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EDUCAR: UNA TAREA DIFÍCIL

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     Algunos padres todavía no están convencidos de que la tarea de educar a sus hijos, tanto en el hogar como en la escuela, es una labor cada vez más difícil y más complicada. No sólo por lo que reflejan las últimas encuestas sino, sobre todo, por la experiencia de los que día a día intentamos formar a los hombres del mañana. Como se pueden imaginar los que viven al margen del entorno educativo, no se trata únicamente de enseñar matemáticas, lengua o inglés. Lo más complicado es conseguir que el alumno  se centre en lo que hace y sea capaz de escuchar, de comprender, de reflexionar y de interiorizar lo que día a día roza sus cinco sentidos.

     Álvaro Marchesi, secretario de la Organización de Estados Americanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, ha afirmado a raíz de las conclusiones de una encuesta a nivel nacional: "los profesores están satisfechos de su docencia aunque preocupados por las dificultades que tienen para enseñar". Son dos afirmaciones aparentemente contradictorias, pero reales como la vida misma. El alumnado actual tiene cada vez más intereses sociales, culturales o lúdicos que le mantienen alejado de la realidad cotidiana de las aulas. Para el niño o adolescente, el colegio o el instituto son un lugar al que no suelen acudir con actitud positiva y del que se olvidan a la primera de cambio. Salvo contadas excepciones, son muy pocos los alumnos que valoran la educación y el aprendizaje como algo preferente en sus vidas.

     ¿Cuál puede ser, entonces, el camino a seguir? Se habla de potenciar la ilusión en los docentes, de incentivar su labor, de apoyarles más desde todos los ámbitos. Pero no hay que olvidar el papel insustituible de la familia. Si el padre, madre o tutor valora la educación, el hijo o hija le dará más importancia a su tarea. En caso contrario, todo lo que al alumno aprenda en la escuela quedará lastrado a la primera de cambio. Porque hay que reconocer que la labor del maestro o profesor no está bien vista en la sociedad. Se critica su horario, se critican sus largos períodos vacacionales, se infravalora su dedicación. Y, mientras no cambie esta valoración negativa de la labor docente, poco pueden hacer los profesores noveles por contagiar esa ilusión a sus alumnos.

     Lo que está claro es que, antes de opinar, hay que vivir la enseñanza desde dentro. Y valorar la vocación docente. Y apoyar a los profesores jóvenes. Y enriquecer su formación con nuevas inquietudes. Porque los tiempos cambian y, tal vez, muchos profesores encuentran dificultades para conectar con los intereses de las nuevas generaciones. De momento, hay mucho camino por desbrozar en esta tarea cada vea más compleja aunque gratificante.

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Autor: Luis Antonio

Yo también creo que es una profesión gratificante y siempre me ha preocupado más lo que pueda o no reprocharme mi conciencia profesional que lo que pueda pensar la sociedad...

Fecha: 09/10/2008 04:19.


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