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josemarco

IMPRESIONES

EL CAMPOSANTO

EL CAMPOSANTO

Durante este corto fin de semana - para los que no tenemos puente - he realizado dos visitas a sendos cementerios de la provincia de Teruel. (Prefiero denominarlos camposantos). En ambos casos he recordado la profunda y sentenciosa afirmación becqueriana: "¡Qué solos se quedan los muertos!". Aunque las impresiones han sido muy distintas en cada momento. En el cementerio de Alcañiz: movimiento constante de gente, que contrastaba con el dolor de un grupo de jóvenes por la muerte en accidente de una compañera de sólo 14 años. Este camposanto es laberíntico. Cuando entras en el recinto, te hallas aprisionado entre bloques de cemento y, como si fueras el protagonista de "Todos los nombres" de Saramago, te esfuerzas en buscar el nicho donde reposan los restos de aquella persona a la que amabas y por la que lloraste. Sin embargo, en el camposanto de Aliaga, se respira una clima de paz acorde con el acogedor recinto, que libre del cemento y del diseño laberíntico, me recuerda el cementerio de Trasmoz, que inspiró a Bécquer una de sus "Cartas desde mi celda". Tapizado de verde y con las tumbas muy cuidadas, todavía mantiene una impronta que no ha alterado el paso del tiempo.  De los cementerios de las grandes ciudades prefiero no hablar. Se han convertido en poblaciones anónimas de seres anónimos a los que de vez en cuando les llega un ramo de flores artificiales o la visita fugaz de un amigo o familiar. La soledad reinará a lo largo del año. Excepto durante estas fechas.

FLORES DE OTOÑO

FLORES DE OTOÑO

Aunque parezca casi una paradoja, el otoño, y especialmente el mes de octubre, pugnan con el tradicional mes de mayo - el mes de María de nuestra infancia - por convertirse en un mes de flores y, por supuesto, de frutos. En Zaragoza capital, durante las recientes fiestas del Pilar, miles de ramos de flores y cientos de cestas de frutos desfilan por la calle Alfonso hasta la plaza mayor de la ciudad. Pero no sólo lucen las flores en la calle por esas fechas. Ahora, en vísperas de la tradicional celebración de Todos los Santos, las floristerías vuelven a hacer su agosto vendiendo miles y miles de claveles, rosas, lirios o flores silvestres para recordar a nuestros difuntos. Yo prepararé tres ramos: uno de rosas para mi hermana, que reposa en el cementerio de Alcañiz y dos de flores silvestres para mis padres, que están en el camposanto de Aliaga. No podemos hacer mucho más por nuestros seres queridos: recuerdo, homenaje y un brote fresco con aroma para contrarrestar el sordo aliento de la muerte a la que, inevitablemente, nunca podemos olvidar. Las flores lo testimonian y, en este caso, subliman el dolor.

OTOÑO EN ALIAGA

OTOÑO EN ALIAGA Disfrutar de los colores del otoño es un privilegio reservado a muy pocos. Al menos, esa es mi impresión. Este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobar el lenguaje mudo de los colores en el valle de La Val y en el valle del río Miravete. Adentrarse caminando o en bicicleta por estos parajes solitarios, casi desolados, en un día agradable de otoño te ofrece la oportunidad de entablar un diálogo simbólico pero muy cercano con toda esa gama cromática que va desde el verde oscuro de las carrascas hasta el amarillo casi insolente de los chopos que flanquean las orillas del Guadalope. De todos modos, el color que me ha fascinado estos días ha sido el amarillo-ocre del acerolo o azarollo. Destaca como un invitado exótico al concierto de colores que se dan cita por muy pocos días en estos valles singulares. La soledad y el silencio, sólo acompañados por el murmullo del mermado río, completan el festín estético. Toda una gozada y una fuente de evocaciones y recuerdos: Cuando cogíamos las azarollas y las dejábamos madurar en el granero o en el solanar. Luego se elaboraban unos rosarios con este fruto, que también se puede conservar en vino o en otros licores. Algo delicioso y casi perdido, como tantas cosas.
Mientras tanto: Otoñea en la sierra/ otoñea en el valle/ otoñea en los corazones solitarios.

CARACOLES ENVASADOS

CARACOLES ENVASADOS La prensa se hacía eco esta semana de una curiosa y hasta sorprendente noticia:la prohibición de coger caracoles silvestres sin una normativa explícita o un permiso escrito. Cada vez nos cierran más las puertas al campo. Y quizás tengan razón. Porque se ha pasado de realizar una actividad como algo lúdico y de ocupación del tiempo de ocio: coger rebollones, caracoles, té o poleo, a convertirse en auténticos depredadores de nuestro entorno natural.
La verdad es que es una pena, porque los aficionados a esta actividad en primavera o en otoño - cuando llueve más que este año - vamos a echar de menos pasear por los caminos de nuestras huertas, recolectar una pequeña bolsa de caracoles y degustarlos luego en casa. Se comenta que puede haber peligro de gastroenteritis debido al mal estado de los gasterópodos. De todos modos, el riesgo también es evidente en otros productos bien envasados y que han pasado control de calidad, como los pollos contaminados de este verano. Perdemos un deporte y una afición. ¿Comeremos caracoles envasados? Tal vez sí, pero ya no será lo mismo.

