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Últimamente, para mí todos los sábados son días de reflexión, especialmente por la tarde. Estas tardes dilatadas dan para todo: puesta al día de mis tareas profesionales, correspondencia con los amigos, llamadas de teléfono aplazadas, pequeño paseo por el barrio e, incluso, seguimiento del partido del Real Zaragoza en la televisión autonómica.
El día de reflexión no sé si sirve para algo a nivel político. Tal vez les sea útil a los primeros espadas de cada partido para relajarsey descansar. Porque, vamos a ver, ¿sobre qué hay que reflexionar? ¿Es que hay algún ciudadano de a pie que aún no tenga decidido el voto? La única duda podría ser si se va a ir a votar o no. Porque la verdad es que cada vez nos lo ponen más difíciles los políticos de turno.
Las reflexiones que me surgen a raíz de la última convocatoria a las Elecciones Europeas son varias: ¿Es oportuna la fecha? ¿No se podrían haber realizado el mismo día que las Generales de 2008? ¿Son necesarias dos semanas de campaña, con todo lo que supone de despliegue y de inversión económica? ¿No se está cansando el ciudadano de tantas citas electorales casi seguidas?
Mañana me acercaré a mi colegio electoral a ejercer mi derecho a voto. Pero conozco a muchos que no lo van a hacer. Y todos tienen sus razones. La mayoría habla de la lamentable imagen que han ofrecido los políticos en estos quince días de campaña: crispación, descalificaciones, desafíos, cuestiones baladís, vuelta al pasado,... Se ha hablado muy poco de Europa y de su futuro. Casi no se ha hablado de los problemas de los agricultores, de los problemas de la pesca, de la ley de costas, de las reconversiones industriales, del cambio climático, del futuro del euro, de marco europeo de la educación,... Es una pena. ¿Cuándo van a ir a los problemas reales? ¿Habrá que esperar otros cinco años?
Tal vez la reflexión de nuestros políticos comience el lunes, cuando se serenen, calmen los ánimos y se pongan de nuevo el mono de trabajo. Porque la imagen que han ofrecido en esta última campaña es para olvidar. Por eso el fantasma de la abstención asoma en el horizonte. A ver si hacen autocrítica y cambian su política de descalificación por una política de austeridad, de consenso y de coherencia.

La Semana Santa se ha convertido desde hace unas décadas en un tiempo de descanso, en un tiempo de evasión, en un tiempo de olvido. Descanso del estrés de la vida cotidiana, evasión del ajetreo continuo de la gran ciudad, olvido de los problemas, de las preocupaciones, de la ansiedad, de las pesadillas, del quiero y no puedo.
Aunque son pocos los días de descanso - para la mayoría un simple puente -, estas fechas siempre se han caracterizado por esa salida masiva - este año mermada por la crisis - hacia la playa, hacia la montaña o hacia el interior. Los que tenemos la suerte de disponer de una segunda residencia en el pueblo, nos damos una vuelta para comprobar cómo ha quedado la casa después del largo invierno, si hay agua corriente, si se ha averiado algún electrodoméstico o si la humedad ha atravesado paredes y tabiques. Es, en teoría, el inicio del buen tiempo. Por eso nos atrae durante estos días el verdor de los campos de cereal, las flores multicolores de los frutales y plantas aromáticas, la pequeña cascada de agua, el río humilde y rumoroso, el valle solitario, la montaña impasible, los amaneceres sin agobios, las interminables puestas de sol.
Tiempo de descanso, para el cuerpo y para la mente. Semana mágica para cargar pilas. Semana Santa para tantos creyentes y devotos. Desfile de procesiones por las calles de las principales ciudades. Mezcla de folklore y religiosidad. Sonido agridulce de los tambores. Marcha solemne y silenciosa de miles de cofrades. Crepúsculos de reflexión. Noches de diversión, de reencuentro, de vinos generosos, de cenas interminables. Semana Santa del siglo XXI. Semana Santa laica. Semana Santa respetuosa con todas las manifestaciones de la fe. Semana Santa sin más. Un paréntesis de respiro y sosiego para que no nos ahogue la rutina.

El barrio de Las Fuentes es una zona tranquila del sureste de Zaragoza. Durante el día abundan los viandantes por sus principales avenidas - Salvador Minguijón, Compromiso de Caspe y Doctor Iranzo - y por las noches hay escaso tráfico, muy pocos viandantes y un clima de aparente tranquilidad. Digo aparente, porque durante esta madrugada - que no coincide con ningún fin de semana - un grupo de vándalos han comenzado a quemar contenedores indiscriminadamente y han creado la alarma entre los pocos vecinos que se han dado cuenta de las llamas y han oído la sirena de los camiones de los bomberos.
Los daños materiales han sido cuantiosos, ya que han afectado también a algunos comercios de las calles adyacentes a Salvador Minguijón y a algunos vehículos aparcados en las inmediaciones. Pero lo peor de todo es que estas conductas son cada vez más habituales y se extienden como la pólvora. Al parecer, adolescentes o jóvenes ociosos, se dedican un día sí y otro también a desahogarse con el mobiliario urbano y con lo que es de todos. No sé si saben que sus padres - o quizás ellos - deberán pagar con sus impuestos estos desperfectos. Lo que sí sabrán - o quizás también ignoren - es que su actitud es indeseable y que puede llevarles a la miseria moral y física.

Como casi todo - lo malo y lo bueno -, nos ha llegado de la civilizada América del Norte ese recurso cada vez más extendido a las armas de fuego para dirimir un conflicto, consumar una venganza o descargar la adrenalina acumulada. En la Europa civilizada y en la España aparentemente tranquila - salvo la lacra del terrorismo - se producen cada vez con más frecuencia noticias trágicas con desenlaces funestos. Los titulares de la prensa de hoy - día de un triste aniversario - nos traen varios asesinatos de un demente en Estados Unidos, una masacre en un instituto de enseñanza del sur de Alemania y dos sucesos trágicos en España: la muerte de una doctora en Moratalla (Murcia) por un taxista jubilado que no estaba conforme con el tratamiento y los disparos de un vecino a otro de Castellote (Teruel) en presencia de su hijo, que le han dejado malherido.
Al leer estos titulares, nos solemos preguntar dónde está la raíz de este uso cada vez más gratuito de las armas. Y pensamos en nuestros niños y jóvenes. Y reflexionamos sobre la posible influencia de algunos videojuegos y de algunos programas de televisión. Y echamos de menos una educación en valores, en el amor, en el diálogo, en la justicia, en la libertad bien entendida, en la paz. Tristes noticias en este día de recuerdo y memoria. Tristes noticias que, curiosamente, suceden con frecuencia en centros educativos y asistenciales. ¿Por qué será? Todos estamos en situación de riesgo. El lenguaje de las pistolas ha llegado ya a la Europa civilizada.

Afortunadamente, no estamos en la Edad Media y, por suerte, hemos superado esos siglos oscuros de la Edad Moderna europea - siglos XVI y XVII - marcados con el sello de la Inquisición y abocados irremediablemente a la condena, el desdén, la frustración, la hipocresía y el fanatismo.
En los albores del siglo XXI parecía que se habían superado los fanatismos y daba la impresión de que los grupos políticos y los colectivos sociales habían llegado a lo que se suele llamar "madurez democrática". Pero, por desgracia, no es así. Tanto a nivel internacional como en el marco nacional, autonómico o local se ha instalado una actitud carroñera que no conduce a ninguna parte. Todo son acusaciones de unos contra otros. Los trapos sucios se airean en los medios de comunicación con demasiada frecuencia. Y la crítica sistemática, sesgada y partidista ha dejado en la cuneta a la sana autocrítica que, en la mayoría de los casos, brilla por su ausencia.
Bastan dos ejemplos muy recientes, e incluso actuales, para ilustrar esta nueva versión de la "caza de brujas". Mientras la crisis económica está golpeando a todas las clases sociales, algunos políticos se entretienen en debatir sobre la conveniencia o no de la participación de un ministro en una cacería de un fin de semana. Ríos y ríos de tinta. Palabras y palabras que se llevará el viento. Mientras la crisis agrieta los cimientos de esta sociedad pseudocapitalista, en una ciudad española no cesan de debatir sobre la conveniencia o no de bautizar una calle con el nombre de un santo popular y polémico.
Está claro que así no se arregla un país. Más que pedir dimisiones, hay que dialogar con más sensatez y serenidad. Más que preocuparse de los problemas de la casa ajena, hay que solucionar los de cada uno. Más que desviar la atención hacia polémicas partidistas e interesadas, hay que afrontar de cara la realidad de una sociedad cambiante, plural y lastrada por una crisis que la mayoría no sabe ni por qué ha venido ni cuándo desaparecerá. Lo demás son parches, paños calientes, ruido de sables, caza de brujas, puro veneno.

Si Alexander Grahan Bell levantara la cabeza, se quedaría atónito al comprobar cómo el artilugio que patentó hacia 1876 se ha convertidoo en uno de los utensilios más eficaces de las últimas décadas. Anoche, mientras contemplaba sin pestañear la excelente serie de televisión "23 F: el día más difícil del Rey", presté especial atención al uso del teléfono como el medio más rápido para disuadir, convencer, ordenar, debatir o dialogar. Tanto don Juan Carlos como Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa Real, utilizan la línea telefónica - todavía no había llegado el móvil - para ordenar a Tejero que deponga su actitud, para desautorizar a Armada o para obligar a Milans del Bosch a retirar los tanques de las calles de Valencia.
Se ha hablado mucho de esa noche del 23 F como "la noche de los transistores", como medio de intentar conocer minuto a minuto lo que estaba sucediendo en las dependencias del Congreso; pero no se ha hablado tanto de la importancia del teléfono durante esas largas horas de angustia e incertidumbre. La pregunta es obvia: ¿qué habría ocurrido si no se hubieran llevado a cabo esas llamadas casi simultáneas? ¿Cómo habría terminado aquella larga noche? La respuesta nunca se sabrá; pero, lo que está claro, es que sin este invento y sin la televisión - cuando el rey logra grabar su mensaje a todos los españoles - la historia tal vez no habría sido la misma.

Los medios de comunicación comentan durante estos días que algunos trabajadores - jóvenes y menos jóvenes - han decidido asentarse en el medio rural como antídoto para luchar contra la crisis y sus consecuencias. La intención es buena, incluso digna de elogio. Pero la realidad puede ser muy distinta según las circunstancias.
Todavía guardo en mi memoria la imagen de esos retazos de tierra cultivados en Aliaga - y en todos los pueblos de Aragón y de España - antes del inicio del éxodo hacia los años sesenta del siglo pasado. La tierra se cultivaba por necesidad, o para complementar un jornal a todas luces escaso e insuficiente. Pero llegó el auge de la industria y el turismo y, poco a poco, se fueron abandonando los cultivos de secano y de regadío para buscar fortuna en la gran ciudad. Los pueblos no ofrecían ningún horizonte a las futuras generaciones. Y la emigración empezó a cobrarse su peaje demográfico y, por lo tanto, su lastre para la agricultura. Ahora casi todo está yermo y desolado.
Han transcurrido ya más de cuatro décadas y, al parecer, la agricultura y la ganadería quieren renacer. Sin embargo, es difícil dar marcha atrás. Los que se han asentado en las grandes ciudades sólo contemplan la vida en el campo como lugar de vacación estival y, en algunos casos, como lugar de residencia temporal después de la jubilación. De todos modos, exiten grandes diferencias respecto a lols años sesenta: han mejorado notablemente las comunicaciones, las casas están mucho mejor acondicionadas y la vida en un pueblo no es tan rutinaria ni hermética. ¿Se volverán a repoblar los pueblos y las aldeas? ¿Se complementará la agricultura con alguna industria y con alguna iniciativa en el sector servicios? Ahí quedan algunas preguntas que el tiempo ayudará a responder. De momento, la inquietud está en la calle y algunos protagonistas van a dar al primer paso. Esperemos no sea una moda ni una coyuntural regresión al pasado.

Pronto se cumplirá un siglo de la efímera y trágica travesía del Titanic desde Southampton hasta Nueva York. Fue un viaje que comenzó el 10 de abril de 1912 y terminó de manera dramática cuatro días después. Más de mil quinientos pasajeros de todas las edades y de todas las clases sociales perecieron en las aguas heladas del mar. Sólo unos setecientos lograron un salvavidas para salvarse casi milagrosamente.
La semana pasada nos desplazamos a Madrid para visitar la exposición que muestra diversos objetos del Titanic, rescatados en 1985 de las profundidades marinas por un equipo de científicos. Son 230 objetos reales, deteriorados por el paso del tiempo que nos revelan más de dos mil historias reales. Bajo esas aguas yacen también metafóricamente cientos de vidas truncadas, cientos de ilusiones rotas, cientos de sueños abortados.
Precisamente hoy - tan como informan los periódicos - ha cumplido 97 años Milvina Dean, la única superviviente de aquella triste travesía. Sólo tenía unos meses en 1912 y quizás ese fue el motivo de su rápida evacuación junto con su madre y su hermano. Su padre, Bertram, que esperaba abrir una tienda de tabacos en Kansas, no tuvo la misma suerte. La pregunta que nos viene a la mente después de recorrer esta muestra es la siguiente: ¿Se podría haber evitado la catástrofe? ¿Hubo un exceso de confianza por parte del capitán y de la tripulación? Tal vez la respuesta no llegue nunca a conocerse. Por eso la historia se va tiñiendo de misterio y de leyenda, después de casi un siglo.

El periodista Gervasio Sánchez publica durante estos días en Heraldo de Aragón una serie de reportajes en homenaje a Francisco de Goya. Precisamente hace casi doscientos años el pintor de Fuendetodos comenzó la serie "Los desastres". Goya plasmaría en ochenta láminas imágenes crudas y descarnadas de la Guerra de la Independencia y acompañaría los dibujos de un pie de foto lacónico y elocuente.
Gervasio Sánchez se refiere durante estos días a la injusta guerra entre Israel y los indefensos habitantes de la franja de Gaza. Hoy habla de Mentiras en tiempos de guerra y, con estas palabras, se refiere a la crueldad indiscriminada del más fuerte contra el más débil, del vedugo contra la víctima:
"Un ejército poderoso dispara sin piedad, destroza sin piedad, hiere sin piedad, mata sin piedad. Un estado poderoso justifica los crímenes, permite las violaciones de las leyes de guerra, prohíbe la atención y evacuación de los heridos y miente en tiempos de guerra a su población. Sin piedad. Sin vergüenza. Sin derechos. Sin testigos".
Una guerra nunca está justificada, ya lo he manifestado en numerosas ocasiones. Por eso la mentira sigue triunfando, y es una tapadera de regueros de sangre, de miseria, de muerte. Precisamente, el aguafuerte número 5 de Goya refleja un enfrentamiento entre personas a principios del siglo XIX. La frase del pintor es explícita y, dos siglos después, volvería a escribir lo mismo: "Y son fieras".

Cuando no existen las palabras, cuando sólo reina el silencio - el silencio del terror, el silencio de la muerte - las imágenes hablan por sí solas. Aunque estén tomadas desde un determinado ángulo o desde una cámara subjetiva, a nadie pueden dejar indiferentes las imágenes de unos niños que acaban de ser víctimas de la locura colectiva de un país que hace alarde de su superioridad para cebarse en los más débiles, en los más indefensos.
Precisamente esta noche, mientras millones de niños soñarán con la llegada madrugadora de los Reyes Magos, otros cientos de niños de la franja de Gaza no podrán conciliar el sueño. El grito del terror inundará sus tiernas mentes de pesadillas. Pesadillas que quedarán grabadas en su interior como un sello indeleble durante el resto de sus vidas.
Es una pena que, en pleno siglo XXI, todavía se tengan que resolver los conflictos - ¿qué conflictos? - mediante el uso indiscriminado de las armas. Es lamentable que las grandes potencias internacionales - especialmente Estados Unidos - se mantengan al margen de esta tragedia e incluso apoyen al país más prepotente. Parece mentira que los seres humanos sigamos tropezando en la misma piedra: la piedra de la venganza, la piedra del odio, la piedra de la destrucción.
Los niños de la franja de Gaza - tan cerca de Belén - no podrán soñar esta noche con un juguete, con un pequeño regalo. Su única aspiración será sobrevivir a la barbarie, sin ser culpables de nada, sólo por vivir en una pequeña zona cercana al mar. De momento, se contentarían con dormir en paz, sin sobresaltos, sin terror. Pero los amos de la guerra, los señores de la guerra, les van a impedir conciliar el sueño. Porque van a transformar una noche de dulce fantasía en una noche de absurda locura.

Hace unas tres décadas comenzaron a instalarse en España las primeras superficies comerciales, los llamados grandes almacenes. Como no tenían espacio en el casco urbano de las grandes ciudades, se ubicaron a las afueras, cerca de los polígonos industriales y, eso sí, al lado de las grandes vías de comunicación.
Desde entonces, se han multiplicado estas grandes superficies y no han tardado en heredar el modelo americano: pequeños establecimientos comerciales en cadena, algún gran almacén y, sobre todo, un excepcional espacio de ocio para todo tipo de personas, en especial para niños y jóvenes.
Ahora ya nos parece normal acudir cada fin de semana a una de estas grandes superficies a pasar la tarde - o incluso la jornada entera -. Para unos, es una manera de salir de la rutina y alejarse del entorno cotidiano; para otros, es un motivo para reunirse con sus amistades y quemar algunas horas de tiempo libre; para la mayoría, son los nuevos templos del consumo que te invitan/incitan a adquirir lo último en moda, hogar o electrodomésticos.
Ayer tarde pude comprobar los efectos este reclamo multitudinario de una gran superficie a las afueras de Valencia. Mi visita tranquila a unos familiares se vio alterada por una interminable caravana de vehículos que colapsaron la rotonda que daba acceso a un gran emporio comercial. No iban a trabajar ni regresaban a su casa. La mayoría acudían a buscar la última ganga o el último chollo. Algunos volverían de vacío, pero la mayoría llenaría sus maleteros de regalos, caprichos y algún artículo necesario. No podía ser de otra manera en este paréntesis casi festivo entre Navidad y fin de año. Luego llegarán los Reyes. Y la cuesta de enero. Y la tan cacareada crisis. ¿Lo notarán las grandes superficies?

Mañana se cumplen treinta años de la Carta Magna. Treinta años de historia. Treinta años de democracia. El día festivo que nos brinda esta fecha no suple la reflexión sobre alguno de los artículos de la Constitución Española, aprobada por consenso en 1978.
Parece que fue ayer cuando los españoles comenzamos una nueva etapa que, afortunadamente, todavía dura. Ha habido vaivenes, incertidumbres, intentos de golpes de Estado - 23 de febrero de 1981 - atentados terroristas, discrepancias autonómicas. Pero lo que está claro es que, en lo esencial, los artículos de la Constitución hayan marcado una pauta para que los ciudadanos españoles sepamos convivir en paz y en libertad.
De todos modos, es una pena que más de la mitad de los españoles desconozcan los artículos de la Carta Magna. Por eso, en el Instituto Ramón y Cajal de Zaragoza, se han dedicado esta mañana dos sesiones a la lectura en voz alta de los artículos más importantes. Algunos alumnos conocían parte del contenido, pero la mayoría desconocían aspectos relativos a la convivencia sobre los que se ha aprovechado para reflexionar.
Es importante también tener en cuenta una de las preguntas que lanzan los medios de comunicación durante estos días: ¿Hay que actualizar la Constitución? ¿Qué aspectos se deben modificar? Porque en treinta años ha cambiado mucho la vida de los españoles y quizás convendría sentarse, reflexionar y consensuar de nuevo artículos que estén obsoletos o ya superados. Al menos, eso es lo que opinan la mayoría de los españoles. Lo importante, sin embargo, es mantener el mismo espíritu con que nació hace treinta años un texto en el que muchos no confiaban desde del principio. Afortunadamente, el consenso ha triunfado sobre la discrepancia. ¿Qué pasará en los próximos treinta años?

Supervivientes. Héroes anónimos de una guerra de perdedores. Héroes anónimos de un conflicto absurdo. Testigos mudos del final de una contienda sangrienta, sin vencedores, como todas las guerras.
Supervivientes. Longevos centenarios en sillas de ruedas. Receptores pasivos de un homenaje a la paz y del recuerdo de un armisticio en el lejano once de noviembre de 1918. Hace ya noventa años.
Supervivientes. Con la memoria lastrada por el paso del tiempo. Con los recuerdos envueltos en el oscuro túnel de la niebla. Con la vista fija en un horizonte cada vez más cercano e inminente.
Supervivientes. Contemplando el mundo desde la otra orilla. Con una mezcla de desilusión y escepticismo después de la travesía por esta Europa convulsa y frágil.
Es una de las noticias del día. Todos nos preguntamos por qué se recuerda una guerra. Aunque lo que sí merece la pena recordar - para olvidarlo y no repetirlo - son los meses de terror, los veinte millones de muertos, la herida que no acabará de cicatrizar y que volverá a sangrar veinte años después. ¿Qué habrá pasado por la cabeza de esos tres ancianos ingleses? Tal vez hayan esbozado una sonrisa al recordar la necedad de esos cuatro largos años. Al menos, han podido gozar de sesenta años de paz.

Mi amigo Manuel dice que se están perdiendo las viejas tradiciones, las tradiciones de siempre. Se sorprende al contemplar por la calle en esta tarde-noche víspera de Todos los Santos, disfraces anglosajones y calabazas al más puro estilo americano. Él pasó su infancia en Cataluña y recuerda las tardes de castañada y los sabrosos panallets. Durante esos años, cada vez más olvidados, no se acotumbraba a celebrar el Halloween, esa fiesta ajena a nuestra cultura mediterránea y sin ninguna raíz en nuestro entorno.
Manuel se sorprende también del uso interesado que siguen haciendo los grandes almacenes de estas fechas en las que recordamos a nuestros seres queridos. Piensa que la muerte es algo demasiado serio como para mezclarlo con el jolgorio y la parodia. Y, como buen literato, prefiere recordar el tratamiento manriqueño de la muerte medieval o el enfoque romántico de las leyendas de Bécquer. No le seduce tanto el mito de don Juan. Piensa que se le ha encumbrado demasiado y que sus burlas ya están desfasadas. Prefiere, sin embargo, alguno de los artículos de Mariano José de Larra. Y me recuerda ese Día de difuntos de 1836. Fígaro en el cementerio. Es una visión profunda y muy real de la actitud de la sociedad ante la muerte. Refleja la hipocresía de unos y la falsedad de otros.
Manuel aprovecha estas veladas de primeros de noviembre para reflexionar, para leer con sosiego, para compartir los pocos momentos de felicidad con sus seres queridos. Prefiere permanecer ajeno a la invasión publicitaria, a las calabazas de cinco euros, a las velas fantasmales, al color negro, a los ataúdes de cartón-piedra, a los epitafios humorísticos, al uso interesado del más allá. En este breve paréntesis del fin de semana piensa leerse el monólogo de Tediato en la noche primera de las Noches Lúgubres de Cadalso. La literatura le reconcilia consigo mismo. Es una muestra de nuestra tradición. Lástima quede eclipsada por las tradiciones importadas, fruto del mimetismo y la necedad, opina con una cierta resignación.

Cada año se anticipan más las fiestas navideñas. Parece que nos queremos saltar ese anodino mes de noviembre y aterrizar directamente en el mes de la suerte - para algunos -, el mes de la felicidad - para unos pocos - y el mes del despilfarro - para bastantes.
Hay varios síntomas que anticipan estas fechas, cada vez más consumistas: turrones y mazapanes en los supermercados, montaje de luces en las calles más céntricas y en los establecimientos comerciales, anuncios para niños en televisión,... Pero hoy quiero hablar de un síntoma que anticipa la Navidad y que mantiene a muchos en vilo durante más de dos meses. Es la famosa lotería. Todos los organismos, sociedades, cofradías, clubes, gremios, sindicatos, partidos políticos, entidades,...quieren compartir el sueño de la suerte. Un sueño que casi siempre acaba el 22 de diciembre en una pequeña decepción. Porque la lotería se sigue comprando, quizás más que nunca. Dicen que en épocas de crisis la gente compra participaciones de manera más compulsiva. Deben de pensar: "de perdidos al río", y echan el resto tentando a la fortuna.
Lo más novedoso en estos últimos años ha sido la venta de participaciones por internet. Es muy fácil adquirir lotería por la red sin desplazarte a la administración preferida. La que más se prodiga es la famosa administración de Sort (Lleida). Es la que más vende de España y, lógicamente, siempre pesca algún premio. Su nombre es curioso y connotativo: "La Bruixa d’Or" (La Bruja de Oro). Y muchos no se lo piensan dos veces.
Aunque no soy muy aficionado a esta lotería navideña, siempre me llegan participaciones de amigos y conocidos. Si me la ofrecen, no la suelo rechazar. Eso sí, intento no buscarla ni encapricharme de un determinado número, lugar o simbolismo. Este año dicen que se ha agotado ya el número 2008 en Zaragoza, por eso de la Expo. También hablan de que la suerte sonreirá donde más problemas o sucesos ha habido. Todo son cábalas y supersticiones. Porque lo que importa es mantener la ilusión por la caprichosa fortuna. Aunque todo se desvanezca el 22 de diciembre. A partir de esa fecha, habrá que volver a empezar.

El otoño es una estación que invita a lo crepuscular, a la melancolía, a la nostalgia, a la imaginación sin fronteras, a la fantasía desbordada. Además, la cercanía del mes de noviembre nos invita, más por tradición que por otro motivo, a pensar un poco más en el más allá y a engañar a los sentidos con aparecidos, con seres de ultratumba. Son los llamados fantasmas que pueblan nuestra imaginación y que tan bien han recreado escritores románticos como José Zorrilla o Gustavo Adolfo Bécquer.
Pero los fantasmas que nos han vuelto a visitar en este otoño apacible y cadencioso han sido muy distintos a los que crea cualquier mente soñadora. En realidad, es un fantasma el que, acompañado de todo su cortejo, quiere volver a visitar Aragón en los próximos meses. Se trata ni más ni menos que del fantasma del trasvase del Ebro. Mariano Rajoy lo ha vuelto a resucitar en uno de sus feudos, en la comunidad de Murcia. Pero él sabe que la realidad es otra, que los tiempos han cambiado y que, en estos momentos, no está el horno para bollos. Porque debería saber el señor Rajoy que tanto en Valencia como en Murcia el agua ha caído a raudales en las últimas semanas. Debería saber que los beneficios del trasvase no irían a parar a la agricultura sino a todo lo que gira en torno al desarrollismo salvaje. Debería saber que la cuenca del Ebro es cada vez más deficitaria y que un trasvase está en contra de cualquier uso razonable o equitativo del agua.
Muchos se preguntan para qué ha servido la recién clausurada Expo 2008 de Zaragoza. El lema "Agua y desarrollo sostenible" no iba ni mucho menos por el camino de los trasvases, sino todo lo contrario. Pero el dirigente del PP sigue con la suya, con las orejeras puestas y la mirada al frente. Esperemos sea sólo una bravuconada. Esperemos ocurra lo mismo que aquellos aparecidos de las leyendas de Bécquer, que cuando llega la luz del día se desvanecen y todo queda en una efímera pesadilla. De todos modos, sería ingenuo bajar la guardia ante este inquietante anuncio, en un momento tan inoportuno y ante sus fieles de siempre.

Se puede ser protagonista por muchos motivos. Se puede estar en el candelero por miles de razones. Unos lo buscan y no lo consiguen; otros lo consiguen sin buscarlo. Para una gran mayoría, ser protagonista es un honor y una aspiración legítima. Pero para otros el protagonismo se puede volver en su contra porque todo lo que dicen y todo lo que hacen está mediatizado por intereses personales más o menos inconfesables.
Eso es lo que le está ocurriendo a don Alfredo Boné, consejero de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón y político relevante en las filas del PAR. Siempre he admirado su talante personal, su apertura al diálogo y su deseo de resolver los problemas. Pero últimamente sus decisiones están levantando ampollas a diestra y siniestra. La polémica le acompaña, la inflexibilidad le corteja y la intransigencia le flanquea. ¿Cuál es el motivo de este cambio de talante que tanto está afectando al futuro de la planta de cogeneración de Aliaga creada e impulsada por Neoelectra?
Me gustaría decirle al señor Boné - con todos los respetos y con la mayor educación del mundo - que en este caso se está equivocando. Me gustaría comentarle que aún tiene tiempo de rectificar. Me gustaría hablarle de Aliaga - que tan bien conoce como turolense que es -, de la comarca de las Cuencas Mineras, del futuro incierto de la provincia de Teruel, de la problemática del mundo rural, que paradójicamente intenta defender.
Mientras la empresa Neoelectra acaba de presentar ante la Dirección Provincial de Trabajo de Teruel un Expediente de Regulación de Empleo para sus once trabajadores, el consejero de Medio Ambiente realizaba estas sorprendentes declaraciones que podrían rozar la ironía: "me alegraré mucho de que se encuentre una solución para la planta de cogeneración eléctrica del grupo Neoelectra en Aliaga". Pero, eso sí, no va a ceder ni un ápice en su postura en defensa el tan cacareado impacto ambiental. Por eso los dirigentes de la empresa van a tirar la toalla y marcharse a Andalucía, donde los están esperando con los brazos abiertos. Porque, según han afirmado los responsables de la empresa, - qué lástima - "Aragón ha dejado ya de entrar en los planes de futuro de la empresa" y que "revisará a la baja todos los planes de inversión en esta comunidad hasta que no exista un Gobierno capaz de apoyar a la industria y a los trabajadores que creen en el futuro".
Palabras claras y elocuentes. Poso de tristeza en los que queremos un futuro mejor para Aliaga, para las Cuencas Mineras, para Teruel y para Aragón. Jarro de agua fría para nuestros dirigentes políticos. Y un nuevo reto para comprobar cómo van a actuar sobre el fantasmagórico proyecto de Gran Scala. ¿Cómo medirán el impacto ambiental en esta zona de los Monegros? ¿Serán tan rigurosos como en Aliaga? Pronto se podrá comprobar... Mientras tanto, la incertidumbre recorre de norte a sur la espina dorsal de un pueblo y de una comarca. Y el futuro se tambalea sin que nadie intente remediarlo. Porque sólo las palabras no bastan. Y, hoy por hoy, los hechos brillan lamentablemente por su ausencia.

No es necesario salir de casa para percatarse de que la basura está por todas partes. Y no me refiero en este caso a la basura que rebosa de los contenedores y que se puede contemplar desde la galería. Me refiero a la basura audiovisual que nos llega a todas horas y en todas las cadenas. Parecía que la nueva TDT, con una engañosa profusión de canales, iba a mejorar la calidad de las televisiones. Lamentablemente, no ha sido así, sino todo lo contrario: hay cadenas repetitivas, hay mucha más publicidad y hay programas casi chabacanos en todas las franjas horarias.
En una encuesta realizada recientemene por el CIS, la mayoría de los entrevistados afirman que falta calidad en los programas de televisión. Se quejan de la superficialidad, de la escasez de programas culturales y de la falta de imaginación en la mayoría de las propuestas audiovisuales. Precisamente Luis Larrodera - el presentador zaragozano del programa cultural de la Cuatro, "Alta Tensión" - se refería hace unos meses a este mismo tema. Sus afirmaciones al respecto pueden llevarnos a la reflexión: "Hay telebasura porque la gente la consume". Tiene más razón que un santo. Me recuerda lo que afirmaba Lope de Vega en el siglo XVII cuando le criticaban la falta de calidad de sus comedias. Decía que al vulgo hay que darle lo que quiere y lo que demanda.
Con la televisión ocurre algo similar. Porque, ¿cuántos espectadores ven los programas culturales o los documentales de la segunda cadena? ¿Cuáles son los programas de mayor audiencia, además de los deportivos? ¿Qué reclama en las horas punta el espectador medio? Los datos están ahí y son tan elocuentes que es casi inútil cualquier comentario o consideración. Eso, sí, lo que está claro es que el nivel cultural de la mayoría de los españoles deja mucho que desear. A no ser que consideren a la televisión como lo que es para la mayoría: una válvula de escape, un mero pasatiempo o un mueble más en medio del salón - la tradicional "caja tonta" -.

La vida es como una montaña rusa. Con sus vaivenes, con sus bandazos violentos, con sus torbellinos, con sus inesperados toboganes, con sus imposibles rampas, con sus frenazos en seco. Después de la tempestad, viene la calma. Después de un lunes negro puede llegar un martes apacible o un miércoles esperanzador. Dicen que en estas ocasiones hay que saber esperar. El que más aguanta, es el que vence. Aunque a veces nos parezca todo demasiado contradictorio y paradójico.
Hoy las bolsas de todo el mundo se han dado otro batacazo. Y me imagino que no será el último. La economía mundial está convulsionada. Y los pobres ahorradores ya no sabemos por dónde escapar. Se habla de la vuelta al trueque tradicional, del regreso al dinero oculto bajo el colchón o la baldosa. Se habla del final del capitalismo, de un crack en toda regla, como el de 1929. Pero, mientras tanto, el ciudadano de a pie prefiere dar la espalda y mirar hacia otro lado.
Por fin la palabra crisis está de boca en boca. Lo que parecía un tabú, ahora se ha convertido en un eufemismo que parece ocultar males tal vez más profundos. Un vocabulario casi olvidado resurge de nuevo: quiebra, hundimiento, rescate,... ¿Es el fin de la era de la opulencia y del despilfarro? ¿Es el inicio de unos años de vacas flacas? ¿Es el fracaso de un capitalismo mal entendido?
De momento no se observa nada especial en la calle. La gente llena los restaurantes y las terrazas. Los establecimientos comerciales siguen estando de bote en bote. Tal vez el gusanillo de la crisis vaya por dentro, como esa gripe que se anuncia para mitad de octubre. Octubre es un mal mes para las bolsas. Y para la economía. Menos mal que en Zaragoza tenemos las fiestas del Pilar como un ansiado paréntesis. Un paréntesis ante la crisis. Un descanso provisional ante los vaivenes de la montaña rusa. Ya llegará el 14 de octubre. ¿Será otro martes negro?

En medio del pesimismo que está invadiendo un día sí y otro también a todos los ciudadanos del mundo, en medio de la avalancha de noticias negativas en el ámbito de la economía, en medio de la incertidumbre sobre el futuro de tantas familias que dependen del un trabajo inestable y con fecha de caducidad, surge una buena y esperanzadora noticia a la que muchos medios de comunicación casi no le han prestado atención. Me refiero al importante descenso en el número de accidentes de tráfico durante este último mes de septiembre. Habría que remontarse al ya lejano 1962 - con un parque automovilístico muy reducido - para comparar esta cifra que, aunque todavía es mejorable, refleja lo bien que se están haciendo las cosas en este sentido.
Pueden ser muchas las causas de esta notable reducción del número de fallecidos en accidente de tráfico: el carnet por puntos, la mejora de las carreteras, la mayor responsabilidad de los conductores, el miedo a las sanciones,... Pero lo que está claro es que, en lo que llevamos de 2008, se han evitado casi quinientas muertes con relación al mismo periodo del año anterior. Y eso hay que valorarlo. Y atribuir el mérito a quien lo tenga. Eso sí, sin bajar la guardia, porque en cualquier momento puede surgir el típico despiste, cansancio o euforia para provocar lo irremediable.
Siempre que se habla de este tema, pienso en amigos y conocidos que han perdido su vida en el asfalto. Y me imagino que podrían seguir con vida, que se podría haber evitado aquel accidente. Pero también pienso que muchos estamos vivos gracias a una mayor prudencia en la conducción y, sobre todo, a una mejora en la seguridad vial. Aunque todavía quedan muchas carreteras por mejorar. Nunca se acaban las reformas. Lo peor de todo es que, debido a la crisis, los presupuestos van a ser más austeros y se van a resentir obras pendientes, como el desdoblamiento de la A-2 entre Alfajarín y Pina de Ebro. Vale la pena adelantar plazos y realizar esfuerzos presupuestarios para evitar tragedias casi coidianas. Las cifras así lo demuestran, por muy positivas que sean.

