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Se muestran los artículos pertenecientes al tema VIAJES.

UN LUGAR SUBLIME

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     Una de las rutas más interesantes y uno de los lugares naturales mejor conservados de Aliaga es la que termina en Valloré-Boca Infierno. Aunque se puede realizar en coche o en bicicleta de montaña, lo mejor es ir a pie y recorrer esos doce kilómetros que separan el municipio de este pintoresco rincón bañado por las aguas del Guadalope.

    Salimos de Aliaga a las ocho de la mañana y en menos de media hora atravesamos el barrio de la Aldehuela y dejamos a nuestra derecha la antigua central térmica - un macabro gigante del hollín - y el embalse cada vez más anegado. Por la escombrera - ¡qué pena la dejadez de los responsables de estos residuos! - descendemos a la altura de la abandonada y semiderruida masada del Río para iniciar un recorrido llano por un camino asfaltado que conduce a la planta de cogeneración Neoelectra. Nos sorprende el ruido de esta factoría que, al parecer, ha ahuyentado a los numerosos buitres que habitaban cerca. Continuamos nuestra ruta dejando a nuestra izquierda la masada de la Puente, también abandonada, y poco después comienza un sendero que nos acerca a un estrecho del Guadalope, flanqueado por impresionantes paredes de piedra y coronado por un bosque de pinos bien conservados. No ocurre lo mismo a nuestra izquierda donde todavía se advierten las cicatrices del pavoroso incendio del verano de 2009.

    Pero lo mejor está por llegar. Hay que cruzar el río dos veces para acercarse al estrechamiento del cauce - como vemos en la fotografía - que nos obliga a cruzarlo a nado si queremos continuar nuestra caminata hacia Montoro de Mezquita. Pero como se nos echa el tiempo encima y hemos de regresar antes de que apriete el calor, decidimos dejarlo para otra ocasión. Eso sí, nos detenemos a contemplar este impresionante maridaje entre las rocas y el agua. Un lugar sublime, silencioso, de una solemnidad difícil de explicar. Hay que vivirlo. Por eso lo aconsejo a los que visiten Aliaga y sepan valorar uno de sus mejores parajes naturales.

01/08/2015 11:31 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR JARQUE DE LA VAL

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     Hoy he realizado mi primera ruta ciclista veraniega. Como aperitivo he elegido la más asequible, desde Aliaga hasta Mezquita. Una carretera tranquila, sinuosa y bien señalizada.  Es predominantemente llana, con pequeños repechos y discurre por la margen izquierda del río de La Val. Se pasa por el barrio de Santa Bárbara, por Cobatillas, por Hinojosa de Jarque, por Jarque de la Val y por Cuevas de Almudén. En Mezquita de Jarque, parada obligada en la fuente de la entrada el El pueblo y pequeño descanso.

    De regreso, me detengo en la fuente de cuatro caños de Jarque de la Val, que podéis ver en la fotografía. Un pequeño pilón construido en 1971 y que, según me ha dicho una vecian, recoge las aguas de un antiguo y bien valorado manantial. Jarque se despierta tranquilo en esta mañana soleada de la virgen del Carmen y exhibe sus huertas y sus calles limpias y arregladas. Destaca sobre todo la Casa Consistorial, declarada Bien de Interés Cultural y la iglesia de la Asunción, cuya torre fue restaurada en el 2008.

    La fotografía adjunta está hecha debajo de una morera y al lado del lavadero municipal, todavía en uso y en un buen estado de conservación. Pronto llegarán las fiestas de San Roque y de la Asunción. De momento, el pueblo se anima los fines de semana. Durante el año la asociación cultural El Torrejón organiza otros eventos y mantiene viva la llama cultural y recreativa.

16/07/2015 12:14 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

ESCAPADAS

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     Ha quedado atrás el turbulento, extraño y paradójico mes de febrero. Lo abandonas con alivio, como quien quiere emprender un nuevo viaje hacia la vida, hacia el renacer, hacia la primavera. Es verdad que el invierno todavía persiste, pero los signos de la nueva estación son ya evidentes: naturaleza exuberante, campos de cereal reverdecidos, ríos con un caudal copioso y luz crepuscular.