DIVAGACIONES

DIVAGACIONES Septiembre se deshoja entre calores, cierzos y paisajes resecos.
Se evapora septiembre y el otoño presenta su silueta con las primeras nieves en el Monte Perdido. Atrás quedaron ya los calores insolentes de las playas y los apacibles crepúsculos de Villanúa, joya del Pirineo.
Septiembre se desangra lentamente. Y sólo nos consuela el pequeño recuerdo de un pasado que anhelamos de nuevo. Porque la gravedad de la rutina nos invita a soñar con nuevas rutas preñadas de evasión y amaneceres. Y el otoño nos brinda otros placeres. Y quizás nos aporte agua del cielo como la que cayó por el Maestrazgo y dio vida a un lánguido Guadalope. Porque los pueblos sin río ya no son lo que eran.
Septiembre sabe a paz y a reencuentro. Y a rutina agridulce compartida.

REGRESO

REGRESO Cuando acaban las tan ansiadas vacaciones de verano, algunos tienen o tenemos el llamado "síndrome de regreso o de vuelta al trabajo". Esto nos pasa tal vez por desconectar totalmente en verano - especialmente en agosto - de nuestra tarea habitual y olvidarnos de todo, hasta de lo que dejamos por acabar hace un mes o mes y medio. Pero hay que buscar el aspecto positivo a este caluroso inicio de septiembre: reencuentro cordial con los amigos o compañeros de trabajo, paseos vespertinos por Zaragoza o vuelta a las noches de terrazas, comprobación de las nuevas obras y reformas en nuestro barrio, visita a los nuevos establecimientos comerciales,...Y hay que olvidarse además de las pesadillas de este implacable mes de agosto: incendios por doquier, prolongación de la sequía, subida imparable del petróleo y rosario de accidentes de tráfico. Además, hay que volver a la ilusión del cercano fin de semana, con fiestas en muchos pueblos de Aragón, el próximo inicio de la liga en la Romareda, con nuevas caras y más ilusión, la Vuelta a España que llega por fin a Teruel y las no muy lejanas fiestas del Pilar. Proyectos e ilusiones. El que no se consuela es porque no quiere.

LOS SUEÑOS

Los sueños son como cápsulas de celofán o nubes de algodón que nos catapultan hacia el pasado o nos proyectan hacia el futuro como muñecos de guiñol. Hay sueños dolorosos, sueños agradables y sueños asépticos. Sin embargo, el tejido secreto de los sueños se compone de vidas no vividas o malvividas, de ilusiones truncadas o de futuribles que nunca serán cruda o gozosa realidad. Alterando el tópico calderoniano de "los sueños, sueños son", creo que un sueño es un gajo de la vida que supera en ocasiones a la propia actividad consciente. Los sueños son, además, el contrapunto feliz de una vida arrastrada o - por qué no - la antítesis angustiosa que culmina una etapa feliz. Luego están las duermevelas, sonnolencias, insomnios o el soñar despierto. Eso ya pertenece a otros ámbitos más conscientes y quizás menos deseables.

EN BICI POR EL TERCER CINTURÓN

Mañana calurosa de mayo. Una ligera brisa permite afrontar la aventura de recorrer en bicicleta el carril-bici del Tercer Cinturón. Aventura, riesgo e incertidumbre: bordillos imposibles, cruces peligrosos, peatones para esquivar y una arqueta mortal que nadie intenta reparar. Javier estrena bici. ¡Qué bonito es estrenar con ilusión! Aunque la abundancia atenúa los deseos. La bicicleta ya no es un regalo imposible como en los años setenta. Ahora los niños tienen otras aspiraciones. ¿Son todas acaso materiales? Ese es mi temor. Mañana de bicicleta. Obras eternas en Vía Hispanidad y agradables reencuentros de fin de semana. Moisés, con ochenta y cuatro años está como un joven: humor, ilusión y ganas de vivir. Y el cartel de la Expo 2008 por doquier. ¿Dónde están las obras? ¿Acaso van a esperar al último año y confiar en la chapuza improvisadora? Eso me temo. Ya está pasando con la autovía mudéjar. ¿Disfrutaremos de ella antes del 2008? Lo dudo. Ojalá me equivoque.

TARDE DE MAYO

Tarde dilatada de mayo, mientras se desgranan los recuerdos de otros mayos ya olvidados, entre el murmullo suave del Guadalope y los verdosos chopos que flanquean su frágil cauce. Tarde dilatada de mayo y mi mente divaga estremecida hacia ese Amazonas cada vez más amenazado, hacia la locura del tráfico, hacia este casi eterno final de trimestre. Tardes dilatadas de mayo y la esperanza convoca amaneceres nuevos, lluvias sosegadas y un ansiado callejear al estilo labordetiano. Lo demás es mejor dejarlo, de momento, en el tintero oscuro del olvido.