Nunca me han gustado los trenes atestados, cual metros cotidianos por debajo de la ciudad. Pero tampoco me han atraído los trenes vacíos, sin viajeros, cual casas deshabitadas o aldeas solitarias.
Por eso, cuando ayer tarde me decidí a tomar el tren de cercanías desde la estación de Miraflores, en el barrio de San José, hasta el barrio zaragozano de Casetas, me sorprendió comprobar lo que ya me habían contado: que la ocupación es mínima, casi a cualquier hora del día. Me pregunto cuál puede ser la causa de este desinterés de los zaragozanos por esta nueva línea. Tal vez sea la falta de información, o la poca frecuencia de los trenes, o incluso la preferencia de los ciudadanos por otros medios más cómodos o rápidos.
De todos modos, es una pena que un medio de comunicación tan tradicional y eficaz no acabe de atraer a los zaragozanos. A mí me convenció ese viaje de ida y vuelta, asequible al bolsillo, rápido y cómodo. No sé lo que opinarán otros viajeros. Quizás no sea lo mismo tomarlo cada día para ir a trabajar que subir sólo por ocio o por curiosidad. La novedad influye en estos viajes. Y la intención con que los realizas también.

El lema elegido para celebrar este año el Día Mundial sin coches es sugerente y la propuesta que conlleva, optimista. De todos modos, no sé cuántos ciudadanos habrán optado esta mañana por dejar en casa el automóvil para dirigirse a su trabajo y buscar otras alternativas como el transporte público o la bicicleta. En Zaragoza no he observado gran diferencia entre el tráfico de hoy y el de otros días laborales. Quizás el día lluvioso y otoñal ha tenido algo de culpa. Pero, lo que está claro, es que el ciudadano no está concienciado, ni mucho menos, a renunciar a este medio de transporte que le aporta comodidad, rapidez en los desplazamientos y, sobre todo, mucha autonomía.
Hace más de un mes que no conduzco. Y tengo que reconocer que, en ocasiones, echo de menos el coche. Porque el transporte colectivo es muy irregular y la bicicleta conlleva más inconvenientes que ventajas. Lo que más me convence es desplazarme a pie. Eso sí, cuando tengo suficiente tiempo, cuando la climatología lo permite y cuando el trayecto no es demasiado largo. La mayor ventaja que tiene ir andando por la ciudad es que no dependes de esperas inútiles, observas las calles y edificios de otra manera y, sobre todo, es lo más saludable para uno y, por supuesto, para el planeta.
Sin embargo, un día al año no es suficiente para limpiar este aire cada vez más contaminado. Es difícil encontrar una solución que satisfaga a la mayoría. Porque está claro que prohibir u obligar a desplazarse de una u otra manera sería, hoy por hoy, contraproducente. Habrá que echarle imaginación al asunto y buscar otras alternativas más ecológicas. El colectivo "pedalea" ha aprovechado esta jornada para animar a los ciudadanos al uso de la bicicleta. Es una buena iniciativa. Aunque para ello habría que adaptar las ciudades a los nuevos tiempos y costumbres. Y nuestras grandes ciudades no son ecológicas. Ni mucho menos.

Mientras se apagan paulatinamente los rescoldos de la Expo, mientras el otoño se aproxima a marchas forzadas, mientras los aragoneses intentamos capear el chaparrón de la crisis económica, la promotora del gran complejo de ocio ILD vuelve a llamar a las puertas de algunos municipios aragoneses para la instalación del tan soñado Gran Scala. La ruleta de la fortuna - ¿o el cuento de la lechera? - se sigue desplazando hacia el este y se aleja cada vez más de la capital. No sé cuál será la causa, pero se va alejando de la comarca de Los Monegros para apostar, de momento, por el Bajo Cinca. Ahora son Ontiñena y Ballobar los dos municipios oscenses tocados por la varita mágica de la fortuna. Sus terrenos yermos y desolados serían, según sus alcaldes, una zona ideal para ese complejo de ocio que nunca acaba de llegar. Algunos propietarios se frotan las manos; otros, muestran la cara neutra del escepticismo.
Lo que está claro es que, si sigue avanzando hacia el este esta loca ruleta de la fortuna, alcanzará la orilla del Cinca y pondrá en el mapa de nuevo a la tranquila Chalamera - que ya se hizo famosa en los años setenta cuando Joaquín Carbonell criticó en una conocida copla la posible instalación de una central nuclear-. La incertidumbre continuará durante días, o quizás durante meses. Mientras tanto, seguirán los sueños de muchos ciudadanos por este incierto Eldorado en pleno corazón de Aragón. Mientras tanto, los especuladores volverán a hacer de las suyas y los intermediarios volverán a las andadas como en los tiempos de La Bullonera. La pelota sigue en el tejado. La ruleta no para de dar vueltas. Quizás la aguja se vuelva loca y oscile hacia tierras catalanas. No sería la primera vez que un proyecto pasa de largo y nos deja boquiabiertos. Aunque, en este caso, podría ser incluso hasta beneficioso para Aragón y para la mayoría de los aragoneses. Eso sí, con el desencanto de unos pocos que quizás hayan soñado con el paraíso antes de tiempo.

A pesar de que mi visita a la Exposición Internacional Zaragoza-2008 ha coincidido con un récord en el número de visitantes, a pesar de las inmensas colas para visitar los pabellones, a pesar de las aglomeraciones y el bullicio, a pesar del bombardeo publicitario y de los montajes comerciales, mi impresión de esta fugaz estancia en el recinto de Ranillas es positiva.
Positiva desde el punto de vista de la reflexión sobre la problemática del agua en nuestro cada vez más amenazado Planeta Tierra. Positiva por su ambicioso y elocuente lema - "Agua y desarrollo sostenible" - que invita a la reflexión y, sobre todo, a actuaciones a nivel mundial cada vez más urgentes. Positiva por haberse atrevido a afrontar un tema cada vez más vital como es la distribución justa y equitativa de un bien día a día más escaso entre todos los habitantes del Planeta.
De mis doce horas de estancia en la Expo, me quedo con la estética y la creatividad del Pabellón Puente, con los mensajes acuciantes de las plazas temáticas "El Faro" y "La Sed" y con la brillante escenificación poético-musical del Iceberg, en plena noche, a orillas del Ebro. Uno se marcha a casa después de contemplar este espectáculo de veinte minutos con una serie de interrogantes sobre el futuro de la Tierra, con una profunda reflexión sobre la cruda realidad de nuestra única casa común - cambio climático, residuos, deforestación, consumo irresponsable,... - y con un gran interrogante para las próximas generaciones. El Planeta está Enfemo. ¿llegaremos a tiempo para controlarle la fiebre y evitar lo irremediable? Los hombres y mujeres del siglo XXI tenemos la palabra.

Un soplo de tristeza recrorre la Expo en esta mañana de martes, algo menos calurosa que en días anteriores. Un niño de cinco años ha fallecido esta madrugada después de quedarse anclado, sin fuerzas y ahogado en la Playa Fluvial. Unos dicen que no se pudo hacer nada para reanimar al pequeño; otros hablan de descuido y tardanza a la hora de socorrer a la víctima. La polémica está servida. Y siempre quedará este oscuro borrón en la historia de una muestra que se está caracterizando por su éxito en casi todas las facetas.
Todavía no he visitado el recinto de Ranillas. Tengo intención de hacerlo a finales de agosto. No sé si es acertado o no. Por una parte, los visitantes tempraneros ya habrán pasado por la muestra. Pero, por otra, quizás muchos piensen lo mismo que yo y lo hayan dejado para los últimos días. En fin, ya me voy mentalizando para hacer filas, para aguantar algunos agobios y para soportar el calor. Eso sí, algunos pablellones emblemáticos y el Acuario, los dejaré para más adelante. Lo que permanezca después de la Expo, valdrá la pena visitarlo a partir del 14 de septiembre por motivos obvios.
Lo importante es que no vuelvan a ocurrir accidentes como el de ayer. Es toda una tragedia para su familia. Y debe servir para tomar más medidas que las previstas. Una vida humana vale más que todo lo que se pueda invertir en seguridad, vigilancia y control.

El verano de 2008 ha traído para la ciudad de Zaragoza un soplo de aire fresco. Y no estoy hablando del aspecto meteorológico. Me refiero al plano cultural, lúdico, recreativo, turístico y promocional. Después de muchos años - quizás desde siempre - la capital d Aragón ha despertado de su letargo con motivo de la Exposición Internacional. El eco de los eventos que se celebran en el recinto de Ranillas se expande cada día como una marea por las calles y plazas del centro de la ciudad.
Para Zaragoza los veranos han significado habitualmente un erial cultural, un vacío turístico y un clima más provinciano que nunca. Este año, afortunadamente, han cambiado las cosas. Caminar por el paseo de la Independencia, cruzar la plaza de Aragón o detenerse en la plaza de los Sitios lleva consigo un contacto directo con exposiciones artísticas al aire libre, la contemplación de edificios emblemáticos restaurados o la presencia de un aire cosmopolita más propio de otras grandes capitales europeas.
Hay que añadir a todo este fluir de personas y eventos, la ampliación de los carriles-bici, la oportuna adecuación de las riberas del Ebro o el reciente lavado de cara de la Basílica del Pilar. Hay que alegrarse por todo ello. Eso sí, sin autocomplacencias y con un poco de autocrítica. Porque la marea cultural y lúdica que impulsa la Expo quizás no llegue a los barrios de la ciudad o a algunas zonas del Casco Histórico. Y una sola pregunta: ¿quedará algo de esta benéfica marea para el verano de 2009 y para los estíos sucesivos? Eso sería lo deseable. Mientras tanto, invito a los que no conozcan Zaragoza a visitar esta ciudad tan acogedora. A pesar del calor de estos días, no se arrepentirán.

Llevo cuatro días en la ciudad de Ávila y cada mañana descubro un nuevo secreto de esta ciudad preñada de arte e historia. Los vencejos revolotean por el recinto amurallado con las primeras luces del alba. El aire que nos llega desde la sierra de Gredos nos obliga a llevar ropa de abrigo. La panorámica que se divisa desde la capital de provincia más alta de España es pintoresca y digna de ser llevada al lienzo.
Pero Ávila es mucho más que eso. Es la tierra de Santa Teresa de Jesús. Todo en ella respira religiosidad. La Santa carmelita es un reclamo seguro para turistas y visitantes. Los que no conocíamos esta ciudad, quedamos admirados por su casco antiguo, guardado como una joya dentro de un cofre de piedra. Una piedra gris austera, berroqueña. Esta ciudad castellana es una tierra de cantos y de santos. De cantos rodados, de piedra casi milenaria. Sus calles aguardan al visitante con un silencio casi conventual. Porque Ávila está sembrada de iglesias y conventos. De palacios y casas solariegas. Sus campanas se disputan el tintineo pausado y solemne. Sus campanarios apuntan hacia el cielo de un modo austero, casi insolente.
Pasear por el casco antiguo de Ávila al caer de la tarde es sumergirte en un ambiente muy distinto al de las grandes ciudades. Es un trueque del estrés por la tranquilidad, del ritmo acelerado por el andar pausado, del entorno de cemento y asfalto por el de piedra y ladrillo. Antes de que caiga la noche, me asomo por última vez por encima del recinto amurallado. Un color verdeamarillo esmalta el paisaje. A lo lejos, se divisan caminos que se entrecruzan como en la Edad Media o en el siglo XVI. Por ellos transitó durante ese siglo una mujer decidida, trabajadora, inteligente, adelantada a su tiempo: Santa Teresa de Jesús. Ella es el alma de Ávila, la santa por antonomasia, la patrona de la ciudad.

Como han escrito recientemente Günter Grass y Umberto Eco, los países tradicionalmente civilizados han iniciado en los últimos años un camino descendente en casi todos los ámbitos de la economía y de la sociedad. Parece que el progreso - ese engañoso espejismo - está mostrando cada vez más su cara más oculta y se encamina paulatinamente hacia un periodo de vacas flacas casi impredecible.
Utilizando la metáfora de estos pensadores, el mundo camina a paso de cangrejo, es decir, hacia atrás. Hay numerosos acontecimientos que nos permiten apoyar esta afirmación. El último de ellos es la polémica propuesta de algunos países de la Unión Europea de aumentar la semana laboral hasta 65 horas. El día que me enteré de la noticia, no me lo podía creer. La interpreté, al principio, como una broma de mal gusto. Pero, al parecer, va en serio. Y, si no hay una oposición unánime de sindicatos y representantes sociales, todo puede llegar.
No sé a quién se le habrá ocurrido tan luminosa idea. ¿Creen que va a ser la mejor manera de afrontar la crisis o el principio de recesión? Hay otras muchas. Y más eficaces. De todos modos, la polémica está ya en la calle y en los medios de comunicación. Y va a dar mucho que hablar. Menos mal que la mayoría de los ciudadanos de a pie no están por la labor. Se mueven, afortunadamente, en otra sintonía: la del progreso sin onerosos peajes, la del mantenimiento de conquistas sociales, la de la mejora del nivel y de la calidad de vida, la de la sensatez y la coherencia.

Llevo más de tres años expresando mis opiniones, sentimientos y puntos de vista en las páginas de este blog y nunca se me había pasado por la cabeza que esta actividad - hobby, creación literaria - podía llegar a ser considerada de alto riesgo y, por consiguiente, podría estar sujeta a penas más o menos severas.
Me llega por los medios de comunicación la noticia de que en algunos países - China, Egipto o Irán - se vigila estrechamente la actividad libre y creativa de los bloggers a quienes se juzga en ocasiones por considerar sus ideas contrarias a la política del gobierno de turno o de la corporación local. Me sorprende no esté a la cabeza de esta censura virtual la nación más poderosa del mundo. Quizás no se les ha ocurrido todavía. O prefieren, tal vez, esperar las actuaciones y reacciones de otros países de segunda categoría.
Mi reflexión es la siguiente: ¿Se pueden poner puertas al mar? ¿Dónde quedaría entonces la tan cacareada libertad de expresión? ¿Hasta dónde puede llegar la creatividad sin herir susceptibilidades? Es verdad que en algunos casos - apología del terrorismo, pornografía infantil,... - la justicia no debe quedarse con los brazos cruzados. Pero, de ahí a vigilar cualquier contenido sospechoso de crítica solapada con el ojo implacable de un Gran Hermano, va un gran trecho. De todos modos, el tiempo nos dirá cómo se van contagiando estas actuaciones. Sería una lástima que tuviéramos que volver a tiempos pasados y utilizar la metáfora ingeniosa para ocultar una crítica o una opinión malévola. Y, eso sí, la actividad de los bloggers se extinguiría en poco tiempo por inanición o por aburrimiento.

Aunque no soy partidario de elegir una determinada fecha del año para celebrar un día mundial de algo, hoy me ha servido como punto de partida para esta breve reflexión la noticia de la celebración del Día Mundial de la Explotación Infantil. Las cifras de menores de edad que trabajan desde los cinco hasta los dieciséis años son escalofriantes. Se habla de más de doscientos millones de niños y niñas explotados de una forma y otra a lo largo de la geografía del planeta. Son niños sin una sonrisa franca, niños sin tiempo para divertirse, niños sin escuela, niños desarraigados, niños con un rictus de tristeza en los labios. Y lo peor de todo es que muchos de ellos son explotados por sus propias familias.
No es de extrañar que una niña sudamericana afirme espontáneamente que no quiere tener hijos. Que para hacerlos sufrir no es necesario traerlos a este mundo. Palabras para la reflexión y para la adopción de medidas urgentes.
En el siglo XIX se explotaba a los niños en la Europa civilizada. Dos siglos después, todavía se habla de trata de niños y niñas en numerosos países del llamado Tercer Mundo. ¿Habrá que esperar doscientos años para que desaparezca esta lacra social? ¿Cuál debe de ser el papel de los gobiernos? ¿Y el de las familias? Cuando vemos por la calle o en la guardería o en el colegio a niños sonrientes, felices, bien vestidos y bien alimentados no solemos pensar en la otra cara de la moneda, en la antítesis de este síntoma de bienestar. Porque la tristeza de un niño es un síntoma muy claro de una enfermedad social. Lo malo es que esta lacra se ha convertido en algo crónico y de difícil solución a corto o a medio plazo.

Mientras se incrementa el caos de tráfico en las carreteras españolas, mientras se acrecientan los problemas de abastecimiento de mercancías en los grandes almacenes y supermercados, mientras la cuenta atrás para la inauguración de la Expo acelera sus pasos, mientras el ambiente otoñal continúa en Zaragoza, pese a que estamos a diez días del verano, una nueva vía verde se ha inaugurado en la ribera del Ebro.
Este camino, tantos años demandado, incrementa el espacio de ocio de los zaragozanos más allá del agobio de las calles de la ciudad. Se trata de enlazar el barrio de las Fuentes con el Centro Internacional del Agua y del Medio Ambiente de La Alfranca, en Pastriz. Un recorrido de quince kilómetros, que se pueden realizar a pie, en bicicleta o en un pequeño tren, que recuerda al que iba desde el Actur hasta el galacho de Juslibol.
Hay que apuntarle un positivo a la consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón. Aunque vuelva la cabeza y se empecine en no solucionar otros problemas, - como el de la planta de cogeneración de Aliaga - en este caso se han recuperado casi cinco hectáreas de sotos del río. De todos modos, lo importante a partir de ahora, es la conservación de este Camino Natural y el uso adecuado de sus instalaciones.
Me he dado un paseo por el primer kilómetro después de comprobar en un supermercado que el desabastecimiento va a más y que la psicosis de acumular por acumular va en aumento. Parece que volvemos a tiempos pasados, como el cangrejo. Todo por la dichosa especulación que no cesa. Alguien se estará riendo de los pobres consumidores - que son los que siempre pagan el pato - a carcajada limpia. Mientras tanto, nadie mueve ficha ni aporta soluciones convincentes. Pero, al parecer, lo peor de todo no ha pasado. ¿Será sólo la punta del iceberg?

Durante estos días, el río Ebro se está convirtiendo en el río de todos los zaragozanos. Nunca había visto a tantos ciudadanos pasear por sus riberas. Nunca había visto a tanta gente en la recién inaugurada pasarela del voluntariado contemplando la gran avenida del río y recreándose en la visión de las cada vez más avanzadas obras de la Expo. Nunca había visto a tantos deportistas - en bicicleta o corriendo - por el nuevo y flamante carril-bici que discurre a lo largo de la avenida Echegaray y Caballero, una de las más largas de Zaragoza.
Al parecer, los zaragozanos, después de darle la espaldas al Ebro durante décadas, se han decidido a mirar de cara a este caudaloso río y a valorar su presencia como columna vertebral de la capital. Es verdad que sus aguas bajan turbias y llenas de residuos. Es verdad que ya no se puede disfrutar de un baño en sus aguas como hace cuatro o cinco décadas. Es verdad que la imagen del río está cada vez más artificial y encauzada. Pero, al menos, uno puede acercarse sin peligro a sus riberas y disfrutar de una tarde de primavera.
Muchos de los viandantes que observaban el cauce del río desde los distintos puentes hablaban de lo adecuado o lo inadecuado del dragado, del futuro incierto del nuevo Club Náutico o de la improvisación de algunas obras. Pero, al menos, hablaban del río. Otros se lamentaban de que todo este caudal - casi 2000 metros cúbicos por segundo - se perdiera aguas abajo, de que no se haya logrado un consenso para el Pacto del Agua, de que no se aproveche esta riqueza en tiempos de sequía.
Lo importante era que hablaban del río, que debatían sobre el uso del agua, que valoraban la nueva imagen del Ebro. Lo que no tenían muy claro es si la Exposición llegaría a tiempo el próximo día 14. ¿No habían previsto estas avenidas? No se pueden realizar unas obras de tanta envergadura con plazos tan ajustados. Porque inaugurar se inaugurará, pero con lagunas y apaños de última hora.

Vivimos en una sociedad cada vez más global, cada vez más compleja, cada vez más paradójica. El progreso - esa arma de doble filo - nos ayuda a llevar un nivel de vida cada vez más alto (al menos en teoría), pero conlleva multitud de servidumbres y un lastre importante de problemas para las generaciones futuras.
En el Año Internacional del Planeta, los problemas energéticos se están multiplicando y, cual efecto dominó, la especulación y la falta de alternativas a la hora de utilizar otros carburantes más baratos y menos agresivos contra el medio ambiente, convierten la situación en una bola de nieve que no cesa de envolvernos día tras día. Porque el incremento brutal del "oro negro" en los últimos meses no sólo repercute a la hora de llenar el depósito del vehículo, influye también en el transporte público, en los alimentos, en las industrias y en muchos servicios. Y, al parecer, el problema - según dicen los expertos - no ha hecho más que empezar.
Algunos usan el automóvil por capricho; otros, por necesidad. Me incluyo en el segundo grupo. No me gusta usar el automóvil por la ciudad. Prefiero ir andando o en transporte público. Lo que ocurre es que el horario laboral, la difícil conciliación de la vida laboral y familiar,...me obligan a usar el coche con más frecuencia de la que desearía. Es verdad que podría ir en bicicleta, o en autobús, pero no podría hacer todo lo que hago a lo largo de un día laborable. Eso sí, el fin de semana, prefiero dejar al coche tranquilo y usar la bicicleta o caminar por la ciudad (Zaragoza es llana casi en su totalidad y se puede ir andando a muchos sitios).
Eso no quita que me considere esclavo del petróleo, como todo hijo de vecino. Dicen los responsables de las gasolineras que se nota un descenso en el consumo de carburante. También ha descendido la venta de turismos. Y se ven más bicicletas por el casco urbano. ¿Será la punta del iceberg de una crisis? ¿Será el inicio de un periodo de "vacas flacas"? Lo que está claro es que hay que buscar cuanto antes alternativas eficaces al petróleo. Eso sí, que no ocurra lo mismo que con los biocombustibles. Porque, al final, sigue subiendo el petróleo y han subido casi escandalosamente la mayoría de los alimentos básicos.

Ahora que se habla y se escribe tanto en los medios de comunicación sobre el reciente y lamentable descenso del Real Zaragoza a la división de plata - al "infierno" - del fútbol español, ahora que los acontecimientos políticos y sociales de Aragón se precipitan inevitablemente hacia esa fecha mágica del 14 de junio de 2008, día de la inauguración de la Exposición Internacional, ahora que ha vuelto a la palestra política y al ruedo social el tema del agua y el inevitable trasvase - sí, trasvase - del agua del Ebro a Barcelona, ahora que el macroproyecto de Gran Scala, auspiciado por Biel - ¿obcecación o cabezonería? - vuelve a las Cortes Aragonesas, ahora que se cumplen 25 años de la constitución de este mismo parlamento autonómico, mis modestas reflexiones pueden ir por el camino de la metáfora y de la simbología, utilizando el símil del descenso de categoría deportiva del equipo de Zaragoza y de Aragón.
Porque - y hay que decirlo bien claro - la autonomía aragonesa sigue siendo de segunda división. No es que no se haya avanzado en estos 25 años - sería de ciegos no reconocerlo - pero, si nos comparamos con tres de las cuatro comunidades autónomas limítrofes, (a excepción de Castilla y León, que va a nuestro ritmo ) estamos a años luz en muchos aspectos. Tanto catalanes como valencianos o navarros están a años luz en muchos aspectos. Podemos hablar del tan socorrido tema de las comunicaciones, de la financiación autonómica o de educación y sanidad. Pero lo que más llama la atención durante estos últimos días es la relación de dependencia, de servidumbre incluso, con la vecina Cataluña. Los catalanes se siguen negando a devolver los bienes eclesiásticos de la Franja, que pertenecen a Aragón; y los catalanes han conseguido un trasvase - disfrazado de sorprendentes eufemismos - del que, al parecer, no se van a volver atrás. Aunque llueva mucho más. Aunque diluvie. Marcelino Iglesias lo sabe. Y por eso quiere ir mañana a Madrid a entrevistarse con Zapatero. No sé lo que conseguirá. Lo que está claro es que la ministra de Medio Ambiente no va a dar fácilmente su brazo a torcer. El tiempo lo dirá. Pero mal pintan las cosas para nuestra comunidad.
¿Qué es lo que ocurre? Que somos sólo poco más de un millón de votantes. Que nuestro territorio no alberga la riqueza de otros. Que el clima no nos favorece. Y que tenemos unos políticos demasiado plegados a Madrid, es decir, a los intereses de su partido. Y eso es muy difícil de solucionar.
De momento, estamos en segunda. Esperaremos un año para ascender, al mismo tiempo que el Real Zaragoza. Pero para ello hay que unir más las fuerzas y echar mano de la imaginación. Y eso, por desgracia, no está a la orden del día.

San Isidro siempre ha sido una fiesta tradicional en España, especialmente en el medio rural. Sorprende, por eso, que el patrono de los labradores sea el de la capital de España donde nació en 1080 según las crónicas. Este santo medieval, casado con Santa María de la Cabeza es venerado por los trabajadores del campo y es el patrono de los ingenieros agrónomos.
Hay que señalar, sin embargo, que esta fiesta ha ido perdiendo fuerza en muchos pueblos debido a la despoblación y al abandono de los pueblos por parte de los jóvenes. La agricultura no es una pieza apetecible para la juventud. El futuro del campo está cada vez más negro y los campos de cultivo se van quedando yermos año tras año. Por eso San Isidro figura como una estatua de cartón-piedra en los altares laterales de muchas iglesias y, como mucho, se le dedica una simbólica procesión el fin de semana más cercano a la fiesta. Sólo en Madrid tiene vigencia como fiesta y gracias a la capital de España este santo es más conocido que otros a lo largo y ancho de nuestra geografía.
Recuerdo dos celebraciones de San Isidro: una muy lejana en el tiempo y otra más cercana. La primera, en Aliaga, cuando era niño. Los pocos que todavía se dedicaban a la tierra y a la agricultura y, sobre todo, los masoveros, se reunían para comer y merendar y culminaban el día con un concurso de arado. El que trazaba mejor el surco - con caballería - recibía un premio en metálico o en especie. La segunda en Salobre, pueblo albaceteño cercano a Alcaraz y patria chica del político José Bono. Allí después de la merienda se realizaba el concurso de labranza, pero ya con tractor. Luego, una animada verbena cerraba la jornada. No sé cómo se celebrará hoy en ambos lugares y en otros pueblos de España. Pero la realidad es que el campo pierde cada vez más trabajadores y se imponen la industria y los servicios, especialmente el sector turístico. Lo que no ha cambiado es la estatua del santo labrador que, junto con la de San Roque, se mantiene erguida en el altar de la iglesia de la parroquia de San Juan en Aliaga.

Uno cada vez se convence más de que lo que ingiere cada día es más artificial y está más contaminado. Tal vez el reciente caso del aceite de girasol podría ser la punta del iceberg de muchas situaciones parecidas. Sí que es verdad que en los últimos años han mejorado los controles de sanidad, ha mejorado el etiquetado de los alimentos perecederos y aparece prácticamente en todos los productos la fecha orientativa de caducidad. De todos modos, me cuesta cada vez más creer que la pescadilla fresca que voy a cenarr esta noche está totalmente sana, que los filetes de pechuga de pollo que cocinaré mañana no tienen ningún producto hormonal o que la leche que beberé para desayunar ha pasado rigurosamente todos los controles.
Un amigo mío afirma con frecuencia que si supiéramos cómo se elabora, cómo se manipula o de dónde procede lo que ingerimos cada día, seguramente devolveríamos más de la mitad de esos alimentos. Porque uno se pregunta: ¿queda algo totalmente natural en los alimentos y en las bebidas que consumimos? Ni siquiera la lechuga fresca se libra de esas aguas contaminadas que han entrado por sus raíces. Ni la naranja o la fresa esplendorosas se libran de la cantidad de abonos y sulfatos que se filtran en el agua que les sirve de savia alimenticia.
Hace unas décadas fue la colza; hace unos años, la carne de ternera; hoy, el girasol. ¿Cuándo sonará la próxima alarma? Tal vez le toque a algún tipo de pescado. Porque, tal como están nuestros mares, - vertederos universales - cualquier cosa puede ocurrir. Esta noche cenaré pescado fresco. Aunque normalmente me alimento del congelado. Dicen que es más seguro - además de económico -. Eso sí, no es tan sabroso. Pero, si nos detenemos a pensar un poco, los alimentos naturales - fruta, verduras, carne,... - cada vez tienen menos sabor. Sólo nos queda un consuelo: al menos, alimentan.

Nos llegan cada día noticias estremecedoras de Irak, nos llegan imágenes de atentados indiscriminados en Afganistán, nos llegan ecos de los conflictos étnicos en numerosos países africanos. Pero la guerra no sólo está en esos lugares. Los conflictos siguen al rojo vivo en otras zonas más cercanas a la Europa civilizada. Uno de los más crueles e insensatos es el que mantienen desde hace décadas Israel y Palestina en la controvertida y tristemente famosa franja de Gaza. El goteo de víctimas es continuo y el desalojo indiscriminado de los refugiados palestinos constituye una herida cada vez más sangrante.
Me ha llegado esta tarde desde Barcelona un correo electrónico de un amigo con una presentación en power point en recuerdo a la joven pacifista Rachel Corrie, que murió aplastada deliberadamente y sin compasión por un bulldozer israelí, cuando intentaba manifestarse pacíficamente e impedir o retardar el desalojo y derribo de los asentamientos en Rafah, en la frontera de Gaza. Ocurrió el pasado 15 de marzo. Y, lo peor de todo, es que algunos medios israelíes intentan desmentir o tergiversar lo que manifiestan abiertamente las imágenes grabadas por unos testigos. La joven de 23 años, estudiante de la Universidad de Olympia (Washington) y miembro del movimiento por la justicia o la paz, es una "mártir" más de la insensatez y de la violencia gratuita.
Lamentablemente, cada día hay víctimas inocentes de la guerra en todas sus manifestaciones. Porque el terrorismo es guerra, los conflictos fronterizos son guerra y la violencia gratuita es guerra. La presentación audiovisual se presenta con un lema incontestable: POR LA PAZ. ¿Quién será la próxima víctima? ¿Cuántos tendrán que seguir el camino trágico de Rachel Corrie antes de que se ponga fin a la insensatez y la barbarie?

Hace tiempo que la paradoja dejó de ser solamente un recurso literario barroco y se incorporó al lenguaje cotidiano. Todos los días somos testigos de numerosas paradojas, de nítidas contradicciones. La vida misma es - se mire por donde se mire - un manojo de paradojas. Una de las más recientes la estamos viviendo con el tema del agua, a sólo dos meses y medio de la inauguración de la Expo. Cuando visité las obras del meandro de Ranillas, hace aproximadamente un mes, los comentarios más frecuentes eran que las obras no llevaban más retraso del que llevan porque el tiempo había sido benévolo. Los que afirmaban esto, no se acordaban de que quedaba una larga primavera, época más lluviosa por estos pagos. Y, al parecer, los pronósticos se están cumpliendo. Sin embargo, resulta paradójico comprobar que, mientras muchos de las cabeceras de los ríos del Pirineo aragonés están bajo mínimos, en la ribera alta del Ebro están comenzando a inundarse algunos campos y se están abriendo compuertas en algunos embalses navarros. Está claro que nunca llueve a gusto de todos.
No quiero ser agorero, pero me sorprende el mensaje de Roque Gistau, presidente de Expoagua, cuando habla de que la crecida de esta noche es menor y cuando espera que, si todo discurre racionalmente, las obras de la Expo de Zaragoza 2008 no se vean alteradas en lo esencial. Es muy optimista Gistau y espero que no se equivoque. Pero debería recordar que las grandes avenidas podrían estar todavía por llegar - algún año han sucedido en mayo -. Debería darse cuenta de que el deshielo no ha llegado todavía al Pirineo y de que los pronósticos hablan de más lluvia y de más nieve. ¿Estaba esto previsto? Dicen que sí. Pero la inquietud está ahí, aunque los medios de comunicación intenten quitarle hierro al asunto.
Desde mi galería en el zaragozano barrio de Las Fuentes, puedo contemplar el caudal del Ebro. En pocos días se ha multiplicado por veinte la cantidad de agua. Es de esperar que no vaya directamente al mar y que en Caspe o Mequinenza sea adecuadamente aprovechada. Cada metro cúbico despilfarrado será mirado de reojo por catalanes o valencianos. Ahora se habla también de trasvasar el Segre - uno de las mayores afluentes del Ebro - al Llobregat. En Barcelona también tienen sed. Y en Cataluña hay muchos más votos que en Aragón. La paradoja está servida. Los que se oponían a un trasvase, reclaman otro. ¿Han cambiado de opinión? Habrá que esperar a que avance la primavera. De momento, las aguas bajan revueltas en el tema del agua. Esperemos que no rebasen la barrera de lo razonable. Al menos, hasta que se clausure la Expo.

Año tras año, cuando llegan estas fechas de Semana Santa y Pascua, se reabre la polémica sobre las vacaciones escolares que corresponderían al final del segundo trimestre o de la segunda evaluación. A nadie se le oculta que este año la Semana Santa ha coincidido en fechas claramente inoportunas y, debido al capricho del calendario eclesial y a otros intereses económicos y sociales, hemos vivido unos días de asueto a destiempo. Esto en nada ha favorecido la programación didáctica de los centros escolares y una distribución racional de los días lectivos. A nadie se le oculta que, a fecha de hoy - 26 de marzo -, casi todos los años nos encontrábamos terminando el segundo trimestre y valorando las notas de la segunda evaluación. Pero la administración educativa optó, hace cuatro años, por un decisión aparentemente salomónica, que no ha contentado ni a los padres ni a los docentes. Se da incluso la paradoja de que las vacaciones de la Universidad no coinciden con las de los colegios e institutos. ¿Qué ocurre en las familias que tienen hijos estudiando en ambos niveles educativos? Nos lo podemos imaginar...
Lo curioso del asunto es que, después de adaptar las vacaciones de Semana Santa a las del resto de los trabajadores, con evidente perjuicio a los intereses de los docentes, algunos padres todavía se quejan. Les gustaría que los centros educativos sólo cerraran del Jueves Santo al Domingo de Pascua. Es decir, consiguieron cambiar estas fechas y aún quieren más. No se dan cuenta de la necesidad de estos periodos vacacionales para sus hijos y anteponen sus intereses al de los propios alumnos. Es verdad que no es fácil conciliar la vida laboral con la familiar. Pero, ¿saben que muchos trabajadores tienen las mismas vacaciones o más que los docentes en Navidad o en Semana Santa? Sorprende que un medio de comunicación regional haga una encuesta al respecto. La respuesta es evidente: menos vacaciones para los estudiantes. ¡Qué fácil es ver los toros desde la barrera¡ ¡Qué sencillo es opinar desde fuera, sin conocer con detalle la verdadera situación!
Y uno se pregunta, ¿no sería mejor dejar la Semana Santa como un simple puente - igual que el puente de la Inmaculada - y fijar el calendario de finales de cada trimestre independientemente de unas fechas cambiantes año tras año? Pero, ya se sabe, lo mejor es casi siempre enemigo de lo bueno. La planificación pedagógica choca con la dura realidad. Los intereses de unos y de otros seguirían claramente enfrentados. Por lo tanto, nos quedaremos como estamos. Y las quejas seguirán año tras año. Hasta que llegue el verano y se inicie una nueva polémica. A muchos les gustaría que sólo se descansara en agosto. Pero eso es harina de otro costal.

Esta tarde me he detenido durante unos minutos en la lectura minuciosa de la sección de Heraldo de Aragón dedicada a la cada vez más cruenta e injustificada guerra de Irak. En esta página, Gervasio Sánchez - famoso reportero cordobés afincado en Zaragoza - elabora hora tras hora un diario de lo que está sucediendo en las entrañas de Bagdad. En Cartas desde Bagdad el periodista español pone a los lectores en contacto con una realidad cruel. Su único comentario esperanzador es que en las zonas donde no está presente el ejército estadounidense se está pasando pauatinamente del terror a la normalidad. Por algo será, señor Bush.
Plasmo un fragmento del diario de Gervasio, redactado el domingo, 23 de marzo de 2008 - cinco años después del inicio de la guerra - a las 14 horas en Irak:
"La mañana está siendo especialmente violenta en la capital. Varios francotiradores que se desplazaban en tres coches han disparado a los transeúntes en dos concurridas calles de la capital y han matado a siete personas. Otras cinco personas han muerto en otra zona alcanzadas por la carga de proyectiles de morteros.
Otras informaciones hablan de un bombardeo de aviones estadounidenses contra el pueblo de Balad Ruz, al norte de Bagdad, que ha acabado con la vida de una docena de niños y mujeres. En otro incidente en Mosul, al norte del país, trece policías han muerto y unos treinta han resultado heridos cuando un automóvil cargado de explosivos se ha empotrado contra una comisaría".
Gervasio Sánchez ha vuelto a Irak para transmitirnos de nuevo la cara oculta del terror. No sé si los mandatarios estadounidenses se leerán algún fragmento de este diario de guerra. De momento, ya han rebasado la cifra de cuatro mil soldados muertos. ¿Hasta cuándo? Mientras tanto, los habitantes de Bagdad ya están cansados de tanta guerra. Pero la estela del terror no se detiene. Y, lo peor de todo, es que algunos confiesan que no tienen más remedio que acostumbrarse a convivir con el sobresalto cotidiano, con la sangría continua, con la agresión indiscriminada. Gervasio acaba su comentario hablando de que el único milagro posible en Irak es un mejor trato a la población y una ausencia total de fuerzas ocupantes. La realidad de los hechos es clara, contundente. Sin embargo, los que apoyan la gestión nefasta de Bush se tapan los oídos y los ojos ante esta verdad a gritos. Quizás estén en otra órbita. O tal vez sus intereses vayan por otros derroteros muy distintos al de la búsqueda de la paz.