     Para disfrutar del paisaje, de la luz, de otros horizontes más abiertos que el cemento y el asfalto cotidiano, lo mejor es emprender una escapada aprovechando el día festivo entre semana. Esta vez la ruta elegida no ha sido el Pirineo, sino la comarca de las Cuencas Mineras, que todavía conserva retazos blanquinosos de la reciente nevada que ha llenado de esperanza a los agricultores y ganaderos. El destino elegido es Aliaga, tu pueblo de toda la vida. Pero intentas aprovechar del paisaje que flanquea esta ruta de hora y media: campos de Belchite con sus olivos centenarios, hondonada fecunda de Muniesa, pintoresquismo de Hoz de la Vieja, vega fecunda del río Martín, desolación ante la vista de la central de Escucha, campos teñidos de blanco en Valdeconejos y el encanto de la Val, con sus pequeños pueblos y sus huertas y bancales.

     Una vez en Aliaga, disfrutas de su paisaje familiar, siempre nuevo y sorprendente. Y contemplas y recorres toda la geografía de tu infancia, inundada de recuerdos y colmada de nostalgia: el castillo, la porra, el calvario, las calles empinadas, las casas solitarias, la ermita, el cementerio, el merendero y el río. Un Guadalope resucitado - como se observa en la foto -, vital, arrollador, intrépido. Ha dejado de ser el cauce desolado del pasado verano y se enriquece de un deshielo acelerado que se ha llevado por delante el encanto romántico del paisaje nevado.  En cambio, todo es agua, vida, oro para los campos y para los pantanos del Bajo Aragón.

    Ha sido sólo una breve y fugaz escapada. Y regresas a la ciudad con el ánimo templado, con la ilusión renovada y con un pequeño poso de nostalgia al abandonar estos núcleos rurales cada vez más solitarios y despoblados.

VIAJES

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     Viajar es abandonar por unas horas lo cotidiano, es iniciar una nueva aventura, es una oportunidad de disfrutar del paisaje, de embeberse de nuevas perspectivas, de intentar tocar el techo de los sueños.

     Hoy nos hemos acercado a uno de los valles más agrestes, solitarios y encantadores del Pirineo aragonés: al valle de Zuriza. Eso sí, después de una visita obligada a Ansó - todo historia y arte - y al imponente monasterio de Nuestra Señora de Siresa. La sinuosa carretera que surca el valle de Zuriza, dejando a la izquierda el río Veral, estaba flanqueada por gran cantidad de nieve. Su espesor iba en aumento a medida que nos adentrábamos en el valle. Tanto es así que hemos tenido que regresar antes de lo previsto. Hemos regresado inundados del blanco de la nieve, de la altivez de las hayas desnudas, del verde infinito de pinos enhiestos y desafiantes, de la sublime severidad de las rocas, del murmullo cantarín de un río que  promete una fecunda primavera.

     Porque, como decía Antonio Machado, hay de disfrutar del recorrido, mirar hacia el horizonte de los sueños, atisbar la luz crepuscular, embeberse del cielo azul y de la tierra amarronada. Por eso hemos hecho una parada en la histórica Ayerbe, con su espectacular torre del reloj y su recoleta plaza dedicada a Ramón y Cajal. Y hemos dejado a la izquierda los imponentes mallos de Riglos, esas eminencias ocres que tanto sedujeron a los viajeros románticos José María Quadrado y Francisco Javier Parcerisa.

     Viajar, surcar el paisaje, adentrarse en caminos sinuosos y poco transitados, contemplar la franja de los Pirineos, borracha de nieve, ascender y descender por los puertos olvidados, evocar otros viajes, otras rutas, otros encuentros. Y soñar con la cercana primavera, cuando las cascadas canten al unísono y reviva la vida aún adormecida.

