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EL PULSO DE LA ACTUALIDAD

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     Se despide enero, mes invernal por antonomasia, con su cortejo de miserias y su rosario de incertidumbres. Aunque sea un tópico caducado, el primer mes del año presenta du candidatura y desbroza el camino de los once restantes.

     Sin embargo, a uno cada vez le gusta menos programar por meses. Prefiere programar por semanas y, en ocasiones, incluso por días. Pero el mes de febrero es tan especial, es tan loco, tan imprevisible, que se presta a figurar como centro de actualidad y generador de eventos. A pesar de que no es mi mes preferido - ni mucho menos - en febrero nació mi hijo, en febrero leí y defendí mi Tesis Doctoral - un 22 de febrero que se recordará en Zaragoza por su última gran nevada -, y en febrero he disfrutado de viajes, efemérides y celebraciones.

     Pero el mes de febrero - que comienza por las fiestas de San Blas y de Santa Águeda, y alberga habitualmente la celebración del carnaval, ha sido testigo de uno de los momentos más difíciles de la democracia española. Precisamente durante ese mes tengo intención de leer la obra de Javier Cercas, Anatomía de un instante, basada en esos hechos cada vez más lejanos, pero muy presentes en la memoria colectiva de los que los vivimos más o menos cerca.

    No sé lo que nos deparará este próximo febrero en Zaragoza, en Aragón o en España. Tal vez sean días de incertidumbre, de debates, de contradicciones, de nuevas ideas, de nuevos retos, de nuevos desafíos. En la ciudad del Ebro muchos dirigiremos nuestra mirada hacia ese cauce del río Huerva, cubierto hace 86 años. Un cauce escuálido, desangelado, ninguneado, hundido en su propia miseria. ¿Se volverá a recuperar para la ciudad este aprendiz de río? Lo dudo mucho. En la autonomía se seguirá hablando de la candidatura para los Juegos de Invierno de 2022. Pero lo que todos los políticos tendrán entre ceja y ceja serán las elecciones de 2011. Va a comenzar la cuenta atrás y nadie quiere desligarse del carro electoral. En el ámbito nacional todo serán interrogantes, con la crisis económica como espada de dámocles. Es de desear que los dirigentes políticos - sean del partido que sean - no metan más la pata, moderen su lenguaje, se ahorren los exabruptos y pongan los pies en el suelo de una vez.

    Rescato un artículo sobre el río Huerva, que escribí en esa bitácora el 14 de noviembre de 2007:

 

     Tengo entre mis manos un libro de poemas de don Julio Monreal y Ximénez de Embún, una edición de lujo de 1994, editada con el título Aragón en poesías. En esta antología personal, este poeta zaragozano de noble familia aragonesa (1839-1890) desgrana con peculiar lirismo y con talento creativo treinta y dos composiciones sobre Zaragoza, su historia, sus tradiciones y sus efemérides más relevantes.

     Mientras Gustavo Adolfo Bécquer escribe sus Rimas, poco antes de que Galdós se diera a conocer con sus famosos Episodios Nacionales, este ilustre aragonés, colaborador literario de la prestigiosa revista "La Ilustración Española y Americana", dedica un breve romance al humilde río Huerva. Con un tono festivo y un enfoque irónico, el poeta zaragozano contempla desde la orilla un río que ya por aquel entonces - año 1861 - se deslizaba escuálido por la ciudad y presentaba los mismos problemas que ahora, siglo y medio después. No es para que nos sirva de consuelo, sino todo lo contrario. Transcribo unos versos para aquellos que quieran conocer a un poeta de la tierra, del que se conserva un pequeño monumento en la plaza Aragón de la capital y un busto en La Almunia de Doña Godina, ciudad de la que era oriundo.

                                                        ORILLA DEL GÜERVA

                                                         El Huerva, río famoso,

                                                        si famosos ríos hubo,

                                                        de la gran Cesaraugusta

                                                        las tapias lame o los muros.

                                                        Y no digo que los baña

                                                        porque fuera hacerle insulto

                                                        que a duras penas podrían

                                                        tomar unos pediluvios,

                                                        lavar tampoco supiera,

                                                        que lavar, según arguyo,

                                                        limpieza indica y él es

                                                        albañal de puro sucio.

                                                         Corre con sumo trabajo,

                                                        medio lírico y sin pulso,

                                                        aunque vergüenza le corre

                                                        de verse en un espejo, turbio,

                                                        padece de mal de ricos,

                                                        aunque es pobre en su flujo,

                                                        pues padece mal de gota,

                                                        que es en ríos mal anémico.

* FOTOGRAFÍA: El río Huerva a su paso por Zaragoza, del blog "Texto casi diario" de María Pilar Clau y Mariano Gistaín.

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