Cinco años después de la invasión de Irak, cinco años después del inicio de la tragedia, cinco años después de esta guerra inacabable... Y ahora, ¿qué? Esta es la pregunta que se hace el ciudadano de a pie cuando contempla día tras día imágenes escalofriantes de atentados suicidas indiscriminados a lo largo y ancho de la geografía de Irak. Esta es la pregunta que se hacen las personas con sentido común cuando llegan a sus oídos las cifras casi interminables de muertos y heridos en ese escenario de la sinrazón y del sinsentido
Pero lo peor de todo es que, dos de los líderes mundiales que tomaron la decisión de derrocar a Sadam Husein en aquel fatídico 20 de marzo de 2003, aún defienden su postura e intentan convencer a la mayoría de los habitantes del planeta de que su decisión fue la más acertada y de que, a fecha de hoy, no es arrepienten en absoluto de lo que hicieron.
George Bush, el actual presidente de los Estados Unidos, acaba de afirmar: "La guerra de Irak es justa, noble y necesaria". (¿Con 4.000 soldados americanos sacrificados?). José María Aznar, expresidente del gobierno español y uno de los tres de las Azores ha declarado abiertamente: "La situación en Irak es muy buena". (¿Con 80.000 víctimas inocentes?)
Después de leer estas declaraciones, uno no sabe si tomárselo a broma, si interpretarlo en tono de parodia o si situarlo en el registro del cinismo. Parece mentira que estos señores no tengan un ápice de autocrítica. Parece mentira que no rectifiquen ni un milímetro. ¿Se creerán dioses? ¿O superhombres? No lo sé. A veces la realidad supera a la ficción y la ironía está por encima del sentido común.

Ahora que llegan las minivacaciones de Semana Santa, muchas familias se plantean si abandonar por unos días su lugar habitual de residencia o quedarse en el pueblo o en la ciudad donde residen. Este año las fechas parecen un poco a contrapelo, algo atípicas. La Semana Santa cae un mes antes de lo normal y comienza todavía en invierno - aunque las temperaturas sean bastante benignas. Por eso, los que tienen la suerte de disfrutar de una semana libre se plantean como alternativa a la playa o a disfrutar del deporte del esquí, la estancia en una casa de turismo rural o en un albergue.
Y es precisamente en estos meses de preprimavera cuando la demanda de reservas en casas rurales se dispara. Las razones pueden ser diversas e incluso dispares: la orilla del mar todavía no apetece demasiado, el deporte de la nieve está muy saturado y no es asequible para todos los bolsillos y quedarse en casa tampoco tiene mucho aliciente. Mucha gente se inclina, por tanto, hacia breves estancias en un entorno natural tranquilo, alejados de aglomeraciones - se puede comprobar estos días en Valencia - y disfrutando además de paisajes pintorescos. Un ejemplo claro es el valle cacereño del Jerte, inundado de miles de cerezos en flor. Pero hay otros lugares por descubrir: la sierra onubense de Aracena, el interior de Galicia, la zona norte de León, todo el principado de Asturias y, obviamente, algunos rincones de Aragón desconocidos hasta por los propios nativos.
Otro tipo de turismo de Semana Santa es el de las procesiones. El reclamo de las ciudades andaluzas - especialmente de Sevilla - es evidente. Pero la masificación puede ser para algunos un factor disuasorio. En algunas ciudades de Castilla y León - sobre todo Zamora y Valladolid - la Semana Santa tiene un carácter más serio que en el sur de España. Es otra manera muy distinta de vivir la religiosidad. Ambas son válidas e incluso discutibles. No podemos olvidar, lógicamente, cómo se vive esta semana en el Bajo Aragón. Las nueve localidades turolenses que forman la Ruta del Tambor y el Bombo atraen a cientos de visitantes. Calanda se lleva la palma, quizás por el peso de la figura de Buñuel, pero personalmente me quedaría con las procesiones de Alcañiz y con la subida al Calvario de Alcorisa. De todos modos, si alguno no va a salir de Zaragoza, hay reclamos turísticos que sus habitantes no acabamos de valorar. Las procesiones son uno de ellos: la del Domingo de Ramos, la del Encuentro y la del Santo Entierro son las más representativas. Y no tienen nada que envidiar a las de otras ciudades españolas.

La riqueza del lenguaje no reside solamente en su carácter denotativo, realista, objetivo y preciso. En mi opinión, la riqueza de una lengua radica, sobre todo, en su valor connotativo; es decir, en el sentido figurado de muchas palabras y en su flexibilidad semántica. Por ello, podemos cambiar de registro, ejercitar la ironía o valorar de una manera distinta una circunstancia, comportamiento, suceso real o serie de ficción. No ocurre lo mismo cuando nos dejamos llevar por los tópicos o ahogamos la espontaneidad.
Hablando de series de ficción, no puedo dejar de referirme a la miniproducción de tres capítulos que estrenó anoche Televisión Española sobre el crimen de Fago, un año después de producirse el luctuoso suceso. El asesinato de Manuel Grima el 13 de enero de 2007, hace poco más de un año, ha despertado la atención de la empresa audiovisual Mundo Ficción y ha conseguido llegar a la pequeña pantalla en horario de máxima audiencia, a pesar de las reticencias de algunos jueces. Y es que los crímenes rurales siempre han sido un atractivo motivo para urdir series más o menos misteriosas - recordemos entre otros muchos la tragedia de Puerto Hurraco o el famoso Crimen de Cuenca.
No pude ver en su totalidad la primera entrega de la serie, pero contemplé lo suficiente para hacer una serie de modestas consideraciones: la presentación audiovisual de este crimen me pareció un producto acartonado - según el diccionario de la Real Academia, que carece de vitalidad y espontaneidad -. Además, ralentiza mucho los tiempos, abusa del suspense y, en mi opinión, se aleja demasiado de la cruda, triste y sórdida realidad de aquel infausto 13 de enero. ¿Cuál puede ser el motivo? Creo que a esta serie le falta la distancia del tiempo y la frescura ambiental. Un año es demasiado poco para presentar unos hechos de los que aún no se ha demostrado todavía quién o quiénes fueron los culpables. En lo que respecta al marco ambiental, los que conocemos Fago y esa zona arcádica del Pirineo Aragonés ( ya escribí aquí sobre este tema el 19 de enero de 2007) echamos de menos su paisaje, sus veredas, sus ríos, su clima, su panorámica,... No conozco la localidad madrileña de El Berrueco pero, por mucha similitud que exista, no tiene nada que ver con este rincón de la provincia de Huesca.
Sé que la serie interesó a muchos españoles y, especialmente, a teleespectadores aragoneses. Lo que habría que conocer es cuáles fueron los motivos de su interés, si el morbo o la atracción de la tragedia. Espero que muchos opinen lo contrario y valoren su calidad. Para mí sigue siendo algo acartonado, artificial y falto de frescura. Y para ello hay que dejar que pasen unos años. O unas décadas. Y si no que se lo pregunten a grandes novelistas como a Ramón J. Sender, natural de Alcolea de Cinca, no lejos de la localidad de Fago.

Los lunes después de unas elecciones se convierten un poco en días de resaca. Son, además, jornadas de valoración y momentos de análisis y de autocrítica. Porque, después de la actividad febril de las últimas semanas, los líderes políticos encontrarán un paréntesis para el sosiego, la calma e incluso la meditación. Hay mucho que meditar. Y mucho que valorar. La prensa escrita ya se ha encargado de hacerlo nada más conocerse los primeros resultados fiables. La mayoría coinciden en el impulso al bipartidismo, en la pérdida de escaños de algunas pequeñas formaciones y en el descalabro de los partidos de izquierda. ¿Razones? Puede haber muchas y de muy distintos matices. Lo que está claro es que estamos siguiendo la estela de Estados Unidos y de otras naciones europeas.
Algunos articulistas hablan en sus valoraciones de la similitud entre el ámbito político y el deportivo. Almudena Grandes opina en su columna de El País que ahora es todo más simple que hace unas décadas, que se han perdido los matices ideológicos, que las campañas electorales se parecen cada vez más a la Liga de Fútbol, en la que suelen dominar claramente dos grandes equipos y los demás se convierten en comparsas, en meros sucedáneos. La escritora afirma con toda la razón del mundo que el bipartidismo empobrece la democracia. Podríamos preguntarnos en ocasiones por qué votamos a tal partido y para qué le votamos.
Se ha hablado mucho durante estos días del llamado voto útil. También se seguirá hablando del voto de castigo. Se podría decir que una parte considerable de ciudadanos no han votado a tal líder porque les haya convencido o porque sus ideas coincidan con sus aspiraciones. Lo han votado para evitar que triunfe el contrario. Esto mismo suele ocurrir en el ámbito deportivo. A veces animamos a un equipo no porque juegue muy bien o porque queremos que triunfe el espectáculo. Le animamos para que fracase el contrario, para que lo anule y, a ser posible, para que lo humille. Afortunadamente en el ámbito político no se explicita tanto este deseo de revancha o de humillación. Pero hay que reconocer que, en el fondo, hay un poso de resentimiento que muchos ciudadanos no pueden evitar. Luego se preguntarán si han acertado con su decisión. Y en ese momento llegarán los matices: ni todo es blanco, ni todo es negro. Existe el gris. Y en política este criterio es fundamental. Por eso será bueno que haya pactos, acuerdos,... Para que los grandes partidos no acaben de devorar a los pequeños. Para que el equilibrio no se rompa. Para que triunfe la tolerancia, la flexibilidad y el diálogo por encima de los radicalismos, fanatismos o las actitudes descalificadoras.

Hoy no ha sido un viernes cualquiera. Hacia las 13,30 horas, a poco más de 8 horas de dar por concluida la campaña electoral, tres tiros a traición de un insensato han dado al traste con el último día de quince jornadas llenas de esperanza, participación y compromiso para casi todos los partidos. Hoy ha sido un viernes gris, agridulce, teñido de sangre.
Por la mañana, mientras me dirigía en coche a mi trabajo, he contemplado en la zaragozana calle del Coso las furgonetas de uno de los partidos que concurren a las urnas. Estaban preparadas para recorrer Aragón, para tomar la palabra, para ejercer su derecho democrático, para hacerse oír. Pero, pocas horas después, el silencioso ruido de una pistola ha enmudecido las voces, ha roto lo que se prometía un final de campaña en armonía y en sana confrontación. ¡Qué fácil es dar al traste en unos segundos con la tarea de días, de meses o de años!
Hoy ha sido un viernes de clarooscuros, de luces y de sombras, de ilusión matinal y de tristeza vespertina. Algunos nos hemos acordado del jueves trágico del 2004, también en plena campaña. Y aunque ambos acontecimientos, afortunadamente, no tienen parangón, la resonancia puede ser similar. Por eso, la pregunta que muchos nos hacemos es la siguiente: ¿afectará esto a la decisión de los votantes el próximo domingo? Esperemos que no. Sería hacerle un flaco favor a la democracia.

Esta mañana ha visitado Teruel el candidato del PP a la presidencia del gobierno, Mariano Rajoy. Y lo ha hecho por la mañana, en horario laboral, en horario de jubilados y prejubilados. Los incondicionales del líder popular han vuelto a escuchar su discurso de progreso económico, de mejora de infraestructuras y de desarrollo rural. (¿A qué desarrollo rural se ha referido?). Rajoy ha aludido a su último gran fichaje, el turolense Manuel Pizarro. Porque el líder popular quiere llegar al corazón de los ciudadanos - con la leyenda de la niña incluida - a base de recetas económicas. Lo malo es que estas recetas están ya más que inventadas, más que probadas y que no dependen, ni mucho menos, del buen hacer del gobierno de turno.
Porque lo peor del líder popular - sus cualidades ya las conocemos - es que se quiere presentar como el salvador de la patria, como el impulsor de una economía maltrecha, como el solucionador de los problemas de los cuatro años anteriores. Lo peor de Rajoy es que omite deliberadamente el olvido de Teruel durante los años de aznarismo, los abucheos a Aznar, la repulsa a su equipo de gobierno, las obras interminables e inacabadas, el olvido del medio rural, la galopante despoblación,... Por eso hace bien en prometer. Y en compromenterse. Porque tiene una deuda con la capital de los Amantes y con su propio partido. En el 2004 perdió un diputado por 210 votos. Y es preciso recuperarlo. Es más que un reto para Rajoy. Pero de ahí a basar su victoria a nivel nacional en este escaño y en uno de León - según confesó su flamante mano derecha económica - hay un gran abismo. Pero soñar es fácil, soñar es gratis y hacer crecer a esta niña en Teruel queda muy poético y hasta romántico.
De todos modos, se agradece que los líderes políticos se acuerden de este pequeño puñado de votantes, aunque sea a última hora y en horario de jubilados.

Anoche seguí atentamente el debate entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. No me aburrió, pero tampoco me entusiasmó. Ya me imaginaba que no iban a sacar nada nuevo a la palestra. Ya pensaba que todo lo que iban a argumentar estaba ya dicho con retintín en anteriores debates en el Congreso de los Diputados. Por eso no reparé tanto en el contenido - alusiones al terrorismo, al trasvase del Ebro, a la inmigración, al cambio climático, a la subida de los precios, a la Educación para la Ciudadanía ... - sino en el talante de cada uno de los "contendientes". Y, en ese sentido, no me cabe la menor duda de que Zapatero demostró algo que no logró alcanzar Rajoy. Porque el candidato del PP extrema demasiado los gestos, afila el brillo de las pupilas, se deja llevar por un entusiasmo desmesurado, por una pasión traicionera. Zapatero, en cambio, volvió a mostrar - una vez más - su buen talante. No sabría definir exactamente cómo. Pero advertí gestos, detalles, miradas, intenciones,... que no manifestó el contrincante. De todos modos, es sólo un mínimo detalle en medio de la selva de expresiones, improperios, tópicos, frases hechas o descalificaciones que oímos ayer en el plató y que me imagino volveremos a escuchar el próximo 3 de marzo.
Volviendo a los contenidos, me sorprendió no salieran a relucir temas como la injerencia de la iglesia y de los obispos en determinados temas sociales, la despoblación de determinadas zonas de España - entre ellas Teruel - las infraestructuras del futuro, el turismo, el deporte, la problemática agraria o el estamento miliar. Espero hayan reservado alguno de estos temas para el próximo debate. Porque si vuelven a la economía, el terrorismo y la inmigración, terminaremo de nuevo como ayer: sin ninguna idea clara y afianzados en nuestras posiciones. Me quedo, sin embargo, con el talante de Zapatero y con el buen hacer del moderador, el oscense Manuel Campo Vidal, curtido en mil batallas dialécticas.

Vivimos en unos momentos en los que el todo vale parece convertirse en una moneda común. Lo paradójico, lo esperpéntico, lo carnavalesco, lo chocante, lo contradictorio y lo inoportuno no sólo se han adueñado del ámbito de la política. También alcanzan de lleno - no podía ser de otra manera - al mundo publicitario. Pero se puede ser original sin buscar recursos tendenciosos. Se puede ser creativo sin llegar a la chabacanería. Se puede ser genial sin nombrar la soga en casa del ahorcado.
Me refiero concretamente a un anuncio que ha aparecido con fuerza en los medios de comunicación, que inunda los paneles de las calles de Zaragoza y que ha servido esta mañana de portada a algunos periódicos gratuitos. La conocida empresa ha tenido la genial idea de recordarnos a todos los que tenemos más de treinta y cinco años - al parecer no cuentan con la clientela joven - de revivir aquella fatídica tarde-noche del 23 de febrero de 1981. Bajo los lemas - asociados al último golpe de estado - ¡Daremos el golpe! y ¡Todos los precios al suelo! intentan convencer al consumidor de las bondades de sus productos y de una revolución económica que suele durar todo el año. Pero muchos, afortunadamente, no saben nada del 23F o sólo tienen vagos recuerdos.
Pero el anuncio va más allá. Porque la imagen asociada a las conocidas palabras es la de un militar golpista repleto de medallas que muestra su autoridad e impone de modo grotesco su mandato dictatorial. Podría ser Pinochet, o Tejero, o el general Pavía. En mi modesta opinión, lo inoportuno del mensaje se convierte en oportuno. No hay que olvidar que acaba de iniciar la campaña electoral y que todavía se dan actos de indisciplina en los militares españoles. Uno de ellos, el general Blas Piñar - hijo del conocido fundador de Fuerza Nueva - ha sido expedientado por indisciplina. Otro, el coronel Lorenzo Fernández, ha sido arrestado por defender sin recato los símbolos franquistas. Hay que tener en cuenta que el primero de ellos firmó en 1981 el Manifiesto de los 100, en apoyo a los golpistas del 23F.
Quizás a la mayoría les haga gracia el anuncio. A otros les puede dejar indiferentes. Pero a unos pocos - y me incluyo entre ellos - nos ha vuelto a recordar algo que parecía ya olvidado. Nos ha vuelto a revivir los fantasmas del pasado. Es de esperar que sea sólo eso: parodia, farsa y esperpento.

La mayoría de los políticos están impacientes por comenzar una campaña electoral, que culminará dentro de dos semanas con la convocatoria a las urnas a todos los ciudadanos españoles, el día 9 de marzo. Sin embargo, aunque la campaña oficial comienza hoy a las 12 de la noche, con la tradicional pegada de carteles, los inquietos aspirantes a un escaño en el Congreso o en el Senado hace días que viajan de aquí para allá a golpe de agenda para comunicar, plantear, debatir o prometer. Sobre todo para prometer. Es el verbo que más veces hemos oído desde inicios de año y el que con más facilidad sale de la boca de los candidatos.
Pero no sólo se trata de promesas más o menos creíbles, más o menos utópicas. Al futuro votante hay que ganarle con gestos, con talante, con agradable apariencia. Y está de moda en estas fechas - siempre lo ha estado - vestirse de piel de cordero durante estos quince días maratonianos. Todos buscan el disfraz que más se ajuste a su personalidad. Todos evocan el reciente carnaval y se llenan la boca de mansedumbre, tolerancia, libertad y visión de futuro. La desmemoria campa por sus anchas. Nadie quiere mirar hacia atrás. Nadie quiere recordar los momentos de crispación, el veneno negro de la crítica, la sistemática descalificación, los traspiés, las equivocaciones,... La autocrítica desaparece radicalmente durante estos días. Los políticos se visten con piel de cordero. Unos más que otros. A veces parece el mundo al revés. Y resulta hasta chocante, divertido, grotesco y esperpéntico.
Habrá que ver de todos modos cómo se desenvuelven los principales espadas de esta lidia por el poder durante los próximos días. Habrá intensos debates, encendidos mítines, sosegadas entrevistas, innumerables saludos, cenas preelectorales, paseos por las principales avenidas, olor de multitud,... Habrá que ver qué esconde cada político - ser humano, al fin y al cabo - debajo de esa piel de cordero tan cacareada últimamente. Si somos agudos y perspicaces, quizás descubramos los colmillos del lobo. En ese momento podremos afirmar que nuestro voto será coherente, responsable y ajustado a la memoria de los últimos cuatro años. No a la de los últimos cuarenta días.

Si alguien nos hubieran dicho a los jóvenes estudiantes que nos desplazábamos de Barcelona a Madrid una vez al año para realizar alguna gestión o para presentarnos a alguna prueba oficial, a principios de los años setenta, que la capital de España estaría comunicada por un tren de alta velocidad que tardaría sólo poco más de dos horas y media para realizar este recorrido de 659 kilómetros, le hubiéramos calificado de quijotesco, soñador o visionario. Hoy, treinta y cinco años después, ese sueño se ha hecho feliz realidad. Porque no deja de ser un avance y una ventaja del progreso poder viajar con comodidad, sin el inevitable miedo a volar del avión y en un tiempo récord desde Barcelona a Zaragoza o a Madrid o a Málaga o a Sevilla.
El AVE ya no es un proyecto de futuro. El AVE ya puede competir con algunos trayectos realizados con el avión. El AVE ya ha llegado a su madurez. De todos modos, el camino de este medio de transporte eficaz, rápido y competitivo no ha hecho más que comenzar. Habrá que analizar y estudiar - para eso están los amantes de las estadísticas - qué tipo de viajeros lo usan, con qué frecuencia y con qué finalidad. Habrá que multiplicar las ofertas y crear bonos especiales para los que lo utilizan habitualmente, habrá que agilizar y aplicar con realismo las ofertas de billetes vía internet. Porque da la sensación - al menos eso es lo que se desprende de los medios de comunicación - que los trenes de alta velocidad sólo están reservados para un tipo de viajero con un nivel adquisitivo alto o muy alto. Al parecer, dados los precios de cada trayecto, sólo unos pocos podrán acceder a este tipo de transporte. Los demás quizás se puedan permitir una vez al año - o una vez en la vida - el capricho de viajar en el AVE para experimentar sus bondades y poder contárselo a sus amigos.
¿Llegará el AVE al ciudadano medio? La pregunta, hoy por hoy, queda en el aire. Quizás tengan que pasar unos años - o tal vez alguna década - para poder hablar de un AVE popular, democrático y asequible a todos los bolsillos. Mientras tanto, habrá que esperar. Nos queda el coche o el autobús. Menos es nada. Lástima que las carreteras dejen todavía mucho que desear y que los coches no puedan alcanzar velocidades de ensueño. Competir con el AVE por autopista o autovía sería un caos. Y una bofetada al código de la circulación y a la propia seguridad de los viajeros.

Día a día podemos comprobar cómo los niños y adolescentes se atiborran de todo tipo de chucherías y eligen para sus desayunos o meriendas productos de bollería industrial barata. La obesidad está a la orden del día y el colesterol se detecta cada vez a edades más tempranas. Nos ha llegado, por fin, la moda alimenticia americana. No podía ser de otra manera. Imitamos en todo a los Estados Unidos. Pero nos quedamos, especialmente, con lo negativo. Esperemos no nos llegue la costumbre de llevar armas encima y utilizarlas para apuntar a todo el que se ponga por delante.
En la otra cara de la moneda se sitúan las adolescentes. Quieren adelgazar como sea. Sacrifican todo por ese erróneo culto al cuerpo. Y no se trata de echar la culpa a las pasarelas de moda, pero el espejo donde se miran muchas jóvenes es ahí, en las modelos casi anoréxicas que presumen de belleza. Yo diría que algunas son como maniquíes casi esqueléticos. Si las viéramos sin maquillar, quizás nos asustaríamos. Parece que hoy día sólo triunfa la delgadez. Y eso es una pesada carga para nuestras niñas y adolescentes. No quieren comer. Cualquier pequeño tentempié les llena y, en ocasiones, prefieren devolver cuanto antes lo que acaba de llegar al estómago.
Son las dos caras del dios Jano. Es el fruto de una sociedad consumista y excesivamente preocupada por la estética corporal. Y la estética no va siempre asociada a la salud. Ni mucho menos. Pero la publicidad tiene mucho poder. Y los niños imitan lo que ven y se comportan de manera mimética. Lo peor de todo es que en algunos comedores escolares tampoco se respete esta dieta. O que en algunos centros educativos haya máquinas con todo tipo de productos. Habría que seleccionar esos productos y contribuir a que los alumnos sepan distinguir entre la comida basura y la alimentación saludable. Aunque, eso sí, los padres son los que tienen la primera y la última palabra.

El periodista Ramón J. Campo evoca en su columna de Heraldo los años gloriosos del paso fronterizo del Canfranc. Y lo hace recordando a don Mariano Aso, alcalde la ciudad oscense de 1969 a 1975. Ramón publicó en 2002 el libro El oro de Canfranc, después de unos años de esmerada documentación y concienzudas entrevistas. Uno de los entrevistados fue precisamente don Mariano, testigo directo del cierre anunciado el trayecto Canfranc-Pau. Un cierre que ya estaba previsto por el gobierno francés, que usó para ello la excusa del tren caído en el puente del Estanguet. Pero la memoria de este exalcalde, recientemente fallecido, evoca el paso de unas mil doscientas toneladas mensuales de oro nazi siguiendo la ruta Alemania-Suiza-España- Portugal durante los años 1942-1943, en plena Segunda Guerra Mundial.
Este adiós a don Mariano podría coincidir - paradojas de la vida - con un intento definitivo y serio (hasta ahora todo han sido buenas intenciones) de la reapertura de este paso del Pirineo Central. Las ventajas serían evidentes en todos los sentidos. Parece mentira que se estén impulsando con fuerza los tramos del AVE y se dejen de lado esos pequeños ejes por pasividad, falta de decisión política o pocas ganas de negociar. Mientras tanto, la flamante estación, inaugurada con solemnidad en 1928, se va empequeñeciendo día a día y sigue ahí, anclada como un viejo fantasma gris. Don Mariano soñó con la reapertura... Ya no lo podrá comprobar en persona, pero tal vez sus hijos y nietos logren que ese sueño se haga realidad. De momento, parece que algo se mueve. Un amigo me ha dicho que la estación altoaragonesa está cubierta de andamios. ¿Será un indicio de reapertura? ¡Ojalá! Me temo, sin embargo, que tal vez se trate de un simple lavado de cara.

El poder y la versatilidad del lenguaje alcanzan, en ocasiones, cotas insospechadas. Cada vez me convenzo más de que un uso determinado de la lengua puede obrar milagros. Cada vez me sorprende más la retórica vacua de tantos comunicadores, que roza con frecuencia aquella pedantería que se criticó con acertadas parodias en la prosa aparentemente insulsa del siglo XVIII. Quiero recordar al respecto la obra Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1758) del famoso jesuita leonés José Francisco de Isla. Esta parodia contra los pedantes, engolados y ridículos predicadores de la época - que fue prohibida por la trasnochada Inquisición - podría trasladarse al momento actual. Doscientos cincuenta años después, muchos escritores como Isla tendrían materia prima para escribir parodias similares. Aunque, en este caso, no irían dirigidas a los representantes eclesiásticos sino a los políticos de primera, de segunda o de tercera fila. (Si es que se puede establecer este tipo de jerarquía).
Y es que la precampaña cunde mucho y da para mucho. En realidad, es como una campaña disfrazada, como un auténtico eufemismo preelectoralista. Pero esta licencia del lenguaje - manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante (según del Diccionario de la Real Academia) - da mucho más de sí en el mar cada vez más embravecido de la política. A medida que se acerca la fecha mágica del 9M, a medida que se multiplican los mítines, las entrevistas, las declaraciones y los debates, las manifestaciones de los candidatos o de quienes les apoyan siguen unos vaivenes casi imprevistos, como si de caprichosos dientes de sierra se tratara. La lengua se desata, los ánimos se encrespan y el corazón va más allá de la cabeza. No es de extrañar, por eso, que algún representante político de primera fila diga algo que no quería decir y luego tenga que rectificar sin convencer a unos ni a otros. No es de extrañar que algunos candidatos hablen de transferencias en vez de trasvases, de pactos en lugar de hechos consumados, de visados para emigrantes en lugar de control discriminatorio, de libertad y tolerancia en lugar de mando y ordeno. Son unos pocos ejemplos de eufemismo, una mínima muestra de expresiones que están a la orden del día y que pueden engatusar el más ingenuo o crédulo. La retórica vacua del Siglo de las Luces vuelve a estar de moda. O, tal vez, nunca ha dejado de estarlo. Lo que ocurre es que ahora los medios de comunicación nos acercan más a esa realidad. Pero, eso sí, cada vez es más difícil discernir una verdad de una falacia, una promesa convincente de un cuento chino, una puesta en escena coherente de una farsa teatral.

Mientras los días se deslizan presurosos y el invierno nos quiere decir su adiós definitivo, muchos ciudadanos españoles ponemos la mirada en el día 9 de marzo, domingo previo al inicio de la Semana Santa. Es una fecha marcada con rojo en el calendario político. Los partidos afilan metafóricamente sus armas y cada formación política busca el punto más flaco de su rival. Aunque parezca mentira, da la impresión de que lo más importante es atacar al contrario, rebatir sus ideas, echar por tierra sus logros, menospreciar sus propuestas, criticar porque sí, descalificar sin más, avasallar sin motivo.
Eso es lo que estamos viendo en la escena política. Yo hablaría más bien de escenario. Porque la política cada vez se acerca más al teatro, no tanto como arte dramático, sino como farsa, como parodia o como esperpento. Pronto lo veremos en los mítines electorales, que se extenderán por la península dentro de dos semanas. Predominará la retórica huera, la demagogia, la autocomplacencia. Y echaremos de menos la autocrítica, los planteamientos serios y coherentes, el compromiso firme ante los electores.
Mientras se acerca el inicio de campaña electoral, algunos han empezado a echar leña al fuego. Entre otros representantes sociales, llaman la atención algunas intervenciones de los representantes del episcopado español. Muy pocos se han expresado con objetividad. Muy pocos han planteado problemas sociales. Muy pocos se han preocupado de la injusticia, la marginación o el desempleo. Al parecer, les duele más el terrorismo - y ahí se equivocan -, les duele el divorcio, les duele el aborto. Hay que respetar su opinión. Pero desearíamos que orientaran su legítima doctrina hacia los más pobres, hacia los desheredados, hacia los sin techo, hacia los que luchan día a día por sobrevivir. Eso sería más importante que su preocupación por la implantación o no de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Si no fuera por un reducido grupo de disidentes, esta asignatura habría pasado inadvertida. Los que conocemos su contenido, no vemos nada amoral en ella. Todo lo contrario. Eso sí, el papel de la familia es fundamental. La hora semanal de esta asignatura sólo complementa la labor de los padres. Pero de eso a tildarla de imposición partidista hay un largo trecho.

Mientras Pablo Piferrer y Francisco Javier Parcerisa se disponían a emprender un viaje por el Principado de Cataluña en 1839, cuando la guerra carlista creaba pánico y desconcierto en algunas regiones de España, un intelectual de la época - J.M. Avrial - escribía una interesante y bien documentado artículo sobre la celebración de la fiesta de santa Águeda - martirizada en el siglo III a manos del gobernador Quinciano - en el pueblo segoviano de Zamarramala.
En esta década tan convulsa del siglo XIX, el costumbrismo se convirtió en un lugar común y los escritores románticos y realistas explotaron ese filón al máximo. El fragmento de J. M. Avrial me recuerda descripciones similares en alguno de los once volúmentes de Recuerdos y Bellezas de España. Tanto Piferrer en el volumen de Mallorca, como José María Quadrado en los tomos de Asturias y León y de Aragón se recrean en la contemplación del vestuario de los habitantes de la isla balear, de los trajes de los maragatos o de la indumentaria de los habitantes de los valles oscenses de Hecho y Ansó, plasmada por Parcerisa en una excelente litografía.
La descripción de esta fiesta de las mujeres casadas en Zamarramala - que se remonta según Caro Baroja y otros historiadores al siglo XIII, en plena reconquista del Alcázar - tiene ingredientes folklóricos, aderezos costumbristas y trasfondo realista. Todo un regalo para los amantes de la historia, de la tradición y de la buena literatura. Porque santa Águeda sigue teniendo en pleno siglo XXI la frescura de lo popular. Y si no que se lo pregunten a los cientos de personas que guardaban impacientes a las puertas de la parroquia del Portillo de Zaragoza para venerar las reliquias de la santa. Una vez más, religión, tradición y folklore se dan la mano. Y todo ello dentro de la semana de Carnaval. ¿Es que la celebración que describe el autor decimonónico no tiene algo de carnavalesca?
El siguiente fragmento nos puede ayudar a reflexionar sobre las fiestas populares y su repercusión en el ciudadano de a pie:
El tamboril y la dulzaina les anuncian desde muy temprano que aquel es día de asueto y holganza; los dos alcaldes primero y segundo, se disponen a ceder su autoridad, en honor de su santa patrona, a las lindas alcaldesas que, engalanadas con todo el lujo zamarriego, se presenten a recibir de manos de sus esposos la vara de la justicia y la autoridad que aquella vara representa, quedando reducidos los alcaldes, así como todos los maridos, a la obediencia y servidumbre, porque como dicen en el pueblo, aquel día mandan ellas".Esta autoridad era efectiva cuando había que resolver alguna riña o disputa entre mozos, etc.Las alcaldesas, llegada la hora de la misa, salen de casa con dulzaina y tamboril al frente, en medio del estrépito de los cohetes, y en el templo, ocupan en banco concejil o de la justicia.A la salida de la misa, que es mayor y solemne, se colocan en los lados de la puerta y piden limosna para la santa, y cuando no queda nadie dentro vuelven a casa con la misma pompa. En el resto del día, las mujeres no hacen nada y los hombres se tienen que encargar incluso de la comida de los niños.A la tarde, con la venida de la alcaldesa mayor, se anuncia el baile, en el que sólo las mujeres casadas intervienen, hasta las más viejas. Mientras tanto, los hombres juegan en la taberna y los chiquillos imitan los ademanes coreográficos de sus madres. Si algún varón indiscreto pretende entrar en la rueda, al punto es expulsado a alfilerazos. Las alcaldesas piden a los curiosos, que van a ver tan extraña fiesta, limosna, siempre para Santa Águeda. Una comida en la que entran los hombres cierra la fiesta, y el día siguiente "Santa Aguedilla", que llaman, rota la ceremonia no sólo bailan las casadas, sino también los casados, las solteras y los mozos.

Siempre que llega el mes de febrero, comienzan una serie de celebraciones populares - la mayoría de raíces religiosas - que siembran de ilusiones este mes anodino, enloquecido y paradójico. Porque febrero es un mes de transición entre el final de las celebraciones navideñas y el anuncio de la primavera. Y entre estas celebraciones tradicionales destaca la fiesta de carnaval, de origen pagano y con miles de ramificaciones en todo el planeta.
Cuando se acercan estas fechas, me vienen a la memoria dos escritores del siglo XIX: el romántico Mariano José de Larra y el realista-naturalista Leopoldo Alas Clarín. Ambos intentaron hacerse eco en sus artículos o relatos de esta festividad tan arraigada en la época. Cada uno veía y valoraba el carnaval de modo distinto: Larra criticó con agudeza y con un humor agridulce las fiestas de su época en el artículo "El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval". Leopoldo Alas escribió un relato breve, "El entierro de la sardina", en el que plasma magistralmente cómo los habitantes de un pueblo asturiano celebran la despedida del carnaval. Clarín, con su ingenioso estilete crítico ofrece a los lectores lo que podríamos denominar costumbres de carnaval, "carnavaladas". El pueblo aprovechaba estas fechas para desahogarse y evadirse de la cruda realidad. Han pasado más de cien años y quizás el sentido actual de esta fiesta se más lúdico y menos reivindicativo. Aunque, eso sí, todos los días hay carnavaladas. Y si no que se lo pregunten a nuestros políticos.
Plasmo un fragmento del relato de Larra, que puede ayudarnos a comprender el sentido primitivo del carnaval. O quizás a valorar cómo esta fiesta se ha ido adaptando a las circunstancias sociales. Eso sí, cuando no estaba prohibida, como ocurría durante mi infancia.
No hay habitante de Rescoldo, hembra o varón que no confiese, si es franco, que el mayor placer mundano que ofrece el pueblo está en la noche del miércoles de Ceniza, al enterrar la sardina en el paseo de los Negrillos. Si no llueve o nieva, la fiesta es segura. Que hiele no importa. Entre las ramas secas brillan en lo alto las estrellas; debajo, entre los troncos seculares, van y vienen las antorchas, los faroles verdes, azules y colorados; la mayor parte de las sábanas limpias de Rescoldo circulan por allí, sirviendo de ropa talar a improvisados fantasmas que, con largos cucuruchos de papel blanco por toca, miran al cielo empinando la bota. Los señoritos que tienen coche y caballos los lucen en tal noche, adornando animales y vehículos con jaeces fantásticos y paramentos y cimeras de quimérico arte, todo más aparatoso que precioso y caro, si bien se mira. Mas a la luz de aquellas antorchas y farolillos, todo se transforma; la fantasía ayuda, el vino transporta, y el vidrio puede pasar por brillante, por seda el percal, y la ropa interior sacada al fresco por mármol de Carrara y hasta por carne del otro mundo. Tiembla el aire al resonar de los más inarmónicos instrumentos, todos los cuales tienen pretensiones de trompetas del Juicio final; y, en resumen, sirve todo este aparato de Apocalipsis burlesco, de marco extravagante para la alegría exaltada, de fiebre, de placer que se acaba, que se escapa. Somos ceniza, ha dicho por la mañana el cura, y... ya lo sabemos, dice Rescoldo en masa por la noche, brincando, bailando, gritando, cantando, bebiendo, comiendo golosinas, amando a hurtadillas, tomando a broma el dogma universal de la miseria y brevedad de la existencia...