    (FOTOGRAFÍA: Entrada de las escuelas de Ansó) 

 

29/01/2013 18:04 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

UNA ETAPA CLÁSICA

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     Son muchos los itinerarios que se pueden realizar en bicicleta partiendo de Aliaga. Uno puede dirigirse hacia el sur, en dirección a Teruel y llegar hasta Mezquita. A partir de allí surgen un montón de posibilidades: o subir el puerto del Esquinazo (1381 metros) o dirigirse hacia Utrillas y Montalbán, o tomar el camino rural en dirección a Son del Puerto y Rillo. Otra opción es dirigirse hacia el noreste y coronar el puerto de Majalinos (1450 metros) e incluso descender hasta Ejulve, pueblo encantador y nuevo cruce de caminos. Todavía quedan dos opciones más: una de ellas es la que he elegido esta mañana. También en dirección sur, pero hacia la sierra de Teruel, hacia Camarillas. Lo peor de esta etapa clásica de cada mes de agosto son los tres primeros kilómetros de ascenso. Las piernas todavía están un poco entumecidas y el cuerpo aún no se ha adaptado al ritmo del pedaleo. Por eso esta mañana ha tenido que levantarme varias veces del sillín para salvar sin mucho agobio esa primera pendiente. Lo mejor de la subida es la contemplación desde lo alto del barrio de Santa Bárbara y la caricia de la tímida brisa de la mañana.

     Han sido dos horas y media de pedaleo. Aunque quedaba toda la etapa - poco más de 50 kilómetros - moralmente estaba culminada. El resto del itinerario es más llevadero con dos pendientes progresivas entre Camarillas y el cruce de Galve. El Santuario de la Virgen del Campo (en la fotograría) es lo más llamativo de esta ruta desde el punto de vista artístico e histórico. Luego, la contemplación de un paisaje típico de esta zona - colinas suaves reverdecidas, campos amarillos recién cosechados, masadas, granjas y algún abrevadero para el rebaño - ha hecho más llevadera una etapa que volverá a pasar por el puerto del Esquinazo y dejará a la derecha el cauce estival del río de La Val con su cortejo de pueblos y su perfil inconfundible.

     Para el viernes, queda la última alternativa, también en dirección sur, aunque más hacia el este. La carretera que lleva a Miravete de la Sierra y a Villarroya de los Pinares, que surca un valle encantador, el valle del río Miravete - luego Guadalope - y la ascensión al puerto de Sollavientos (1504 metros) para descender luego hacia Allepuz, Jorcas, Aguilar de Alfambra y Camarillas. Una buena etapa para culminar estas rutas de verano. Son itinerarios asequibles para los amantes del deporte de las cos ruedas. Eso sí, hay que programar las etapas de modo progresivo y, si es posible, descansar al día siguiente. La alternancia es buena. Al menos, eso opinan los entendidos en la materia.

17/08/2011 20:06 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

RUTA DE CONTRASTES

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     Mientras se despereza el día, subes en la bicicleta de montaña y tomas la carretera de Aliaga en dirección a Ejulve. Sabes de antemano que el itinerario de hoy va a ser una ruta de contrastes. Contrastes de temperatura, contrastes de desniveles y, sobre todo, contrastes paisajísticos.

     Hoy tienes como meta llegar a Cirugeda, un lugar encantador, que desde hace unos años pertenece al ayuntamiento de Aliaga. Cruzas la Aldehuela y dejas a la derecha el pantano - o lo poco que queda de él - y la estructura esquelética de la central térmica, clausurada ya hace treinta años. Después de una pequeña subida, el paisaje cambia radicalmente y, aunque a lo lejos ya se adivinan las huellas del pavoroso incendio de julio de 2009, todavía vas a poder disfrutar de unos kilómetros de carretera orlados de pinos lozanos, de enebros enhiestos y de seductoras sabinas. Pero poco a poco, a medida que te acercas a las inmediaciones de La Muela, el contraste es evidente, casi brutal. Avistas lo que parecía un sueño y es todavía una amarga realidad: pinos ennegrecidos, paisaje desolado, campos sin cultivar y una sensación casi inexplicable de vacío.

