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PASEO MATINAL POR EL GUADALOPE

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          La fría pero apacible mañana de Navidad invita a realizar un paseo por las orillas del Guadalope y contemplar las gargantas y plegamientos verticales que las rocas que conforman el Parque Geológico de Aliaga han configurado desde hace siglos. Cualquier geólogo que visite estos parajes que conducen hasta el pequeño barrio de la Aldehuela se quedará sorprendido y casi extasiado ante semejante maravilla de la naturaleza. A esto se añade el serpenteante fluir del río que se encamina por inercia hasta que fuera embalse de la central térmica de Aliaga, cada vez más anegado y condenado al abandono más irremediable.     

       Después de una empinada subida y de una curva en herradura, asoma el esqueleto grisáceo de la Térmica, cerrada  desde 1981. Veinticinco años de abandono, veinticinco años de desidia, veinticinco años de declive económico y de población. La parte del pantano que aún permanece, está cubierta por una ligera capa de hielo. El invierno se está cebando en este pintoresco rincón. Un invierno crudo, seco y atípico. Visitamos con un trabajador ya jubilado las antiguas instalaciones de la central: las tolvas por donde entraba el carbón, los pozos, las básculas,… Todo en completo abandono. Y, desde arriba, el edificio de la central, que mantuvo vivo a este pueblo durante treinta años. Ahora todo es desolación, soledad y silencio.      

          De regreso hasta la villa turolense contemplamos el trazado de las vagonetas que traían el carbón desde las tres minas - Las Eras, doña Marina y Campos – antes de que llegaran los camiones que surcaban día a día unas carreteras estrechas y rudimentarias. 

         Todo son huellas de un pasado cada vez más lejano, recuerdos semiborrosos de una infancia entre chimeneas, contaminación y mitos inalcanzables. Una mañana adecuada para recorrer sendas solitarias y caminos sin retorno. Como las minas, como la central, como la chimenea de la antigua fábrica de tejidos, como las casas vacías, como las huertas abandonadas. Precisamente ahora que llega el progreso. Por desgracia, demasiado tarde, y a contratiempo.

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