Se oye el teléfono a media tarde. Siempre suele sonar en los momentos más inoportunos. Al otro lado del hilo una voz melosa, cadenciosa, con acento sudamericano. Me propone la participación en el sorteo de un coche y, si me animo, la incorporación a una peña de lotería primitiva. Accedo a regañadientes a la primera propuesta - más por educación que por convicción - pero me niego en redondo a participar en la segunda actividad lúdica.
De todos modos, siempre me han tentado los juegos de azar. Pero, desde hace unos años, puse un límite a la cantidad y diversidad de apuestas semanales - lotería nacional de los jueves y los sábados, lotería primitiva, sorteo de la ONCE, quiniela... - porque no sólo afectaban a mi bolsillo sino que reclamaban mi atención más allá de lo racional. Y, lo que es peor, ocupaban gran parte de mi valioso tiempo. Por eso, ahora estoy tranquilo en ese sentido y el único sorteo en el que participo desde hace unos veinte años es en la lotería nacional de los sábados. Un grupo de vecinos de Aliaga jugamos al mismo número y, como en el año 1991 no nos fue del todo mal, continuamos en ese mismo empeño por si las moscas. Eso sí, ni me ocupa ni me preocupa en exceso el desarrollo de cada sorteo semanal. Si cae algún buen pellizco, ya me enteraré. De eso no me cabe la menor duda.
Con el acceso cada vez más extendido de los ciudadanos a internet, los reclamos publicitarios que invitan - casi incitan - a jugar con el dinero de cada uno se han multiplicado. Y esto puede tener algunos riesgos, sobre todo para los más ingenuos o los más inexpertos. Te piden datos personales e incluso se atreven a solicitar tus datos bancarios. Y ahí está el peligro de estos señuelos aparentemente inocuos. Luego vienen las lamentaciones, los sinsabores y el arrepentimiento tardío. Es mejor cortar por lo sano y olvidarse de esos obsequios para nuevos clientes, nuevos socios o nuevos inversores. Lo ganará el bolsillo y, sobre todo, la tranquilidad personal.

El paréntesis festivo de San Valero - obispo romano de Caesar Augusta desterrado a Huesca por disidente - nos permite a los zaragozanos disfrutar de una mañana fría y soleada. Y aunque intentamos mantener los pies en el suelo y pensar en el presente, no podemos eludir los bombardeos mediáticos desde todos los medios de comunicación ante la cada vez más cercana fecha mágica del 9 de marzo. Prensa, radio, televisión,... Todos confluyen en la misma dirección: el 9M.
Porque el día de las elecciones generales está ya a la vuelta de la esquina. Los políticos lo saben y aprovechan cualquier resquicio para engordar sus programas electorales, ganarse a los votantes indecisos y explotar al máximo la imaginación. Aunque no hay que tener mucha imaginación para buscar el camino más eficaz hacia el ciudadano. La senda no es otra que la economía. Y es verdad que están acertando en la estrategia. Otro asunto muy distinto es que puedan cumplir sus promesas y sigan adelante con su ambicioso programa durante cuatro años. El ciudadano lo sabe y no es fácil engañarle. Se da cuenta de que una posible bajada de impuestos, una paga extra o una simbólica subida de sueldo no va a sacarle de sus apuros cotidianos. Porque a nadie se le oculta - basta acercarse a los supermercados o a los grandes almacenes - que los alimentos básicos han subido con insolencia en los últimos meses. La mayoría habla de pura y dura especulación. Y no les falta razón. Porque a nadie se le oculta que los tipos de interés no acaban de consolidarse a la baja y que la bolsa va dando trompicones desde hace un par de meses. El ciudadano lo nota y por eso le resbalan las promesas de tipo económico.
Los políticos tendrán que echarle todavía más imaginación al asunto. Lo que ocurre es que en casi todos los problemas que nos afectan están - eso dicen - con las manos atadas. La subida del petróleo les condiciona y nos amordaza. La economía de los Estados Unidos se tambalea y provoca un terremoto en el resto del planeta. Las heladas echan a perder la agricultura. La sequía encarece la electricidad... ¿Qué tienen que hacer ante todo eso Zapatero, Rajoy y compañía? Que se contenten, de momento, con cuidar su imagen, con mantener a raya el terrorismo y con la tarea más ardua: mantener satisfechas a las 17 autonomías. Ahí tenemos otro talón de Aquiles. Por eso muchos temas se soslayan para después del 9M. ¿Es una buena estrategia? El tiempo lo dirá. Y los votantes.

Una oleada de robos en las dos últimas semanas ha creado una más que justificada inquietud entre los pocos habitantes que permanecen en Aliaga durante los meses más crudos del invierno. Aunque parezca paradójico, los presuntos ladrones buscan un botín - casi siempre insignificante - en la soledad de los pueblos o en el aislamiento de las masadas. Quizás busquen el aislamiento y se quieran aprovechar de una menor vigilancia. Ya habían ocurrido sucesos similares en otros pueblos de la provincia de Teruel, pero en Aliaga nunca se habían encadenado hechos de este tipo en tan pocos días. ¿Quiénes son los autores de estos robos?
Da la impresión de que estamos volviendo a épocas aparentemente ya olvidadas. Lo más curioso es que, al parecer, no se trata de delincuentes noveles o debutantes. Estos cacos del siglo XXI saben muy bien lo que hacen, dónde acuden y en qué momento pueden actuar. Eso sí, afortunadamente, su profesionalidad en el oficio delictivo está aún por demostrar porque, si surge el más mínimo imprevisto, abandonan el escenario del robo y huyen con un miserable botín.
Es lamentable que se haya creado un clima de inseguridad entre los pocos vecinos que viven en Aliaga, la mayoría jubilados. Y lo peor de todo es que, si no se atajan pronto estos intentos de apropiarse de la propiedad ajena, pueda llegar el día en que los ladrones se vean tan acorralados que opten por dañar física o mentalmente a cualquiera de esas personas que buscan la tranquilidad. ¿Tomará medidas la guardia civil? ¿Seguirá la pista de estos delincuentes? Esperemos que así sea. De lo contrario, la inquietud y el miedo se pueden extender como mancha de aceite a otras poblaciones de la comarca.

Mientras el mes de noviembre se esfuma lentamente, las obras de la Exposición de Zaragoza, prevista para el verano de 2008, avanzan entre bastidores y permanecen en una especie de trastienda. Los operarios trabajan noche y día en el meandro de Ranillas, pero la ciudad parece dar la espalda, de momento, a estas moles de hierro y hormigón, presididas por la espectacular Torre del Agua. Se nos va un mes anómalo desde el punto de vista climatológico y conflictivo en el ámbito del transporte urbano. Se quejan los taxistas, porque no quieren más licencias; se quejan los trabajadores de Tuzsa, porque no están satisfechos con sus condiciones de trabajo e incluso se quejan los que se atreven a transitar en bicicleta, porque los carriles bici no están bien diseñados.
Pero este mes otoñal nos ha traído otros asuntos que copan día tras día las primeras páginas de los periódicos y las portadas de otros medios de comunicación. Tanto el macrocentro lúdico, que está previsto levantar en plena estepa monegrina, como el interminable conflicto de los bienes de la Franja, preocupan tanto o más a los ciudadanos que esas obras realizadas a la orilla del Ebro casi a contrarreloj. Y es que, al parecer, muchos zaragozanos prefieren mantenerse al margen de este evento centenario y mostrar una actitud de euforia contenida o de emoción aplacada. Aunque queden sólo seis meses, parece mucho tiempo todavía. Están las Navidades de por medio, el inicio de un año que quedará para la historia de la ciudad, las elecciones generales de marzo y otros eventos que no figuran en ninguna agenda, pero que pueden surgir en cualquier momento.
La Expo, sin embargo, sigue entre bastidores hasta que se levante definitivamente el telón y desaparezcan las grúas, los inconvenientes de las obras y las frías imágenes de esqueletos de cemento. De momento, hasta parece que las calles están más tranquilas sin la herida del cierzo. ¿Dónde están los más de mil taxis? ¿Qué ocurre con la frecuencia de los autobuses? Lo único que no podemos eludir es el sonsonete prenavideño y la invitación al consumo. Lo demás permanece aún en la trastienda, como esos muebles antiguos que hay que restaurar antes de presentarlos relucientes en el escaparate. Tal vez sea mejor así: sin estridencias, sin demasiados alardes, entre bastidores.


Hace ya unos meses que no utilizo la bicicleta para transitar por Zaragoza. Antes del verano, aún me atrevía a recorrer de punta a cabo los once kilómetros del Tercer Cinturón - desde Isabel la Católica hasta el enlace con la A-2. Ahora, en cambio, ni eso. ¿Qué ha ocurrido? Que circular con bici por esta ciudad o por sus alrededores se ha convertido en una empresa difícil y, casi siempre, arriesgada. Y si no, que se lo pregunten al colectivo Pedalea, que aboga por el uso de este medio de locomoción barato y ecológico, pero se choca con la evidencia de trazados problemáticos que, más que un carril-bici, se han convertido en una carrera de obstáculos.
No conozco el último tramo de carril-bici recién inaugurado, entre el puente de la Almozara y el puente de Piedra. Según los portavoces del colectivo zaragozano, este carril-bici se debería denominar acera-bici. ¿Por qué? Pues, muy sencillo. Hay zonas en las que coincide la acera con el carril reservado a las bicicletas. Los pasos de peatones cruzan este carril de modo casi inesperado. Y lo peor de todo son algunos cruces con avenidas, como la del puente de Santiago. No sólo hay que esperar el cambio de semáforo, como un peatón más. Lo más sorprendente es que el carril no está señalizado en la calzada y hay que cruzar a la brava o bajándose de la bicicleta. Espero realizar pronto este recorrido para conocer el alcance de las quejas y el por qué se habla de una verdadera chapuza. Eso sí, seguramente lo haré a paso de marcha y, de momento, dejaré la bicicleta en casa. Está claro que las bicicletas no sólo son para el verano - como decía el recientemente fallecido Fernando Fernán Gómez - sino que, después de tantos desatinos, quedarán reservadas para carreteras secundarias, caminos verdes o alguna ruta ecológica netamente rural.

Hoy, hace ya treinta y dos años, comenzó la esperada marcha atrás para la conquista de la democracia. Una conquista dura, difícil, conflictiva, con vaivenes y altibajos. Este progresivo reencuentro con las libertades perdidas, no fue obra solamente de un par de dirigentes - como afirmaba hace unos años la periodista Victoria Prego. Fue, sobre todo, una conquista del pueblo, fruto de la presión de la calle y del empeño constante de amplios sectores de la sociedad española, especialmente del colectivo obrero y del estudiantil.
Hoy, hace ya treinta y dos años, un joven maestro en un colegio privado religioso de Barcelona, impartía clase a un grupo numeroso de alumnos de segundo de primaria. Ese veinte de diciembre nos sorprendió a todos la noticia de la muerte de Franco, a pesar de que era una muerte anunciada. Mis alumnos se alegraron porque ello suponía unos días de asueto. A sus siete años, no sabían aún quién era el Caudillo ni se imaginaban lo que iba a ocurrir después. A mis veintipocos años, tampoco me detuve a pensar lo que ocurriría semanas después. Me dirigí a las Ramblas, centro neurálgico de la Ciudad Condal, compré un periódico local y caminé por las calles más céntricas. La gente paseaba seria, preocupada, atenazada por la incertidumbre. Luego llegarían las manifestaciones, los gritos de amnistía y libertad, las consignas a favor del estatuto de automía. Serían dieciocho meses duros, largos, intensos. Hoy, esos niños de noviembre de 1975 tienen ya 39 años, los mismos que el príncipe de Asturias.
Esa conquista de la democracia, ese final de la dictadura, no fue una tarea fácil. Ni mucho menos. El veterano político y escritor Nicolás Sartorius y el joven profesor de la Universidad de Zaragoza Alberto Sabio han publicado un libro - El final de la dictadura. La conquista de la democracia (Noviembre de 1975- Junio de 1977), editorial Temas de hoy - en el que aportan elementos muy útiles para entender adecuadamente el sustrato político, económico y social de esos dieciocho meses. Espigo una de las frases con la que los autores intentan sintetizar su visión y su valoración de los hechos: "la democracia española no fue una democracia otorgada, sino conquistada con evidente esfuerzo y abundante riesgo y sacrificio".

Cuesta mucho creer lo que ha ocurrido estos días en la República del Chad, en pleno corazón de África. Cuesta mucho creer que una organización supuestamente disfrazada de ONG y bautizada con el curioso y sugerente nombre de El Arca de Zoé haya intentado aprovecharse de la indefensión de 103 niños a quienes quería disfrazar para que parecieran heridos de guerra.
Ha sido una noticia sorprendente que ha llenado y sigue llenando las páginas de los periódicos de todo el mundo, especialmente los españoles y franceses. Porque una compañía aérea española también ha estado metida de lleno en esta triste historia de niños inocentes. Esta noche podremos ver en televisión un reportaje inédito de estos largos días de angustia e incertidumbre. Las azafatas españolas ya están en casa, gracias a la mediación del presidente francés. Pero falta todavía el resto de la tripulación. Y quedará durante meses y quizás años la huella negra de la mentira, de los intereses creados y de la utilización del "todo vale".
Paradójicamente, estos tristes acontecimientos nos ayudan a refrescar la memoria y a recuperar nociones geográficas casi olvidadas o nunca aprendidas. ¿Quién sabía dónde estaba situado el Chad y con qué países lindaba? ¿Quién sabía que su capital era Yamena y que era una República? ¿Quién conocía que tiene una población de nueve millones y medio de habitantes y que casi la mitad son musulmanes? El engaño y la falsedad han puesto en el mapa mundial a uno de los países más olvidados del mundo. Ojalá sirva para algo positivo este desagradable suceso.

Nuestros mandatarios políticos autonómicos y nacionales ya están preocupados por lo que va a ocurrir en la ciudad de Zaragoza después de la esperada Expo-2008. Y les preocupa, sobre todo, qué va a suceder con todas las infraestructuras millonarias que se están levantando a marchas forzadas y a contrarreloj para llegar a tiempo dentro de poco más de medio año. No quieren que se repita lo de la Exposición de Sevilla de 1992. Y lo que desean es aprovechar los edificios para usos sociales o culturales que beneficien a la ciudad y a su entorno. Como es lógico, piensan ya en el 15 de septiembre de 2008, fecha que marcará una nueva etapa para la ciudad del Ebro, después de los fastos del próximo verano. Son conscientes de que hay que amortizar gastos y rentabilizar inversiones, pero no saben todavía a qué usos destinarán los distintos edificios, la Torre del Agua o el Pabellón Puente.
Ha comenzado, pues, un periodo de incertidumbre que se prolongará, al menos, durante siete meses. Y, como la incertidumbre va de la mano con la rumorología, ya empiezan a sonar voces sobre qué instituciones públicas o privadas ocuparán el meandro de Ranillas. La opción que ha saltado recientemente a los medios de comunicación es la que sitúa al histórico campus de San Francisco a la otra orilla del Ebro. No es, en principio, una idea descabellada. Lo que ocurre es que la noticia ha sorprendido a propios y extraños. Por eso, habrá que dar tiempo al tiempo y confiar en una solución coherente y de sentido común. El campus de San Francisco es un enclave privilegiado en una zona céntrica de la ciudad, se han rehabilitado recientemente casi todos sus edificios emblemáticos, se construyó una moderna biblioteca anexa a la facultad de Filosofía y Letras y se amplió la facultad de Ciencias dotándola de las últimas innovaciones. El traslado total del campus ya sería, en principio, un error. Pero lo más lamentable sería que en ese recinto se construyeran edificios de lujo y, por tanto, se perdiera un ámbito cultural para la ciudad. Habría que hacer algo similar a lo que ocurrió con la antigua facultad de Medicina en la plaza de Basilio Paraíso. Es un monumento histórico de la ciudad y se sigue utilizando no sólo como biblioteca sino como sede cultural de la universidad y de la propia ciudad.
Pero la incertidumbre no termina ahí. La ciudad debe de seguir mejorando después de septiembre de 2008. Y habrá que ubicar de una vez por todas la nueva Romareda, y habrá que decidirse entre el tranvía o el metro para el transporte colectivo, y habrá que poner en marcha diversas líneas de trenes de cercanías, y habrá que restaurar, por fin, el teatro Fleta,... Todo depende del buen hacer de nuestros políticos, de los acuerdos y consensos y de las aportaciones económicas públicas y privadas. Zaragoza será la gran beneficiada y los habitantes de la ciudad podremos sentirnos orgullosos no sólo de la Expo, sino sobre todo de la huella positiva de una efeméride que pasará a la historia el día después de su clausura.

Hay personas que mantienen vivo en su interior el rescoldo del resentimiento. Hay hombres que no conocen ni conocerán la autocrítica, pero que aprovechan cualquier oportunidad para ver la viga en el ojo ajeno y echar más leña al fuego. Hay disidentes natos, iconoclastas natos, radicales natos. Sólo existen ellos contra el mundo. Todo lo ven negro. Pasan repentinamente del blanco al negro e ignoran que existe el gris. Son personas que han visto el mundo desde una atalaya de porcelana y por ello se creen consejeros, adivinos, divos y agoreros. Suelen permanecer al margen de los eventos importantes de la sociedad, porque se han retirado ya a sus cuarteles de invierno. Pero cuando hablan o escriben, no cesan de expresar verdades a medias, censuras inconsistentes y amenazas a diestra y siniestra. Afortunadamente, no hay muchas personas de este talante.
Uno de ellos fue presidente del gobierno de España y aparece y reaparece como el Guadiana en los medios de comunicación. Acaba de publicar el libro Cartas a un joven español, que completa una trilogía. Sus ideas son peculiares, originales y sorprendentes. Probablemente tendrá mucho éxito, porque la extravagancia vende mucho y las ideas apocalípticas están de moda. ¿Por qué no puso en práctica lo que piensa cuando tenía la mayoría absoluta? ¡Ver para creer!, que decía un famoso locutor de la radio y la televisión.

Se acerca uno a la prensa diaria, presta atención a los medios de comunicación, se hace eco de los comentarios cotidianos de la gente de a pie, y se da cuenta de que en todos los niveles existen una serie de desequilibrios que no parecen solucionarse sino todo lo contrario. Hay desequilibrios globales, en el ámbito planetario; hay desequilibrios nacionales y hay desequilibrios autonómicos, comarcales y locales. Dentro de la Comunidad Autónoma de Aragón todos conocemos el contraste entre Zaragoza capital y el medio rural. Y si nos desplazamos a la provincia de Teruel, hay un cambio muy sensible de fisonomía entre las tierras del Bajo Aragón y las comarcas de Teruel o de las Cuencas Mineras. Algunos dicen que estas diferencias son históricas y muy difíciles de solucionar. Otros opinan que influye mucho el clima y la propia orografía. Pero, lo que está claro, es que caminamos hacia una concentración de población en unas pocas áreas: en España las zonas costeras están superpobladas y lo mismo ocurre con los alrededores de Madrid; en Aragón, Zaragoza tiene un gran círculo de influencia y las otras dos capitales le siguen de lejos. Sólo Calatayud mantiene aspiraciones de ciudad.
¿Cuál es la solución para resolver estos contrastes? El problema es muy difícil de resolver, porque todos buscamos un lugar donde haya buenos servicios, grandes centros hospitalarios, numerosas superficies comerciales, diversos centros educativos y una cierta comodidad a la hora de afrontar la vida cotidiana. Además, como cada vez se acortan más las distancias, la gente va a los núcleos rurales a trabajar y regresa en el día a la ciudad. Sólo los núcleos cercanos a las grandes ciudades se ven favorecidos al convertirse en grandes ciudades-dormitorio. Pero eso no resuelve el problema, sino que lo agrava. Ocurre, en definitiva, que todos queremos calidad de vida y pensamos que el ruido, el ajetreo y el consumismo nos la pueden proporcionar. Y la dinámica es muy peligrosa. Los países ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Este sí que es un auténtico desequilibrio. Algunos le llamarían injusticia. Lo peor de todo es que nadie se atreve a afrontar de lleno el problema. Y la distancia será cada vez más inalcanzable.

Siempre me ha atraído el término intrahistoria y su profundo y sutil significado. Desde que durante mis estudios universitarios, descubrí a Miguel de Unamuno y el tratamiento que le da a este término en su novela Paz en la guerra, he rastreado el uso del vocablo en novelistas, ensayistas e incluso en poetas del siglo XX. Ese buceo en lo cotidiano, esa recuperación de vivencias íntimas o colectivas, esa exhumación de los recuerdos más agridulces, esa mirada retrospectiva hacia un pasado más o menos lejano, ese despertar de la memoria adormecida por el tiempo o por las circunstancias sociopolíticas es el camino emprendido recientemente por narradores, guionistas de series de televisión o directores de cine.
Una muestra de estos intentos por recuperar la memoria es la película de Emilio Martínez Lázaro Las 13 rosas, que se estrena hoy en toda España. Julia Conesa, una de las jóvenes fusiladas el 5 de agosto de 1939, poco después de finalizar la guerra civil, escribió una carta momentos antes de ser abatida en la que manifestaba lo siguiente: "Que mi nombre no se borre de la Historia". Gracias al escritor zamorano Jesús Ferrero, que noveló los hechos en el año 2003, como al prestigioso director de Carreteras secundarias, - la excelente novela del aragonés Ignacio Martínez de Pisón, que es también guionista de esta película - podremos volver a recuperar hechos inconfesables, vivencias trágicas, situaciones incomprensibles. Eran años oscuros, años grises, años de radicalismos y de fanatismo cruel. Por ello, es bueno recuperar la memoria de vez en cuando. Sin maniqueísmo. Sin dogmatismo. Sin afanes partidistas. Todo para que ese río profundo de la intrahistoria unamuniana despierte nuestras conciencias y serene nuestros corazones. Un regalo para los amantes de la autocrítica y de la reconciliación.

Dice el refrán popular que nunca llueve a gusto de todos. Y esa es la pura realidad. Se hable de política, se hable de sociedad, se hable de negocios o se hable de celebraciones, siempre aparece una disparidad de criterios en ocasiones llamativa y casi paradójica. Es la sensación que tengo después de hablar con varias personas que han vivido más o menos cerca las recién terminadas Fiestas del Pilar. Unos hablan de más de lo mismo, otros comentan que han sido diferentes, algunos opinan que maravillosas y un grupo dice que demasiado largas y cargantes. Eso sí, en lo que coincide la gran mayoría es en el tema de los agobios y aglomeraciones. Aquí las opiniones son casi unánimes: retenciones, largas esperas, caravanas de coches,...
Tendrá que tomar buena nota el Ayuntamiento de Zaragoza para intentar subsanar estos problemas que, afortunadamente, no han llegado a más ya que han sido unos días sin accidentes graves o indicencias de consideración. De todos modos, no hay que buscar excusa en la huelga de autobuses para justificar los problemas para acceder o regresar de Valdespartera, las larguísimas filas de coches para acceder a la Intermodal o el botellón colectivo en pleno centro de la ciudad. Tal vez nuestros ediles tendrán que explotar un poco más la imaginación y buscar unas fiestas más descentralizadas - la mayoría de los barrios se quedan vacíos - y menos multitudinarias. Es verdad que expresiones como lleno hasta la bandera, no cabía un alfiler o récord de asistencia quedan muy bien en las primeras páginas de los periódicos. Pero hay que tener en cuenta también la intención de compaginar disfrute con orden y ciudadanía. ¿O quizás es que Zaragoza se queda pequeña durante estos días? Para el año que viene, se podrá disponer del espacio de Ranillas, con el Expo recién clausurada. No sería mala idea contar con alguna de esas zonas para ciertas celebraciones. En fin, esperaremos al año que viene en el que nos volverán a hablar de "los mejores Pilares de la historia".

Mientras se aproximan los días centrales de las Fiestas del Pilar 2007, Zaragoza capital se ha convertido desde el pasado sábado en una ciudad de contrastes. Para los que vivimos en barrios tranquilos - como el de Las Fuentes, a media hora del centro, - las celebraciones en honor a la patrona de Zaragoza pasan tan desapercibidas que ha sido uno de los fines de semana más tranquilos. Si no fuera porque las peñas "El Almuerzo" y "Los que faltaban" animan alguna de las calles con tradicionales verbenas nocturnas, pensaríamos que vivimos alejados de la capital. Todo tiene su cara y su cruz y, en este caso, los pequeños establecimientos hosteleros de los barrios comprueban cómo la clientela se desplaza masivamente hasta el centro. Además, el entorno del parque Torre Ramona ha quedado sin sus tradicionales atracciones para los niños y en entorno de Miguel Servet se ha quedado sin el Ferial. Sólo la carpa Interpeñas sirve de reclamo para miles de jóvenes al final de cada jornada festiva.
El contraste se evidencia más si uno se atreve a dar un paseo por Independencia o por la Calle Alfonso. La aglomeración de personas es tal que a veces resulta casi imposible circular por las aceras y hay que tomar la calzada o lo que venga por delante. Sin embargo, donde las aglomeraciones se convierten en caos de público es en la plaza del Pilar. Basta que un concierto sea gratuito, basta que acompañe el buen tiempo para que los zaragozanos de a pie se encaminen hacia este lugar amplio y espacioso y lo conviertan en pocos minutos en un callejón sin salida, en una ratonera, en una mezcla explosiva de entusiasmo, angustia y claustrofobia. Pero, como dice el refrán, "sarna con gusto no pica" y así seguiremos en las citas que faltan hasta el día catorce. Ya llegará el largo invierno con su rutina y monotonía. Los contrastes son buenos y el ambiente festivo es extraordinario. El largo fin de semana que se avecina traerá diversión para todos los gustos y colores. De momento, una nota alta para el preludio de las fiestas después del pregón.

Donde no llega la educación, suelen llegar las prohibiciones. Pienso que no es bueno prohibir por prohibir, ni prohibir porque sí. Incluso cuando hay razones de peso para prohibir, hay que pensárselo dos veces. Prohibido prohibir - decían los manifestantes de mayo del 68. Es verdad que no se pueden dejar las puertas abiertas al libertinaje, que la libertad de unos llega hasta el límite de los derechos de los demás. Todo esto lo sabemos de memoria. Pero hay situaciones en las que se deben tomar decisiones consensuadas, aunque vayan a contracorriente.
En las grandes ciudades se está generalizando el hecho de divertirse en la calle. Este legítimo afán de diversión corresponde, como es natural, a los jóvenes y adolescentes. Se trata de divertirse por la noche, de apurar la madrugada, de exprimir al máximo los efímeros fines de semana. Y para que la fiesta al aire libre sea más completa, recurren al alcohol y a algunas "pequeñas" drogas. Estos encuentros festivos se realizan preferentemente en los parques y zonas verdes de las grandes ciudades. Los jóvenes huyen de las aglomeraciones, de los espacios con humo y ruido, del intenso tráfico y del asfalto de la ciudad. Buscan, además, un tipo de diversión económica y un ambiente de total libertad. Hasta aquí, todo muy legítimo. Lo que ocurre es que, a pesar de las advertencias, a pesar de las ordenanzas, a pesar de la cercanía de contenedores, el rastro que queda en los parques y jardines es lamentable. Por eso algunos ayuntamientos están buscando una solución a este problema que afecta a los vecinos, a los niños, a los ancianos y a toda la población en general.
Los alcaldes no saben qué hacer. Los padres no comprenden la actitud de sus hijos. Los ancianos no pueden sentarse en los bancos de los parques los sábados y domingos por la mañana. Los niños no pueden usar con tranquilidad los columpios y toboganes. La mayoría pasean con recelo y con cierta indiferencia ante las bolsas, botellas y residuos abandonados en los parterres y las aceras. El personal de limpieza de los municipios trabaja a destajo los domingos por la mañana. Sin embargo, todos sabemos cuál es la raíz del problema. Lo difícil es encontrar una solución. ¿Una alternativa a este tipo de ocio? ¿Una educación en el tiempo libre desde la infancia? ¿Una potenciación de la Educación para la Ciudadanía en los colegios e institutos? Es difícil hallar la solución perfecta. Pero algo habrá que hacer. Es mucho mejor educar que prohibir. Pero pueden existir alternativas intermedias: diálogo, consenso, reflexión,... Todo menos quedarse con los brazos cruzados.

Me sorprende que una alcaldesa exprese sus opiniones sobre otra ciudad española con ánimo de revancha y con un deje de resentimiento. Me sorprende que Rita Barberá, alcaldesa de Valencia desde hace muchos años, arremeta contra las inversiones del Estado para un evento como la Expo 2008 que supera en decenas de motivos a la recién celebrada y poco exitosa Copa de América 2007. Me sorprende que este alcaldesa del PP olvide lo que todos los contribuyentes españoles han aportado durante ocho años a su ciudad. Los que conocemos Valencia y viajamos con frecuencia a la ciudad del Turia, sabemos que se ha convertido en una ciudad moderna, próspera y envidiada por propios y extraños. Zaragoza no dispone de una Ciudad de las Artes y las Ciencias, ni de un Oceanográfico, ni de unas playas saneadas, ni de un cauce como el del Turia. Zaragoza aspira a algo legítimo, que se ha ganado a pulso y que merece el apoyo de todos los españoles, incluidos los valencianos. Es una pena que, a menos de nueve meses de la inauguración de la Muestra Internacional, una personalidad política relevante intente poner piedras en el camino. Rita Barberá tendría que saber que eventos como las Olimpíadas de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla o la Copa de América relanzan e impulsan a toda España, independientemente del lugar que se celebren. Por ello, sus declaraciones son muy desafortunadas en el fondo y en la forma.
Me ha sorprendido también el silencio de los políticos aragoneses del partido de la oposición. ¿Aún siguen con su letargo veraniego? ¿O tienen que acatar órdenes superiores? Todo se verá en los próximos meses. De momento, está claro que la alcaldesa de la tercera ciudad española ha abierto la caja de los truenos y no sé cómo la cerrará. Tal vez esté dolida y resentida por el tema del trasvase. Por lo demás, más le valdría dedicarse a sus asuntos domésticos, que son muchos y muy importantes. Valencia ha conseguido un lugar de privilegio en España. Todos tenemos sana envidia de la capital del Turia. Pero de ahí al resentimiento hay un abismo. Y eso es lo que de ninguna manera se puede admitir. Los trapos sucios se lavan en casa, doña Rita.

No sé si se trata sólo de una impresión personal. Pero lo llevo varios días comprobando, y también lo he podido constatar en años anteriores. Al parecer, a nuestros líderes políticos aragoneses les han sentado muy bien las merecidas y, en algún caso, dilatadas vacaciones. Han regresado tranquilos, sosegados, satisfechos. Los unos, porque el resultado de las urnas del 27 de mayo les afianzó en sus posiciones; los otros, porque el varapalo electoral les ha sumido en una especie de estado letárgico que durará probablemente hasta el inicio del 2008. Creo que debe de ser un silencio fructífero, una retirada a tiempo después de cargar a tope las pilas durante el mes de agosto en la playa o en la montaña. Marcelino Iglesias mantiene en su agenda los actos más indispensables. El omnipresente Biel sólo aparece como el Guadiana pidiendo más dinero al ministro de turno. Y los dirigentes de la Chunta quizás estén refugiados durante unos meses en sus cuarteles de otoño. Algo similar ocurre con el alcalde y los ediles de un ayuntamiento que se está preparando para pasar dentro de nueve meses una de las reválidas más importantes de su historia. Belloch ha delegado sus funciones durante el largo verano en el teniente alcalde y acaba de reaparecer a cuentagotas. ¿Se reservará para los grandes eventos de la Zaragoza de 2008? El ilustre alcaldable, "vecino de Zaragoza", se deja ver a menudo paseando por el Coso Bajo y permanece en un estado de silencio reflexivo. Y Gaspar ha desaparecido casi totalmente del escenario político. Sólo el incombustible Labordeta sigue siendo el portavoz privilegiado de esta región, tanto a nivel nacional como autonómico.
Mientras tanto, las obras de la Expo se aceleran por momentos bajo la amenaza de unos plazos, cual espada de dámocles afilada. Los plazos se acortan en el caso de las fiestas del Pilar-2008. El ayuntamiento de Zaragoza quiere tirar la casa por la ventana. Pero, como nunca llueve a gusto de todos, nadie se pone de acuerdo sobre el nuevo emplazamiento de las ferias o sobre la futura ubicación de la carpa de las peñas. La gente quiere jolgorio y diversión, pero nadie desea el jaleo a las puertas de su casa. Y así es difícil de que las propuestas sigan adelante. Alguien tendrá que hablar, alguien tendrá que decidir, alguien tendrá que explicar los temas razonablemente. El silencio es bueno, pero en determinadas ocasiones hay que salir del letargo, dialogar y enfrentarse a los problemas. Aunque todo ello suponga un desgaste o una pérdida de credibilidad.

La mañana de este lunes, con la vuelta al colegio de los más pequeños y el regreso total a la actividad laboral, ha demostrado una vez más que la situación del tráfico en la capital aragonesa es cada vez más caótica y que, en este sentido, se acerca más a los problemas casi crónicos de la capital de España. Dicen que hasta que termine la Expo - falta todavía un año - los problemas de tráfico por las zonas más colapsadas de la ciudad no sólo se van a mantener sino que van a ir en aumento. Y el ciudadano se pregunta qué habrá que hacer para desplazarse al trabajo o a otros asuntos. Tal vez haya que potenciar más el transporte colectivo, pero lo que sucede es que también los autobuses colapsan, se colapsan y pierden su regularidad. Es una pena, pero esa es la dura y cruda realidad. Lo he podido comprobar esta mañana en la calle San Vicente de Paúl, en el Coso y en la Plaza de España. La policía local no daba abasto y algunos conductores tampoco colaboran estacionando su vehículo en doble fila sin ningún miramiento.
También sufrí las consecuencias del tráfico el sábado a primera hora de la tarde. La etapa contrarreloj de la Vuelta Ciclista a España dejó la ciudad patas arriba. Y un servidor, aunque es muy aficionado al ciclismo, opina que no hay derecho a que para organizar esta prueba hubiera que cortar el Tercer y el Cuarto Cinturón. Como botón de muestra, tengo que contar que para dirigirme desde Las Fuentes hasta San José tuve que recorrer 23 kilómetros. Y acabé en Valdespartera. No hay derecho a que los que sufren las consecuencias sean siempre los mismos. No hay derecho a que se planifiquen de este modo determinados eventos. No hay derecho a que tuviera que esperar una hora para salir de Zaragoza por mi ruta habitual. ¿Rectificarán la próxima vez? Quizás ya no se acuerden de las reclamaciones de tantos conductores como yo. Paciencia y hasta la próxima efeméride.

Hace siete años comencé con mi aventura en internet y, a fecha de hoy, tengo que reconocer que presenta más ventajas que inconvenientes. De entrada, he ahorrado mucho tiempo y desplazamientos a la hora de consultar libros, diccionarios o enciclopedias. También me ha sido muy útil para preparar algún viaje o reservar alojamiento. Sin embargo, he comprobado que hay algunas desventajas que convierten a la red de redes en una trampa o señuelo en el que uno puede caer cual un minúsculo pez perdido en la inmensidad del océano.
La famosa web puede atraparnos por muchos caminos. De los millones de páginas que podemos consultar en pocos segundos y a las que accedemos con un simple movimiento del ratón, la mayoría están elaboradas sin sentido y no aportan lo más mínimo a la formación del internauta. Es verdad que hay que valorar la relativa importancia del entretenimiento y de las páginas de ocio. Pero algunos medios para comunicarse por internet, como los famosos chats, pueden tener nefastas consecuencias para niños y adolescentes. Por eso, para navegar en la red hace falta una guía, un criterio y, eso sí, mucho autocontrol personal.
De todos modos, la basura no termina en determinadas páginas. Se extiende inexorable a multitud de correos electrónicos que llegan al destinatario mezclados con el correo útil. Es el famoso spam - palabra inglesa muy metafórica - que llega a oleadas a nuestros correos y bloquea cualquier buzón de entrada. Personalmente dedico casi todos los días unos minutos a eliminarlo, pero me gustaría hallar la forma de evitar esta invasión virtual. ¿Hay algún método? Si alguien conoce algún medio más o menos mágico de eliminar esta lacra, le agradeceré me lo comunique.

