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LISTAS DE ESPERA

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     Nunca me han gustado las listas de espera, ni las colas interminables, ni los números que te asignan en los mercados, ni el tener que pedir la vez, ni los inútiles minutos que uno tiene que esperar después de marcar un 902 mientras suena una monótona música de fondo y se repite como una cantinela la voz apergaminada de un empleado o empleada.

     Es tal la saturación de determinadas oficinas de la administración que, o te plantas en la puerta a horas intempestivas, o te quedas fuera de juego. En Zaragoza ocurre esto si quieres renovar el DNI. No hay manera de conseguir cita por internet, ni por teléfono. Y es casi imposible hacerlo por la mañana, a no ser que te ausentes horas y horas del trabajo. Menos mal que algunos de los que tenemos del documento de identidad caducado no tenemos que presentarnos ante notario ni viajar al extranjero a corto plazo. Lo mismo sucede con la declaración de la renta en las oficinas habilitadas por Hacienda. es impostible conseguir un número o una cita. Cada uno tiene que buscarse la vida como pueda. O paga a algún gestor particular o realiza un cursillo intensivo y acelerado.

     Pero las esperas y las largas colas no son sólo por motivos oficiales ni para apuntarse a las listas del Inem. Ayer por la mañana, mientras me desplazaba en coche a mi lugar de trabajo, me sorprendió una larga cola de jóvenes - sobre todo chicas - a las puertas de un céntrico hotel zaragozano. Me quedé con el interrogante. Hasta que hoy, hojeando el periódico, he comprobado que estos jóvenes no buscaban un trabajo o iban a comprar entradas para algún concierto. Nada de eso. ¿Sabéis a qué estaban esperando? A una prueba para llegar a ser nuevos "triunfitos", es decir, para participar en el enésimo programa de Operación Triunfo. Todos querían triunfar, hacer valer su autoestima, alcanzar la fama y, si es posible, llevar en el futuro una vida más o menos desahogada.

     En mi barrio ocurre desde hace unos meses un fenómeno curioso: una frutería que ha abierto recientemente está siempre tan llena que llama la atención a los que pasan por la calle. Los dueños han instalado bancos para que los clientes esperen sin cansarse ni impacientarse y, además, se puede coger un número y volver al cabo de un lapso de tiempo razonable. ¿Por qué será? ¿Mejores precios? ¿Mejor trato? Algo distingue a este estableciemiento de otros que están casi vacíos.

     Donde no había muchas colas esta tarde era en la Feria del Libro de Zaragoza. Algunas casetas estaban casi vacías. Y eso que el clima era ideal - no hacía calor ni amenazaba tormenta-. Un librero se quejaba de la falta de compradores y decía lo que parece ya un tópico: "muchos curiosos - mirones - y pocos compradores". ¿Será que la crisis se ha cebado con la cultura? Porque las terrazas adyacentes estaban bien nutridas. Y los clientes hacían cola en un mostrador. Paradojas de la vida. Es verdad que nada es lo que parece. Pero las apariencias, a veces, no engañan.

* La fotografía es de la página http://gizmodo.com

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gravatar.comAutor: Ana C

¿Cuánto tiempo de nuestra vida habremos consumido esperando, quizás inútilmente? La reflexión sobre la feria del libro me ha hecho preguntarme si se puede clasificar a la gente por el tipo de colas que hace. :)

Fecha: 03/06/2010 00:11.


gravatar.comAutor: José María

Gracias, Ana, por tu comentario. Desde luego, se podría hablar de colas culturales, colas de ocio,... Y sacaríamos conclusiones muy interesantes.

Fecha: 03/06/2010 20:37.


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