
Nunca me hubiera imaginado hace unos años que las procesiones de Semana Santa pudieran tener tanto éxito a principios del siglo XXI. Pensaba – quizás con demasiada ingenuidad – que estas manifestaciones religiosas tradicionales quedarían reservadas al ámbito eclesiástico. Pero, al parecer, no ha sido así. Y los pasos de Jesús el Nazareno o de la Virgen de los Dolores siguen recorriendo nuestras calles y plazas para regocijo de los creyentes y admiración de los turistas.
La cuestión que nos podemos plantear es la siguiente: las procesiones de Semana Santa, ¿se han convertido en un espectáculo o siguen manteniendo intacto su trasfondo religioso? Tal vez sea una mezcla de ambos. De todos modos, me parece excesiva tanta parafernalia propagandística y tanta exhibición de imágenes sagradas para atracción del turismo. Los auténticos creyentes no necesitan una excesiva exteriorización de sus sentimientos. Y las imágenes se pueden admirar durante todo el año.
No sé si a Jesús de Nazaret le hubieran gustado este tipo de manifestaciones. Y todos conocemos su reacción cuando se utilizaban los lugares sagrados para otros fines distintos a los exclusivamente religiosos.
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Autor: Javier López Clemente
Fecha: 06/04/2007 20:00.
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Autor: Magda
Fecha: 08/04/2007 02:18.
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