Cuando regreso a Zaragoza después de un período más o menos largo, me encamino hacia el centro de la ciudad, acompañado por Javier, y compruebo si ha habido algún cambio en sus calles o edificios más emblemáticos. Aprovechamos la tarde del domingo para encaminarnos hacia el Puente de Piedra que, al parecer, se ha convertido en lugar de peregrinación para muchos zaragozanos. Pudimos observar "in situ" la desaparición de la famosa solera de uno de sus arcos y el desvío artificial del Ebro, que esperamos sea momentáneo. Javier se sorprendió de esta obra y dudaba de su eficacia. A mí me ocurrió casi lo mismo. No nos imaginamos el río Ebro como un Sena parisino, navegable y turístico al cien por cien. De todos modos, después de la Expo se podrá comprobar su eficacia.
Muy cerca del Puente de Piedra pudimos observar las ruinas de lo que fue el famoso Club Náutico. ¡Qué poco ha costado echar por tierra tantos años de historia! ¿Será para mejorar el recinto? - se preguntaban algunos viandantes. De momento, esa es la pregunta del millón. Como no todo son reformas polémicas, regresamos por la calle Don Jaime, recién remodelada y sin adoquines. ¡Ya era hora! - exclamó Javier. Lo demás sigue casi igual que antes del verano: restauración de la pared norte del Pilar, restauración de la pared de la Magdalena que da a la Plaza Mayor, obras eternas en algunos edificios de la Plaza de España,... Eso sí, no nos acercamos a las obras de la Expo. Todo sigue su curso y, según dicen, se llegará a tiempo. Sí que pudimos contemplar la reforma de las riberas del Ebro y del azud, cercano a nuestra casa. No sé cómo quedará, pero tal vez no corresponda al espacio verde y arbolado con el que todos soñamos. Lo del azud tampoco nos convenció mucho. ¿Qué ocurrirá cuando llegue una gran avenida? El tiempo lo dirá. De momento, confiaremos en los ingenieros y en la solvencia de las empresas.

A veces, paseando por la ciudad, se encuentra uno con situaciones aparentemente paradójicas. O, por lo menos, curiosas y casi sorprendentes. Mientras en la mayor parte de los pueblos de la geografía aragonesa, las zonas otrora cultivables se están quedando yermas y se llenan de todo tipo de zarzas y de hierbas, en Zaragoza capital - concretamente en el barrio de San José, como muestra la foto - se ha reservado una pequeña zona ajardinada para que algunos jubilados del barrio puedan ocupar una parte de las horas del día y dedicarse a algo sano, saludable y productivo.
No sé si habrá que volver algún día a cultivar zonas yermas de nuestros pueblos. De todos modos, sorprende contemplar cómo algunos ciudadanos quieren vivir en la gran ciudad con las ventajas de los pueblos. Y eso es realmente difícil. La iniciativa de los huertos urbanos no es mala. Pero, los pueden surgir diversos problemas: ¿A quién se adjudica cada pequeña parcela? ¿Quién tiene preferencia? ¿Se pueden compartir? ¿Quién asume los gastos complementarios? Nos queda el consuelo de que es una zona verde más y que nuestros jubilados y prejubilados no tienen que estar toda la mañana sentados mano sobre mano en algún banco del parque o jugando una partida tras otra de guiñote.

Esta tarde, de regreso desde Aliaga a Zaragoza, he podido comprobar una vez más la inutilidad de unas obras de adecentamiento de la carretera de Alcañiz a su paso por el término municipal de Escucha, cerca del puerto de San Just. ¿Para qué sirve esa casi inconsistente capa de asfalto? ¿Acaso para justificar una determinada inversión pública? Lo están dejando mucho peor que antes. Cuando el ciudadano de a pie comprueba esto, reflexiona sobre el destino tantas veces inútil de una parte de sus impuestos. Contrasta esta chapuza con el adecentamiento de otra carretera pocos kilómetros después, cerca de La Hoz de la Vieja. Ahí sí que están bien invertidos nuestros impuestos. Es un botón de muestra más de tantas actuaciones incompetentes. La llegada a Zaragoza no me ha deparado, en cambio, demasiadas sorpresas. Eso sí, no me he querido asomar a la ribera del Ebro. ¡Menudo lío se ha montado! Prefiero dejarlo para mañana. En el barrio zaragozano de Las Fuentes, muy poca actividad, en vísperas de cinco días de festejos. Eso sí, todo sigue igual: la marquesina del inicio y final de la línea 30 de autobuses sigue sin estar instalada. Las calles continúan sucias y los aparcamientos, saturados. Mañana comenzaré a preparar un curso que se adivina ya inminente. De momento, ha vuelto el bochorno a Zaragoza. ¿Será más caluroso septiembre que agosto? Quizás no sea la primera vez. |

Ya tardaban en llegar los temidos incendios veraniegos. Hasta ahora, las temperaturas no habían sido excesivamente altas y, al parecer, el territorio español se mantenía a salvo de esta lacra estival. Pero, en la última semana de julio y con el inicio de agosto, dos grandes incendios han afectado a las dos grandes islas canarias: Gran Canaria y Tenerife. Lo peor de todo es que, en muchos de los casos, estos incendios son provocados. ¿Hasta dónde es capaz de llegar un pirómano? ¿Qué razones le pueden mover a prender fuego por varios frentes a un determinado enclave natural?
Ayer tarde, en un bochornoso inicio del mes de agosto, pude ser testigo de uno de los incendios que ha quemado ya más de mil hectáreas en los términos municipales de Torre de las Arcas, de Obón y de Montalbán, en la provincia de Teruel. Hacia las cinco y media de la tarde, contemplé desde la fuente de Escucha, en la ladera de San Just, una columna negruzca de humo que ascendía desde un monte cercano en dirección a Montalbán. Lo que parecía un pequeño fuego, se extendió durante toda la noche favorecido por el viento y las inusuales altas temperaturas. Pero lo peor de todo es que una trabajadora del retén de la DGA ha fallecido esta mañana debido a las heridas que le ha producido la caída de un árbol mientras colaboraba en las tareas de extinción. Noticia trágica y lamentable. ¿Se pueden evitar estos accidentes? ¿Cuál ha sido la causa de este último incendio?
Son muchas las preguntas que nos podemos plantear al respecto. Pero, lo más triste, es que los bosques están cada vez más sucios, cada vez hay más residuos en las cunetas de las carreteras, se hace caso omiso de las advertencias que prohíben hacer fuego y la imprudencia está a la orden del día. Las consecuencias son inevitables y casi irreversibles. Lo peor de todo es la pérdida de una vida humana. Pero también es lamentable que el veinte por ciento de la isla de Tenerife haya quedado calcinado debido a una imprudencia o a una deliberada mala intención. Y aún quedan muchos día de verano, como canta Amaral.

El Puente de Piedra o Puente de los Leones es el más antiguo que se conserva sobre el Ebro. Se remonta al siglo XV, se edificó sobre el antiguo puente romano y es de estilo gótico. Durante su ya larga y dilatada historia ha sufrido diversos avatares: riadas, accidentes, restauraciones,... Pero, a pesar de todo, se mantiene ahí y sigue siendo uno de los iconos de Zaragoza.
Pero este histórico monumento vuelve a estar amenazado. No van a ser riadas, ni vendavales, ni hundimiento de alguno de sus siete arcos. Este símbolo de la ciudad aragonesa va a recibir, si nadie lo remedia, una pequeña pero inquietante reforma: la solera o piedra plana que sustenta la cimentación de uno de sus arcos centrales va a ser rebajada para garantizar la navegabilidad del Ebro durante la celebración de la Exposición de 2008.
La polémica está servida. Científicos y ecologistas están en desacuerdo. Algún partido político también ha opinado al respecto y se ha manifestado en contra de esta medida. La sociedad Expoagua argumenta, sin embargo, que rebajar la solera no va a afectar a la estructura histórica del puente. Detrás de todos estos dimes y diretes, idas y venidas, se advierte una cierta improvisación y el ciudadano capta una sensación de inseguridad y de falta de planificación. No sé cómo acabará el asunto. De momento, prefiero quedarme con la fotografía más antigua de este puente, realizada en octubre de 1860 por el fotógrafo inglés Charles Clifford durante el viaje de los Reyes de España a Zaragoza. Aparece en la portada del Heraldo de hoy, 27 de julio.

En el barrio de Las Fuentes hay una calle dedicada al cineasta aragonés Florián Rey (La Almunia, 1894 - Benidorm, 1962), uno de los máximos representantes de la industria cinematográfica española de la Segunda República. Es una calle ancha, con amplias aceras, aunque su firme necesita una reforma. En esta avenida tiene su origen y su final el autobús urbano número 30, uno de los que vertebran Zaragoza y uno de los más usados por los zaragozanos. Hasta aquí todo correcto.
¿Qué sucede entonces? Ocurre algo tan sencillo como lógico. Que los ciudadanos que esperan el autobús en esta parada tienen que soportar los calores del verano y los rigores del invierno. Tienen que refugiarse en los portales o en el bar más cercano los días más desapacibles y no pueden esperar tranquilamente el autobús bajo una marquesina, a la sombra, o incluso sentados. Son muchos años esperando. Sé que el ayuntamiento tiene otros planes, otras prioridades. Pero, ¿Cuántos inicios o finales de línea de autobús urbano están sin marquesina? No creo que sean muchos. Y el presupuesto puede incluir el gasto, mínimo en este caso. ¿O hay acaso otras razones que desconocemos los usuarios? A ver si TUZSA reacciona y mejora las condiciones de esta parada, muy importante para cientos de zargozanos.

El secuestro de la revista satírica El Jueves ha sido, en principio, una medida polémica. Esta decisión judicial, que llega tarde y a destiempo, ha sorprendido a propios y extraños. Y sus efectos están siendo totalmente paradójicos. Una revista con un número más bien limitado de lectores y de admiradores se ha convertido en esta última semana en una de las más buscadas y deseadas. Sus precios en las subastas de internet están alcanzando cifras hasta ahora inimaginables. Estos son los primeros efectos de la prohibición, del secuestro y de una decisión impopular. Casi nadie había dado importancia a la escabrosa y zafia portada. Ahora todos buscan el motivo de esta polémica: una viñeta más contra la institución monárquica, una más en sus treinta años de historia. ¿Por qué no ha sido secuestrada antes? ¿Por qué ahora? ¿Hasta dónde llega el límite de la libertad de expresión? ¿Cuál es el termómetro que mide la ofensa contra las personas?
La polémica continuará durante unas semanas. Pero lo que permanecerá son los treinta años de esta publicación, una revista de humor de tinte político que comenzó su andadura en mayo de 1977, poco antes de las primeras elecciones democráticas. Precisamente el mismo día del secuestro del último número - ¡qué coincidencia! - se inauguraba en el Centro de Historia de Zaragoza la exposición 30 años de El Jueves (¡Siempre a nuestra puta bola!). El éxito de esta muestra - que se prolongará hasta el 16 de septiembre - está asegurado después de esta polémica decisión de Conde Pumpido. Sin embargo, la exposición va más allá de las anécdotas y nos acerca al lenguaje del gran humorista Ivá - habla popular de perdedores y marginados -, a las originales caricaturas de Vizcarra, que nos transmiten la esencia del personaje, y a las portadas más representativas de estos treinta años, que reflejan la historia de España en un espejo cóncavo, casi esperpéntico.
Nunca me han atraído especialmente las revistas de humor. Ni siquiera El Jueves, que ha pasado inadvertida para mí durante estos años de democracia. Sólo recuerdo que, en uno de sus primeros números, aparecía desnudo, alzando con sus brazos a atractivas señoritas, un profesor de gimnasia de un colegio concertado barcelonés. Este docente fue despedido inmediatamente del centro. La medida no trascendió más allá de las paredes del colegio. Eso sí, los alumnos más veteranos realizaron una sentada como protesta por la medida y en defensa de esta persona. Sorpresas, contradicciones y paradojas de una decisión que, a la larga, quedará como una anécdota. Lo mismo ocurrirá con el reciente secuestro de la revista. Quedará lo importante: el arte del humor, el ácido de la crítica y la lucha por la libertad de expresión.

La llegada de los meses de verano - fechas elegidas para unas largas y merecidas vacaciones por la mayoría de los ciudadanos - viene acompañada de evidentes paradojas. Lo normal sería que, durante estos meses, predominara el solaz, la tranquilidad y el descanso relajado. Sin embargo, no suele ser así: las vacaciones cada vez entrañan más peligros y cada vez suponen riesgos añadidos a los que ya sufrimos en la vida cotidiana. Basta estar atentos a los medios de comunicación para convencernos de esta aparente contradicción: los meses más tranquilos suelen ser los más accidentados.
Los peligros acechan en muchas partes. No hace falta desplazarse a países exóticos o a naciones en conflicto - el trágico atentado del Yemen está en la mente de todos -. En cualquier carretera, en cualquier camino, en un pantano, en una piscina, en un barranco o en la ladera de una montaña puede haber un riesgo latente. Ayer pude comprobar cómo algunas carreteras secundarias de Aragón multiplican el tráfico durante estas fechas. Lo mismo ocurre en las rutas de aventura o los deportes de riesgo. Por no hablar de los festejos populares con vaquillas o petardos incontrolados, de los incendios forestales o de las noches sin control en las grandes ciudades. El peligro está ahí, a la vuelta de la esquina. Pero lo más triste es que estos accidentes - muchas veces mortales - han aumentado en lugares aparentemente tranquilos e idílicos.
Me refiero a las playas, lugar preferido por la mayoría de los españoles para sus vacaciones de verano. En pocos días han fallecido ocho personas en las playas de la Comunidad Valenciana. Durante la última semana, una mancha de fuel ha obligado a clausurar tres playas en la isla de Ibiza. Las medusas han vuelto con fuerza en algunas playas de Alicante. Y el drama de la emigración ilegal deja algún cadáver en las costas de Tenerife. El mar se cobra su tributo. Pero habrá que preguntarse qué responsabilidad tiene el hombre en estos sucesos. Se habla de conductas temerarias, de que los bañistas hacen caso omiso de las señales de peligro, de la poca atención y vigilancia de los padres sobre sus hijos. El asunto está ahí, e invita a la reflexión. Otro problema paralelo es la contaminación ambiental de numerosas playas. Lo ha denunciado Geenpeace. En nuestro país hay, al menos catorce playas que dan asco. Vertidos industriales, residuos fecales, fango,... Es el tributo del falso progreso. La bandera negra ondea en algunas zonas. ¿Se multiplicará en los próximos años?

El Papa Benedicto XVI acaba de celebrar los dos años de su mandato. Un mandato sin pena ni gloria. Su labor está pasando inadvertida y, al parecer, va a ser un pontífice de transición. Sin embargo, quiere dejar una huella para la posteridad. Acaba de publicar un decreto motu proprio mediante el cual autoriza la celebración de la misa en latín, siempre que un grupo de fieles lo solicite. Además, anima a los obispos a apoyar y a poner en práctica esta medida.
¿Es posible?, se preguntan muchos católicos y no católicos. Sí. No es ninguna noticia falsa, ni ninguna inocentada. La misa en latín, abandonada por la iglesia después del Concilio Vaticano II, llegará a algunas iglesias, para satisfacción de los creyentes más tradicionalistas. Las interpretaciones pueden ser distintas y muy dispares. Pero, lo que está claro, es que estamos ante un gesto más de vuelta al pasado sin paliativos. A este paso, pronto se podrá decir la misa de espaldas a los fieles, pronto se podrá predicar desde el púlpito y pronto se aconsejará el velo para las mujeres y la separación en la iglesia entre hombres y mujeres.
Aún recuerdo la misa en latín en mi primera infancia. No son recuerdos muy buenos. Eran celebraciones abrurridas, tristes y rutinarias. Al parecer, se quiere volver a la iglesia de mitad del siglo pasado. Una iglesia que ya habíamos olvidado. ¿Se trata de una nueva Contrarreforma? A ver si el Papa reacciona y da marcha atrás. O los mismos fieles, que son los que tienen la palabra.

Después del trágico y cruel atentado en el Yemen, vuelve a reaparecer el miedo a viajar a determinadas zonas del mundo. Es ya muy larga la lista de países que presentan algún riesgo, más o menos grave, para el viajero que busca algo exótico o que persigue la aventura. Hace tres o cuatro décadas eran pocos los españoles que aprovechaban las vacaciones de verano para viajar a Europa y muy pocos los que se atrevían a pisar el continente africano, el americano o el asiático. Afortunadamente, han cambiado mucho los tiempos y el poder adquisitivo de los españoles permite desplazarse a lugares lejanos. Pero el fantasma del terrorismo está ahí. Y es una amenaza cada vez más frecuente en más de sesenta países del mundo. Guerras, terrorismo, atracadores, riesgos para la salud,... son algunos de los factores negativos que alertan y ponen en guardia al ciudadano antes de elegir un destino.
Es verdad que el riesgo puede estar en cualquier recodo del camino. Pero está claro que el peligro se multiplica en algunos países de África, Asia o Centroamérica. Y es una pena para los propios países, que ingresarán mucho menos en divisas; para las agencias de viajes, que se ven obligadas a limitar sus ofertas, y para aquellos que han estado ahorrando durante varios años para lograr uno de sus sueños. Habrá que esperar tiempos mejores. Si es que llega esa oportunidad. Porque los conflictos no cesan y el terrorismo se multiplica por todo el planeta. De momento, los que todavía no tenemos vacaciones nos dedicamos a pasear por la ciudad o a viajar virtualmente a través de internet o con la lectura de algún libro.

Esta es la pregunta que nos hacemos en la tarde-noche de hoy muchos aragoneses, muchos turolenses y, sobre todo, los que no tienen más remedio que elegir el tren como medio de comunicación para desplazarse de Zaragoza o de Teruel hasta Valencia. No es la primera vez que ocurren percances similares. Bastaría con consultar las hemerotecas para convencernos de que la línea Teruel-Valencia es de las peores que Renfe mantiene en España.
Al parecer, hoy sólo ha sido un susto. Un gran susto para los 28 pasajeros que realizaban este trayecto. El incendio de la locomotora en un lugar inhóspito y muy escabroso ha obligado a evacuar a los viajeros en helicóptero. Podría haber sido una tragedia y estaríamos lamentándonos eternamente. De este modo, se quedará en un percance más para añadir a tantos y tantos en los últimos años. Lo peor de todo es que nadie toma medidas urgentes. Todo es a largo plazo. Como la autovía mudéjar, como los pasos transpirenaicos, como el desdoblamiento de la carretera de Alcañiz, como la autovía Fraga-Alfajarín. Mientras tanto, ocurre lo que ocurre. Todo por culpa de las imprevisiones, los medios obsoletos y los planes siempre diferidos.

La memoria se alimenta de imágenes. Los recuerdos se nutren de percepciones visuales. El futuro se anticipa mediante imágenes virtuales. Lo virtual, lo figurado, lo imaginativo está ganando cada vez más terreno a lo real, a lo vivencial, a lo presencial. Hasta lo más real se nos antoja virtual en ocasiones. Este mediodía, mientras cruzaba a paso ligero por la "Ciudad Jardín", en el zaragozano barrio de Delicias, contemplaba imágenes que se habían quedado grabadas en mi retina hace unos veinticinco años. Y me parecían irreales, virtuales. Me resultaba difícil y casi inverosímil contemplar ese pequeño oasis o paréntesis rural casi en el centro de una ciudad amenazada día a día por el cemento, el asfalto y la especulación urbanística.
El pasado nos aporta imágenes virtuales, casi obsoletas, como las que nos ofrecían hoy las distintas cadenas de televisión para recordarnos los treinta años de democracia. ¡Cuántas imágenes para recordar! ¡Cuántas imágenes para olvidar! La mente se viste de nostalgia y de una leve melancolía cuando experimenta ese paso inexorable del tiempo. Son como fotografías casi amarillentas de ese álbum que guardamos sin saber por qué y que a veces contemplamos con recato.
Pero las imágenes auténticamente virtuales son las del futuro. Un futuro como el de la Exposición Internacional de 2008, que se celebrará en Zaragoza de aquí a 365 días. Una cuenta atrás todavía virtual. Porque la realidad está en construcción, en proceso, en progreso, en continua innovación. De momento, a los que no hemos visitado las obras, ni tenemos intención de visitarlas, nos basta con la maqueta que casi hemos memorizado, con los bocetos, con los prospectos. Y confiamos en nuestros políticos, en nuestros arquitectos, en nuestros ingenieros, en las cabezas pensantes. Aunque nos asalta una pequeña duda ante la incertidumbre, todos pensamos que estas imágenes virtuales serán realidad dentro de un año. Luego se volverán a marchitar en la memoria y retornarán a un estado virtual menos futurista, más intimista, definitivamente ahogado por la cruda realidad.

Es bueno, en ocasiones, recordar. Es positivo volver la vista atrás y remontarnos a los inicios de la democracia en España. Hace nada más ni nada menos que treinta años. Corría el mes de junio de 1977, más caluroso incluso que el actual y más agitado social y políticamente. Se celebraron las primeras elecciones generales y ganó un partido de centro, la UCD de Adolfo Suárez. Nos lo recordó el martes Antena 3 en un cuidado documental estructurado en dos partes. En la primera, se habló de la figura de Adolfo Suárez, de su incuestionable papel en los años difíciles de la Transición, de su talante y talento político, de su audacia, de su visión de futuro, de su don de gentes. A medida que pasan los años, se agranda la figura de este primer presidente de la democracia, que supo aunar voluntades y aglutinar afanes. Todo desembocó en la Consitución de diciembre de 1978.
Pero no fue una travesía fácil. Ni mucho menos. Adolfo Suárez aguantó abucheos, descalificaciones e insultos. Se atrevió a legalizar el Partido Comunista, el viernes santo de 1977, y supo seguir adelante en el proceso de reforma política y territorial, a pesar de la oposición de los numerosos involucionistas y nostálgicos del franquismo. Luego vendría el oscuro túnel del 23F y la trágica travesía surcada de cadáveres, víctimas del terrorismo.
Por eso, desde la perspectiva actual, es bueno contemplar esas imágenes en blanco y negro y reflexionar. Reflexionar sobre lo que se ha avanzado. Y sobre lo que queda por hacer. Porque todavía sobra mucha crispación, muchos indicios de nostalgia política y esa casi perpetua amenaza contra la democracia, que es el terrorismo.

El poder de la publicidad es tal, que ya lo tenemos asumido en nuestra vida cotidiana y lo toleramos como un huésped cada vez más familiar y menos inoportuno. Los programas de Lengua Castellana de Secundaria y de Bachillerato dedican algún tema a los mensajes publicitarios. Lo plantean, lógicamente, desde un punto de vista objetivo y desde una perspectiva de comunicación lingüística y audiovisual. Es un planteamiento correcto. Porque hay que transmitir a nuestros niños y adolescentes qué pretenden los anuncios publicitarios, cómo presentan el mensaje y cuál es su intencionalidad implícita. Una vez comprendan estos presupuestos más o menos teóricos, podrán elegir entre unos productos u otros. Lo importante es que vayan adquiriendo espíritu crítico para no dejarse llevar por tanta publicidad engañosa, por tantos cantos de sirena, por tanta basura diseminada entre lo útil, lo necesario, lo válido o lo duradero.
Porque, debajo del mensaje publicitario, subyacen connotaciones de todo tipo: el prestigio, el placer, lo natural, la juventud, lo light... Y ya sabemos que la finalidad esencial de la publicidad es vender el producto a costa. En ocasiones, a cualquier precio. Los más influenciables son, lógicamente, los niños. Solicitan y desean poseer lo que ven en la televisión o en las vallas publicitarias. Pero para eso están los padres: para educarlos en el consumo responsable y alejarlos del consumo compulsivo. Los adolescentes sufren también esta fiebre consumista. En este caso, la moda, el mimetismo, el qué dirán, el ser como los demás... alimentan su afán de consumir. Les obsesionan determinadas marcas y se dejan llevar por el brillo, el colorido o la parafernalia. Pero todos sabemos que no es oro todo lo que reluce. Y que la mejor publicidad es, casi siempre, el boca a boca; es decir, la propia experiencia del consumidor. Hay que reconocer, sin embargo, que la publicidad aglutina originalidad, arte y creatividad. Pero de ahí a que nos avasalle y subyugue hay un largo camino.

Hace dos días, cuando aún estaban calientes los rescoldos electorales y los pactos comenzaban a ser un oscuro objeto del deseo de los políticos, los medios de comunicación de la capital aragonesa hablaban de unas cifras sorprendentes: más de 202.000 zaragozanos no habían acudido el domingo a las urnas, 30.000 más que en las autonómicas y municipales de 2003. Es una cifra que llama todavía más la atención si se compara con los electores que votaron al partido ganador, 115.723 votantes. Ya lo decían los líderes políticos en los diversos actos de la campaña electoral: "Id a votar". "Vuestro voto es importante". "No os quedéis en casa".
La realidad fue, lamentablemente, muy distinta a lo que muchos esperábamos: casi un cuarenta por ciento de potenciales votantes se quedaron en casa, se fueron de fin de semana o se dedicaron a otros menesteres. Habría que buscar las razones de esta alta cota de abstencionistas y plantearse algunas cuestiones: ¿Estuvieron motivadas por la decepción o el escepticismo? ¿A qué franjas de edad o capas sociales afectó más la abstención? ¿Qué partidos sufrieron directamente esta ausencia de votos? Podríamos seguir con las preguntas y tal vez nos acercaríamos a alguna de las claves. De todos modos, es un problema difícil de diagnosticar.
No sé lo que ocurrirá en las próximas elecciones generales de 2008. Tal vez los políticos tengan que cambiar de táctica para motivar más y mejor al electorado. Y acercarse más a los jóvenes. Y a los inmigrantes. Y a los que afirman estar ya de vuelta de la política. Porque, cuando se tomen decisiones importantes en un ayuntamiento, en una comunidad autónoma o en el estado español, los votos serán un respaldo, una garantía y un silencioso soporte. Los que no han votado, tal vez acaten en silencio una u otra propuesta. Está claro que no tendrán derecho a protestar, ni a pegar pegatinas a favor de la disidencia. Antes que nada, deberían haber hablado en las urnas y no lo hicieron.

Después de varios meses de precampaña y de dos semanas de campaña electoral, nuestros representantes políticos se tomaron un merecido día de descanso, y los votantes una teórica jornada de reflexión. Pero no todo acababa ayer. Ni mucho menos. A partir de hoy, todos los políticos electos - y los que se han quedado fuera de las autonomías o de los ayuntamientos - deben ponerse a trabajar y, sobre todo a reflexionar. Y la reflexión supone autocrítica. Es un ejercicio muy saludable y que todos los demócratas deberíamos practicar a menudo.
Ayer noche, mientras seguía por las distintas cadenas la evolución de los resultados electorales, pude observar muchas caras de satisfacción, bastante autobombo, alguna sonrisa a medias y casi ninguna autocrítica. Algunos dirán que era demasiado pronto; otros, que los trapos sucios hay que lavarlos en casa. Pero lo que está claro es que a los votantes, a los que apoyan y van a seguir apoyando a una determinada manera de pensar o de actuar, hay que hablarles claro, hay que comentarles el porqué de un descenso de escaños o de unos objetivos no alcanzados. Lo demás es tirar balones fuera o caer en tópicos. Y es un tópico echar las culpas a la abstención, o al desgaste de los años de gobierno. ¿Es que los demás no tienen desgaste? Hay que ser claros y mostrar las cartas boca arriba. La autocrítica es buena. Si la utilizáramos con más frecuencia, todo funcionaría un poco mejor.

Los políticos se transforman durante estos días de campaña electoral en auténticos actores. Basta asistir a cualquiera de los mítines que se celebran por toda la geografía española para comprobar cómo una de las armas de la persuasión es actuar lo más brillantemente posible en un escenario, con su correspondiente parafernalia, cámaras por doquier, música de fondo más o menos estridente y un público entregado ondeando banderas o coreando lemas.
Si cerráramos momentáneamente los ojos, el ambiente de un mitin puede semejarse al de un gran concierto e incluso al de un espectáculo deportivo. Hay, sin embargo, bastantes diferencias. El político de turno tiene que ingeniárselas para persuadir no a los que asisten al acto - que normalmente ya están convencidos - sino a los que no están presentes. El político tiene que ser realista y debe evitar caer en ciertos tópicos que todos conocemos.
De todos modos, no está mal esta escenificación momentánea. De lo contrario, la política sería muy aburrida y monótona. Tal vez eso es lo que opina el ciudadano de a pie.

Hoy ha abierto sus puertas en Zaragoza la multinacional sueca de muebles Ikea. Dicen que es bueno para la capital aragonesa este nuevo templo del consumo, enclavado en medio de los desolados montes de Torrero. Pero los pequeños y medianos fabricantes y distribuidores de muebles quizás no opinen lo mismo. El tiempo lo dirá.
Ikea desembarca en la capital aragonesa a bombo y platillo, cual si fuera un milagro del consumo y del marketing. Porque esta empresa nórdica arrasa allí donde va. ¿Cuáles son los motivos? Algún secreto tendrán sus directivos y ejecutivos para que el reclamo sea de tal magnitud, para que la gente se acerque en masa desde el primer día, para que algunos compren, incluso, lo que no necesitan.
Todo son facilidades en estos primeros días para los potenciales consumidores: transporte gratuito en autobús, recintos de ocio para los más pequeños... Todo menos los accesos por el tercer y cuarto cinturón, que están todavía sin terminar. Como casi todas las grandes inauguraciones, siempre surgen las prisas e improvisaciones el día anterior. De momento, el cartel inconfundible y el reclamo azul se divisa desde lejos en medio de un paisaje agreste y casi yermo.

Tengo un amigo en el barrio zaragozano de Las Fuentes que se preocupa por el entorno en el que vive, por el bienestar de sus vecinos y por el futuro de sus hijos. Cada vez que me encuentro con él, me comenta algún problema o compartimos alguna inquietud. Ayer salió en nuestra conversación el tema de las elecciones municipales y autonómicas, y coincidimos en lo mismo: desde su inicio, hace casi una semana, en este barrio la campaña está pasando inadvertida. Si uno no lee la prensa, escucha la radio o ve la televisión, se diría que la campaña electoral no existe en esta zona del sureste de Zaragoza.
Pero él iba incluso un poco más lejos: "Parece que se olvidan de los barrios periféricos o piensan que tienen el voto ya asegurado. No saben que existe el absentismo y que hay que mentalizar al ciudadano para que el día 27 vaya a las urnas". Y tiene gran parte de razón: ni siquiera una calle importante como Salvador Minguijón tiene carteles publicitarios. Eso sí, vas al centro y te inundan de consignas, músicas archiconocidas y discursos rutinarios. Y en Las Fuentes, como en otros barrios periféricos, hay grandes obras pendientes y muchas promesas por cumplir. ¿Lo saben los futuros ediles? Casi lo llego a dudar. ¿Conocen las carencias en equipamientos, en transporte colectivo, en zonas verdes, en centros culturales, en calles adecentadas o en accesos más racionales? Me imagino que sí. Pero el centro tiene otros reclamos y otros escaparates más llamativos. Mi amigo, de todos modos, tiene mucha razón.

Los líderes políticos autonómicos y municipales comenzaron anoche una intensa campaña para convencer a los indecisos y arañar algún voto donde sea y como sea. Ese es su trabajo durante estos quince días: mítines, entrevistas, encuentros con organismos, encuentros con el ciudadano de a pie, cenas de trabajo, debates... Todo en un clima que, por unos días, va a dejar de lado la crispación y va a teñirse de color verde, el verde de la esperanza, el verde de las promesas, el verde de esta primavera pre-veraniega.
Me pregunto si aún quedan indecisos. Me pregunto si las encuestas son fiables. Me pregunto si vale la pena tanto gasto en una campaña que se me antoja larga y repetitiva. También me pregunto si el ciudadano va a votar a las personas, a las ideas o a los proyectos. Los candidatos, en principio, aparecen con abiertas sonrisas y con piel de cordero. Las ideas difícilmente van a cambiar en dos semanas de campaña. Los proyectos son similares en la mayoría de los casos.
Tarea difícil para el líder político: convencer al que ya está convencido, proponer planes creíbles y fiables, ofrecer algo realista y asequible, huir de los triunfalismos, pisar más la calle, acercarse más al más reacio... De todos modos, la campaña auténtica ya empezó hace cuatro años. Y la próxima comenzará el 28 de mayo, un día después de las elecciones.

Un día como el Primero de Mayo se presenta normalmente con tinte reivindicativo, con manifestaciones de todo tipo y, sobre todo, con la reclamación de un derecho elemental para los trabajadores: empleo digno, salario justo y puesto de trabajo estable y de calidad. Sin embargo, la realidad es con frecuencia muy distinta: hay empleo precario, hay cierre de empresas, hay prejubilaciones obligatorias, hay expedientes de regulación de empleo,...
En Aragón, el tejido industrial se concentra sobre todo en Zaragoza y en sus alrededores. La industria es un motor económico importante en el valle del Ebro. La factoría de la Opel en Figueruelas es un ejemplo palpable. Pero hay un lado oscuro en las multinacionales que deciden asentarse en España y, en concreto, en Aragón: la deslocalización. Suele llegar el momento en el que los empresarios consideren que sus empresas no son rentables o ya han cumplido su papel en un determinado lugar. Y esto es lo que está afectando durante las últimas fechas a algunas empresas de Huesca y de su provincia.
Primero fue Harinas Porta - a causa de un trágico accidente -, luego le llegó el turno a Moulinex, después a Meflur. Y ahora la crisis afecta de lleno a la pastelera Mildred de la capital oscense y a la factoría que Ercros tiene en Monzón. Decenas de trabajadores y trabajadoras se pueden quedar en la calle; otros se verán abocados a una prejubilación forzosa, y sólo unos pocos recuperarán su actividad laboral. Es un problema de todos y que afecta también a otros sectores, especialmente al de transportes y servicios. Por eso la intervención de las autoridades se hace más que necesaria. Hay que agotar todos los plazos y todas las posibilidades. Es de esperar que no se vuelva a repetir la lamentable historia de Primayor.
De todos modos, es bueno que haya industrias y que no se concentren todas en la capital del Ebro. En Huesca el tejido industrial está creciendo poco a poco. En Teruel los empresarios no acaban de verlo claro. Hay polígonos industriales casi vacíos y proyectos de futuro. Pero es deseable que no sólo se concentren en la capital. Las comarcas turolenses se están quedando vacías, sin medios, sin recursos y sin un futuro industrial a corto plazo.

Me ha venido a la mente esta expresión popular - y otras que no vienen al caso - después de asistir durante más de dos horas a las preguntas que un grupo de ciudadanos de diversas edades y condición han planteado al líder de la oposición. No sé lo que opinará mañana la prensa. Pero, en mi modesta opinión, este veterano político gallego se ha vestido de piel de cordero, se ha disfrazado de liberal y ha echado balones fuera continuamente.
La idea del programa es positiva. El planteamiento es correcto. Pero lo más sorprendente es que el ciudadano o ciudadana que han preparado sus preguntas con gran interés no reciban una respuesta franca, valiente, decidida, sin rodeos, a sus diversas inquietudes. Se ha hablado de todo y no se ha aclarado casi nada. Eso sí, ahora resulta que este señor de la oposición es el más liberal de todos, el más demócrata de todos, el más clarividente de todos y el más tolerante de todos. ¡Ver para creer!
¿Para cuándo ha dejado la autocrítica? ¿Cuándo va a reconocer algún error? ¿Cuándo va a dejar su papel de víctima y de incomprendido? ¿Cuándo va a dejar de ser el buen disidente de turno? Las urnas lo dirán. De momento, todo ha quedado en agua de borrajas. Es mi modesta opinión, por supuesto.