     No continúas hacia La Cañadilla ni hacia Ejulve. Tomas la carretera que te encamina a Cirugeda. Afortunadamente son casi cinco kilómetros salvados de la quema y que mantienen todavía sus señas de identidad. La vegetación no es muy tupida, pero el paisaje vuelve a ser atractivo, encantador. Prefieres no volver la vista atrás hasta que regreses media hora después y vuelvas a contemplar el brutal contraste - como se observa en la fotografía. Mientras tanto, desciendes hacia ese lugar idílico, que prepara sus fiestas patronales de la virgen de la Asunción y que presume de su fuente de cuatro caños con un agua cristalina y de rincones reservados al que busca el silencio y la soledad.

     El contraste se agudiza durante el camino de regreso. Las piernas comienzan a agarrotarse y un solo inclemente parece que presagia una posible tormenta vespertina. Ha sido, de todos modos, una ruta interesante, con el recuerdo agridulce del incendio y la esperanza de que en unos años la incipiente hierba se vea acompañada de pequeños retoños de pinos, enebros y sabinas.

13/08/2011 10:05 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

CAMINALIAGA

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      Poco después del mediodía llegaban al pabellón polivalente de Aliaga (Teruel) los que encabezaban la ruta senderista de 28 kilómetros que este año ha alcanzado ya su quinta edición y que se está consolidando como una de las preferidas en el calendario de rutas aragonesas.

      Con una camiseta de color negro en la que lucía estampado el lema Caminaliaga, los casi doscientos participantes en esta V Ruta Senderista Villa de Aliaga han compartido unas horas de comida y de sobremesa después del esfuerzo realizado durante una jornada que comenzaba hacia las siete y media de la mañana y terminaba hacia las dos de la tarde.

       El camino de Aliaga a Miravete ha estado muy bien diseñado y señalizado por la organización del evento. Desde la ermita de la Virgen de la Zarza se asciende por la carretera que conduce a Pitarque, pero muy pronto se desvía a la derecha por sendas esmaltadas de hierbas y arbustos hasta llegar a un alto desde el que se contemplan algunas masadas, campos de cultivo y praderas con vacas pastando. Los avituallamientos ayudan a reponer fuerzas a senderistas de todas las edades y de las más diversas procedencias. Grupos de caminantes siguen una ruta que, después de salvar un pintoresco estrecho, se aproxima poco a poco a Miravete. Son los últimos kilómetros los más agradables para la vista. Y esto sirve, en cierto modo, para aliviar el cansancio y las diversas molestias. Ya cerca de la meta, se divisa la inconfundible torre de la iglesia de este pequeño pueblo  del que dicen que "nunca pasa nada". Un pueblo encantador, un lugar paradisíaco. En la plaza porticada aneja a la iglesia se comparte un reconfortante tentempié y los más valientes emprenden en seguida el regreso a Aliaga para completar esta ruta y sellarla en su libreta de senderistas. Una agenda que van rellenando a lo largo del año y que en verano presenta las rutas más importantes.

      Un día para el recuerdo. Una jornada de convivencia, de amistad y de conocimiento de un entorno paisajístico privilegiado que tenemos que conservar para futuras generaciones. Caminaliaga es un lema lleno de sugerencias y cargado de connotaciones. Un lema que no quedará en el olvido.

     

 

HACIA EL PUERTO DE MAJALINOS

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     No había estado todavía en el puerto de Majalinos desde el pavoroso incendio que asoló esta hermosa zona de Teruel hace poco más de un año. En poco menos de hora y media hemos recorrido en bicicleta los veinte kilómetros que separan este puerto de Aliaga. Ha sido un recorrido por una carretera sinuosa y empinada. Ha sido un trayecto que no me ha dejado indiferente. Nos hemos detenido varias veces en algunos recodos del camino. No hemos podido evitar la contemplación de la Muela Cerra, despojada de vegetación, casi huérfana de vida. Eso sí, cubierta de una fina capa de hierba y coronada por algunos pinos que, casi milagrosamente, se salvaron de las llamas de aquellos días de julio de 2009.

