier comenzó a tirar como una liebre. ¡Qué lejana se veía la Puerta del Carmen! ¡Qué largo se hacía el paseo de la Independencia! ¡Cuánto costaba cruzar el Ebro por el puente de Santiago! Ya en la plaza del Pilar, Javier se despegó y se lanzó hacia un récord excelente para sus doce años: ¡43 minutos y medio! Yo me tuve que contentar con los 50 minutos. Eso sí, casi no había entrenado y los años no pasan en balde. De todos modos, llegué bastante entero y hoy no ha sido el lunes temible que me imaginaba.
Fiesta deportiva en un día gris, de agradable temperatura. Una buena manera de conocer el centro de la ciudad. Y de contemplar el río, que ha vuelto a su cauce habitual y se presentaba lleno de contrastes. El Ebro urbano del que habla Mariano Gistaín en su sección del "Periódico de Aragón" de hoy. Una manera de ver la ciudad de otra manera: a través de los ojos del esfuerzo, del cansancio y de la solidaridad, que nunca es competitiva.

Desde hace unos años numerosos colegios e institutos aprovechan cinco días del invierno para desplazar a un grupo numeroso del alumnado a una de las estaciones de esquí aragonesas para aprender o progresar en la práctica de este deporte. Es la llamada Semana Blanca que durante un tiempo figuraba en el calendario escolar y ahora es elegida libremente por cada centro.
Este año, a pesar de la escasez de nieve, son muchos los centros escolares que han pasado por la estación de Candanchú - la más veterana y la más apropiada para grupos, cursillos y principiantes -. Los alumnos del Instituto Ramón y Cajal disfrutaron del esquí del 5 al 9 de de febrero. Esta semana les ha tocado el turno a los alumnos de 6º de Primaria del Colegio Las Fuentes. Ayer salieron hacia Candanchú 57 alumnos - 8 de ellos del colegio Julián Sanz Ibáñez -. Llevaban en su equipaje la ilusión del estreno, de la ruptura de la rutina, de la aventura, del logro, del esfuerzo, de la convivencia, del más todavía. Es el premio a nueve años de permanencia en este colegio del barrio de Las Fuentes. Es el colofón a años de trabajo, de inquietud y de luces y sombras.
Javier esperaba el día 25 de febrero con ilusión y con la lógica incertidumbre. Hoy se habrá calzado los esquís por primera vez en su vida. No faltarán caídas, audacias, experimentos. El viernes regresará embriagado de montaña, de nieve, de luz, de amaneceres. ¿Querrá regresar de nuevo? Eso es lo normal. Y lo deseable. De momento, ya se ha estrenado en un deporte que sigue siendo elitista, aunque cada vez se extiende a los que no pueden permitirse un fin de semana en la nieve.
A pesar de la victoria sobre Inglaterra, a pesar de los datos de audiencia, la selección española ha perdido gran parte de su poder de convocatoria. ¿Cuál es el problema? Son varios, a mi entender, los motivos de este progresivo descrédito: gran parte de los jugadores de la liga española son foráneos y, por tanto, militan en otras selecciones; los jugadores de la selección absoluta española proceden de cuatro o cinco equipos; es curioso observar que en la alineación del partido del miércoles contra la selección inglesa, cinco jugadores pertenecían al Valencia, prácticamente media selección, y los demás al Barcelona, Real Madrid o Atlético de Madrid. ¿Qué ocurre con los dieciséis equipos restantes? Comentaba ayer con un amigo, poco antes del partido, que si la alineación fuera al cien por cien del Valencia, no harían peor papel que el que hizo la selección española. Pero, claro, eso no sería representar a los distintos equipos de la geografía española.
Con la selección sub-21 ocurre algo distinto. Conocemos y disfrutamos viendo cómo juegan las jóvenes promesas y nos sorprende ver a canteranos de los grandes equipos – especialmente del Real Madrid – triunfando en esta selección. ¿Para qué quieren la cantera? Al parecer, es más apetecible – o más rentable – fichar a jóvenes promesas de Argentina o de Brasil. A los jóvenes de aquí no se les valora. Se les olvida casi siempre. Y algunos, como Cesc, Piqué o Arbeloa tienen que emigrar a equipos europeos.
Por eso, ver jugar a la selección ya no me produce el entusiasmo de antaño. Tal vez decida, en otra ocasión, contemplar cómo juegan la selección argentina o la brasileña. Al menos, a la primera pertenecen componentes de la plantilla del Real Zaragoza.