La cadena siempre se rompe por la parte más débil. Esto se puede aplicar perfectamente a los accidentes de tráfico en los que son víctimas los viandantes o peatones, sobre todo en las grandes ciudades. Es verdad que hay peatones imprudentes. Es verdad que hay peatones temerarios. Pero también es cierto que muchas personas van caminando tranquilamente por la acera y se ven arrollados por un vehículo cuyo conductor - irresponsable y casi siempre ebrio - se sale de la calzada y embiste a personas que están esperando tranquilamente a que el semáforo se ponga verde.
En las grandes ciudades cada día hay accidentes de este tipo. El más reciente ha ocurrido en Zaragoza, de madrugada, en una calle peatonal. Tres militares inconscientes volvían de fiesta por la céntrica calle Alfonso y se llevaron por delante a una joven zaragozana de 29 años. Lo peor de todo es que huyeron y sólo se presentaron a la policía cuando comprobaron la gravedad de los hechos. Habría que consultar las hemerotecas para comprobar un accidente similar en la capital del Ebro. ¿Cómo irían esos jóvenes? ¿qué ingrediente circulaba por sus venas? ¿qué discurría en esos momentos por su mente? Todo menos sensatez y sentido común. Después vendrán las lamentaciones, búsqueda de soluciones o adopción de medidas más drásticas.
Lo que está claro es que el ciudadano de a pie está cada vez más indefenso: vehículos que se saltan semáforos en rojo, coches que hacen caso omiso del paso de cebra, coches que invaden las aceras, bicicletas que circulan por las aceras,... Esta mañana han enterrado en Torrero a la joven Begoña García. ¿Será la última víctima de esta ruleta macabra?

Mientras la tarde se viste de primavera y se desliza suavemente por el centro de la ciudad, ahí están. Son apenas dos decenas. Encerrados en su empecinamiento y en su espejo cóncavo. No buscan la verdad. Buscan "su" verdad.
Mientras la ciudad se despereza a ritmo de crepúsculo y los ciudadanos regresan presurosos de su trabajo, ahí están. Son apenas veinte personas. Critican la mentira y la manipulación. Quizás deberían mirarse en su propio espejo.
Mientras la sensatez y el sentido común reinan en los viandantes, ahí están. Son unos pocos contra el mundo. Contra la justicia. Contra la verdad. Su ritual fúnebre parece esperpéntico y surrealista.
Una nota discordante en la tarde zaragozana. ¿Hasta cuándo?

Uno regresa a Zaragoza después de unos días de descanso y se encuentra una ciudad relativamente tranquila. La mayoría han reanudado su trabajo cotidiano, las calles guardan aún los ecos de los tambores procesionales y el Ebro va volviendo poco a poco a recuperar su cauce habitual. Pero los que no han descansado durante estos días han sido los que preparan la campaña electoral. Porque en las principales calles y plazas de la ciudad ya lucen llamativos carteles de precampaña.
En esta ocasión los líderes políticos aparecen sonrientes, serenos y con un aspecto notablemente mejorado. Son los milagros del marketing. Junto a estos rostros tan conocidos, un mensaje escueto y lacónico. Unos plasman el nombre del candidato - como si no lo conocieran los potenciales votantes -, otros añaden un verbo en presente para manifestar su eficacia y otros han optado por un sustantivo abstracto para despertar interés por el partido al que el candidato representa. Al parecer, esto es la punta del iceberg. Un iceberg que estará formado por mítines, más carteles, mensajes verbales y presencia física entre los ciudadanos. Entonces se dejará de lado la imagen sin palabras para optar por mensajes enrevesados, retóricos, con más o menos demagogia. Y la fuerza de la palabra volverá a los auditorios y polideportivos. Que se cumplan o no las promesas, es harina de otro costal. La mayoría de los electores ya lo saben. Y las imágenes les dejan casi indiferentes. Porque prefieren la eficacia del día a día. Y eso no se logra en mes y medio de precampaña. Aunque todo vale para convencer a los indecisos. Eso sí con honradez y respeto al que piensa de modo distinto.

Nunca me hubiera imaginado hace unos años que las procesiones de Semana Santa pudieran tener tanto éxito a principios del siglo XXI. Pensaba – quizás con demasiada ingenuidad – que estas manifestaciones religiosas tradicionales quedarían reservadas al ámbito eclesiástico. Pero, al parecer, no ha sido así. Y los pasos de Jesús el Nazareno o de la Virgen de los Dolores siguen recorriendo nuestras calles y plazas para regocijo de los creyentes y admiración de los turistas.
La cuestión que nos podemos plantear es la siguiente: las procesiones de Semana Santa, ¿se han convertido en un espectáculo o siguen manteniendo intacto su trasfondo religioso? Tal vez sea una mezcla de ambos. De todos modos, me parece excesiva tanta parafernalia propagandística y tanta exhibición de imágenes sagradas para atracción del turismo. Los auténticos creyentes no necesitan una excesiva exteriorización de sus sentimientos. Y las imágenes se pueden admirar durante todo el año.
No sé si a Jesús de Nazaret le hubieran gustado este tipo de manifestaciones. Y todos conocemos su reacción cuando se utilizaban los lugares sagrados para otros fines distintos a los exclusivamente religiosos.

De pequeño, siempre me entusiasmaron las películas de romanos. Nos las proyectaban en el internado durante estas fechas de Semana Santa, cuando esta semana se asociaba a lo lúgubre, a lo morado y a la tristeza por decreto. Eso sí, siempre las veíamos en pantalla grande, aunque fuera una lona blanca o una sábana improvisada. Recuerdo el estreno de "Los Diez Mandamientos" y el eco de otras películas como "Ben Hur", "¿Quo Vadis?" o "Los Diez Gladiadores". Y, aunque ahora me parece mentira, disfrutaba con esos enfrentamientos entre buenos y malos, entre poderosos y débiles, entre verdugos y víctimas. Eso sí, casi siempre ganaban los mejores.
Han pasado ya bastantes años y ahora estas películas me suenan a algo caduco, trasnochado, pasado de moda. Y eso que algunas son recientes. Pero no puedo evitar asociarlas a aquellas fechas y a aquel ambiente de Semana Santa. De todos modos, si las programan por algo será. ¿O es que la televisión ha perdido su capacidad de convocatoria? ¿No hay otros programas más interesantes para estos días de vacación? Al parecer, prefieren que disfrutemos del aire libre, a pesar de este tiempo algo desapacible. He elegido esta opción. Y no me arrepiento. Y por la noche, un buen libro: novela, ensayo o poesía. Eso sí, intentaré no elegir uno de romanos.

Siempre me ha gustado circular por carreteras secundarias, sean locales o autonómicas. Hay unas mejores que otras. Aunque hay que reconocer que en la provincia de Teruel todavía quedan tramos dejados de la mano de las autoridades. Precisamente ayer me desplacé de Zaragoza a Teruel por la comarca de las Cuencas Mineras y pude comprobar la mejoría notable en unos tramos - especialmente el que comunica Muniesa con el cruce de Montalbán - y las deficiencias en otros, como el que enlaza este cruce con la localidad de Utrillas. ¿Tanto cuesta acondicionar estos cuatro o cinco kilómetros? ¿Hay problemas de trazado, de expropiación o ecológicos? Otro asunto muy distinto es la sinuosidad de los trazados y las curvas innecesarias. Pero eso es harina de otro costal.
No sé si será mucho o poco lo que ha invertido el gobierno aragonés en la mejora de las carreteras en la provincia de Teruel - 136 millones de euros desde 1999 -. Lo que resulta evidente es que hay zonas del Maestrazgo o de las Cuencas Mineras que necesitan actuaciones más que urgentes. Y ahí es donde durante estos días de vacaciones aumentan considerablemente los accidentes de tráfico. ¿Justifica la lamentable situación de algunos tramos secundarios la poca frecuencia de tráfico? Quizás sea el pez que se muerde la cola. Es decir, si estuvieran mejor acondicionadas, habría más tráfico y, por qué no, algunas empresas decidirían instalarse en esas zonas cada vez más olvidadas.

No sé si existe el tipo de conductor relajado. El Director General de Tráfico habla de estos conductores en vísperas de la ya tradicional salida de vacaciones de Semana Santa. Habría que preguntarse, de todos modos, si el problema no es más profundo. La relajación puede ser evidente en muchos casos. Sobre todo, teniendo en cuenta que las sanciones no son inmediatas y que la pérdida de los famosos puntos se difiere casi indefinidamente. Si el conductor llevara una tarjeta con sus doce puntos y se le anulara alguno nada más cometer la infracción, quizás estaríamos hablando de conductores menos relajados y más irresponsables. Porque el mal conductor difícilmente cambiará, a pesar de las duras sanciones. Y el conductor responsable seguirá con su misma actitud haya o no haya policía, haya o no haya rádares.
Algo positivo he advertido en las declaraciones del señor Pere Navarro. Al menos, reconoce que muchos tramos de nuestras carreteras no están en las debidas condiciones y que en estas fechas la aglomeración de tráfico es un factor a tener en cuenta a la hora de sancionar. Me sigue sorprendiendo de todos modos esa "caza oculta" del infractor y esa desmesura en algunas sanciones. Porque es una pena se mida por el mismo rasero al que va a más de doscientos por hora que al que sobrepasa en once kilómetros el límite de velocidad. Habría que ser más serios, más eficaces y más equitativos.

En Aragón siempre hemos ido a la zaga en el tema de las comunicaciones, tanto por carretera, por ferrocarril o por el aire. Es verdad que hay intentos, esbozos de acuerdos, afán negociador y una aparente buena voluntad. Pero, en el fondo, siempre se vuelve a lo mismo: tenemos unas vías de comunicación obsoletas y vamos a remolque respecto a otras autonomías limítrofes.
Aun dejando de lado, de momento, las comunicaciones internas de nuestra Comunidad, la asignatura pendiente es, hoy por hoy, la de las redes transpirenaicas, esa Travesía Central de la que tanto se está hablando durante estos días. Y es que las autoridades francesas siguen sin dar su brazo a torcer en el espinoso tema del Canfranc. No se acaba de desbloquear el asunto. Porque es muy fácil argumentar que para desplazarse a Francia desde Aragón y desde otras zonas de España se ahorra tiempo y dinero atravesando la frontera de Irún o de de la Junquera. Porque, al parecer, el Pirineo Central no existe. Sólo tenemos un paso decente por la frontera española por carretera - el túnel de Somport - y dos pasos que están en una situación lamentable: el de Bielsa y el del Portalet.
Mientras tanto, siguen las negociaciones, los olvidos y las sospechosas omisiones. Parece ser que lo impontante es dar largas al asunto y seguir la política del avestruz. Esa es, al menos la impresión. Y quizás la triste realidad.

Todos hemos utilizado alguna vez el término chapuza para aludir a algo que ha sido realizado con prisas, de mala gana o con un excesivo afán improvisador. El vocablo se usa con mucha frecuencia en el ámbito escolar o administraticvo cuando se entregan trabajos hechos de prisa y corriendo para cumplir el expediente. También se puede referir en el ámbito familiar a un acontecimiento o celebración preprarados sin ningún interés ni sentido común. Pero cuando la chapuza traspasa determinados ámbitos y afecta a una gran ciudad, a una comunidad autónoma o a un país se convierte en algo mucho más preocupante y difícil de solucionar.
En Zaragoza tenemos varios ejemplos de chapuzas que podríamos denominar institucionales. El más clamoroso es el de la nueva Estación Intermodal de Delicias, inaugurada de prisa y corriendo hace cuatro años, unos días antes de las elecciones autonómicas de 2003. Desde esa fecha, lo que tendría que ser un escaparate de la Zaragoza del siglo XXI, se ha convertido en una sucesión de despropósitos: deficiente climatización - frío intenso en invierno y calor abrasador en verano -, fisuras en su estructura de hormigón, filtraciones de agua, espacio inhóspito, incompleta señalización, dificultades de aparcamiento,... ¿Cuál es la solución? ¿A quién hay que reclamar? ¿Qué organismo se va a hacer cargo de estos desperfectos?
Es verdad que lo que se hace mal desde el principio, difícilmente se modifica o mejora. Algo similar al problema de la Intermodal sucede con el campo de la Romareda. Todos somos conscientes - políticos y ciudadanos - de que el campo de fútbol inaugurado en 1957 ha llegado ya a su fecha de caducidad. Todos somos conscientes de que la solución ideal no es restaurar el estadio actual, sino reemplazarlo por otro nuevo. Pero los fallos judiciales, alentados por algunos partidos políticos, el afán de protagonismo y la ausencia de un proyecto consensuado, al margen de ideologías, han llevado a una situación de estancamiento, a un callejón sin salida. ¿Qué va a suceder a partir del mes de junio? ¿Se van a poner, por fin de acuerdo? ¿Van a respetar la actual ubicación, como quieren la mayoría de socios y aficionados? ¿Van a construir un nuevo estadio en un lugar más lejano e inhóspito? Habrá que esperar. Lo malo es que, mientras tanto, seguimos acudiendo a un estadio de tercera a animar y aupar a un equipo de primera. Es de esperar que las obras aceleradas del meandro de Ranillas no se conviertan en una nueva chapuza en el 2008. Ello supondría tropezar de nuevo en la misma piedra.

Hoy se ha celebrado el Día de la Eliminación de la Discriminación Racial. Ni me gusta la etiqueta para este día, ni me gusta que se creen jornadas para recordarnos tal o cual iniciativa. En algunos ámbitos educativos hemos recordado a los alumnos la importancia de cultivar valores como la tolerancia y la integración. La mayoría han confesado que no se consideran racistas. Sin embargo, la realidad va por otro camino: insultos, desprecios, marginación, segregación,...
Podemos plantearnos, de todos modos, algunas cuestiones: ¿Somos conscientes de la realidad multicultural de la España actual? ¿Qué ocurriría si los inmigrantes se declararan en huelga durante una semana? ¿Quién realizaría los trabajos más duros y más ingratos? ¿Quién cuidaría a nuestros ancianos? Si no hubiera alumnos de otros países en los centros educativos, ¿cuántos de ellos tendrían que cerrar?
Esta es la realidad de la sociedad española actual: la cifra de inmigrantes se acerca ya a los diez millones. La mayoría ya no regresarán a su país. Sus hijos nacerán y crecerán aquí. Y su cultura se buscará un hueco entre la nuestra. La historia se repite, es cíclica. Y hay que recordar que los españoles también fuimos emigrantes durante el siglo XX.
Afirma al respecto Umberto Eco en su última obra A paso de cangrejo: "La educación de los niños en las escuelas del futuro no debe basarse en la ocultación de las diferencias, sino en técnicas pedagógicas que induzcan a comprender y a aceptar la diferencia". Todo un reto para nuestros educadores y para nuestros niños y jóvenes del siglo XXI.

Las consecuencias de la guerra de Irak - ilícita e injusta - son cada día más trágicas e imprevisibles. Hoy se cumplen cuatro años de aquella equivocada decisión. La sangría cotidiana de vidas humanas inocentes es inconcebible. Pero algunos dirigentes y ex-dirigentes políticos - en un gesto egocéntrico de "yo contra el resto del mundo" - se empeñan en seguir luchando contra corriente, con la sinrazón por bandera y la cerrazón mental como arma arrojadiza.
Lo que más sorprende es que el trío de las Azores se siga manteniendo en sus trece. Lo que más llama la atención es que no hayan reconocido públicamente su error y no den su brazo a torcer. ¿Es que no saben que rectificar es de sabios? Al parecer, prefieren mirar para otro lado. España fue uno de los países que apoyó en su día esta invasión. Afortunadamente, el actual presidente cumplió sus promesas electorales y retiró inmediatamente las tropas de Irak. Pero los que perdieron las elecciones del 14 de marzo de 2004 siguen en sus trece y hablan de maniobra electoral, contubernio, acoso... Todo menos reconocer simple y llanamente que perdieron los comicios por su participación en una guerra injusta y arbitraria.

¿Tanto atrae el poder? ¿Tanto seduce el mando a los que están en la oposición? Las razones deben de ser muy poderosas y contundentes porque los actuales representantes de la España de derechas - aunque se bauticen como moderados y liberales - llevan tres años intentando por todos los medios desbancar al humilde y eficaz inquilino de la Moncloa. Y si es hoy, mejor que mañana.
Hoy han encontrado una oportunidad más. Y la quieren aprovechar. Aunque sea con engaños. Aunque sea con agitación. Aunque sea con argumentos que se caen por sí solos. Porque lo importante es llegar al poder cuanto antes, caiga quien caiga. Ni siquiera quieren esperar a las elecciones de 2008. Un año les parece una eternidad. Y saben que las urnas les pueden volver a dar la espalda. Por eso quieren erosionar al gobierno aprovechando una decisión polémica y difícil. ¿Qué hubieran decidido ellos?
Afortunadamente, la mayoría de los españoles no les apoya. Afortunadamente, el tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Porque hay otros problemas más importantes que la atenuación de prisión a un terrorista: la educación, la vivienda, las amenazas medioambientales, la incertidumbre laboral de los jóvenes, el desarrollismo, el consumismo, la injusticia, la emigración, la falta de libertad... ¿Cuándo se manifestarán para buscar una solución a estos problemas?

Durante estos primeros días de marzo, una decisión política difícil, controvertida y polémica ha lanzado al ruedo de la política a los mejores espadas. No sé si será para bien o para mal. No sé si el fin justifica los medios. Pero el vendaval está servido y los insultos y descalificaciones han llegado incluso a la Cámara Alta. ¿Es un retroceso hacia otros tiempos ya olvidados?
Este vendaval político quiere propagarse a la calle, a las oficinas, al pueblo llano. Es lo que desean algunos. Pero no sé si lo van a conseguir. De momento, siguen con sus manifestaciones y con sus críticas corrosivas. Aunque no tengan toda la razón. Que no la tienen. Pero afortunadamente, el ciudadano de a pie observa desde la barrera de lo cotidiano esta faena en el coso que nos recuerda el ruedo ibérico de Valle-Inclán.
Porque afortunadamente, el pueblo sigue un camino distinto al de sus representantes pólíticos. Y, con frecuencia, da muestras de más calma y de mucha más sensatez. Y se sorprende de que sus portavoces lleguen a la crispación, se apropien de símbolos sagrados y esgriman argumentos caducos y trasnochados. Porque el pueblo siempre tienen razón. Y los políticos también se equivocan. Pero no todos rectifican. No todos hacen caso a la voz de la justicia. La corrida está servida. Esperemos no llegue la sangre al río y que sean las urnas las que hablen. En mayo y en el 2008.

En este último fin de semana de febrero se recrudece de nuevo la polémica del tranvía para la Zaragoza del siglo XXI. Me da la impresión de que el Ayuntamiento de la capital se está precipitando un poco en el tema. Y no me extrañaría que estas prisas por aprobar y licitar le trajeran a la coalición socialista con los regionalistas de izquierdas un bajón en las próximas elecciones municipales de mayo. Si en muchas ocasiones hemos aplaudido decisiones polémicas del consistorio zaragozano, ahora tenemos que decir que está planteando una actuación rápida, improvisada, poco reflexionada y a contracorriente del ciudadano.
En otro orden de cosas, volvemos a las manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo – lamentablemente politizadas – y a las primeras y precipitadas conclusiones del juicio del 11-M, que cada vez aporta más confusión y desasosiego. Eso sí, ¿cómo responderán los que defienden la autoría o colaboración de ETA en la masacre si el veredicto no les da la razón? ¿Volverán a dudar de la justicia? Porque las decisiones judiciales están para respetarlas cuando son a favor de unos y cuando favorecen a otros. Porque si ponemos en tela de juicio a los magistrados, ¿qué punto de referencia nos queda?

El fin de semana nos deja el poso agridulce de la abstención en el referéndum sobre el Estatuto de Andalucía. Y yo me pregunto, ¿para qué tanto referéndum? ¿También someterán a referéndum el Estatuto de Aragón? La verdad es que no veo el motivo. ¿No ha sido consensuado y aprobado por la gran mayoría de nuestros representantes políticos? ¿O es que no confiamos en ellos? Es cierto que es una práctica democrática, que hay que refrendar en las urnas lo que deciden los de arriba. Pero, en el fondo creo que sirve para muy poco. La prueba está clara: casi un 65 por ciento de abstención en Andalucía y un sí al Estatuto mayoritario. Lo demás: dinero, campaña sin mucho gancho y ganas de marear la perdiz.
En Aragón seguimos a lo nuestro: listas de candidaturas para los Ayuntamientos y la Diputación General, precampaña cada vez más explícita y algún cambio de lema, al menos en apariencia. Digo en apariencia porque el señor Buesa, candidato del Partido Popular a la alcaldía de Zaragoza ha cambiado el lema en la prensa – de Vecino de Zaragoza a Juntos por Zaragoza – pero en la sede del partido y en otros ámbitos continúa el polémico Vecino de Zaragoza. Como si los demás no lo fuéramos. Otro tema que colea es el del tranvía. Creo modestamente que aquí el equipo actual del Ayuntamiento se equivoca. O, al menos, se está precipitando. Es verdad que es más ecológico que el metro. Pero el metro es más eficaz y tiene más futuro. El tranvía es un paso atrás hacia la nostalgia y el costumbrismo.
Por lo demás, febrero avanza sin freno hacia la primavera y nos ha dejado de todo durante el fin de semana: lluvia, viento, un sol apocado y algo de neblina. Y nos ha dejado también el Carnaval, que entra en su recta final. El martes enterraremos metafóricamente la sardina y comenzará la Cuaresma. Muy pocos saben lo que es este periodo litúrgico. Se vive el Carnaval, pero se olvida su significado. Es otro signo más de rutina, de celebrar por celebrar. Aunque es mejor así que hace unas décadas, cuando estaba totalmente prohibido.

Es muy bonito y se trata de un gesto muy simbólico el hecho de dejar de utilizar el teléfono móvil durante un día para protestar por la excesiva y arbitraria subida de las tarifas. Eso es lo que han propuesto algunos movimientos y asociaciones para el día de ayer, 6 de febrero, y para el próximo 1 de marzo. Podría ser como una especie de huelga de brazos caídos. O de móviles apagados. Pero no ha sido fácil convencer a la gente para que deje el móvil en casa o incluso lo desconecte. El problema es mayor cuanto más jóvenes son los usuarios. Porque este minúsculo aparato electrónico se ha convertido en algo casi indispensable para muchos adolescentes e incluso niños. Hay una excesiva adicción al móvil en nuestra sociedad. Muchos podrían prescindir de otros electrodomésticos o de algunos productos de primera necesidad antes que dejar el móvil en casa o regalarlo.
Nunca me hubiera imaginado hace unos diez años que el móvil iba a ser tan cotidiano, tan necesario. Las compañías telefónicas se frotan las manos y nadie quiere quedarse fuera. Lo peor de todo es que muchos usuarios – sobre todo los jóvenes – se cansan de un determinado modelo y adquieren otro. Casi como el que se cambia de camisa o de zapatos. Por no hablar de los móviles de alta generación y de los artilugios que nos deparará el futuro: la televisión en el móvil, internet en el móvil,… Todo un camino por recorrer del que desconocemos el final.
Personalmente uso poco el móvil. Sólo lo llevo en determinadas ocasiones – viajes, desplazamientos – y casi siempre para recibir llamadas. Eso sí, como padre todavía no veo la necesidad de dotar a mi hijo de un móvil para localizarle o controlarle. De momento, cuando acaba de cumplir doce años, me parece una decisión fuera de lugar. Aunque siempre habrá quien opine lo contrario y lo justifique. Todo es según el cristal con que se mira. O, al menos, así lo parece.

Los funcionarios han sido y siguen siendo la envidia del resto de los ciudadanos. Se alimentan tópicos - no siempre ciertos - como "se vive muy bien", "se trabaja poco", "es un puesto de trabajo vitalicio", "es una jornada muy cómoda",... Tal vez se tenga razón en algunos aspectos, aunque habría que matizar muchas de estas afirmaciones.
En España, con la multiplicación de las administraciones, cada vez hay más funcionarios: funcionarios del Estado, funcionarios autonómicos, funcionarios provinciales, funcionarios municipales... Y, como es lógico, muchos jóvenes universitarios o con estudios de grado medio sueñan con ser un día funcionarios. Quizás no tengan claro a qué dedicarse, pero sí que tienen claras las posibles "ventajas" de este cuerpo.
Es una pena, de todos modos, que - tal como refleja un reciente estudio - la gran mayoría de los jóvenes sueñan con este destino. Y es una pena que muy pocos titulados estén dispuestos a dedicarse a una tarea más emprendedora, más imaginativa o con más riesgo como montar una empresa o dedicarse a la investigación. Hay que tener en cuenta, además, que muchos trabajos asustan a los candidatos. ¿Cuál es el motivo? Quizás sea el afán de seguridad en un mundo tan voluble y cambiante.
Hay que deshacer el bulo del funcionariado. La opinión pública tiene un concepto y esa no es la realidad. Los tópicos están para explicarlos o para matizarlos. Porque no todos los funcionarios son iguales ni todos se dejan llevar por la rutina laboral. Hay funcionarios emprendedores, investigadores y vocacionales, especialmente en el campo de la medicina y de la educación.

Si el agua es cada vez un bien más escaso, podemos decir lo mismo de la nieve. Ahora es noticia que nieve quince o veinte centímetros en el Pirineo o en la Ibérica turolense. Y se disparan todas las alarmas. Pero la realidad nos demuestra que no es para tanto. Ni mucho menos.
En los años cincuenta y sesenta, en la provincia de Teruel, nevaba con mucha frecuencia desde el inicio del invierno y, antes de salir de casa por la mañana, teníamos que abrirnos camino con una pala para ir a la escuela. Alguna vez la nieve permanecía más de un mes en los caminos y en las carreteras y, por tanto, quedaba suspendido el viaje en correo a la capital. Como este era el único medio de comunicación desde los pueblos de la sierra hasta Teruel, estos núcleos rurales quedaban prácticamente aislados durante muchos días del invierno.
Ahora todo ha cambiado tanto que, si le contamos esto a nuestros hijos o nietos, se muestran incrédulos y se frotan los ojos. Sólo recuerdan alguna pequeña nevada y, aquí en Zaragoza, la última nevada seria cayó el 22 de febrero de 2005, el mismo día de la lectura y defensa de mi Tesis Doctoral. ¡Qué casualidad! ¿A qué se debe todo esto? ¿Al cambio climático? ¿Al calentamiento global? ¿A ciclos meterorológicos? Tal vez sea de todo un poco. Pero la cruda realidad es que la nieve en el Pirineo está bajo mínimos, que no nieva como antes y que los ríos bajan cada vez más mermados.
La nieve se está convirtiendo en el oro blanco. Y si no que se lo pregunten a los directores de las estaciones de esquí. Todavía quedan dos meses de invierno. Aunque las predicciones no son muy optimistas, habrá que confiar en el mes de febrero, siempre loco y desapacible.

Veinte años después, las calles más céntricas de Zaragoza han visto desfilar en la mañana dominical a miles de manifestantes con un solo objetivo, con una sola voz: la oposición frontal contra la más que posible instalación de una base de la OTAN en Zaragoza.
Después del desmantelamiento de la Base Americana, los aragoneses pensábamos que ya estaba casi resuelto el problema de la militarización del aeropuerto aragonés. Pero, al parecer, no es así. Los políticos tendrán la última palabra, pero es importante que cuenten con la voz del ciudadano de a pie que previsiblemente va a sufrir directamente las consecuencias: ruidos, movimiento de tropas y punto de referencia en el caso de conflictos internacionales.
Creo que la mayoría de los manifestantes no buscaban la politización sino un único objetivo: la paz. Y eso son, al parecer, palabras mayores. Desde octubre de 1982, con la entrada de España en la OTAN, los compromisos internacionales adquiridos son imprevisibles. Y la gente no está por la labor. ¿Qué decidirán nuestros políticos? ¿Cómo nos venderán esta nueva instalación paramilitar? Es verdad que puede reportar beneficios económicos para la ciudad. Pero, de vez en cuando, hay que supeditar lo económico a otros valores y a una calidad de vida cada vez más difícil de alcanzar. La paz, ante todo. Por encima de las ideologías y de otros criterios. Una cultura de paz para las generaciones más jóvenes. Y para las próximas generaciones.

No me refiero al impacto medioambiental de los residuos, cada vez más preocupante. El término basura hace referencia a la programación semanal de casi todas las televisiones que deberían conforman¡r una oferta plural y atractiva. No es esa, sin embargo, la realidad: a cualquier hora del día, es muy difícil encontrar un canal que ofrezca un programa coherente y con un cierto contenido cultural. La llamana prime time está copada por programas-basura que sólo intentan cultivar el morbo y ofrecer carnaza para los espectadores pasivos y complacientes.
La llamada caja tonta ha evolucionado mucho desde el punto de vista técnico en sus más de cincuenta años de vida. Pero no ha avanzado tanto en lo que se refiere a la presentación de programas de calidad contrastada. Ahora todo está regido por un exigente share. Este termómetro de audiencia - con trasfondo claramente económico - sitúa en el ranking a programas que se caracterizan por su nula calidad artística, por su nulo contenido cultural y por su apabullante superficialidad.
Ya lo decía Lope de Vega en el siglo XVII, cuando le criticaban la baja calidad de sus comedias. El dramaturgo madrileño afirmaba que había que darle al pueblo lo que reclamaba. Esa era y es la pura realidad. Y no sólo ocurre en la televisión, sino en el mundo de las revistas y en la gran pantalla. Quizás se libre de la quema el cada vez más reducido ambiente teatral, que sobrevive gracias a generosas subvenciones y a empeñados productores y directores. Pero lo de la televisión comienza a ser llamativo y cargante. Y alguien tendrá que actuar si queremos que las futuras generaciones no se embeban en la superficialidad y el gregarismo.

Creo que no ha sido un sueño, ni fruto de mi imaginación. Algunos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia este mediodía: un futuro aeropuerto de Teruel podría enlazar la capital con Madrid y Barcelona, tanto en el transporte de viajeros como en el de mercancías. Algunos políticos se han adelantado a afirmarlo, aunque con algunas reticencias. ¿Será sólo una de las muchas promesas preelectorales que irán apareciendo durante los próximos meses? ¿Se quedará en papel mojado? ¿Superará las expectativas del movimiento "Teruel Existe"?
La noticia está ahí. Y soñar es fácil y gratuito. Pero la mayoría estará pensando en otros aspectos más importantes y que preocupan a los turolenses día a día: el Plan especial del gobierno para la provincia (no sólo para la capital); la mejora del ferrocarril Canfranc-Sagunto, especialmente en algunos tramos de la provincia; la terminación definitiva de la autovía mudéjar; el olvido y despoblación progresiva de algunas comarcas; el éxodo de la población rural a la propia capital o a otras ciudades;.... Ya sabemos que un proyecto no anula el otro, y que a nadie le amarga un dulce. Pero los turolenses están acostumbrados a promesas vacuas y a proyectos que no llegan a ver la luz.
De todos modos, ojalá se haga realidad ese pequeño aeropuerto. Quizás entonces no echemos de menos el AVE o los largos viajes por carretera hasta la capital de España. Una duda queda en el aire: ¿seguiremos olvidados por el gobierno central? Eso, al parecer, es harina de otro costal.

Todos los inicios de año, en plena y tópica cuesta de enero, las noticias de subidas de precios llenan las páginas de economía y sociedad de los medios de comunicación. Hay subidas normales, hay subidas esperadas, pero hay subidas abusivas. Una de ellas es la del billete del AVE de la línea Zaragoza-Calatayud- Madrid. Todos esperábamos con ilusión este logro del progreso, que supone acortar el trayecto entre las dos ciudades y dejarlo en hora y media aproximadamente. Sin embargo, muy pocos pensaban en el impacto de los altos preciso en su bolsillo o en su presupuesto familiar. Porque no es lo mismo viajar en AVE a Madrid una o dos veces al año que hacerlo una o dos veces por semana. Y no todos los viajeros son ejecutivos. Hay estudiantes, trabajadores y gente de a pie. Pero está visto que el AVE - que hemos pagado entre todos - está reservado, de momento, para ciudadanos de primera.
Desde diversos ámbitos y organismos se han reclamado bonos, lanzaderas,... Pero les han dado la callada por respuesta. O explicaciones que se caen por su propio peso. La discriminación de tarifas respecto a otras líneas es evidente. Por eso, los ciudadanos de segunda o tercera división no tendremos más remedio de seguir viajando en autobús a la capital de España o, en otros casos, usar el vehículo particular. Lo lamentable es que no hay líneas intermedias más baratas. Han desaparecido. ¿Qué pasará cuando el AVE llegue hasta Barcelona? Muchos trenes pasarán de largo por Aragón y otros serán casi prohibitivos. Al menos, esa es la impresión. Porque la subida del ocho por ciento es excesiva. ¿Subirán una tercera parte los salarios? Lo dudo. Esa es la cruda realidad.

Las plataformas ciudadanas sólo tienen sentido cuando se proclaman y actúan al margen de toda tendencia política. Pero, en la práctica, no suele ser así. Hay plataformas y plataformas. Una de las más llamativas es la que surgió a raíz del atentando del 11 de marzo: Los peones negros. Han pasado casi tres años del trágico atentado terrorista y todavía se reúnen en distintas ciudades todos los días 11 de cada mes para reclamar un esclarecimiento del caso. ¿Será posible? Al parecer, no confían en la justicia, ni en el gobierno, ni en nadie. ¿Quién dirige a estos ciudadanos? ¿Quién los maneja? ¿Quién les asesora? Me gustaría saberlo.
Lo más sorprendente es que acusan al actual gobierno, y sobre todo a su presidente, de todos los males de la nación. Lo más llamativo es que aún siguen empecinados en que el PP perdió las elecciones a causa de ese atentado. La realidad es que comenzó a perderlas cuando Aznar se hizo la foto en las Azores con Bush y Blair y decidió participar en la equivocada invasión de Irak. La realidad es que el atentado fue sólo la gota que colmó el vaso de unos ciudadanos cansados de la política de la derecha. Pero de ahí a buscar en el atentado una "mano negra" hay una gran diferencia.
Hace unos meses, escribí en estas páginas un artículo titulado "Veneno negro". No me imaginaba que esta plataforma ciudadana - que merece todos mis respetos - hubiera adoptado este calificativo siniestro. Todos sabemos lo que connota el color negro. Me gustaría que estos ciudadanos cambiaran el tono de sus reivindicaciones. Que su crítica fuera más constructiva. Y que no se aliaran con ninguna ideología política. Entonces tendrían más apoyos desde la sociedad. Porque lo que provocan en ocasiones es más rechazo y más crispación. ¿O es eso acaso lo que buscan?

Son 21.500 soldados. Son 21.500 personas. Son carne de cañón. El señor Bush, el amo del mundo lo ha decidido. En lugar de reconocer su rotundo fracaso tras la invasión de Irak, en lugar de rectificar y dar un giro de ciento ochenta grados, el presidente de los Estados Unidos ha decidido enviar más tropas al país del caos y de la tragedia. ¿Cuántos de estos soldados se unirán a la lista negra de casi 3.000 fallecidos en una empresa a todas luces inútil?
El presidente del país más poderoso del mundo está en un tremendo callejón sin salida. Y no quiere dar marcha atrás. Ni dimitir. Dice que reconoce algunos errores, pero no adopta la solución correcta. ¿Hasta cuándo? De momento, la sangría continúa y los más inocentes están pagando un alto precio por sus vidas. Todo es consecuencia del afán de dominio, de la sed de poder, del miedo a perder el control. Y Bush no da su brazo a torcer. Sería humillante para un país como el suyo.

En pleno Casco Antiguo de Zaragoza, en la calle Madre Ráfols, muy cerca del edificio Pignatelli, sede de la Diputación General de Aragón, y a unos cien metros del Instituto de Educación Secundaria Ramón y Cajal, está ubicado un edificio antiguo que fue durante gran parte del siglo XX cuartel de Pontoneros de la ciudad del Ebro. Hoy día quedan los restos de un inmueble abandonado y un solar anexo que sólo sirve como vertedero indiscriminado y como refugio nocturno de marginados y drogadictos.
Por ello, es una buena noticia que el Ayuntamiento de la ciudad haya decidido incluir la rehabilitación de este edificio en el Plan Integral del Casco Histórico. Es una buena noticia para los habitantes de la zona y para todos los zaragozanos. Porque estas calles están cada vez más degradadas y sus vecinos reclaman un trato idéntico a los que viven en la plaza Aragón.
Sorprende que la decisión haya llegado tan tarde. De todos modos, más vale tarde que nunca. Eso sí, esta rehabilitación para transformar el edificio en la sede de Hacienda del Ayuntamiento, debería ir acompañada de la reforma total de la calle Pignatelli, sobre todo en la parte colindante con el Instituto, y de otras zonas cercanas. Los solares abandonados son vertederos y por las noches se convierten en todo menos en lugares para pasear con cierta tranquilidad.