     Tenía muchas ganas de llegar a La Cañadilla - barrio pedáneo de Aliaga - y contemplar cómo están después de un año las casas, los cultivos, las huertas, los bancales, los pequeños pinares. Y, como soy optimista por naturaleza, he respirado con alivio cuando he avistado un pequeño núcleo rural pintoresco. Como se observa en la fotografía, La Cañadilla parece que quiere renacer de sus cenizas, de días de desolación, de noches interminables. Curiosamente, en el camino hacia el último recodo que culmina en el puerto de Majalinos, hemos observado que los pinos que se salvaron de la quema son los que están más cerca de núcleos habitados, de campos de cultivo, de pequeños corrales.

     Pero lo más crudo, lo más desolador, es el último kilómetro de ascenso al puerto. Aunque ha desaparecido la ceniza y el olor a quemado, quedan todavía los esqueletos de los pinos, los restos de las sabinas calcinadas, las huellas de los enebros. Todo quedó arrasado. Hay mucha tarea pendiente para el futuro. Me ha sorprendido que ni siquiera hayan cambiado las señales de tráfico. Desde más de mil cuatrocientos metros se puede contemplar Ejulve, la Zoma y gran parte del valle que llega hasta la Venta de La Pintada. Se ven algunos brotes verdes pero eo paisaje, como un ave fénix, tardará aún unos años en recobrar un aspecto aceptable. Afortunadamente, hemos pasado de la desolación a la tristeza. Eso sí, con un pequeño y silencioso alivio.

12/08/2010 19:43 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR LA SIERRA DE ALBARRACÍN (2)

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      Nuestro recorrido de ayer por la Sierra de Albarracín culminó de la mejor manera posible: visitando esta ciudad medieval que, sin lugar a dudas, es una de las más pintorescas de España. Esta ciudad turolense, Monumento Nacional desde 1961, recibe al viajero con su silueta inconfundible, a orillas del río Guadalaviar y flanqueada por el imponente cinto de murallas que culminan en el castillo del Andador.

     Pasear por las calles empinadas de Albarracín, observar con detención cada rincón, cada casa, cada escudo, cada blasón, cada reja, cada visillo, cada llamador, es recrearse con el arte medieval en su estado más puro. Porque en Albarracín reina el color rojizo, ese ocre del yeso que, en contraste con el amarronado de la madera, colma los sentidos por su originalidad y sencillez. Porque Albarracín, aunque tiene sus  principales atractivos monumentales - La Catedral, el Palacio Episcopal, la iglesia de Santa María, la Plaza Mayor,... - hay que afirmar que el monumento principal de Albarracín es la ciudad misma, con su sabor popular y aristocrático.

     He visitado varias veces esta ciudad. Y tengo que reconocer que, cuanto más la visito, más me encanta. Parece una novia que se engalana día tras día para despertar la admiración de los miles de turistas que recorren cada año sus empinadas y sinuosas callejuelas.  De todos modos, me gusta acercarme a Albarracín desde los Montes Universales, siguiendo el cauce del río Guadalaviar. Porque esta ciudad, además de su reclamo artístico, está enclavada en un privilegiado paraje natural. Vale la pena caminar un poco por sus alrededores para comprobarlo. La naturaleza ha sido generosa con esta sierra y el paisaje pintoresco y sublime ha despertado la admiración de muchos viajeros y artistas.

     Quiero plasmar lo que escribí en mi tesis doctoral - Recuerdos y Bellezas de España. Ideología y Estética (2005)- sobre esta ciudad y su entorno natural:

     En las cercanías de Albarracín, la impetuosa corriente del agua vuelve a cobrar protagonismo, deslizándose violentamente y atravesando un valle inhóspito y salvaje. La ausencia de vegetación incrementa el protagonismo de las rocas que, al igual que en el Monasterio de San Juan de la Peña o en la montaña de Montserrat, se suspenden amenazantes:

     "Atravesada bien pronto la población en incesante subida, sálese de ella por otra puerta que flanquean dos gruesas torres, y aparecen en sinuoso giro los barrancos por cuyo fondo se derrama el Guadalaviar mugiente y verdinegro. Baja el río de la empinada sierra por entre pardas moles de desnuda roca, cuyos angulosos cortes y pliegues que las jaspean revelan allí vastas canteras no explotables todavía: ninguna vegetación reviste aquellas colinas volcanizadas, templando la desolación solemne del paisaje: y el que remonta la corriente por el sendero abierto en la orilla, ve con espanto las peñas desgajadas amenazando su cabeza". (Recuerdos y Bellezas de España, Volumen de Aragón, José María Quadrado en 1844).