Una tarde de fútbol como la vivida hoy en la Romareda puede ofrecer a los aficionados una sinfonía continua de diversas sensaciones. De la expectativa inicial se puede pasar al aburrimiento y, de pronto, como un relámpago, está a punto de llegar la apoteosis. Pero el deporte rey es así de injusto, de imprevisible y de caprichoso. Y un equipo modesto como el Recre, un equipo muy bien organizado y trabajador, ha sido capaz de mantener su portería a cero y alejar todavía más al Real Zaragoza de los puestos privilegiados de la tabla.
Pero, a pesar del empate, a pesar de que la suerte no ha acompañado, esta fecha quedará grabada en el álbum personal y deportivo del joven Antonio Longás, que con su número 20 en la camiseta ha debutado en el primer equipo como titular en la Liga. Se lo merecía hace tiempo. Y Víctor Fernández le ha dado la gran oportunidad. Y no ha defraudado. Ni mucho menos. Ha dejado muy alto el pabellón de la cantera. Me he alegrado al ver al pequeño y gran jugador en el terreno de juego segundos antes de comenzar el encuentro. Esperaba también a Lafita, en lugar de un D’Alessandro cada vez más espeso y desorientado. Pero creo que pronto veremos a otro canterano en el once titular.
Eso ha sido, en mi opinión, lo mejor de la tarde. Porque lo peor ha sido el resultado y la sequía goleadora que arrastra el Zaragoza en la Liga desde hace varias jornadas. Y ahora, a esperar al Deportivo en la liga y al Barcelona en la copa. Eso serán palabras mayores. Habrá que seguir luchando un poco más que hoy y con la suerte de aliada.

Ayer, poco antes de las nueve de la noche, me desplacé hasta el local más cercano para contemplar un partido de fútbol, a priori, prometedor. Uno siempre espera con ilusión un encuentro del Real Zaragoza contra uno de los grandes. Pero lo de ayer fue un fiasco, un fracaso, una bofetada al fútbol de ataque, imaginativo, audaz y valiente. ¿Qué le pasó ayer al equipo aragonés? ¿Le agarrotó el miedo escénico del Santiago Bernabéu? Mi hijo y yo nos frotábamos las manos al ver los primeros minutos. Menos mal que no nos quedamos a ver la segunda parte... Ni toques, ni pases, ni garra, ni imaginación.
Cuando todo está resuelto, lo que más duele no es el pírrico resultado. Lo lamentable es que el Real Zaragoza se enfrentó al peor Real Madrid de todos los tiempos y pudo salir goleado. Por miedo, por ineficacia y por un planteamiento táctico equivocado. Porque, ¿qué pintaba Gerard Piqué de lateral derecho? ¿Es que no tiene el entrenador la valentía de alinear a un canterano? ¿Dónde está la cantera? ¿Para qué la queremos? Si Longás, Lafita o Chus Herrero fueran argentinos, seguramente serían titulares. Si Soriano, Carmelo, Ripa, Pina, Rodri, Generelo,... fueran de otra nacionalidad, tendrían un hueco en el equipo. Pero tienen que emigrar a otros equipos de segunda. Y la mayoría triunfan. Y luego quieren fichar a otros que no son mejores que los de casa.
Lo de ayer no sólo fue una bofetada al buen fútbol de ataque. Fue una bofetada a la cantera. Fue una bofetada a las jóvenes promesas. Que las hay. Y muchas. El mismo Real Madrid se está dando cuenta del problema y comenzó a alinear a canteranos. No hablemos del Español - que vapuleó el sábado al Barcelona - del Sevilla, del Deportivo o del Valencia. Pero el Zaragoza es distinto. Tiene la cantera para completar la plantilla y para acallar a los críticos, que cada vez son más. Parece mentira que el entrenador sea de casa. A ver si la humillación del Bernabeu le hace recapacitar. Sería muy positivo para el fútbol aragonés.