Es casi la única estación de esquí abierta al cien por cien. en este año de escasas precipitaciones. Las nevadas prenavideñas han favorecido a esta pequeña estación invernal que, junto con la de Javalambre, se han convertido en un reclamo turístico más para la provincia.
La temporada es corta y la nieve cada vez más escasa. Por eso es importante explotar al máximo este recurso natural y seguir revitalizando la sierra de Gúdar y el entorno de Alcalá de la Selva. Hace falta para ello empeño e imaginación. Nuestros vecinos de Valencia saben valorar este entorno natural que, con la autovía mudéjar a punto de terminarse, estarán a poco más de una hora de las pistas de esquí. Pero no sólo el esquí debe ser el reclamo invernal. Se deberían potenciar más el resto de las temporadas, especialmente la primavera y el otoño. Y estas sierras tienen su atractivo, siempre que el desarrollismo salvaje no se interponga.
Llama la atención acercarse a Alcalá de la Selva o a Valdelinares por estas fechas y comprobar el auge de los servicios. Hace unas décadas eran dos pueblos sin apenas vida. La asignatura pendiente siguen siendo, sin embargo, las comunicaciones: la carretera de Allepuz a Alcalá es tercermundista y las comunicaciones con la capital de España también dejan mucho que desear. A ver si el 2007 supone un relanzamiento de la zona que podría ser beneficioso para localidades cercanas como Villarroya de los Pinares, Miravete o Fortanete. El Maestrazgo merece este impulso. Y Teruel También.

Los vemos paseando por las calles de nuestras ciudades. Los encontramos en las colas de los grandes almacenes. Los observamos mientras trabajan con dureza en las obras de la Expo. Los vemos ilusionados en las aulas, en los locutorios, en los lugares de ocio. Viajan en autobús o en coches de segunda mano. Se reúnen los fines de semana en parajes cercanos a la ciudad. Disfrutan en familia y recuerdan a los ausentes. Sueñan con sus hijos.
Vinieron a España desde su país para labrar un futuro, para construir un sueño, para proclamar una ilusión. Algunos tienen intención de regresar algún día a Ecuador, el país que les vio nacer. Otros, se quedarán en España. Mientras tanto, luchan por integrarse, aunque reconocen que tienen dificultades.
Dos de ellos no podrán cumplir nunca sus sueños. La locura terrorista ha roto para siempre sus frágiles ilusiones.

Hay noticias que te producen un ligero escalofrío y que alteran un poco tu estado de ánimo apacible en una mañana de sábado, víspera de Nochevieja. Una de ellas es la ejecución de Sadam, de madrugada, ahorcado, después de un dudoso juicio. Sigo pensando que la pena de muerte nunca está justificada, ni siquiera en este caso. Por muy tirano que haya sido el exdictador iraquí, hay otras maneras de hacerle penar por sus delitos. Incluso más eficaces que la pena de muerte. Pronto veremos las consecuencias de esta ejecución. Y es que la violencia genera más violencia. Y la ley de la selva está demás en el siglo XXI.
Otra noticia inquietante, desalentadora, ha sido del atentado de ETA en un párquin de una de las terminales de Barajas. No tiene sentido volver a la violencia. No tiene sentido romper de nuevo el pequeño hilo de esperenza. No tiene sentido buscar otras vías que no sean las del diálogo. ¿Hasta cuándo?
Menos mal que, en medio de tanta desolación informativa, siempre aparece alguna noticia esperanzadora como el ligero aumento de la población de la provincia de Teruel durante este año. Aunque sólo sean mil habitantes más, el dato es revelador y significativo. Quizás sea por la emigración. Pero bienvenidos sean esos nuevos turolenses que asientan la población y prometen un futuro menos pesimista, especialmente en el mundo rural. Habrá que esperar unos años más y comprobar la bondad de estos datos. De momento, parece que ese es el buen camino. Porque la desaceleración de las últimas décadas empezaba a ser preocupante.

No hace falta ser un experto en agricultura para comprender el problema. Basta acercarse a los campos de la comarca valenciana de la Ribera para contemplar la naranja colgando todavía en el árbol, sin nadie que la reclame. Se caerá al suelo y servirá de abono para la próxima cosecha. Y así año tras año. Porque los cítricos están en su peor momento. Al agricultor se le pagan dos euros por arroba - unos doce kilos - mientras que el consumidor llega a pagar dos euros por kilo. ¿Quién se embolsa esa brutal diferencia? Dicen que los intermediarios. Y algo de razón tendrán. Ya lo cantaba la Bullonera en los años setenta. Pero la historia sigue y se repite.
Ayer en Villanueva de Castellón quemaron cajas y cajas de naranja para protestar contra esta situación endémica. Pero nada parece cambiar al situación. El agricultor se desanima. Y sólo piensa en arrancar los árboles o malvender el campo. Porque el futuro de la agricultura está cada vez más negro. Al menos, por estas comarcas. Se debería buscar la equidad. Y premiar el trabajo cotidiano. Y no facilitar el dinero fáci. Y controlar mejor a los intermediarios. Que se esfuerzan y se merecen su recompensa. Pero no tanto. Los perjudicados siguen siendo los de siempre: el agricultor y el sufrido consumidor.

En estos días previos a la Navidad hay una sensibilidad especial por el tráfico. La gente viaja más y, a veces, no conduce en las mejores condiciones: falta de sueño, prisas, climatología, alcohol,... A estos factores se añade uno que en ocasiones olvidamos: los puntos negros en las carreteras españolas. Ayer informaban de este tema los medios de comunicación y señalaban a Aragón como la comunidad autónoma con más puntos negros. Me imagino que sólo tienen en cuenta las carreteras principales, porque si analizan las secundarias o algunas travesías interurbanas los datos podrían sonrojar a alguno.
Pero puntos negros hay en muchos lugares y en numerosas situaciones. El color negro siempre se ha asociado a la tragedia y al luto en la cultura occidental. Recordemos la peste negra en la Europa del siglo XIV, la leyenda negra en la colonización de América o, más recientemente, expresiones como mano negra, negro destino, marea negra,... - con la excepción del valioso oro negro-. Hablar hoy de puntos negros connota numerosos matices. En el plano cotidiano: ausencia de seres queridos en estas fechas, ineficacia, insolidaridad, olvido, indiferencia,... Y otros de mayor calado y trascendencia: el hambre, las guerras, la injusticia, la marginación, la corrupción,... Cada día hay puntos negros a nuestro alrededor. Aunque el que más preocupe a los medios sea el de las carreteras. Ya es hora de resolverlo. Eso sí, sin olvidar los otros.

Los empresarios turolenses ven con optimismo el presente y el futuro de Teruel. Consideran este momento óptimo para invertir, aunque reconocen que son necesarias más ayudas públicas. Los empresarios turolenses captan y valoran los problemas de modo muy distinto al ciudadano de a pie. Alguna razón tendrán para ser optimistas. ¿Piensan acaso que la autovía mudéjar les va a solucionar muchos de sus problemas? ¿Quieren acaso poner en el platillo de la balanza ideas casi antagónicas al movimiento Teruel Existe para buscar un cierto equilibrio ideológico?
Los empresarios no se deberían casar – en teoría – con ningún partido político. Pero su opinión sobre el futuro industrial de Teruel sólo se circunscribe a ciertas zonas, la mayoría cercanas a la capital. ¿Han valorado la despoblación progresiva de comarcas como El Maestrazgo o las Cuencas Mineras? ¿Han tenido en cuenta el declive de grandes zonas agrícolas del Bajo Aragón? ¿Han pensado en las olvidadas sierras turolenses?
Los empresarios de Teruel quieren contagiarnos a todos el optimismo, la esperanza y la ilusión por esta tierra cada vez más olvidada. No está mal hacerlo en estas fechas prenavideñas. De todos modos, al turolense de a pie le interesan los hechos más que las promesas; los logros, más que las valoraciones; las realidades – aunque sean crudas – más que las utopías.
Ojalá los empresarios no se equivoquen. Entonces les daremos la razón. De momento, la prudencia y el escepticismo parecen ser las posturas más sensatas. La mayoría no tenemos esa visión tan privilegiada. Y preferimos vivir el día a día sin equivocarnos. Porque el lastre de décadas impide vuelos más altos, independientemente del partido que esté en el poder.

He recibido la primera felicitación de Navidad. Me ha llegado por correo electrónico. Es una postal electrónica de un conocido portal de internet. De todos modos, me ha hecho mucha ilusión e inmediatamente he correspondido a estos buenos deseos.
Como me resultaba más cómodo, he buscado en esa página una postal electrónica similar. Pero me ha resultado muy difícil encontrar una con una cierta tradición cristiana, con un cierto fondo humano, con con alusiones al belén, a los pastores o a los reyes magos. Al final he desistido y he enviado una cuyo mensaje hablaba de paz. Al menos esta palabra me evoca momentos felices y reúne muchos matices positivos y acaso posibilistas.
Mi pregunta es obvia: ¿Han llegado ya las navidades laicas - con minúscula-? ¿Nos han invadido totalmente las tradiciones nórdicas de árboles, renos y papás noeles? ¿O acaso es una moda pasajera? Esa parece que es la realidad actual. Aunque ya no me extraña en absoluto. Hoy se airea en los medios de comunicación que la máxima preocupación de los españoles es qué van a comer para Nochebuena o si habrá nieve en las estaciones de esquí. Sin comentarios.

Hoy los medios de comunicación no hablan de otro tema. Han quedado eclipsadas incluso otras noticias que se van enquistando poco a poco: tregua de ETA, acoso escolar,... Hasta los resultados de la liga de fútbol del fin de semana han pasado a segundo plano.
Ayer falleció un dictador, un personaje siniestro y difícil de calificar. Recibí la noticia de mi hijo, que estaba contemplando en la Sexta la marcha de la jornada deportiva. No me asombré. Ni me alegré, ni me entristecí. Él me preguntó que qué era un dictador y se lo expliqué lo mejor que pude, aunque me resultó difícil ofrecerle algunos matices. Lo comparé con otros dictadores del siglo XX - la mayoría fallecidos - y le hablé de lo perjudicial que es mantener esas actitudes en la vida cotidiana, en la vida política y en el gobierno de una nación.
Pinochet tenía sus partidarios y sus detractores. De todos modos, debe empezar una nueva etapa para Chile. El dictador se ha marchado impune, pero la estela negra de su persona debe ir desapareciendo paulatinamente. El país andino se merece un impulso económico y social. Apoyos no le van a faltar. Lo importante es curar las heridas del pasado, aunque ello va a resultar muy difícil para los que sufrieron en sus carnes el oprobio y la indignidad.

Hay rutas que sólo te permiten seguir la corriente, conducir con tranquilidad y, sobre todo, no intentar adelantamiento alguno. Una de ellas es la carretera - todavía no es autovía y no sabemos cuándo lo será - entre Valencia y Zaragoza. Al finalizar este puente - mejor llamado "acueducto" - muchos conductores hemos adelantado el regreso para evitar problemas mayores. Y no los ha habido, afortunadamente. Pero la cuesta del Ragudo sigue ahí, las curvas de Albentosa continúan igual y el embudo de Sarrión no ha variado por ahora. Menos mal que para Navidad nos quieren regalar la apertura de un pequeño tramo.
Pero lo que sucede en esta futura autovía Mudéjar ocurre también en otras muchas carreteras, especialmente en los accesos a las grandes ciudades. Y esto no hay quien lo pare. A no ser que optemos por el transporte colectivo, con todo lo que supone de demoras, incomodidades y tarifas excesivas. El parque automovilístico es cada vez más numeroso y las nuevas infraestructuras avanzan a paso de tortuga. El problema va a más en determinadas fechas, porque todos queremos salir casi al mismo tiempo y regresar al unísono. La solución es difícil y es preciso echarle mucha imaginación al asunto.
De todos modos, en estas ocasiones lo importante es llegar a casa sin percances, a pesar de perder prácticamente un día de descanso y anticipar así el ritmo de lo cotidiano. Lo demás hay que tomárselo con resignación pero sin conformismo. Alguien tendrá que hacer algo. Hace años que sucede lo mismo y, por desgracia, se incrementa.

Estamos en la época de lo artificial. Se trata de crear paraísos artificiales, aunque sean de cartón-piedra. El último ingenio se le ha ocurrido al alcalde de la localidad onubense de Lepe - famosa por sus chistes -. Para que sus vecinos disfruten anticipadamente de una Navidad como Dios manda, no se le ha ocurrido otra cosa que instalar una artilugio que va lanzando copos sobre todo aquel que transita por las principales calles del pueblo. Eso es ambientar la Navidad. Lo demás son cuentos. Porque la nieve es un bien cada vez más escaso y, al menos, los que viven en zonas cálidas de la Península, podrán disfrutar de ella. Aunque sea algo efímero. Aun sabiendo que no es real.
Mejor suerte han tenido los habitantes del Maestrazgo turolense, que han disfrutado de la primera nevada de la temporada. Esta vez nieve natural. Aunque más bien escasa, como todo lo bueno o deseable. Los que se están frotando las manos son los responsables de las pistas de esquí y de su entorno. Por fin va a llegar algo de nieve. Y volverán los cañones a fabricar nieve artificial. En este caso se fundirá con la natural y no será tan efímera como la que lanza a bocanadas el artefacto de Lepe.

Los grandes almacenes se engalanan para recibir durante estos días miles y miles de clientes. Son las fechas del consumo por antonomasia, del consumo casi compusivo, del consumismo. El ambiente navideño ya está en las calles. Pero está sobre todo en los grandes centros comerciales: luces de colores parpadeantes, música de villancicos de fondo, reclamos de todo tipo,... Lo importante es seducir al consumidor, convencerle de que ese producto es el mejor,... A partir de ese momento, lo demás es más fácil: tarjetas de plástico, créditos aparentemente asequibles, pagos aplazados,...
La otra cara de la moneda - la que menos aparece en los medios de comunicación - es la de los ciudadanos que no entran en este juego. O la de los que no pueden entrar, que son más de los que pensamos. Para todos ellos, la llegada de la Navidad supone estrechar lazos, incrementar la melancolía, alimentar los recuerdos, buscar el calor del hogar o sufrir todavía más su marginación o abandono. La ola del consumismo no les afecta. Pasa muy por encima de ellos. Sólo les queda un consuelo o aspiración: llegar al final del año, recibir un golpe de fortuna o resignarse al día a día anodino y rutinario.

Cientos de turolenses salieron ayer a las calles de la capital convocados por le plataforma Teruel Existe. Y salieron reclamando mechones de pelo para elaborar cinco cojines que enviarán al presidente del gobierno, al presidente autonómico y a la alcaldesa de la localidad. Es una idea muy loable, muy original y digna de apoyo por todos los que somos conscientes del abandono que sufre esta provincia durante varias décadas.
Precisamente por eso, habría que matizar más las convocatorias y manifestaciones públicas. Porque, al parecer, la opinión pública sólo se va a quedar con el lado superficial de la protesta. Y toda la culpa no la tiene Zapatero, ni Iglesias, ni Lucía Gómez. ¿O es que ya no nos acordamos del abandono de Teruel durante la posguerra o en la transición democrática? ¿O es que ya hemos olvidado las pantomimas de los ministros de Aznar y del propio presidente durante ocho largos años de gobierno?
Protesta, sí. Reivindicar, siempre. Pero con matices. Y que cada palo aguante su vela. Porque la memoria está ahí y las hemerotecas no engañan.

A medida que se acerca el día 22 de diciembre, fecha del tradicional sorteo navideño, los medios de comunicación comienzan a calentar motores y a caldear el ambiente. Aunque la mayoría de los que nos gastamos de 50 a 100 euros (o más) en esta lotería de 2006, ya tenemos en nuestros bolsillos el décimo de la suerte o la participación adquirida con el consiguiente recargo, por puro compromiso, todavía hay números tentadores que se pueden adquirir en alguna administración vía internet.
La administración más famosa es la de La Bruixa d'Or, en la ciudad leridana de Sort. Todo por la simbología del nombre (sort=suerte) y por la tradición lotera de este lugar. Allí se venden tantos décimos o más que en una de las grandes capitales. ¿superstición? ¿talismán? También existen números talismanes según las épocas o lugares. En Barcelona se agotó el 1992 ese mismo año; en Cantabria el 2006 y en Valencia el 2007. Como es lógico, en Zaragoza se ha vendido ya todo el papel correspondiente al número 2008. Cifras y fechas. Números y efemérides.
De todos modos, todos los números entrarán en el bombo. Y pocos, muy pocos, serán los afortunados. Menos mal que no reparamos en las estadísticas. Preferimos tentar la suerte. En caso contrario, se venderían muy pocos números. Y Hacienda, la gran beneficiada, no ingresaría en sus arcas lo que ingresa.

Vivimos en una sociedad en la que predomina lo prospectivo, lo venidero, la anticipación. Antes de que sucedan los acontecimientos más o menos deseados, ya quemamos todos los cartuchos y, a veces, rompemos el hechizo de la realidad.
Al salir a la calle, en esta mañana dominical, me he encontrado con varios ejemplos de anticipación, que podrían agruparse con el prefijo pre-. En los escaparates de los grandes almacenes hay un ambiente claramente prenavideño, algunas de las calles del centro de la ciudad ya tienen preparadas sus luces y sus adornos. Sólo falta un mes para la Navidad y hay que vivirla con anticipación. Me ha sorprendido, sin embargo, un cartel que presenta a un candidato político para la alcaldía de Zaragoza. No sólo por las fechas en que nos encontramos - faltan más de seis meses para las elecciones autonómicas y municipales - sino por otros motivos menos evidentes. Me ha sorprendido sobre todo el eslogan – Vecino de Zaragoza – no tanto por su aparente simplicidad - ¿acaso los demás no lo somos? – sino por ese casi malévolo doble sentido, que lleva implícita una crítica contra otro de los candidatos. ¿No hay acaso lemas más interesantes y originales que cuadren más con la personalidad de este político? ¿O los reservan para la auténtica campaña?
Anticipación del futuro. Es la tónica de la vida cotidiana: pre-jubilaciones, pre-campañas, pre-puentes festivos, pre-Navidad, pre-Expo,… Uno piensa a veces en esa permanente huida hacia el futuro, en ese intento de evasión de la realidad que tanto nos caracteriza a los humanos.

Los pequeños problemas cotidianos, nuestras habituales preocupaciones de cada día quedan eclipsadas por la violencia sin límite que afecta a tantos países del mundo "civilizado". Nos llegan noticias de Irak, de Afganistán, de Israel, de Palestina, del Líbano,...y de tantos otros países.
¿Hasta cuándo va a seguir este estado de guerra permanente en Irak? ¿Hasta cuándo van a continuar las agresiones de Israel al territorio palestino con el consentimiento de Estados Unidos? ¿Hasta cuándo van a seguir los problemas de violencia en el Líbano? Da la impresión de que nadie es capaz de parar esta cadena de atentados, amenazas y sangre. Da la impresión de que nadie se quiere hacer responsable de esta situación de barbarie.
Lo peor es que los que deberían rectificar, o incluso pedir perdón por su injerencia en países soberanos, aún lo lo han hecho. ¿Reconocerán algún día su error? ¿Se volverán atrás? El gesto no valdría para devolver la vida a tantos seres inocentes pero, al menos, dejaría en paz sus conciencias y las de los que los apoyaron.

Son buenos los encuentros, los debates, las conferencias, las cumbres, los congresos y las convenciones… si sirven para algo. Lo que ocurre es que la opinión pública es cada vez más escéptica en estos temas. Ejemplos hay a raudales. Basta recordar las conferencias mundiales sobre la paz o sobre el clima a nivel mundial para comprobar que los frutos, hasta el momento, han sido casi inapreciables.
¿Qué ocurre entonces? Que el progreso, el capitalismo, al afán de consumir por consumir prevalece y ahoga la buena voluntad de unos pocos que buscan una salida o, en ocasiones, se contentan con cumplir el expediente.
Es de esperar que la Cumbre sobre un gestión de calidad del agua, que se está celebrando durante estos días en el monasterio de Rueda no quede en saco roto. Hay experiencias similares que han acabado olvidadas en las hemerotecas. Sería un regalo para el bienestar de todos y para este Planeta, cada vez más amenazado.

La mañana dominical de este otoño disfrazado de primavera invita a muchas actividades al aire libre. Una de ellas es acercarse a los aledaños del Instituto Ramón y Cajal de Zaragoza - entre la calle Mayoral, la calle Pignatelli y la plaza del Portillo - y codearse con multitud de personas que visitan, ojean o manipulan objetos antiguos, artículos de segunda y tercera mano o sorprendentes y sospechosas antigüedades. Hace meses que no me acercaba a este recinto y hoy he ojeado libros a precio de saldo, he comprobado la multitud de objetos inservibles que se deshechan cada día y, al mismo tiempo, he acompañado a Javier a cambiar cromos de la liga 2006-2007.
Uno de los mejores escritores del siglo XX, Ramón Gómez de la Serna, escribió un excelente libro sobre el Rastro madrileño. Pero eran otros tiempos y otras antigüedades las que se podían contemplar en la Ribera de Curtidores. Ahora, con el cambio de los hábitos de consumo y con la progresiva desaparición de lo artesanal, cada vez son menos las antigüedades que merezcan la pena y cada vez son más los zarrios, es decir, los cacharros sin apenas valor, procedentes de subastas, de robos o de quién sabe dónde. Ya lo decía Patxi Andión en una famosa canción: "Lo que usted no quiera para el Rastro es". Y esa es la pura realidad.
De todos modos, este rastro zaragozano, que ha cambiado tantas veces de ubicación y que todavía lo quieren trasladar. (Nadie desea tenerlo cerca) sigue atrayendo a muchos ciudadanos durante las mañanas dominicales. La mayoría no compra nada pero, al menos, curiosea, saluda a algún conocido y se recrea en un ambiente más lúdico y pintoresco que de negocio o compraventa.

Con frecuencia me he preguntado para qué les sirven las flores a los seres queridos que descansan en el camposanto. Es verdad que dan un toque de color a esta festividad que nos recuerda adónde vamos a ir a parar tarde o temprano. De todos modos, me gusta asociar las flores a la vida, a la celebración, al entusiasmo, a la felicidad.
La doctrina cristiana le da más importancia al 1 de noviembre - Todos los Santos - que al 2 de noviembre - Día de los Difuntos -. Y los creyentes se dirigen a los cementerios casi como una rutina, como un ritual, sin mucha convicción. Ya lo escribió Mariano José de Larra en uno de sus mejores artículos: Día de Difuntos de 1836. También Bécquer reflexionó en alguna de sus Rimas: "Dios mío, ¡Qué solos se quedan los muertos!" La literatura siempre se ha hecho eco del tema de la muerte: desde Manrique hasta Miguel Delibes. (Por citar dos ejemplos relevantes) Pero fueron los escritores del Romanticismo los que expresaron con más angustia este drama vital, ilógico e incomprensible.
De todos modos, las flores nos hablan de esperanza, de ilusión y de un amor sincero más allá de la frontera de la muerte.

El presidente de los Estados Unidos no sólo se contenta con haber arruinado a Afganistán e Irak. Su hegemonía monomaníaca quiere llegar a tal extremo que ha decidido poner puertas al campo, es decir, blindar a cal y canto su país por tierra, mar y aire. Y lo quiere conseguir cueste lo que cueste: más de mil kilómetros de valla para que los inmigrantes que entran por la frontera mejicana lo tengan muy difícil o casi imposible.
Y es que Bush se quiere perpetuar. Quiere pasar a la historia. Lo que no sabe es si para bien o para mal. De momento, el paso que acaba de dar es, cuanto menos, polémico y claramente electoralista. El ciudadano de pie de este gran país sabrá juzgar la medida. Ahora que desaparecen los muros del viejo continente, se levantan otros en un país que se precia de ser el más desarrollado del mundo. ¿Un a vuelta al pasado? El tiempo lo dirá...

El jueves fue el día grande de Aragón, el día grande de Zaragoza. Los zaragozanos y los miles de visitantes tomaron materialmente las calles del centro de la ciudad. El Paseo de la Independencia soportaba una riada de personas de todas las culturas, de todas las clases sociales, de cualquier edad y condición. La Plaza del Pilar estaba prácticamente tomada por la ciudadanía a primeras horas de la tarde, una vez terminada la tradicional Ofrenda de Flores.
El contraste es evidente: masificación en el centro y tranquilidad absoluta en los barrios. Los autobuses se dirigen repletos hacia la Feria y hacia el pabellón Interpeñas en una noche levemente acariciada por el cierzo. Bajan en caravana por el Paseo de la Constitución, mientras los trabajadores de Primayor siguen acampados y mantienen su actitud en una lucha sin cuartel por no perder los puestos de trabajo. Todos haríamos lo mismo.
En los aledaños de la calle de Miguel Server han habilitado unas zonas de párquin provisionales, que se me antoja van a ser insuficientes. Tráfico por doquier, a pesar de las recomendaciones del alcalde. Menos mal que está el Tercer Cinturón y podemos desplazarnos con tranquilidad a Garrapinillos, a Utebo, a Cuarte o a Casetas.
Un sobresaliente para la Televisión Autonómica de Aragón. Están superando con creces este test. Sólo faltaría… Lástima hayan perdido de momento el tren de los partidos de fútbol y de baloncesto, al menos cuando juegan fuera de casa. A ver si aprenden del Canal 9 valenciano o de la Televisión Autonómica de Cataluña.
La fiesta sigue en este largo fin de semana. Pero la gente aún quiere más. Los jóvenes aún quieren más. Los escolares desean más días de asueto. Algunos prolongarían la movida hasta el puente de la Constitución, o hasta Navidad. Hasta que el cuerpo aguante. O hasta que lo permita el bolsillo de papá o de mamá. Es la ley del avestruz. O la de la inconsciencia.

Me ha enviado un amigo unas fotografías de la estación de ferrocarril de Teruel. Con el lema “Por un ferrocarril digno para Teruel”, la plataforma Teruel Existe quiere reivindicar una vez más unas infraestructuras mínimas para esta provincia dejada de la mano de Dios y de los hombres. Ya que no puedo plasmar las fotos – de momento – reflejo las frases más significativas:
Entrada lúgubre. Población fantasma.
Materiales obsoletos.Parece una selva.
Naves abandonadas llenas de basura y escombros.
Dejadez absoluta.
Esto no pasa ni en los países tercermundistas.
No funciona el reloj, ni las farolas, ni la megafonía.
La fuente está inutilizada. La cantina lleva cinco años cerrada.
Como turolense, al contemplar ese escenario, se me cae la cara de vergüenza. Cada vez comprendo más a la plataforma Teruel Existe. Lo peor de todo es que esta estación – de la que no se aprecia ni el nombre – es una metáfora de lo que cuenta Teruel a nivel estatal. Un cero a la izquierda. ¿Cambiará algún día la situación?

La fiesta ya está en la calle. Aglomeraciones por doquier. Aceras repletas de niños, de adolescentes, de jubilados. Saturación en los autobuses urbanos y pequeña trifulca cerca del recinto ferial. Sólo es el aperitivo de lo que se intensificará a partir del día 11 por la noche. ¿Será capaz el Ayuntamiento de controlar tanto bullicio, tanto jolgorio, tanta riada de personal con ganas de disfrutar?
La fiesta vuelve a estar en el Centro y en el recinto ferial. Los barrios se adormecen, se quedan tranquilos, casi vacíos. Sólo el barrio de Las Fuentes mantiene una cierta actividad: juegos infantiles y Circo Mundial en Torrerramona. Lástima que los autobuses lleguen al barrio a cuentagotas y con excesiva irregularidad. Lástima que en algunas paradas - como la de la calle Florián Rey - todavía no haya ninguna marquesina para proteger a los viajeros de las inclemencias del tiempo. O para sentarse. Y eso que es una parada de principio y final de la línea 30.
Fiesta en el ambiente. Alegría en los corazones. Conflicto de intereses entre los vecinos que quieren descansar y los jóvenes - y menos jóvenes - que quieren apurar al máximo las horas de la madrugada. De momento, esto no ha hecho más que comenzar. Lo importante es que todos cedamos un poco y que los enfrentamientos se suavicen. Y el que pueda, que se vaya al Pirineo o al Maestrazgo. Quizás broten ya los primeros rebollones. Quizás el otoño esté vistiendo de amarillo los chopos y los álamos.
Cada vez damos más la razón a Orwell y a Huxley. Quizás hasta se hayan quedado cortos. Lejos queda ya ese 1984 fatídico, terrible, casi apocalíptico. Lejos queda ya ese "mundo feliz", que se nos antoja tan paradójico y contradictorio. La noticia salta hoy a la prensa. Aunque ya hace años que en las grandes ciudades nos vigilan cámaras casi ocultas, omnipresentes. Para comprobar nuestra buena conducta, nuestras buenas compañías, nuestro intachable civismo. ¿Es cívico lo que se proponen nuestras autoridades?¿Es legítima esa solapada e indiscreta intromisión en la vida privada del ciudadano de a pie? Cámaras en las calles, cámaras en los establecimientos comerciales, cámaras en las entidades bancarias, cámaras en los colegios, cámaras en los servicios públicos, cámaras por doquier. Eso sí, sólo en la gran ciudad. Dicen que para prevenir los delitos. Como si no hubiera delitos en los núcleos rurales. Y si no que se lo pregunten a los habitantes de Las Parras de Castellote, pequeño pueblo turolense. Allí no había cámaras, ni cobertura para teléfonos móviles. Por eso los pueblos se van quedando vacíos. Como en el Campo de Daroca. Aunque haya trabajo. Quizás la gente busque la seguridad de la cámara omnipresente.
De momento, no me siento vigilado. Pero sé que las autoridades velan por mí. Ventajas de vivir en la gran ciudad. ¿Por eso los habitantes de los pueblos buscan el tumulto? No me extraña que se vacíen sin remedio.

Hay mercados de barrio, mercados de la periferia, mercadillos rurales, mercados de abastos,... Pero son pocos los mercados con solera, con historia, con tradición. De los que conozco personalmente, uno de ellos es el Mercado de Valencia, otro - ¡cómo no! - el Mercado Central de Zaragoza y otro el Mercado de la Boquería de Barcelona, en pleno centro histórico de la ciudad condal y al lado de las famosas Ramblas de las Flores. Y es que los mercados tienen un sabor especial, un olor especial, un ambiente peculiar. En esos recintos destacan la variedad de colores, de productos y, sobre todo, el trato personal con el cliente. Precisamente durante estos días se están celebrando unas jornadas gastronómicas dedicadas a la tradición culinaria del Maestrazgo. Es una manera más de promocionar Teruel en Barcelona. Aunque no sirva para mucho. Porque los aragoneses que emigraron a Cataluña difícilmente van a volver a su tierra y afincarse en ella.
Muchos mercados zaragozanos deberían seguir el ejemplo del famoso mercado barcelonés. Sobre todo el Mercado Central que, por fin, se va a remodelar y va a cambiar de fisonomía sin perder su encanto tradicional. Habría que explotar más la imaginación para evitar la progresiva desaparición de los mercados de barrio. En San José tuvo que cerrar el Mercado de Santa Gema, y en Las Fuentes hay varios mercados a punto de desaparecer: el Mercado Ebro, el Mercado San Siro, los dos mercados de la calle Compromiso de Caspe,... Les ha llegado la hora de renovarse. O de morir. Porque la competencia es cada vez más feroz y los supermercados los van devorando como Saturno a sus hijos, igual que han devorado a los pequeños comercios, a los comercios de pueblo.
Otro problema distinto son las pequeñas tiendas de nuestros pueblos. Sólo tienen clientela durante los meses de verano y, mientras tanto, pagan impuestos todo el año. En Aliaga han cerrado la carnicería y pronto cerrarán el único supermercado. Habrá que buscar alguna solución para que los pocos habitantes que quedan en los pueblos no tengan que desplazarse a comprar a los supermercados de las ciudades más cercanas. ¿Cooperativas? ¿Agrupaciones de comerciantes? Todo puede entrar en el bombo de la imaginación. Mientras tanto, a esperar el camión de los miércoles o la furgoneta de los viernes. Es como una vuelta al pasado. Sin solera. Sin tradición. Sin el trato personal con el cliente.

Ayer fue el “Día sin coches” en toda España. En Zaragoza coincidió con la culminación de la “Semana de la movilidad”. Sin embargo, se veían muy pocas bicicletas en la Plaza de España. Quizás las inclemencias del tiempo frenaron un poco las buenas intenciones de los que tenían previsto dejar el coche en el garaje, al menos por un día.
El parque automovilístico de las grandes ciudades aumenta cada vez más. En los hogares españoles hay cada vez más coches. Tener coche es una de las primeras aspiraciones de los jóvenes que llegan a la mayoría de edad. Porque el coche – opinan – aporta libertad de movimientos y autonomía total. Lo más triste, es que algunos usan el vehículo hasta para desplazarse al bar de la esquina o al quiosco más cercano. Es la llamada “autodependencia” que cada día va a más.
¿Cuál es la solución? En algunas ciudades europeas han ensayado ya diversas iniciativas: alternar la situación de turismos según las matrículas (Roma), cobrar un peaje para circular por el centro de la ciudad (Londres)… En España todavía no se han atrevido a adoptar medidas tan impopulares. Y eso que en algunas ciudades como Madrid los embotellamientos son ya un problema crónico. Un problema no sólo de tráfico – horas laborales perdidas – sino de contaminación ambiental. Por ello, no estaría de más que nuestros investigadores dieran un paso adelante e impulsaran, por fin, otro tipo de energías menos contaminantes que la que depende del petróleo. ¿A qué esperan? Seguramente serán intereses económicos los que subyacen bajo esta demora. Pero el calentamiento global del Planeta sigue aumentando. Y, al parecer, de modo irreversible.
Es muy difícil, prácticamente imposible, que la prensa refleje las noticias con objetividad. Siempre hay un sesgo, una visión parcial, un matiz subjetivo. Eso lo entiende el lector medio, lo asume y, de este modo, elige el periódico más adecuado a sus ideas o inquietudes. Pero hay un medio de comunicación escrito a nivel nacional - El Mundo - que se acerca cada vez más al amarillismo y que se complace en presentar a sus lectores - ¿qué lectores? - la cara más inverosímil de la realidad. Es una prensa carroñera, indigna de sus lectores y alejada del talante moderado del resto de los periódicos españoles. Es verdad que hay libertad de expresión. Sin embargo, complacerse en la rumorología y buscar continuamente los trapos sucios - aunque casi nunca existen - es indigno y despreciable.
La portada de hoy ha sido un ejemplo más de bajeza y servilismo. ¿A quién?

Desde hace bastantes años nuestros adolescentes esperan con ilusión las tardes-noches del viernes y del sábado para acercarse al supermercado con la propina semanal y cargar sus bolsas de refrescos y licores para preparar un largo encuentro en el parque más cercano o en el solar más recoleto. Es el rito del botellón, que se ha extendido por todo el país como una mancha de aceite y que cada vez se practica a una edad más temprana. Mucho tiene que ver esta actividad con lo que los niños ven desde pequeños en sus mayores, especialmente los días de fiesta. A veces, no somos el mejor ejemplo. Mucho tiene que ver con la sociedad de consumo que nos rodea y con la poca imaginación para buscar alternativas a este tipo de diversión que suele terminar como el rosario de la aurora.
Por eso la intención del gobierno es prohibir la venta y consumo de alcohol a los menores de dieciocho años en la vía pública. No sé si será una solución. Es difícil erradicar una costumbre tan arraigada. Y las prohibiciones fomentan, a veces, una mayor ansiedad. De todos modos, se pueden evitar así espectáculos que contemplamos las mañanas de los sábados o domingos: jóvenes tumbados en la acera o en el portal, totalmente borrachos; parques inundados de botellas rotas y de toda clase de residuos; restos de vómitos en las paradas de autobús o en cualquier esquina,... Ya se sabe que es mejor educar que prohibir, que es mejor prevenir que curar. Los padres y educadores tenemos mucho que decir. Los comerciantes también. Y el resto de la sociedad no puede inhibirse ante este problema.

Las noticias que nos proporcionan diariamente - o minuto a minuto - los medios de comunicación suelen ser normalmente negativas, dramáticas y descorazonadoras. Desde incomprensibles comportamientos humanos hasta lamentables desastres naturales, el abanico de sucesos es amplio e invita claramente al pesimismo. Por eso, uno respira aliviado cuando le dan a conocer los datos de pérdidas humanas por accidentes de tráfico durante los meses de julio y agosto. Y parece que son bastante mejores que los del año pasado: 120 muertos menos en las carreteras españoles en dos meses desde que ha entrado en vigor el carnet por puntos. Aunque todavía son muchas las víctimas de la carretera, hay que respirar aliviados al comprobar estos datos: 60 muertes menos al mes, 2 muertes menos al día.
¿Quiénes se han librado de entrar en esa siniestra lista negra? Puede ser un conocido, un amigo, un familiar o uno mismo. Y todos ellos, sin saberlo, siguen con vida. 120 familias que no se han roto. El dato es significativo, aunque sea todavía provisional. Habrá que esperar, al menos, doce meses para valorar adecuadamente la eficacia de esta polémica medida. De momento, ya no soy escéptico al carnet por puntos. Aunque tenga que conducir mirando de reojo al cuentakilómetros. Eso sí, que mejoren las carreteras al mismo ritmo que mejora la seguridad de los vehículos. Es una de las grandes asignaturas pendientes de Tráfico. De todos modos, hay que disfrutar de esta buena noticia.

