ALCAÑIZ
Siempre me ha cautivado la ciudad bajoaragonesa, capital de esta comarca y centro económico y cultural de su entorno, a pesar de la cercanía de otros núcleos de población como Calanda, Alcorisa o Andorra. A pesar de los amargos recuerdos que aún conservo, allá por el lejano enero de 1976, Alcañiz aún sigue siendo una ruta en mi itinerario cultural por mi provincia y una ciudad llena de contrastes y atractivos. Sería prolijo describir con detalle todos los encantos de esta villa. Merece la pena sin embargo una visita a la Colegiata de Santa María, al Castillo-Parador de la Orden de Calatrava y a los singulares edificios de la Plaza de España y de la calle Mayor. Toda la parte antigua de la ciudad es un encanto: calles de trazado sinuoso, singulares fachadas y panorámicas pintorescas. La parte nueva ya es otro cantar: destaca, sin embargo, su flamante Ciudad Deportiva y todo el entorno del Guadalope, que se remansa en sus aledaños. Como acontecimientos culturales y deportivos hay que valorar también su Semana Santa con sus silenciosas procesiones y el Circuito Automovilístico del Guadalope, único de sus características en España.
Mañana nos desplazaremos a la capital del Bajo Aragón para presenciar un encuentro deportivo entre los alevines de la Unión Deportiva San José - equipo al que pertenece Javier - y el club local de esta categoría. Será un día emotivo y agridulce: recuerdos, reencuentros y la silueta inconfundible de esta ciudad, medieval y moderna al mismo tiempo.
Este fin de semana he podido releer la primera obra del escritor aragonés, recientemente fallecido, Jesús Moncada,"Historias de la mano izquierda" escrita, como todas sus creaciones, en catalán y editada por Xordica en 1996. Es un libro de excelentes relatos que junto con "El café de la granota" sientan las bases de una de sus obras maestras: "Camino de sirga". Jesús Moncada recrea en esta obra su pueblo natal, en la franja que divide Aragón de Cataluña y muy cerca de la desembocadura del río Cinca en el Ebro. Este hermoso y pintoresco pueblo quedó anegado por el embalse de Ribarroja y se construyó uno nuevo en las proximidades.
Este pueblo de la provincia de Teruel, a 47 kilómetros de la capital y a más de 1300 metros de altitud, tiene un aspecto triste en estos primeros días de septiembre: sus calles están vacías, casi todas sus casas deshabitadas y la iglesia totalmente en ruinas, esperando unos fondos que nunca llegan para ser restaurada.
La Iglesuela del Cid es un pueblo encantador del Maestrazgo turolense. Supone una buena noticia la reapertura de su hospedería porque va a dar ocupación a 25 trabajadores de la zona y, además, el grupo Arturo que la va a gestionar, parece que ofrece más garantías que sus anteriores gestores, el grupo HUSA, que no consiguieron atraer a los posibles clientes.
Algunos pueblos de Teruel, en especial de la comarca del Maestrazgo, brindan al viajero un encanto especial. Sus calles estrechas y empinadas respiran todavía un aire medieval. Sus casas nos acogen entre la penumbra y nos ofrecen el solaz que escasea en las grandes ciudades. Algunos pueblos de Teruel nos llenan de melancolía y sólo cuando la primavera avanza - siempre un poco tarde - despiertan del largo letargo invernal y nos invitan a gozar de la vida con calma, sin estrés y con un horizonte distinto al del cemento y el asfalto. En algunos pueblos de Teruel, como en Aliaga, el silencio habla y las estrellas se multiplican con el crepúsculo.