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FÚTBOL Y POLÉMICA EN CASETAS

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     La fresca y apacible mañana otoñal prometía buen espectáculo futbolístico en este barrio zaragozano, que ronda los diez mil habitantes y que presenta una avenida recientemente remodelada y convertida en semipeatonal, una vez realizado el tan esperado y necesario desvío de la Autovía de Logroño. Se enfrentaban en equipo local de primer año de infantil contra los infantiles de la Unión Deportiva San José, que se han vestido de amarillo como visitantes. Había ilusión y espectativa en una y otra afición. Había ganas de seguir progresando y de disfrutar en los 22 jugadores que han saltado al campo. Se ha adelantado el San José, con un buen contrataque culminado por José Mari. Pero en la segunda parte los locales, con más fuelle, con más ganas y algo de suerte le han dado la vuelta al marcador. Quedaban casi quince minutos de lucha, empeño e incertidumbre; pero el colegiado, agobiado tal vez por lo que le comentaban desde las bandas y preocupado más de lo que pasaba fuera que del propio devenir del juego, silbó tres veces de modo inesperado e, incomprensiblemente, dio el cerrojazo a un partido que prometía más goles y más juego. Algunos jugadores lloraban de rabia, otros se retiraban al vestuario  con cara de cincunstancias. Pero el árbitro - que no parecía inexperto en estas lides - no ha dado su brazo a torcer y ha tirado por lo más radical y menos oportuno: suspender el partido. No hay que echarle toda la culpa al joven colegiado, pero podría haber dialogado un poco con el delegado de campo, con los entrenadores o con algún responsable del club. Ha conseguido lo que nadie deseaba: quitarles la ilusión a unos chavales de doce años y escenificar en exceso un desencuentro con alguno de los espectadores. Y, además, le seguirán pagando y continuarán confiando en él.

     En otro orden de cosas, los vecinos de Casetas siguen reclamando un campo municipal propio. El flamante campo de hierba - que no han utilizado los infantiles - pertenece a una empresa privada. Al parecer, es un asunto que colea desde hace años. Y el recinto necesita una reforma urgente o un cambio de ubicación. Un equipo como el Casetas, que llegó a estar hace poco en la Segunda División B, merece otro estadio más acorde con su categoría. Me llevo, por tanto, un sabor agridulce de Casetas. He encontrado un barrio moderno, remodelado y acogedor; pero la polémica deportiva y el comportamiento arbitrario - ¿tendrá que ver con el vocablo árbitro? - del colegiado me han dejado un poso más amargo que dulce. Menos mal que la competición acaba de comenzar y de que estas actitudes no ocurren, afortunadamente, todos los días.

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