No sé si el Día de los Inocentes es la fecha más adecuada para que la selección aragonesa se estrene en una cita internacional. Lo que sí parece una inocentada es el trato que se les está otorgando desde hace años a los jóvenes jugadores de la cantera.
Hoy veremos sobre el césped de La Romareda a muchos valores de casa que están cansados de calentar el banquillo del primer equipo o de buscarse la vida fuera de su región. Ayer ocurrió lo mismo con la selección de la Comunidad Valenciana. En su enfrentamiento contra la selección del Perú en el campo del Elche, no comparecieron las figuras del Valencia ni de otros equipos. Acudieron, eso sí, jóvenes canteranos con ganas de reivindicarse: Marcos, Héctor Font, Pallardó, Soldado, Juanfran,… Y dieron una lección de pundonor, sobre todo en la segunda parte.
Quizás ocurra lo mismo esta noche en Zaragoza. Lafita, Longás, Chus Herrero, Rubén Pérez,…buscarán no sólo complacer al público asistente, sino reivindicarse una vez más y demostrar que, si se les dan minutos y oportunidades, pueden ofrecer garantías.
Pero no son buenos tiempos para los canteranos. A pesar de tener en casa auténticas promesas, la mirada de los técnicos y ojeadores se dirige al otro lado del Atlántico. Ahora a los grandes equipos les ha dado por fichar a jóvenes jugadores argentinos o brasileños. ¿Qué pensarán los canteranos del Madrid, Barcelona, Sevilla o Villarreal? ¿Tendrán que buscarse la vida en otras ligas europeas? ¿Se eternizarán en segunda división?
Ojalá estos partidos de las selecciones no sean sólo reivindicativos – para eso están los partidos políticos – sino que se conviertan sobre todo en un merecido homenaje a los jugadores de la cantera, a los de casa. Y que el partido y la alineación no sean una simple inocentada. ¿Aprenderán la lección nuestros dirigentes deportivos? Quizás se ha llegado demasiado tarde en este asunto. Porque, de momento, se sigue mirando hacia otro lado. Y los jóvenes se cansan de esperar.

Hay días que terminan con su sabor agridulce. Y en ocasiones uno no sabe el porqué. Aunque ayer el motivo era evidente para los que somos aficionados al fútbol y seguidores del Real Zaragoza. La tarde-noche apacible de este primer domingo de diciembre, día de San Francisco Javier, comenzó con el alboroto y el enfrentamiento verbal entre dos aficiones - ¿Cuándo terminará esta absurda rivalidad? -La escena era, al menos, impactante: treinta policías uniformados para controlar a unos sesenta o setenta aficionados del Osasuna. Un control que me recordaba las últimas manifestaciones del tardofranquismo. Luego vinieron los gritos, abucheos y demás... Hasta que comenzó el juego y se apaciguaron los ánimos. Todo iba viento en popa con el gol de Diego Milito - décimo en su cuenta particular - cuando en el minuto 36 de la segunda parte la noche dio un quiebro: un gol en propia puerta de Gaby Milito y otro de Ponzio diez minutos después. ¿Pueden ocurrir más desgracias? Los seguidores navarros - ¿por qué con la ikurriña? - se alborotaron de nuevo y los aragoneses salieron del estadio con la resignación, el silencio y un cierto amago de rebeldía contra el destino . A todos se nos puso cara de tontos. Y había motivos para ello. Aunque la soleada mañana de hoy ha enterrado en cierto modo ese mal sueño y nos ha devuelto a la realidad de esta breve semana laboral.

