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LA AVENTURA DE LEER JUNTOS

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     La lectura debería convertirse en algo apasionante, en una aventura continua, en un placer intelectual, en una experiencia compartida. Eso es lo que nos recordó el pasado martes Toni Martínez a un grupo de padres y profesores del instituto "Ramón y Cajal" de Zaragoza. Este joven profesor de secundaria, que imparte clases de lengua en un instituto de Fraga, está convencido de que los buenos lectores se forjan desde la infancia y sus hábitos son positivamente contagiosos
     Toni Martínez nos habló de Daniel Pennac y de su excelente obra Como una novela, que habla de un catálogo de derechos para cualquier lector. También nos recordó la página de internet de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez - http://www.sol-e.com - en la que figura un excelente servicio de orientación para lectores de todas las edades.
     Una de las experiencias más positivas que nos comunicó Toni Martínez fue la actividad "Leer juntos": un grupo de lectura que puso en marcha en Cifuentes (Guadalajara) y que convirtió la lectura en motivo de encuentro, tertulia y cambio de impresiones. La biblioteca de Cifuentes ha sido testigo durante cinco años de un grupo de lectura dinámico y heterogéneo. Toda una aventura a exportar y mejorar.
     Escribo unas líneas del libro de Daniel Pennac, que hacen referencia al punto 5 del catálogo - "El derecho a leer cualquier cosa" - y que intentan diferenciar la novela comercial del auténtico relato:

…digamos que existe lo que llamaré una ‘literatura industrial’ que se contenta con reproducir hasta la saciedad los mismos tipos de relatos, despacha estereotipos a granel, comercia con buenos sentimientos y sensaciones fuertes, se lanza sobre todos los pretextos ofrecidos por la actualidad para parir una ficción de circunstancias, se entrega a ‘estudios de mercado’ para vender, según la ‘coyuntura’, tal o cual tipo de ‘producto’ que se supone excita a tal o cual categoría de lectores.
Sin lugar a dudas malas novelas.
¿Por qué? Porque no dependen de la creación sino de la reproducción de ‘formas’ preestablecidas, porque son una empresa de simplificación (es decir, de mentira), cuando la novela es arte de la verdad y (es decir, de complejidad), porque al apelar a nuestro automatismo adormecen nuestra curiosidad, y finalmente, y sobre todo, porque el autor no se encuentra en ellas, así como tampoco la realidad que pretende describirnos.
En suma, una literatura del “prêt a disfrutar”, hecha en moldes y que querría meternos en un molde.
No creamos que estas idioteces son un fenómeno reciente, vinculado a la industrialización del libro. En absoluto. La explotación de lo sensacional, de la obrita ingeniosa, del estremecimiento fácil en una frase sin autor no es cosa de ayer. Por citar únicamente dos ejemplos, tanto la novela de caballerías como, mucho tiempo después, el romanticismo se empantanaron ahí. Y como no hay mal que por bien no venga, la reacción a esta literatura desviada nos dio dos de las más hermosas novelas del mundo: “Don Quijote” y “Madame Bovary”.
Así pues, hay ‘buenas’ y ‘malas’ novelas.
Las más de las veces comenzamos a tropezarnos en nuestro camino con las segundas [...]. Durante cierto tiempo leemos indiscriminadamente las buenas y las malas [...]. Y después, cierto día, sin darnos cuenta, nuestros deseos nos llevan a la frecuentación de los buenos. Buscamos escritores, buscamos escrituras. La mera anécdota ya no nos basta. Ha llegado el momento de que pidamos a la novela algo más que la satisfacción inmediata y exclusiva de nuestras sensaciones.

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