 

30/05/2010 12:40 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR LA SIERRA DE ALBARRACÍN (1)

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     La provincia de Teruel, esa eterna desconocida, reserva siempre al viajero una sorpresa paisajística y medioambiental. Hoy nos hemos dirigido desde Zaragoza hasta Orihuela del Tremedal, en plena Sierra de Albarracín y en plenos Montes Universales. Desde la capital aragonesa tomamos la autovía mudéjar - eso sí, con el depósito de gasolina bien lleno por si acaso - y nos dirigimos a la salida de Santa Eulalia del Campo, (hay otra Santa Eulalia del Gállego en Huesca). Tomamos una sinuosa y cuidada carretera autonómica y nos dirigimos a este pueblo cuyas casas aparecen arracimadas en torno a la esbelta torre de la Iglesia dedicada a San Millán de la Cogolla, al que el poeta medieval Gonzalo de Berceo dedicó unos sentidos versos. Pero nuestra meta está un poco más allá, en plena sierra, en el reino de los pinares del rodeno, en el reino del verde.

     El paraje al que nos dirigimos se halla a una altura de 1650 metros, en la misma carretera de Albarracín. Es una instalación para campamentos de verano, propiedad de la Diputación General de Aragón. El lugar no puede ser más acogedor. Está alfombrado por una hierba esponjosa y dominado por unos pinos esbeltos que nos regalan una sombra matinal. Como se puede observar en la fotografía, sólo algunos pabellones revelan que el lugar está reservado para que durante los meses de verano, niños y adolescentes disfruten del aire libre y se alejen por unos días de las servidumbres de la ciudad. Hoy el lugar estaba especialmente húmedo y se notaba la huella de las lluvias recientes. Numerosos riachuelos surcaban las torrenteras y diversas especies de setas y hongos asomaban entre el musgo y los pequeños arbustos. Toda una sinfonía de colores, de murmullos, de luces y de sombras. Es el reino del rodeno, el reino de lo verde, salpicado del rojo amarronado de los pinos y del ocre de las piedras de unas montañas silenciosas y espectrales.

UNA VIDA EN LIBERTAD

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     Hace una semana tuve la oportunidad de conocer uno de los pueblos más pintorescos de la comarca del Baix Camp de Tarragona. A poco más de treinta kilómetros de Reus se encuentran una serie de núcleos rurales semiabandonados en torno al pequeño municipio de Mont-ral. Uno de ellos es L’Aixavega. En este pequeño pueblo - más bien aldea - viven permanentemente cuatro personas y muchos, muchos gatos. Llama la atención al entrar en el pueblo el recibimiento que te brindan estos animales, que disfrutan de una vida al aire libre, una vida en libertad, siempre muy bien atendidos por sus dueños.

     Desde pequeño siempre hemos tenido gatos en mi casa de Aliaga. Recuerdo dos de ellos a los que cogí mucho cariño. Los bauticé como Novelas - pelo de color gris-blanquecino y aspecto soñador - y Frasquín - pelirrojo, más agresivo y más rebelde. Esta misma mañana he contemplado dos gatos en los jardines del instituto. Estaban tumbados a la sombra del vivero, huyendo del calor asfixiante del mediodía y recreándose en su innegociable libertad. En L’Aixavega los casi treinta gatos que conviven en la casa acuden puntualmente a sus dos comidas diarias, disfrutan del aire libre y reciben agradecidos el cariño de las personas que los visitan.