La selección de Luis Aragonés volvió a cosechar ayer una nueva derrota en el estadio Ramón de Carranza. Es un nuevo fracaso, una nueva decepción. Y no caben nuevas excusas ni se admiten paños calientes. Este grupo deportivo ha perdido el norte. ¿Será culpa de los jugadores? ¿Será responsabilidad del entrenador? La respuesta no es fácil aunque todos sabemos que la cuerda siempre se rompe por el lado más débil. Y Aragonés debería dimitir. Sin paliativos. Sin dar ni siquiera explicaciones. A pesar de cambiar de jugadores, de cambiar incluso de táctica, su propuesta futbolística está obsoleta y trasnochada. Hay que dejar paso a otra persona que sea capaz de dinamizar a un grupo de jóvenes que no se han olvidado de jugar al fútbol.
De todos modos, no toda la culpa es del entrenador. El problema es más complejo de lo que parece. Aragonés no tiene suficientes mimbres para fabricar un buen cesto. Esa es la triste realidad del fútbol nacional. Los clubes fichan y fichan jugadores foráneos y apenas queda un hueco para las jóvenes promesas. La cantera está casi olvidada y la mayoría de los canteranos de los grandes equipos están cedidos o se dedican a calentar banquillo. De los equipos punteros, el único que tiene una plantilla con la mayoría de jugadores nacionales es el Valencia. Por eso la delantera de anoche era la del equipo ché. Quizás el Valencia habría ganado a Rumanía… Porque, ¿qué ocurre en clubes como Real Madrid, Barcelona, Sevilla o Real Zaragoza? Que sus jugadores estrella son extranjeros y muy pocos de la casa tienen continuidad. ¿Se acabará algún día esta política? Entonces, con Luis o sin Luis, triunfará la selección.

Siempre le he tenido un cariño especial al veterano lateral del Real Zaragoza. Me gusta su seriedad, su pundonor y su modestia. Es el que más años lleva en el equipo y siempre ha tenido muy difícil la titularidad. Sin embargo, el defensa de Pradilla de Ebro ha estado en la recámara trabajando a destajo. Este año parecía que tenía las puertas abiertas, pero el fichaje de Diogo a última hora le cerró el camino del lateral derecho y en Riazor tuvo que conformarse con ver el partido desde la grada.
Pero la semana iba a ser movida y la sanción a Juanfran le abrió otra posibilidad para debutar en la liga. Luego vinieron dos cólicos nefríticos y la estancia en el hospital. Pero el tesón del canterano ganó la batalla y lo vimos el domingo en la Romareda. Fue el triunfador. El amo de la banda. El todo corazón. Y la grada se lo premió con repetidos aplausos.
La reflexión es sencilla: ¿Le valdrá esta excelente actuación para alcanzar la titularidad? Debería ser así. Pero en el fútbol no siempre juega en que está en mejor forma. Esperemos que Víctor Fernández lo tenga en cuenta y veamos al de Pradilla en la defensa el domingo contra el Mallorca.

La selección nacional absoluta de fútbol sufrió el miércoles una de las mayores humillaciones de los últimos años. Perder ante Irlanda del Norte mostrando una actitud incomprensible ha abierto todas las alarmas y nos ha vuelto a recordar el ridículo del último mundial. ¿Qué ocurre en la selección? Creo que hace falta un cambio de aires, empezando por el entrenador. ¿Por qué se le renovó en junio? Y hay que cambiar a algunos jugadores - quizás a la mayoría - a los que ir a la selección ya no les despierta la misma ilusión que antes y, lógicamente, rinden mucho menos que en sus respectivos equipos.
¡Qué distinta fue la actitud de los jóvenes, de la selección sub-21, el día anterior en Alzira. Remontaron un resultado adverso con una entrega ejemplar, con un espíritu de equipo encomiable, con una ilusión semejante a la que mostraron nuestros campeones de baloncesto en el mundial de Japón. Me alegré esa noche por varios motivos: por la presencia de Zapater y Piqué en el once inicial, por el valor del entrenador para confiar en estas futuras promresas, por la demostración de juego y pundonor de jugadores que han sido poco valorados o casi olvidados en sus respectivos equipos: Soldado, Valera, Silva, Gavilán, Jurado,... Marginados, porque todavía está de moda fichar foráneos, aunque no sean mejores que los de casa. Un juego fluido, eficaz, sobre todo en la segunda parte. A ver si nos dan una alegría en los próximos meses y relevan a algunos de la selección absoluta antes del Europeo de 2008. Eso sí, que luego la rutina no les atenúe la entrega, la ilusión y el pundonor.

