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OTOÑO EN LA SIERRA TUROLENSE

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    El color ocre y amarillo del otoño viste de nostalgia las riberas de los ríos Alfambra y Guadalope. El agua se desliza clara, cristalina, escasa. Las lluvias han brillado por su ausencia desde el mes de mayo y los montes muestran su color agrisado, en contraste con el verde de la vecina comunidad valenciana. El destino de nuestro viaje es el monte de Castelfrío, situado entre El Pobo, Cedrillas y Monteagudo. Hay un bosque de pinos jóvenes donde suele abundar el rebollón por estas fechas, pero este año es una proeza llenar una cesta de este espontáneo fruto otoñal. El día invita a realizar una travesía a pie o en bicicleta. Las bajas temperaturas matinales van aumentando paulatinamente hasta llegar a los veintitantos grados al mediodía. Desde la cumbre de Castelfrío contemplamos numerosos pueblos, perdidos en lontananza: Aguilar de Alfambra, Ababuj, Jorcas, Allepuz, Orrios, Perales, Escorihuela y Alfambra. Se dominan varias comarcas, en especial la comarca de Teruel. A lo lejos, se adivina la capital, oculta detrás de una loma verdinegra. Es un paisaje becqueriano, azoriniano, machadiano.

    Ya de regreso hacia Aliaga, nos dirigimos hacia Monteagudo del Castillo, dejamos Allepuz a nuestra izquierda y llegamos al puerto de Sollavientos al filo del mediodía. Placidez en las cumbres y solaz otoñal en los valles casi solitarios. Sólo algún hatajo de ovejas pone una nota de pintoresquismo entre el amarillo de los chopos y el verde de los pinares. Nos dirigimos a Villarroya de los Pinares y atravesamos Miravete, acompañando al rumoroso río Guadalope, que acaba de ver la luz. Hasta Aliaga nos acompaña una sinfonía de colores y de tenues sonidos. Aunque lo más destacado es ese silencio elocuente que nos transmite diversas sensaciones, aparentemente contradictorias. Es la soledad de los valles azorinianos, la atracción de los parajes pintorescos que tanto sedujeron a románticos como Gustavo Adolfo Bécquer, la desnudez de la naturaleza machadiana, tan cercana a las vecinas tierras de Soria. Jornada de sensaciones y de nostalgia. Otoño apacible en medio de unos parajes con su peculiar encanto, lejos de la agitación de la gran ciudad.

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Autor: Nerea

Quién no se ha enamorado alguna vez de/en la sierra de Teruel ...
Un saludo.

Fecha: 04/11/2007 17:23.


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