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DEPENDENCIAS

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Todos tenemos alguna dependencia de algo - o de alguien - más o menos acentuada. Algunos de mis alumnos reconocen que no sabrían vivir sin un móvil en el bolsillo; otros, que no podrían prescindir de un MP3 o MP4; y una minoría opina que no podría vivir sin un ordenador o sin un televisor. Son dependencias que se han agudizado en los últimos años. Pero, antes de que aparecieran los telófonos móviles o los sofisticados aparatos electrónicos, también existían dependencias de todo tipo. Y si no, podríamos preguntárselo a nuestros mayores.

Esta mañana, he olvidado el reloj de pulsera en casa, encima de la mesilla - algo aparentemente normal e intrascendente -. Pero lo que no es tan normal es que me he dado cuenta a lo largo de la mañana de que padezco una "cronodependencia" (perdón por el neologismo), es decir, una dependencia del reloj. En el fondo, es una dependencia del tiempo marcada por las prisas, el estrés, lo escrupulosamente programado, lo planificado,... Esta dependencia va unida a la del calendario. No puedo prescindir del práctico calendario de sobremesa. Y menos en estos días que anuncian la cercanía del final de este largo trimestre. Una profesora de Barcelona me comunica por carta esta misma sensación de cansancio. Los mismos alumnos lo experimentan. A Javier le cuesta cada día más levantarse por la mañana. Y es que los días pesan, las semanas se acumulan y este mes de mayo parece eterno.

Voy a intentar olvidarme del reloj a partir del 30 de junio. No sé si lo conseguiré. Porque lo veo difícil. No es una dependencia preocupante para la salud física - como el tabaco o el alcohol -, pero puede influir en nuestro estado psíquico y mental. Habrá que volver durante unos días - el verano nos brinda esa oportunidad - a los relojes de sol, al sonido de las campanas o a la propia intuición. Todo ello tiene, sin embargo, una contrapartida: en septiembre nos podría costar volver a esa rutina marcada por tiempos y calendarios. Mientras tanto, he comprobado que la mañana ha transcurrido con más rapidez. Quizás haya sido porque estaba demasiado ocupado.

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Autor: Luis Antonio

La dependencia que más he sufrido en mi vida ha sido la lectura indiscriminada, durante la época conocida como pubertad. Llegaba al extremo de leer con linterna por la noche porque en casa me controlaban.Incluso perdí vista por este abuso. Leía novelas del Oeste, del FBI, de Zane Grey...Todos los extremos son malos... Ahora que estoy en la "infancia" de la 3ª edad, sólo tengo dependencia de la vida. ¿Por qué será?

Fecha: 17/05/2008 01:09.


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