El partido inaugural de la Liga del Real Zaragoza en Riazor me ha dejado un sabor agridulce. Es verdad que perjudicaron al equipo dos decisiones polémicas de Alfonso Pérez Burrull. Es verdad que el terreno de juego no estaba en perfectas condiciones. Es verdad que es el primer partido y el equipo no está totalmente acoplado. Pero todos estos factores no pueden servir de excusa para justificar una derrota que, en justicia, debería haber terminado en empate.
¿Qué le ocurrió al Real Zaragoza? Que mostró un juego demasiado parsimonioso en la media - muy al estilo argentino - y demasiado blando en la defensa. Dos de los tres goles nos recuerdan a muchos tantos encajados la temporada pasada. Y sólo Gaby Milito queda de la defensa de Víctor Muñoz. El entrenador, Víctor Fernández, no acertó en la alineación inicial. Esa es mi modesta opinión. D'Alessandro y Aymar tienen un juego muy similar y no deberían jugar juntos. A Diogo se le vio falto de forma y poco compenetrado. ¿Tan mal está Cuartero? Además, tardó mucho tiempo en hacer los cambios. ¿Por qué no entró Celades en el equipo inicial? ¿Qué ocurre con Sergio García, Longás y Lafita, que han hecho una buena pretemporada?
No tengo nada contra los argentinos. Ni contra los sudamericanos. Pero siete titulares foráneos se me antoja excesivo. En este sentido nos dio ejemplo Caparrós - nueve españoles en la alineación inicial - y el Valencia y el Betis, plagados de jugadores de aquí. Quizás me equivoque, pero creo que debería jugar el que esté en mejor forma y se lo haya ganado por méritos propios, no el que sea más famoso o haya costado más millones. Y en caso de igualdad, que juegue el de la cantera. De todos modos, es muy pronto para hacer valoraciones. Habrá que dar tiempo al tiempo y esperar, al menos, cinco o seis partidos más.

No existe mayor satisfacción para un aficionado a la práctica del ciclismo que coronar un puerto con esfuerzo y regularidad. Eso es lo que ha hecho Javier esta tarde. A sus once años y con una bicicleta pequeña, ha sido capaz de ascender el puerto de Tous – de tercera categoría – y de aproximarse luego hasta la presa para contemplar el pantano y un pequeño apéndice de la antigua torre de la iglesia que sobresale de las aguas. (Otros años ha estado más bajo el nivel).
Hemos salido hacia las seis de la tarde de Massalavés, hemos pasado por Alberique y, seis kilómetros después, hemos dejado a la derecha el Tous nuevo, construido para alojar a las familias cuando se embalsó el pueblo antiguo. Allí Javier ha acelerado un poco el ritmo y me ha ido cogiendo ventaja. Además, se me ha salido tres veces la cadena y he perdido ritmo. Hay un par de curvas en repecho criminales. Pero hay que mentalizarse y mirar hacia arriba. Al llegar al kilómetro 10, una vez coronado el puerto, se experimenta una satisfacción difícil de describir.
El regreso ha sido animado, rápido y relajante. Al final, no he podido evitar darle un abrazo a mi hijo. Una gesta deportiva más y un logro que recordará por días. En Aliaga continuaremos durante la segunda quincena de agosto con alguna etapa similar. Allí hay puertos por doquier. El de hoy ha sido, al menos, un buen aperitivo.

Albergue municipal de la DGA "Nuestra Señora del Pilar"
En 1999 nació la Asociación Deportiva "Villanúa y Deporte". Este año se celebra la VIII Edición del Campus de Fútbol Base en las excelentes instalaciones deportivas de este hermoso y tranquilo pueblo, situado a quince kilómetros de Jaca, a orillas del río Aragón.
La intención de sus impulsores es utilizar la práctica deportiva como medio de conseguir una formación integral de la persona. Y parece que están logrando sus objetivos, porque cada año aumenta la demanda de niños de ocho a catorce años para participar durante ocho días en la práctica del fútbol base, complementada por otras actividades creativas y lúdicas.
Javier se ha desplazado hoy a Villanúa junto con tres compañeros del club de fútbol "San José". Va con ilusión y con experiencia (es su tercer año consecutivo). Allí crecerá como persona y disfrutará de unos excelentes días al aire libre. Porque no hay nada mejor que practicar lo que a uno le gusta y hacerlo fuera del contexto habitual y sin condicionamientos de otro tipo.

