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POLÉMICAS PREELECTORALES

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     Mientras los días se deslizan presurosos y el invierno nos quiere decir su adiós definitivo, muchos ciudadanos españoles ponemos la mirada en el día 9 de marzo, domingo previo al inicio de la Semana Santa. Es una fecha marcada con rojo en el calendario político. Los partidos afilan metafóricamente sus armas y cada formación política busca el punto más flaco de su rival. Aunque parezca mentira, da la impresión de que lo más importante es atacar al contrario, rebatir sus ideas, echar por tierra sus logros, menospreciar sus propuestas, criticar porque sí, descalificar sin más, avasallar sin motivo.

     Eso es lo que estamos viendo en la escena política. Yo hablaría más bien de escenario. Porque la política cada vez se acerca más al teatro, no tanto como arte dramático, sino como farsa, como parodia o como esperpento. Pronto lo veremos en los mítines electorales, que se extenderán por la península dentro de dos semanas. Predominará la retórica huera, la demagogia, la autocomplacencia. Y echaremos de menos la autocrítica, los planteamientos serios y coherentes, el compromiso firme ante los electores.

     Mientras se acerca el inicio de campaña electoral, algunos han empezado a echar leña al fuego. Entre otros representantes sociales, llaman la atención algunas intervenciones de los representantes del episcopado español. Muy pocos se han expresado con objetividad. Muy pocos han planteado problemas sociales. Muy pocos se han preocupado de la injusticia, la marginación o el desempleo. Al parecer, les duele más el terrorismo - y ahí se equivocan -, les duele el divorcio, les duele el aborto. Hay que respetar su opinión. Pero desearíamos que orientaran su legítima doctrina hacia los más pobres, hacia los desheredados, hacia los sin techo, hacia los que luchan día a día por sobrevivir. Eso sería más importante que su preocupación por la implantación o no de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Si no fuera por un reducido grupo de disidentes, esta asignatura habría pasado inadvertida. Los que conocemos su contenido, no vemos nada amoral en ella. Todo lo contrario. Eso sí, el papel de la familia es fundamental. La hora semanal de esta asignatura sólo complementa la labor de los padres. Pero de eso a tildarla de imposición partidista hay un largo trecho.

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Autor: Luis Antonio

Estoy de acuerdo con todo lo que expones, José Mª. Afortunadamente, al margen de ciertas jerarquías eclesiásticas, hay personas de la misma Iglesia entregadas "hacia los más pobres, hacia los desheredados, hacia los sin techo, hacia los que luchan día a día por sobrevivir." Y también quiero añadir que la entrega hacia causas sociales no es labor exclusiva de los creyentes. Hay personas, sin Credo, que también tienen corazón y sensibilidad social hacia los más necesitados. Tanto el compromiso de unos como el de otros es gratificante y contribuye a mantener la fe en las personas, ajenas a intereses partidistas y egoísmos inconfesables.

Fecha: 06/02/2008 19:49.


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