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EN BICICLETA HASTA CIRUGEDA

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     Cirugeda es uno de los barrios más pintorescos del municipio de Aliaga. Sus casas se apiñan en el fondo de un pequeño valle, resguardadas por la iglesia de la Asunción y coronadas por la ermita de San Eloy. Para llegar a Cirugeda desde Aliaga, hay que recorrer quince kilómetros de carretera. Es una ruta tortuosa, llena de altibajos y flanqueada de una vegetación envidiable. De todos modos, después del incendio de finales de junio, nada será lo mismo en este valle que, una vez atravesado el río Campos, se aproxima a la Muela Cerra, una cumbre que aparece calcinada - fotografía adjunta - en contraste con el pino que milagrosamente se ha salvado.

     Mientras asciendo la empinada pendiente, agacho con frecuencia la cabeza para no contemplar tanta desolación. Todavía me llega un amargo olor a ceniza. Durante unos tres kilómetros no aparece ni un brote verde, no se contempla ningún aliento de vida, no se oyen como antaño los trinos de los pájaros ni se percibe el vuelo majestuoso de los buitres. Sólo al final de esta prolongada cuesta puedo contemplar con alivio la masada de Las Erías, salvada del fuego, y advierto que todavía hay vida y esperanza. Unos agricultores están cosechando la mies de los campos cercanos. Desde allí hasta Cirugeda, la vegetación se mantiene en pie. El fuego se ha dirigido más hacia La Cañadilla y hacia Ejulve.

     Una vez coronados los últimos cerros, el paisaje vuelve a ser el de antes: campos de cereal, pequeñas huertas e hileras de chopos que indican la cercanía de alguna fuente. Cirugeda aparece finalmente desde un último cerro, contemplada a vista de pájaro. Un descenso suave nos lleva a la entrada de este pequeño núcleo rural. Me quedo en un pequeño recinto sombreado, cerca del lavadero y al lado de la fuente, que ha sido testigo durante tantos años de reuniones festivas y de meriendas familiares. De sus cuatro caños brota un agua fresca, cristalina, vital. Me agacho para refrescarme y saboreo este bien cada vez más escaso. Tomo fuerzas para el regreso a Aliaga. Será una hora más pedaleando, con el agravante de un sol de fuego de primeros de agosto. Vuelvo a contemplar el paisaje, salvado milagrosamente de la quema. En mi retina queda este rincón pintoresco que sus pocos habitantes miman  y cuidan. Dentro de unos días celebrarán la fiesta anual en honor de la Virgen de la Asunción. El valle se llenará de vida durante unos días. Un valle que merece, al menos, una visita anual para disfrutar de su paisaje y saborear el agua de su fuente.

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gravatar.comAutor: maria eugenia galarza

jose marco
encuentro casualmente tu blog y me ha parecido una belleza

me dejarias que ponga algunas de tus fotos en mi facebook?
me encanta que la gente que no pueda viajar conozca los sitios tan bonitos de tu pais y el mundo.
un saludo cordial.

Fecha: 25/04/2010 01:00.


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