Los aficionados al ciclismo hemos podido contemplar por televisión una de las mejores etapas del Tour de Francia de los últimos años. Ni los más optimistas se imaginaban un final de etapa como el de hoy. Un Tour que parecía descafeinado durante las dos primeras semanas, un Tour sin figuras de relieve, un Tour diezmado por los casos de dopaje, las retiradas y los accidentes, se ha convertido en estas últimas jornadas en una carrera ciclista como las de antes. Una carrera sin líderes insustituibles, una carrera en la que ha predominado el esfuerzo, el sacrificio, la sorpresa, la competencia pura y dura. Hay que remontarse a la época previa a Indurain para contemplar semejante espectáculo.
La reflexión es evidente: si quieren ganar y cautivar a la afición, hay que programar etapas como ésta, con varios puertos de montaña y con un final en la estación invernal de La Toussuire. Si quieren promocionar este deporte, hay que motivar e incentivar al ciclista modesto, al gregario sacrificado, al que lo da todo, casi sin apoyo de su equipo. Ha sido un espectáculo excelente. Enhorabuena a los corredores que nos han brindado una gran etapa y mi felicitación a los comentaristas, que han dado muestras de su experiencia y de su profesionalidad. Y no hay que olvidar tampoco la panorámica de los Alpes. Un paisaje único e insustituible. Jornada para recordar, la de este Tour de Francia 2006.

Creo que hay que afirmarlo sin rodeos. Y sin paños calientes. La selección española de fútbol volvió a fracasar de nuevo en un mundial Y esta vez de modo más estrepitoso y sin excusa alguna. No es que me alegre, ni mucho menos. Pero me lo temía. El horrible partido ante Arabia Saudí ya fue una mala premonición. Y ayer España sufrió una derrota humillante ante una Francia más bien normalita. El equipo de Luis Aragonés salió al césped agarrotado, sin ideas, sin juego de conjuto. Y prácticamente no tiró en todo el partido entre los tres palos. Y así no se puede ganar. Y eso que se puso por delante gracias a un penalty que, en esta ocasión, no se falló.
¿Qué hay que hacer ahora? Desde luego, volver a empezar una nueva etapa. Y reflexionar sobre el mal endémico del fútbol español. Las "figuras" de nuestra liga son casi todas foráneas y no hay mucho que elegir para buscar dos buenos jugadores para cada puesto. Y el crédito del entrenador se agota una vez más. Ahora lo que hace falta es un cambio de aires, una mirada hacia el 2008 y un giro radical en algunos planteamientos. Las excusas no valen para nada. Y hurgar en la herida, tampoco.

No es buena la euforia, ni siquiera en los momentos más esplendorosos. Esto ocurre en todos los ámbitos de la vida, no sólo en el deportivo. De todos modos, ayer lo pudimos comprobar mientras contemplábamos el partido del mundial entre España y Túnez. Los tunecinos, que empezaron el encuentro con ambición, pero con humildad, tuvieron contra las cuerdas durante más de una hora a una selección claramente superior en todos los aspectos. Luego se impuso la lógica más aplastante y el equipo español remontó e, incluso, pudo golear.
Aunque la suerte también juega. Y en esto el fútbol también es una metáfora de la vida. Sin embargo, la suerte hay que buscarla y tratar de encontrarse en su camino mediante el esfuerzo, la constancia y la imaginación. A España, de momento, le está sonriendo la suerte. Esperemos le ocurra lo mismo en los próximos encuentros y podamos verla, al menos, en las semifinales. De la final, es mejor no hablar por ahora. Aunque soñar es gratis. Pero de la euforia se aterriza casi siempre en la decepción. No sería la primera vez.

