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LA MANO SOBRE LOS OJOS

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     Dedico parte de la tarde de este domingo agrisado y sosegado a leer algunas páginas del último número de la revista cultural TURIA, dedicado a Carlos Saura. Una de las secciones que sigo con más interés es La Isla. En ella el escritor Raúl Carlos Maícas - codirector de la veterana publicación - desgrana sus impresiones personales en fragmentos de un diario que se titulará "La mano sobre los ojos". Raúl entremezcla experiencias, vivencias, reflexiones,... He elegido unos párrafos finales de esta entrega, que aparecen bajo el epígrafe "Nihilismos" y que reflejan la situación actual de la intelectualidad y de la política educativa y cultural de este país:

     "Ya no hay palabras que muevan el mundo. Sólo encontramos hojarasca retórica y mentiras sin límite. Lo anhelado y lo visto. El circuito virtual de la evasión. Simulacros. Desesperación. Indiferencia. Falsos profetas. No hay apenas referentes éticos y cívicos que trasciendan el pragmatismo opresor y el fanatismo todopoderoso que nos gobierna. Sin moral ni referencias, todo código de valores es una mera convención, una estratagema de supervivencia.

     Cualquier historia de nuestros días comienza como un texto febril y cruel, al tiempo que inútil y efímero. De ahí que el compromiso cívico resulte hoy un huésped inquietante y peligroso.

     Cometemos errores vulgares. Somos seres cautivos, inmaduros, sin memoria histórica. Ya no escuchamos las lecciones de maestros, ni respetamos su sabiduría.

     Necesitamos voces universales que nos instruyan, desafíen, guíen y entretengan nuestro cansancio democrático. Necesitamos apóstatas razonables frente a tanta teocracia. Y, también, cursos intensivos que nos eduquen como ciudadanos a todos los niveles. Porque esa materia hereje, según ciertos disparatados pólíticos del pensamiento, es el último alucinógeno social que nos identifica sin disimulo y postula los bienaventurados ejercicios espirituales que debe practicar cualquier converso a la bondad de la condición humana, o sea a la religión del laicismo.

     La vida es apenas una simiente enterrada que nuestra extravagancia e irresponsabilidad impide germinar. La razón es apenas una sombra. Un mito prohibido y cínico. Un sueño tardío de la antigüedad".

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