   Individualistas, territoriales, dormilones, mimosos, atléticos, ágiles, egoístas, misteriosos, perceptivos, los gatos han sido y siguen siendo la fuente de inspiración de muchos escritores que, valiéndose de ellos, consiguen transmitir a la literatura intriga, misterio y suspense. El poeta, ensayista y escritor argentino Jorge Luis Borges compartió su vida con dos gatos y les dedicó este poema:

 

A un gato:


No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

(Fotografía: gatos en la galería de la casa de L’Aixavega)

16/07/2009 22:08 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

CAMPAMENTOS DE VERANO

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    Hay muchas maneras de romper la rutina de este casi tórrido verano. Una de ellas es desplazarse al Pirineo, plantar la tienda de campaña y disfrutar durante unos días del aire libre y de la naturaleza más savaje.

     Javier inició esta aventura el año pasado. Después de cuatro años consecutivos en el campus de fútbol de Villanúa, decidió cambiar de actividad y enrolarse en un campamento que ofrece actividades de todo tipo: desde barranquismo hasta las más inesperadas travesías de montaña.

     El lugar elegido por la organización ALTABÁN es el valle de Pineta, un enclave excepcional del Pirineo aragonés,muy cerca del Monte Perdido y del circo de Marboré. Desde ese lugar realizarán excursiones a Aínsa, a Bielsa y al cercano y casi idílico valle de Gistaín. Es una buena alternativa a la rutina estival de la gran ciudad, a la masificación de las playas, al poco creativo ir y venir a la piscina más cercana.

      La montaña es un regalo para los sentidos, un reto para los amantes de la aventura y un oasis de paz en estos tiempos de contaminación acústica y ambiental. Por eso, la labor de tantos jóvenes monitores y de tantos promotores de campamentos de verano para jóvenes y adolescentes es digna de elogio y admiración.

EN EL CASTILLO-PALACIO REAL DE OLITE

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     Uno de los lugares más emblemáticos de la historia, la cultura y el arte de la Comunidad Foral de Navarra es, sin lugar a dudas, el Castillo-Palacio Real de Olite. Este enclave - considerado Monumento Histórico-Artístico desde 1925 - merece una visita sosegada y dilatada.

     El viernes por la tarde, después de una breve estancia en Carcastillo, donde aprovechamos para comer en un acogedor restaurante y tras acercarnos al monasterio cisterciense dedicado a Santa María de la Oliva, llegamos a Olite para culminar una jornada dedicada a la cultura, al arte y a la naturaleza. La ciudad de Olite, la auténtica ciudad, está detrás de la parte amurallada que todavía se conserva. Después de atravesar una calle estrecha y sinuosa, con ecos medievales, divisamos el castillo-palacio, esa joya de los castillos europeos, ese regaló que nos dejó Carlos III, el Noble, a finales del siglo XIV. Han pasado 600 años y, gracias al cuidado y restauración de sus torres y dependencias, el castillo se muestra en todo su esplendor. Visto desde el aire parece un bosque de torres, cada una con su propia fisonomía y originalidad.

     Durante casi dos horas recorremos las dependencias del castillo-palacio, subimos y bajamos por las casi interminables escaleras de caracol de piedra y, sobre todo, contemplamos desde estas privilegiadas atalayas - especialmente desde la Torre del Homenaje - la ciudad de Olite, su entorno, su campiña, su dilatado horizonte verdeamarillo. Es como si regresáramos a la  Baja Edad Media, a esa época feudal en la que comienzan a florecer las ciudades, en la que los nobles se disputan el poder y la riqueza con la monarquía, en la que la vida giraba en torno a estos casi desmesurados monumentos.

     Todavía falta mucho por restaurar. Lástima no queden más restos de la fortaleza primitiva. Las guerras y saqueos han acabado con gran parte de esta riqueza arquitectónica. De todos modos, nos vamos con buen sabor de boca y con el deseo de volver para visitar con más calma otros edificios de esta maravillosa ciudad, como la iglesia de Santa María. 

04/05/2009 19:14 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR LA RUTA DE LOS MONASTERIOS

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     Navarra forma parte del Camino de Santiago. Por ello está salpicada de monasterios y de iglesias medievales. Uno de los más antiguos es el monasterio de Leyre, situado al pie de esta sierra y muy cerca del impresionante embalse de Yesa. Este cenobio es de los más antiguos de Navarra, ya que se remonta a tiempos de los godos. La historia del monasterio de San Salvador - su nombre primitivo - está ligada a la del reino de Navarra y en su cripta se encuentra el panteón real.