Cuando el zaragocismo no ha asimilado todavía la marcha de Rubén Gracia “Cani” al Villarreal, surge ahora un caso similar: el de Zapater. Se veía venir. ¿Qué ocurre con la cantera del Real Zaragoza? ¿Por qué se olvidan tan pronto de sus “queridos” colores? ¿Tan bien les van a tratar en su futuro club? ¿O es sólo por el quevedesco “poderoso caballero es don dinero”?
Esta vez la culpa no la tiene Solans. Ni siquiera el Consejo de Administración. La cruda realidad es que el jugador de Ejea, cuando apenas acaba de empezar a despuntar, pide el oro y el moro por medio de un representante sin escrúpulos. Y el club no está dispuesto a tirar la casa por la ventana. Si no lo hizo con Cani, ¿cómo lo va a hacer ahora?
De todos modos, el asunto es más complejo de lo que aparenta. Y la realidad es cruda y descarnada: se van los de casa y vienen foráneos. ¿Por qué? ¿Es que son mejores que los de la cantera? ¿Es que resultan más rentables al club? ¿Es que tienen más renombre internacional? No tengo nada contra los de fuera, siempre que marquen la diferencia. Lo más triste es que el desprecio a la cantera es evidente y pocos, muy pocos van a triunfar en su querido equipo. Ni mucho menos a jubilarse.
El aficionado está molesto y preocupado. ¿Será el principio del fin? ¡Ojalá me equivoque! Pero los síntomas no son nada buenos. Y si no que se lo pregunten al Real Madrid.

Los aficionados al tenis pudimos disfrutar ayer por la tarde de una gran final entre los dos mejores tenistas del momento. No faltó de nada en la cita de París: ambiente, emoción y, sobre todo, calidad. A Nadal le costó un poco entrar en el partido y, casi sin darse cuenta, se le esfumó el primer set. A Federer le ocurrió prácticamente lo contario: empezó con mucha intensidad y se fue diluyendo a medida que avanzaban los minutos, cometiendo incluso errores impropios de un número uno. Pero luego el mallorquín impuso su poderío en tierra batida y comenzó a dominar el partido con autoridad y regularidad.
Eso sí, reinó, ante todo, la deportividad, el juego limpio y la sana rivalidad. Y esto no ocurre con demasiada frecuencia. Por eso hay que felicitar a todos los protagonistas de este gran evento: a los jugadores, a los entrenadores, a los jueces y a los organizadores. Porque fue una gran cita que eclipsó un intranscendente partido del mundial y atrajo a millones de espectadores. Y si la gana un tenista español, mejor que mejor. El joven Rafael Nadal derrochó energía, imaginación, creatividad y actuó con una madurez propia de un veterano. Por eso nos congratulamos los aficionados, que esperamos más tardes como ésta.

Hay que ser muy aficionado al deporte rey para seguir con cierto interés el ritmo de dos o tres partidos diarios durante casi un mes. A mí este mundial me tiene sin cuidado. Ni siquiera sigo a nuestra selección con la ilusión de antes. Porque tanto fútbol acaba por cansar: amistosos, pachangas y mucho bombardeo publicitario.
Javier lo ve de otra manera, desde sus once años. Para él es el segundo mundial que puede seguir con cierta consciencia. Y le ilusiona ver a aquellos jugadores de nuestra liga que están dispersos por numerosos países. Y le ilusiona coleccionar cromos y llevar las estadísticas de cada partido. Pero tampoco aguanta los noventa minutos de estos primeros encuentros. La primera fase es aburrida, de tanteo, de especulación.
Lo más llamativo de esta primera jornada ha sido, quizás, la afición multicolor que poblaba las gradas. Muchos viajan miles de kilómetros para contemplar a sus ídolos; otros cambian sus vacaciones para estas fechas, y la mayoría busca la diversión al margen de los resultados deportivos.
Un nuevo mundial y mucha publicidad. Algunos aparcarán durante un mes problemas más importantes. Otros enlazarán la final con las vacaciones de verano. Sin embargo, muchos estudiantes están en la recta final del curso y tendrán que elegir. Aunque para los más constantes y trabajadores hay tiempo para todo.

