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¿HACIA UN PACTO POR LA EDUCACIÓN?

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     El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, está dispuesto a lograr el tan ansiado pacto por la educación antes de que termine la actual legislatura. Su declaración de intenciones - al menos, eso parece en principio - está resumida en un total de 104 medidas que las comunidades autónomas tendrán que estudiar, analizar y debatir.

     Con el epígrafe Propuestas para un pacto social y político por la Educación, el ministro intenta con muy buena intención poner orden en uno de los ámbitos más importantes - por no decir el que más - para el futuro de un país. Todos coincidimos en la necesidad de llegar, por fin, a propuestas duraderas. A todos nos gustaría que, independientemente de los cambios de gobierno, la educación no sufriera los vaivenes de las últimas décadas. Pero uno se pregunta si esas 28 páginas van a ser bien recibidas y aceptadas por todas y cada una de las 17 comunidades autónomas.

     Lo más relevante del texto es la futura reforma del  cuarto curso de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, la posibilidad de alargar el periodo de enseñanza obligatoria hasta los 18 años y la implantación de evaluacíones externas en sexto de primaria y en tercero de ESO. Con la primera medida se intentará alargar un año más el bachillerato, como se hacía hace dos décadas. Con la segunda medida parece que se intenta no sólo la formación de los jóvenes sino, sobre todo, suplir la falta de trabajo a esas edades y atenuar el fantasma del paro (ahora ronda el treinta por ciento). La tercera medida no parece demasiado clara. Las evaluaciones externas que se están realizando en algunas comunidades autónomas no parecen tener especial utilidad. Sólo sirven en ocasiones para clasificar centros y alterar el ritmo de la evaluación continua. Como si no se fiaran de la labor de los docentes.

     Nadie pone en duda los buenos propósitos del ministro de Ángel Gabilondo. Pero habría que recordarle que en Educación está casi todo escrito y experimentado. Y que las reformas deberían surgir desde abajo, desde la base. Y que el consenso es cada vez más difícil. Y que hay que dedicar más medios a la educación. Y que hay que formar y motivar más a los futuros docentes. Y que hay que rejuvenecer las plantillas. Y que hay que cambiar menos y mejorar más la calidad de la educación. Eso no quita que el pacto sea, hoy por hoy, muy necesario.

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gravatar.comAutor: Pilar

Pero es que, si las evaluaciones externas carecen de utilidad es, en primer lugar, porque no es a los alumnos a quienes se debería evaluar (nuevamente), o al menos no solo a ellos. Si no se fian de la labor de los docentes, lo que me parece más que razonable en no pocos casos, lo que se debería hacer es evaluar la calidad de la enseñanza que imparten, a ver si así se acababa con el mito de que el mejor profesor es el que produce un menor número de aprobados, es decir, un mayor número de suspensos, o lo que es lo mismo, un mayor índice de fracaso escolar.
En segundo lugar, esa evaluación externa resulta absolutamente inútil porque sea cual sea su resultado, no se estudian las causas que lo motivan ni se ponen los remedios que se precisan.

Fecha: 02/05/2010 22:12.


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