Nunca me ha hecho demasiado ilusión viajar en avión, aunque reconozco que, hoy por hoy, es uno de los medios más rápidos y más seguros. Lo que ocurre es que, si cruzas el Atlántico en avión, te entra un cierto desasosiego interior y no tienes más remedio que abandonarte a la Providencia. Recuerdo el vuelo a Seatle en el verano de 1990, con escala en Nueva York. Fueron quince horas de viaje sin grandes sobresaltos y con la incertidumbre del aterrizaje. El último vuelo fue un trayecto corto de Lyon a Barcelona. Era un aparato pequeño y la verdad es que, al cruzar los Pirineos, hubo demasiadas turbulencias. Lo peor fue el aterrizaje en el Prat. No nos daban entrada y parecía no llegar nunca el momento de tomar tierra. Todos estábamos deseando pisar suelo español y a algunos se nos pasó por la cabeza besarlo de alegría.
Ahora, lamentablemente, han cambiado mucho las cosas. Después de los atentandos del 11 de septiembre de 2001, y durante estos días de controles ante posibles amenazas terroristas, el miedo a volar se ha extendido entre los numerosos viajeros que van o regresan de vacaciones, o toman el avión habitualmente por motivos laborales. A veces este miedo se puede transformar en pánico. Y los viajeros son los que pagan las consecuencias. Porque la mayoría no tienen más remedio que volar. Y el miedo se lo guardarán dentro. Y sentirán un gran alivio al llegar al punto de destino. Lo malo es que la amenaza está allí. Y el miedo escénico se multiplica como un castillo de naipes. Ahora tendré un motivo más para perder mi ilusión por volar. De todos modos, el peligro puede estar también en el tren o en el coche. Nunca se sabe.

Hay muchas maneras de ocupar las horas de ocio que nos brindan las vacaciones de verano o los largos fines de semana. Uno de los entretenimientos preferidos por muchos aragoneses - mayores y jóvenes - es el guiñote. Mientras algunos se abandonan a la siesta para evitar los momentos demás calor, otros se dirigen al bar más cercano, al casino o al club social para jugar unas partidas de guiñote y pasar un rato divertido en manos del azar y, cómo no, con la mente despierta.
Porque en el guiñote no sólo manda la suerte. Hay que saber controlar los triunfos y las briscas. Además, es muy importante jugar con la pareja, conocer cómo juega tu compañero y ser capaz de adivinar su estrategia y de los contrincantes. Pero lo más apasionante de este juego de mesa tan aragonés es el arrastre. Hay que jugar con la cabeza bien fría para llegar cuanto antes a las cincuenta y una buenas. No basta quedarse en cincuenta. También se puede perder cantando las cuarenta o dos veintes. Esa es la grandeza del guiñote: la incertidumbre, la sorpresa y la ruptura de todas las previsiones.
Un juego paradójico, razonable, azaroso, llenode suspense y emoción. Pero, sobre todo, ameno y agradable. En algunos pueblos y en algunos locales de Zaragoza se programan campeonatos de guiñote con grandes premios en metálico. En general, suelen premiar con trofeos a los ganadores. Pero lo más importante es que, se gane o se pierda, este juego siempre te brinda un buen rato en la sobremesa, mientras saboreas un café, una caña o una copa. Y si haces amigos, mucho mejor.

¿Cuál es el precio que habrá que pagar para lograr una paz duradera en Oriente Medio? Me temo que en este enésimo conflicto entre Israel y Líbano - judíos y árabes - el precio de la paz será el triste tributo de la guerra. Después de dos semanas de conflicto, las cifras de víctimas inocentes aumentan día tras día. Desde el inicio del conflicto, la sensación más generalizada es que la paz todavía está lejos y que los esfuerzos diplomáticos, de momento, están cayendo en saco roto.
Lo que más llama la atención al observador de a pie es la tremenda desproporción entre los ataques de las fuerzas israelíes y el motivo que los ha provocado: el secuestro de dos soldados de Israel por parte de Hezbolá. Sorprende la crueldad de las represalias, la fuerza del terror, la intensidad de los bombardeos, el ensañamiento lleno de ponzoña, el "ojo por ojo y diente por diente". Y parece mentira que la comunidad internacional sea incapaz, por ahora, de frenar el conflicto. Y que Estados Unidos vea con buenos ojos los ataques sobre Beirut.
Mientras tanto, las bombas siguen destruyendo las ciudades libanesas y, lo que es peor, miles de personas tienen que abandonar sus hogares para embarcarse en un camino sin retorno. Luego vendrá la difícil tarea de la reconstrucción, la dureza de la posguerra, el veneno del rencor. Pero las vidas humanas, las de los más inocentes, nunca se podrán recuperar. Será el precio de la paz. O de la guerra.

Regresé ayer de Valencia y, en torno a las ocho de la mañana, la ciudad respiraba ilusión y las calles estaban engalanadas para preparar lo mejor posible la visita del Papa, que llegará el próximo sábado. Pero nadie iba a imaginar que, cinco horas después, un tren de cercanías, que se transforma en metro cuando atraviesa la ciudad, llevaría la muerte a más de cuarenta personas y la desolación a decenas de familias. Semana trágica y agridulce para los valencianos y para los españoles.
Conozco muy bien este tren, y he hecho este mismo recorrido desde la Plaza de España hasta Massalavés a esa hora del mediodía, cuando regresaba de mi estancia en la Biblioteca General de la Universidad de Valencia después de consultar algunos datos para mi tesis doctoral. Regresaba ilusionado, con ganas de llegar, soportando el calor (algunos vagones no disponían de aire acondicionado) y los bandazos de algunas unidades. Es una línea antigua, algo descuidada, aunque muy útil para desplazarse a las localidades cercanas, especialmente a Torrent, de donde eran la mayoría de los fallecidos.
El tren de la ilusión, el tren del regreso a casa, el tren de la esperanza se transformó en unos segundos en el tren de la tragedia y de la muerte. ¿Fatalidad? ¿Negligencia? ¿Descuido? Los hechos se podrán aclarar tarde o temprano, pero esas vidas ya no volverán a soñar.

Regreso de un breve fin de semana en Valencia y dejo atrás un ambiente inusual de espera, preparación y anticipo de la visita a la capital del Turia del papa Benedicto XVI los próximos días 8 y 9 de julio con motivo de la celebración del V Encuentro Mundial de las Familias.
Me parece adecuado el clima con que desde algunos sectores de la Iglesia se está preparando este encuentro: celebraciones religiosas, encuentros de voluntarios, recepción de peregrinos,... Pero lo que no considero tan equitativo es la parafernalia que se está montando desde otros ámbitos religiosos más conservadores y desde algún estamento civil.
Porque lo que no se puede mezclar en esta ocasión es la motivación religiosa - muy legítima por cierto - con la filiación política del partido del gobierno o del partido de la comunitat valenciana. Y tampoco se pueden admitir determinadas opiniones de algunos medios de comunicación contra recientes decisiones del gobierno sobre nuevos modos de familia o nuevas maneras de entender la relación social.
Quizá me equivoque, y el Encuentro sea un evento exclusivamente religioso. Porque sería una lástima que determinadas tendencias políticas intentaran sacar provecho de esta visita papal. La primera perjudicada sería la Iglesia. Y los auténticos creyentes. Que son mayoría. Y de todas las tendencias políticas.

No me gusta ser aguafiestas, ni agorero, ni iconoclasta. Pero me ha sorprendido, y mucho, la noticia que anticipó ayer la televisión y que confirma hoy la prensa: "Zaragoza quiere pujar fuerte para ser una base de vigilancia de la OTAN". ¿Es posible esta actitud de nuestros políticos? ¿Tantos beneficios reportará a nuestra comunidad, a nuestra ciudad y a los propios zaragozanos? No puedo evitar caer en una actitud casi instintiva de rechazo o, al menos, de escepticismo.
Ahora que había desaparecido casi en su totalidad la famosa Base Americana. Ahora que comenzábamos a disfrutar de un aeropuerto totalmente civil. Ahora que teníamos la Plataforma Logística e Ikea,...nos salen con esta. ¿Es que quieren compensar el fracaso del helicóptero "Tigre"? La polémica está servida. Y los problemas también. Y si no, tiempo al tiempo.

Este caluroso lunes del mes de junio se recordará, entre otras cosas, por el caos de tráfico que se ha organizado en Zaragoza como consecuencia de un reventón en la plaza de Basilio Paraíso. Todo confluye en el centro. Todo pasa por el centro. Todo se orienta hacia el centro de la ciudad. Y ha ocurrido lo que nadie esperaba ni deseaba: atasco monumental en el centro e improvisado y casi inevitable desvío de las principales líneas de autobús por otras calles adyacentes que han sido incapaces de absorber tal cantidad de tráfico.
Mi determinación, y creo que la de muchos zaragozanos, ha sido la de salir un poco antes de casa y caminar hacia el lugar de trabajo. Desde luego que así he llegado antes que en coche o en autobús. Otros han optado por la bicicleta. (¡Qué lástima que no haya carriles bici por el centro de la ciudad!) y algunos han echado de menos un tranvía rápido o incluso un suburbano. De todos modos, si no cambian las cosas, el caos está servido durante los próximos días. Y echaremos la culpa a la fatalidad, o a la mala suerte, o a accidentes inoportunos.
Por lo demás, aparte de la esperada, aunque difícil, victoria de España sobre Túnez, nos llegan ecos de Cataluña y del referéndum del Estatut. Y los de siempre no aceptan las cifras y amenazan con recurrir al poder judicial o a quien sea para defender sus ilusos derechos. ¿Qué harán cuando estén en el poder? Por lo menos, que dejen gobernar a los que han logrado una victoria democrática y que abandonen de una vez por todas la crispación, el tono apocalíptico y el victimismo.

La comarca turolense de las Cuencas Mineras es una de las más deprimidas de Aragón y una de las más despobladas de España. Viajar de Zaragoza a Aliaga por la carretera de Castellón y por la de Belchite nos ofrece la oportunidad de cruzar esta comarca de norte a sur. Porque, eso sí, es una comarca heterogénea, pero muy castigada por el clima, la emigración y el olvido de las instituciones. Su núcleo lo forman los pueblos que hace unos cuarenta años vivían de la prosperidad de las minas y de la relativa riqueza que proporcionaba el carbón. Pero estas excavaciones se fueron agotando o fueron perdiendo rentabilidad y los habitantes de Escucha, Montalbán y Utrillas buscaron otras alternativas o emigraron a la capital. La que ha salido mejor parada es Utrillas, que se ha convertido en epicentro comarcal, gracias a las instalaciones de la fábrica Casting Ross o a la reciente fábrica de Espuña. Escucha mantiene todavía una central térmica y Montalbán ha buscado otras alternativas. Pero, ¿qué ocurre con el resto de la comarca? Su contemplación desde las penosas carreteras invita al desánimo y al pesimismo: pueblos semiabandonados, campos yermos, casas semiderruidas y calles desérticas.
Aliaga es un ejemplo de este progresivo abandono y deterioro. Hace veinticinco años – fecha más que redonda – se cerró la central térmica, porque decían que no era rentable. Pero no se buscaron alternativas. Pocos se pronunciaron abiertamente contra la situación. Recolocaron a los trabajadores en Zaragoza, Teruel y en otros pueblos y aceleraron desde entonces el proceso de prejubilación. Ahora quedan muy pocos en activo. La mayoría regresan el pueblo en verano y recuerdan el pasado con nostalgia. Lo peor de todo es que no ven claro su futuro ni el de sus hijos. El pueblo ya no es lo que era, a pesar de que ha habido intentos de revitalizarlo. Tal vez se ha llegado demasiado tarde. Unas veces por problemas ecológicos, otras por intereses particulares; el caso es que ahí sigue como una momia el esqueleto de la central, ahí continúa un embalse cada vez más anegado de barro y de desechos, ahí están los dos barrios prácticamente vacíos. Sólo los dos meses de verano salvan un poco a esta población. Y, como Aliaga, podemos encontrar a todos los pueblos de La Val, del valle del río Martín o de la sierra de Cucalón. ¿Regenerarán esta zona entre Endesa y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas? ¿Continuarán las ayudas del plan Miner? Todo son incógnitas, mientras el tiempo pasa y los jóvenes se alejan para siempre de su lugar de origen.

Labordeta fecha esta foto en el año 53, a la entrada del Parque Primo de Rivera.
Los cuatro del centro: Emilio Gastón, José Antonio García Dils, Labordeta y Fausto Alcolea.
Agachado, Fausto Lambea.
Los dos de arriba: Manuel Sopeña y Jesús Lafuente.
No es fácil encontrar personas que manifiesten con coherencia y sinceridad un talante progresista. No es fácil encontrar políticos comprometidos con sus principios sin titubeos y con una trayectoria ejemplar demostrada con hechos. Una de estas personas es el profesor, escritor, cantautor y político aragonés José Antonio Labordeta. Lo conocí personalmente en Jorcas, un 15 de agosto de tormenta, mientras preparaba con ilusión su recital anual en el pueblo de la familia de mi primo Luis Vicente Ariño. Corrían los últimos años de la década de los setenta, y José Antonio manifestaba en aquel pequeño salón-comedor sus inquietudes por el futuro de Aragón, por el futuro de Teruel y, sobre todo, por el futuro de esas tierras semidesérticas de la sierra de Teruel: Camarillas, Aguilar de Alfambra, Ababuj, Jorcas, Allepuz y un largo etcétera. El cantautor expresaba sus inquietudes en las letras de sus canciones, en sus poemas, en sus colaboraciones en revistas como Andalán, en las tertulias, en las conferencias, a sol y a sombra.
Ayer, José Antonio Labordeta, volvió a intervenir en el Congreso de los Diputados con motivo del debate anual sobre el Estado de la Nación. Fueron diez minutos densos, sin retórica, directos y sinceros. Durante ese breve espacio de tiempo fue desgranando uno a uno los problemas de Aragón. Y recogía las principales inquietudes de los ciudadanos aragoneses. E intentaba convencer. Y me recordaba sus años jóvenes, de cantautor, con la guitarra al hombro. Y me alegró su talante progresista, independientemente del partido al que representa. Porque defendió a Aragón.
Lástima no tengamos más portavoces como José Antonio en Madrid. Tal vez cambiaría bastante el presente y el futuro de esta tierra.

Tarde de tormenta en el día de San Isidro, patrono de los labradores. De pequeño, me llamaba la atención la imagen del santo madrileño en uno de los altares laterales de la iglesia parroquial de Aliaga. Me parecía un santo diferente, más cercano al pueblo y, sobre todo, más rural. Pero, años después, me sorprendía que San Isidro Labrador fuera precisamente el patrono de la capital de España. No me cabía en la cabeza que la ciudad más poblada y menos rural de las ciudades tuviera un santo labrador. Y, a pesar de la leyenda, – porque creo que es más leyenda que historia – no me imagino a un santo con dos bueyes y un arado por las calles de Madrid. Aunque, con lo que han cambiado los tiempos, todo podía ser posible.
Lo curioso es que San Isidro significa para los madrileños un símbolo del campo, del aire libre, de esas costumbres rurales que casi han desaparecido. Y se fabrican un santo a su medida: entre milagrero y cercano a los problemas cotidianos. Aunque la gran mayoría, ignoran la historia o la leyenda y se escapan de Madrid para llegar cuanto antes a esa playa del Mediterráneo o del Atlántico con la que sueñan durante toda la semana. De todos modos, todavía queda una selecta minoría que adora su imagen y le venera. Y, tal vez, se siguen haciendo las mismas preguntas que me hacía yo de pequeño.
En Aliaga ya no se celebra San Isidro, porque ya no quedan labradores sino aficionados a la huerta como medio de combatir el ocio. El último San Isidro lo celebré en un pueblecito de Albacete, El Salobre, el pueblo del ex ministro José Bono. Allí aún concursan los pocos labradores que quedan para trazar el surco más recto. Eso sí, con tractor, no con caballería como antes. Como lo hizo en su tiempo San Isidro.

El barrio de Las Fuentes es uno de los enclaves limítrofes de Zaragoza y está situado hacia el este de la ciudad. Hace cuarenta años esta zona estaba poblada de numerosas casas de campo y surcada de feraces huertas. Hace cuatro décadas los ganados pastaban bucólicamente en lo que hoy es el Parque Torre Ramona o la calle Fray Luis Urbano. Y brotaba el agua subterránea por doquier – de ahí su nombre – . Pero todo ha cambiado tanto que, desde el ayuntamiento, se están empeñando en modernizar este barrio de tercera categoría y ascenderlo, al menos, a la segunda división urbanística. Lo malo que el camino elegido no es el más correcto.
Llevo veinte años en este barrio y he advertido numerosos cambios. Pero casi todos ellos han sido por iniciativa privada: pisos, comercios, servicios,…Y muy pocos de iniciativa municipal. Por eso me sorprende que nuestros políticos municipales no vean otra solución para resolver los problemas de tráfico y de aparcamiento que ampliar la famosa zona azul a este barrio y algunos más afines. ¿Es esta la mejor solución? Creo rotundamente que no. Porque hay otras prioridades que llevan años en lista de espera: ¿qué ocurre con el solar de la calle Azorín? ¿No se podría construir un aparcamiento asequible a los bolsillos de los vecinos? ¿Qué ocurre con los aledaños al Tercer Cinturón? ¿No se podrían instalar más plazas para aparcar?
De todos modos, el problema no viene sólo de arriba. Los ciudadanos de Zaragoza podríamos prescindir más del coche y buscar otro medio de transporte. Vivimos en una ciudad llana, sin calles excesivamente estrechas y con un acceso fácil a casi todos los servicios. Pero es muy cómodo desplazarse en coche y aparcar en doble fila o encima de un paso de cebra. Los hábitos cívicos también cuentan. Lo cual no impide pedir a nuestros ediles más imaginación y menos afán de sangrar los bolsillos de los contribuyentes. Que ya vale,… ¿O es que nos va a hipotecar la Exposición 2008? No me extraña que aparezcan disidentes y pintadas contra ese evento.

Muchas personas reaccionan con sorpresa cuando les comentas que novelas oníricas, absurdas y surrealistas como La Metamorfosis de Franz Kafka puedan ser llevadas al escenario. Hay que explicarles que el teatro hace muchos años que ha dejado de ser realista o naturalista para convertirse en un vehículo privilegiado y minoritario de vivencias, experiencias o aspiraciones. Hay que recordar entre otros dramaturgos del siglo XX a Ionesco, Becket, Bretch o Sartre. Ellos rompieron con la tradición dramática europea e instauraron una manera distinta de expresar la realidad sin evasión y con un tono de denuncia más o menos explícito.
En Zaragoza tenemos la oportunidad de asistir durante estos días a una representación teatral sobre una de las mayores tragedias del siglo XX en Europa: la tragedia de Chernobyl. En esta región ucraniana murieron en 1986 miles de personas y, lo que es casi peor, grandes núcleos urbanos y rurales han quedado deshabitados, la tierra contaminada en cientos de kilómetros a la redonda y los supervivientes con evidentes secuelas que acortan su vida o agravan progresivamente su salud. Dos grupos aragoneses, Viridiana y Teatro Che y Moche, se han atrevido a llevar a las tablas un montaje audaz, vanguardista y original. Con una buena documentación y los adecuados ingredientes musicales y cinematográficos, nos acercan a la trágica realidad del presente y del pasado de esa zona desolada y nos hacen reflexionar sobre las casi irreversibles consecuencias de una explosión como ésta.
La reflexión es evidente: ¿vale la pena seguir con la apuesta nuclear aunque sólo sea para fines pacíficos? ¿Existen otras alternativas más fiables y seguras? ¿Qué ocurre con los residuos de nuestras centrales nucleares? Veinte años para el recuerdo. Un día para la reflexión. Que no se repita nunca más.

Se han empeñado algunos de nuestros políticos, economistas y líderes sociales en judicializar los problemas cuando no pueden conseguir solucionarlos por consenso o, al menos, acatando lo que opina la mayoría. Es una situación que puede llegar a convertirse en insostenible y atentar incluso contra los pilares de la democracia. Porque, ¿han pensando los políticos que están en minoría que les puede ocurrir lo mismo cuando accedan al poder? ¿Han reflexionado seriamente sobre el daño que ocasionan a los ciudadanos, que son sus votantes y que están en el escaño gracias a ellos? Al parecer, lo que sólo buscan algunos es protagonismo. Todo a costa de los demás. Y de este modo, las obras de la Romareda se pueden convertir en algo surrealista; el rastro no se ubicará en ninguna parte; y opas y contraopas nunca llegarán a buen puerto.
No es bueno el camino emprendido por estos líderes de la sociedad. Y es mucho peor que algunos políticos alardeen de estos triunfos efímeros y así lo proclamen a los cuatro vientos. No es bueno para la democracia. Lo único que pueden conseguir es que el ciudadano de a pie se aleje de las urnas definitivamente.

Siempre he sentido admiración y, en ocasiones, casi veneración por los maestros. Primero como alumno, después como profesional de la enseñanza. La palabra maestro me sugiere más valores que la de profesor: maestro me sugiere padre, modelo, consejero, orientador, interlocutor, persona de confianza, tolerancia, flexibilidad, comprensión, amabilidad,... Por ello, me ha sorprendido y me ha llenado de tristeza la noticia que saltaba a los medios de comunicación el pasado domingo: "Dos personas asesinan a un joven y hieren a otro en una calle de Teruel, cuando se dirigían al campo de tiro,... Los jóvenes regresaban de una noche de juerga".
Nada justifica tal acto irracional. Nada justifica esa respuesta a una broma, insulto o lo que sea. Dispararon hasta once veces. Y eran maestros de profesión. Aquí mi sorpresa llegó a su apogeo. Maestros de cincuenta y tantos años. ¿Qué pasaría por la cabeza de estas personas en apariencia sensatas y por su edad con la cabeza bien sentada? ¿Arrebato? ¿Locura? ¿Venganza? No acierto a comprender el móvil de los hechos. La justicia caerá sobre ellos y espero no vuelvan más a las aulas. Porque, ¿qué dirán a sus alumnos, que suelen mitificarlos? ¿Cómo explicarán su homicidio? ¿Qué cara de cincunstancias pondrán?
Nos podemos hacer miles de preguntas. Pero es una pena que las personas cambien de actitud tan de repente y muestren sus impulsos más irracionales. Lo peor es que se han negado a declarar. Como si aún quisieran ocultar lo que se ha pregonado ya a los cuatro vientos.

Procesiones de Semana Santa. Caravanas interminables en las carreteras. Y la autovía mudéjar todavía en obras. Unas obras eternas, con la mirada puesta en ese casi simbólico 2008. Parece un número mágico, un talismán, la solución de todos los problemas de Zaragoza y de Aragón. ¿Será realmente así? Lo dudo, a la vista de los hechos. Aunque luego todo se acabe tarde y mal, y se llegue a tiempo a trancas y barrancas. Es la improvisación de siempre, el problema de todos los días, de todas las obras, de todos los proyectos. Eso cuando no se interponen las disputas políticas, cuando no aparece Biel con su afán incomprensible de derribar por derribar.
Procesiones de Semana Santa. Lluvia en el ambiente. Vacaciones escolares y casi laborales. Muchachos en la calle, ya abrurridos, Eternamente aburridos. No saben lo que quieren. El mundo al revés. Mientras tanto, las cofradías ya preparan sus tambores y sus estandartes para dejarse ver, al menos, dos días. Las calles de las principales ciudades se vestirán de morado, azul o granate. Aunque la mayoría esté tostándose en una playa del sur o esquiando sobre las últimas nieves. Procesiones interminables en las carreteras. Y rosario de accidentes. Cada año lo mismo. ¿Rutina? ¿Novedad? Todo mezclado cual puzzle de religión, fiesta y huida de lo habitual. Hacia adelante. Hacia Madrid, que será casi zaragocista el día 12. Sólo faltaba Cani en la selección. Y ya está en el grupo de privilegiados. ¡Enhorabuena chaval! Has tapado la boca a cientos de intransigentes y fanáticos, que no saben lo que es el fútbol-arte. Genios incomprendidos. Procesión final hasta el Bernabéu. Mientras la ilusión aguante.

Hace aproximadamente dos años, escribí una carta al periódico titulada "La mejor noticia del año". Me refería a la retirada definitiva de las tropas españolas de Irak. Creo que el tiempo le ha dado la razón al presidente del gobierno. Hoy podemos hablar de otra buena noticia que ha eclipsado la celebración del Día Internacional del Agua: El anuncio por parte de los dirigentes de ETA de un "alto el fuego permanente". Hay que ser cautos, prudentes y mantener la esperanza. Y huir del escepticismo sistemático de algunos y de la euforia de otros. ¿Por qué? Porque el alto el fuego es permanente y no definitivo. Porque un alto el fuego es un cese en los atentados y no una entrega incondicional de armamento. Porque la situación y los antecedentes invitan a la prudencia.
De todos modos, no deja de ser una buena noticia. Ojalá haya muchas más de este tipo en adelante.

Cuando el caudal del Ebro se incrementa por estas fechas, se nos ensancha el corazón. Pero, a pesar de todo, según dicen los expertos, la sequía continúa. Ya puede llover meses y meses. Ya puede haber nieve acumulada. Siempre faltará agua en las montañas y en el valle; en las aldeas y en la gran ciudad.
¿Cuál es el problema? Cada vez consumimos más, cada vez despilfarramos más, cada vez ahorramos menos agua. Y nuestros embalses no dan para tanto aunque se hallen casi al cien por cien. El desarrollismo está llegando a todos los rincones. Ya no sólo se queda en el Mediterráneo. Se anuncian apartamentos y urbanizaciones en aldeas de Huesca casi deshabitadas. Se quieren ampliar hasta el infinito las pistas de esquí. Y no se respeta el ecosistema de las montañas. Se proyectan campos de golf en Zaragoza, en Calatayud y en Huesca. Se especula sin cesar y se esquilma el paisaje.
¿Cuál es la solución? No se puede dejar todo en manos de los políticos. Hay que proponer desde abajo otras alternativas más fiables y ecológicas. Aunque suponga una renuncia o una vuelta de tuerca a este falso progreso que nos seduce cada día más.
De momento, me contento con contemplar el caudal ancho y sosegado del Ebro, antes de que el estiaje lo vuelva a convertir en una caricatura de río.

Se ha hablado mucho estos días y se seguirá hablando de la Televisión Autonómica Aragonesa. Y ocurre con frecuencia, que lo que se anuncia a bombo y platillo acaba decepcionando a la mayoría. Esa es la impresión que tengo a fecha de hoy. Porque muchos amigos y vecinos se preguntan, ¿por qué no se puede ver la televisión aragonesa, que pagaremos entre todos, por un canal abierto y sin necesidad de añadir a la antena sintonizador alguno? ¿Por qué la televisión autonómica no nos ofrece aún un anticipo de su programación en los medios de comunicación? ¿Por qué la televisión autonómica ofrece un encuentro deportivo que no han podido ver la mayoría de los aragoneses por diversos programas técnicos?
Espero que esta televisión comience a emitir progresivamente, en abierto y sin restricciones de ningún tipo. Lo demás me suena a publicidad fácil y a sucedáneo de otras televisiones autonómicas. Espero equivocarme y poder felicitar pronto a los que están llevando adelante un proyecto que, por ahora, no se ve nada claro.

En la prensa aragonesa de hoy aparece un artículo cuyos titulares pueden parecer sorprendentes o pueden llevar a engaño:"Fiscalía recibe en un mes cuatro denuncias por acoso escolar". Son datos llamativos, ya que suponen la mitad de los del curso anterior. La directora general de Política Educativa ha presentado un informe sobre el comportamiento social de los estudiantes no universitarios de la Comunidad Autónoma de Aragón. Se trata de momento de casos aislados y muy puntuales. Aunque los que estamos en contacto día a día con las aulas nos damos cuenta de que los comportamientos agresivos son cada vez más frecuentes, no sólo entre alumnos, sino también de alumno a profesor y, en algún caso aislado, de profesor a alumno.
¿Cuál es la causa de estos comportamientos? La verdad es que el acoso escolar ha existido siempre. El término es reciente y a mí no me gusta en absoluto. Lo que ocurre es que estas alteraciones de la convivencia antes no salían a la luz pública y ahora aparecen con más frecuencia en los medios de comunicación. Esto no quiere decir que no le demos importancia al problema. Yo diría que el acoso escolar se gesta ya en los últimos años de la Enseñanza Primaria y se acrecienta en los primeros cursos de Secundaria. El problema habría que atajarlo antes. Pero con la colaboración de los padres y con la mayor discreción posible. Algunos casos no llegan a acoso y se pueden cortar a tiempo. Otros, necesitan tiempo, diálogo y medidas contundentes. En Aragón el problema no es tan llamativo como en otras comunidades. De todos modos, hay que estar preparados para afrontar los conflictos en la convivenica porque las cifras no mienten.

Hay noches de transistores por motivos políticos - como el ya lejano 23F - y hay noches de transistores por motivos deportivos. La de ayer fue una de ellas. Para los aficionados al fútbol y seguidores del Real Zaragoza fueron dos horas de tensión, de nervios y de adrenalina. Todo parecía abocado al fracaso hasta el último minuto en el que respiramos tranquilos. La radio estuvo, como siempre, a la altura de las circunstancias. ¿Y la televisión? Los que no tenemos canal de pago esperábamos una buena información en directo desde el estadio Bernabeu con reportajes, impresiones,...sobre esta nueva final a la que ha llegado el equipo de la ciudad y de Aragón con tanto suspense y tantas dificultades. Pero no tuvimos esa suerte y de nuevo nos salvó la radio.
¿Qué ocurrió? Lo que ya había sucedido en otras ocasiones: la nueva (y espero que provisional) ZTV (Zaragoza televisión), ese híbrido de RTVA y Antena Aragón no dijo ni una sola palabra del encuentro que acababa de terminar en las noticias de la noche. Y no es la primera vez que ocurre. Hemos ido de mal en peor en lo que a televisión local o regional se refiere. Las noticias son insulsas, rutinarias y sin dinamismo. Y los deportes están enlatados. ¿Dónde está el directo? ¿Y la emoción que nos contagia la radio? Esta misma cadena tiene un programa deportivo los lunes que también deja mucho que desear. ¡Qué pena que desapareciera Antena Aragón!
A ver si la futura televisión autonómica soluciona estas lagunas y compite con la radio. O, al menos, la complementa. ¿Será problema económico? ¿O falta de profesionales? Pronto lo comprobaremos. De momento, siempre nos quedará la radio.

Es una buena noticia para Zaragoza y para Aragón que, a partir de 2009, la planta de Figueruelas inicie la fabricación de un nuevo modelo: el Meriva. Es una buena noticia que no debe ocultar el panorama de incertidumbre que la industria automovilística atraviesa a nivel mundial. El mercado está cada vez más saturado y la competencia asiática es cada vez mayor. Por eso es muy importante que, además de la Opel, Zaragoza busque otras alternativas industriales y aproveche su situación estratégica para enriquecer su oferta. Hay mucho camino por recorrer y la Expo de 2008 no va a ser ni mucho menos la panacea. Hay que tener en cuenta también que las comunicaciones siguen siendo una asignatura pendiente.
De todos modos, me alegro por Manolo, mi vecino. Y por Agustín, mi paisano. Y por tantas familias aragonesas que han vivido unos meses difíciles. Pues lo peor es la incertidumbre. Y hoy, al parecer, se va a emitir oficialmente el dictamen a favor de Figueruelas.

Siempre me ha gustado el campo de La Romareda y quizás soy de los pocos que defienden mantener su actual ubicación. Desde pequeño me acercaba a sus aledaños y, si podía, contemplaba de cerca el estadio desde la torre de la antigua Feria de Muestras. Lógicamente, el campo va a cumplir cincuenta años y pide a gritos una urgente remodelación. Comprendo que ha sido una decisión difícil y polémica la que ha tomado el Ayuntamiento de la ciudad. Me hago cargo de que causará molestias a los abonados y de que, como cualquier obra, entorpecerá la circulación por el barrio. Pero lo que no me entra en la cabeza son las declaraciones de algunos dirigentes políticos de gran talla y experiencia, como el señor Biel y el señor Buesa, que han prometido en un tono de amenaza que, si ganan las próximas elecciones de 2007, procederán a derribar el nuevo estadio y trasladarlo fuera de la ciudad.
Como ciudadano de a pie, me pregunto: ¿Son modos legítimos de hacer oposición? ¿Es lícita esta manera de iniciar indirectamente una campaña electoral? ¿Qué ocurriría si todos los políticos, sean del color que sean, se manifestaran de manera similar? ¿Se mantendría como está el Paseo Independencia? ¿Y los monumentos de la ciudad? ¿Y los hospitales? ¿Y los centros educativos? La retahíla sería larga. Espero hayan sido sólo fanfarronadas o, como decía un locutor de radio, chistes de un programa de muñecos de guiñol. Pero, desde luego, si no se retractan, poca confianza van a despertar en los posibles votantes.

La verdad es que no le encuentro mucho sentido al referéndum que está promoviendo el presidente de un partido de derechas para pedir la unidad de España. Parece que volvemos a tiempos pasados en los que se gritaba en las calles y plazas "España una, no cincuenta y una". Eso era durante los primeros años de la transición. Luego llegaron las autonomías. Y no ha pasado nada.
Me sorprende más todavía que los que propugnan este referéndum, para caldear más el ambiente y desperezar al ciudadano de a pie, se opusieron a otros referéndums anteriores y muy similares al acutal. También me sorprende el planteamiento de la cuestión y el mensaje que transmiten al ciudadano. Porque, ¿Conocemos a fondo el Estatut? ¿Podemos estar en desacuerdo con algo que no conocemos? ¿Se romperá la unidad de España? ¿Se quebrará la Constitución? Lo malo es que muchos accederán engañados a estampar su firma en un papel, incluso sin ser simpatizantes de ese partido. Porque si no firmas o muestras tu acuerdo con el Estatut, quizás te pongan mala cara, como ha ocurrido en algunas de las mesas instaladas por las calles de Zaragoza.

Siempre me ha gustado acercarme en bicicleta al hasta ahora barrio rural de Villamayor, atravesar sosegadamente sus recoletas calles y buscar un rincón en la tranquila plaza mayor desde el que se puede contemplar su esbelta e impresionante torre mudéjar. Otras veces, cuando pedaleo por la carretera que parte desde Santa Isabel hasta Perdiguera, contemplo el nuevo pueblo zaragozano desde una pequeña loma. Su silueta se divisa a lo lejos y sus montes rodean un paisaje entre agreste e indefinido.
Ahora Villamayor acaba de dejar de ser barrio de Zaragoza y se ha segregado de la capital, es decir, se ha convertido en pueblo. La verdad es que yo siempre lo he visto como pueblo, a pesar de las polémicas e intereses económicos de algunos. No sé por qué se acomodó a ser barrio rural, cuando el ser pueblo ("Villa-Mayor") le dota de una personalidad que nunca tendrán barrios como Santa Isabel, Movera o Miralbueno. Barrio me suena a servidumbre, a dependencia, a quiero y no puedo. Pueblo me sugiere autonomía, independencia, libertad. Sé que la medida ha sido polémica, quizá más en la forma que en el fondo. Lo que no entiendo es por qué el ayuntamiendo de Zaragoza no se quiere desprender de los montes, del entorno paisajístico. Eso significa despojar al pueblo de su entidad, como si le despojáramos de su airosa torre. Todo un despropósito.

Siempre es positivo y gratificante celebrar algún aniversario. Aunque lo mejor es celebrarlo en plena vitalidad y con la ilusión de emprender nuevas etapas. Este año el Instituto “Ramón y Cajal” – en el que trabajo – celebra su décimo aniversario. Parece que fue ayer cuando este centro educativo de educación secundaria comenzó su andadura, al transformarse de colegio de EGB a Instituto. Poco a poco el Centro ha ido creciendo tanto en cantidad – se construyó un nuevo pabel