Me ha sorprendido la noticia de que Eduardo Bandrés va a ser el nuevo presidente del Real Zaragoza. No lo tenía en mis quinielas y nunca me lo hubiera imaginado presidiendo el palco de la Romareda. Siempre he considerado a Bandrés como un buen gestor económico, pero dentro del campo de la política. Y ahora tendré que cambiar mi percepción del hasta ahora Consejero de Economía del Gobierno de Aragón y olvidar mis consideraciones políticas.
No sé si es o no una buena decisión. El tiempo lo dirá. Espero sea un bien para el Real Zaragoza, en estos momentos de desconcierto y de incertidumbre. Porque los aficionados están un poco desencantados desde hace unos meses, concretamente desde ese fatídico 12 de abril, en que se perdió la final de copa contra el Español. Luego vendría la marcha de Savio, de Cani y de alguno más que está en el umbral de la puerta de salida. Espero que el nuevo presidente, junto con el nuevo entrenador, Víctor Fernández, sepan devolver la ilusión a esta afición tan sufridora. La tarea será difícil y el reto es importante. A ver cómo lo consiguen.
Eso sí, que la política se mantenga al margen del deporte. Y que se mime más a los de casa, a la cantera, que son los que de verdad sienten los colores. La mayoría tienen que emigrar a otros clubes. Y muchos triunfan fuera. Esto viene ya de lejos, y el señor Bandrés tendrá que dar un giro de timón en su gestión. A ver si lo consigue.

Una noticia agridulce llena las páginas de la prensa deportiva ese fin de semana. El cambio de dirección en el Real Zaragoza y el regreso de un buen entrenador: Víctor Fernández. Pero la otra cara de la moneda es amarga, oscura, casi incomprensibe. Se va Cani, se va una de las últimas perlas de la cantera, sin haber jugado siquiera cien partidos con el equipo de su vida en Primera División. ¿Quién ha tenido la culpa de esta marcha tan inoportuna? ¿El anterior presidente? ¿Los nuevos gestores? ¿El propio jugador? ¿Sus representantes? Puede que haya habido de todo un poco. Lo más triste es que los rumores se han confirmado y, según dijo ayer Agapito Iglesias, no se ha podido frenar la operación.
Aprecio mucho al jugador de Torrero, admiro su fútbol, pero creo modestamente que su decisión es precipitada y seguramente errónea. Es normal que busque lo mejor en todos los aspectos, incluido el económico. Pero, ¿no podía haber esperado una o dos semanas más? ¿Tan complicado era reconsiderar su situación? Tampoco me gusta el club al que va, plagado de figuras de importación y modesto entre los modestos. De todos modos, espero que triunfe. Aunque me hubiera gustado verlo dentro de dos o tres años en uno de los tres o cuatro grandes clubs. El submarino amarillo no tiene nada que envidiar al Real Zaragoza: ni en historia, ni en títulos, ni en tradición. De todos modos, "poderoso caballero es don dinero", y ahí Roig les ha ganado la partida a los gestores del Zaragoza. De momento, un suspenso para todos.

¿Volverá el espectáculo a La Romareda? Esta es la pregunta que nos hacemos los aficionados zaragocistas desde que esta mañana ha saltado a los medios de comunicación la noticia de que Solans vende sus acciones y, sobre todo, el anuncio del regreso de Víctor Fernández como entrenador. Creo que es el perfil del “míster” que necesita el Zaragoza en estos momentos de desconcierto. Si le respeta el vestuario, Víctor puede volver a triunfar, siempre que el nuevo presidente y su equipo directivo sean más amantes del fútbol que Solans, inviertan con más cabeza que Solans y no sean tan vendedores como el presidente de Pikolín.
Eso sí, si queremos espectáculo, no podemos dejar escapar a joyas de la cantera como Cani y Zapater. Si queremos espectáculo, hay que fichar a algún jugador de calidad y no sólo desechos. Si queremos espectáculo, hay que planificar mejor la temporada y aspirar a metas más altas. El final de esta liga ha sido casi bochornoso. El club necesitaba aire fresco. Esperemos sea éste el inicio de una nueva y esperanzadora etapa.