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NUEVA NOVELA DE ANA ALCOLEA

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     Acabo de leer de un tirón la última novela de la escritora y profesora zaragozana, Ana Alcolea. Me ha parecido simplemente genial y me ha recordado pasajes de sus tres primeras novelas juveniles, en especial de El medallón perdido (2001), esa novela que entusiasmó a tantos adolescentes y que despertó el hábito de la lectura en tantos alumnos y alumnas de nuestra geografía.

     La sonrisa perdida de Paolo Malatesta - así reza el título del octavo libro de la autora - forma parte de la colección "El árbol de la Lectura" que presentó la editorial Oxford en la Feria del Libro de Huesca el pasado mes de junio. Es una novela dirigida a lectores jóvenes, pero que merece la pena ser leída por cualquier adulto interesado por el arte, por el teatro y, sobre todo, por las reflexiones profundas sobre la vida, el amor y los sueños de futuro.

     La novela surgió de un viaje a Zurich de la autora en mayo de 2009 para asistir al cumpleños de una amiga. Este será el punto de partida de casi trescientas páginas de intriga policíaca, entremezclada con retazos de literatura, de arte y de teatro. Ana Alcolea alcanza con esta novela un escalón más en su trayectoria creativa. Su prosa diáfana, sus descripciones exquisitas y sus acertadas reflexiones  convierten a los personajes en seres cercanos, personas de carne y hueso que podemos encontrar cualquier día en nuestro camino.

    Como decía Ana el día de la presentación: "Todos llevamos un adolescente dentro. Quizá es lo que nos ayuda a escribir estos libros". En La sonrisa perdida de Paolo Malatesta confluyen tantos caminos, se dan cita tantas inquietudes, que yo diría que es una síntesis creativa de sus tres primeras novelas.

    Quiero acabar esta modesta y cariñosa valoración de la obra con una reflexión que la autora pone en boca de Carolina, la joven coprotagonista, en los primeros compases de la novela: A veces es difícil asomarse a la vida. A veces, la vida es un acantilado del otro lado de la terraza a la que nos da vértigo asomarnos. En cambio, otras, la vida tiene vidrieras que nos pintan de colores los momentos que nos parecen más grises.

 

 

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