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PELIGROS DE VERANO

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     La llegada de los meses de verano - fechas elegidas para unas largas y merecidas vacaciones por la mayoría de los ciudadanos - viene acompañada de evidentes paradojas. Lo normal sería que, durante estos meses, predominara el solaz, la tranquilidad y el descanso relajado. Sin embargo, no suele ser así: las vacaciones cada vez entrañan más peligros y cada vez suponen riesgos añadidos a los que ya sufrimos en la vida cotidiana. Basta estar atentos a los medios de comunicación para convencernos de esta aparente contradicción: los meses más tranquilos suelen ser los más accidentados.

     Los peligros acechan en muchas partes. No hace falta desplazarse a países exóticos o a naciones en conflicto - el trágico atentado del Yemen está en la mente de todos -. En cualquier carretera, en cualquier camino, en un pantano, en una piscina, en un barranco o en la ladera de una montaña puede haber un riesgo latente. Ayer pude comprobar cómo algunas carreteras secundarias de Aragón multiplican el tráfico durante estas fechas. Lo mismo ocurre en las rutas de aventura o los deportes de riesgo. Por no hablar de los festejos populares con vaquillas o petardos incontrolados, de los incendios forestales o de las noches sin control en las grandes ciudades. El peligro está ahí, a la vuelta de la esquina. Pero lo más triste es que estos accidentes - muchas veces mortales - han aumentado en lugares aparentemente tranquilos e idílicos.

     Me refiero a las playas, lugar preferido por la mayoría de los españoles para sus vacaciones de verano. En pocos días han fallecido ocho personas en las playas de la Comunidad Valenciana. Durante la última semana, una mancha de fuel ha obligado a clausurar tres playas en la isla de Ibiza. Las medusas han vuelto con fuerza en algunas playas de Alicante. Y el drama de la emigración ilegal deja algún cadáver en las costas de Tenerife. El mar se cobra su tributo. Pero habrá que preguntarse qué responsabilidad tiene el hombre en estos sucesos. Se habla de conductas temerarias, de que los bañistas hacen caso omiso de las señales de peligro, de la poca atención y vigilancia de los padres sobre sus hijos. El asunto está ahí, e invita a la reflexión. Otro problema paralelo es la contaminación ambiental de numerosas playas. Lo ha denunciado Geenpeace. En nuestro país hay, al menos catorce playas que dan asco. Vertidos industriales, residuos fecales, fango,... Es el tributo del falso progreso. La bandera negra ondea en algunas zonas. ¿Se multiplicará en los próximos años?

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