     Accedemos al monasterio por una carretera empinada, estrecha y sinuosa. Antes de visitar su interior, contemplamos la excelente panorámica del pantano de Yesa y de la sierra que cobija al edificio. La hostería está abierta para visitantes y peregrinos y en esta fría mañana se celebra una boda en la iglesia del monasterio. Los benedictinos le han vuelto a dar vida desde mediados del siglo XX. Hoy es un lugar agradable y acogedor, especialmente en los meses más apacibles.

     De regreso a Zaragoza, y antes de detenernos en Olite, nos acercamos al monasterio de la Oliva - que curiosamente da nombre a la calle zaragozana donde vivimos -. Es un edificio impresionante - como se observa en la fotografía -, acogedor y muy bien situado estratégicamente. Está dedicado a Santa María de la Oliva y es uno de los mejores ejemplos de arquitectura cisterciense. Me ha impresionado el interior de la iglesia, que me recuerda a la de Veruela y, sobre todo, el bellísimo claustro gótico del siglo XIV. Numerosos visitantes acceden al recinto y algunos de ellos pernoctan en la hospedería que, con tanto acierto, dirige una comunidad de monjes benedictinos.

VISITA AL CASTILLO DE JAVIER

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     En un pequeño valle, no lejos de las montañas que custodian el monasterio de Leyre, y a ocho kilómetros de Sangüesa, se encuentra el castillo de Javier. Pocos conocen que esta fortaleza nació como torre de señales y vigilancia entre los siglos X y XI. La mayoría de los visitantes, especialmente los que son de fuera de Navarra, asocian el castillo a San Francisco Javier, que nació en este municipio en 1506 y destacó durante este siglo por su labor evangelizadora en África y en Asia. Los jesuitas siguen cuidando este recinto, que es visitado anualmente por miles de peregrinos.

     Hace más de dos décadas participé en la popular Javierada. Fue un fin de semana de marzo duro y austero. Además, la meteorología complicó ese recorrido a pie desde Pamplona a Sangüesa y, al día siguiente, desde Sangüesa a Javier. Ayer hicimos el recorrido en coche. Después de visitar Sos del Rey Católico, abandonamos las tierras aragonesas para adentrarnos en la Comunidad Foral de Navarra. Nos acompañó un campo sorprendentemente tapizado de verde y un cielo azul teñido de pequeñas nubes grises. Javier quería conocer el lugar del que recibe el nombre. Es curioso comprobar que hay una pequeña metonimia: a los niños no se les llama Francisco Javier - salvo contadas excepciones - sino Javier.

     Fue una visita corta, porque el día nos iba a deparar otras sorpresas. Contemplamos de lejos la silueta del castillo y bajamos hacia la basílica, de evidente estilo neoclásico.  Lo más significativo de la capilla es la imagen de nogal del Santo Cristo del siglo XIV. Lo demás está en consonancia con la devoción y la fe de cada uno. Ayer recordaba muy poco de mi primera Javierada. Mi visita tuvo más un motivo artístico y sentimental. Javier fotografió el castillo como recuerdo de su primera instancia en el castillo que da nombre a tantos miles de españoles.

02/05/2009 16:53 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR LA COMARCA DE LAS CINCO VILLAS

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     No es la primera vez que recorro de sur a norte esta comarca zaragozana. Hoy he abandonado el asfalto y el cemento de la gran ciudad para disfrutar del marrón piedra de algunos monumentos medievales, caminar por calles empedradas y empinadas y embeberme del verde primaveral de los campos de cereal o de los chopos ribereños.

     La primera etapa de la ruta de hoy ha sido la histórica y monumental Sos del Rey Católico. Esta villa, situada al noroeste de la provincia de Zaragoza y casi lindante con Navarra, llama la atención por sus casas solariegas, sus estrechas calles de piedra y sus monumentos históricos. Allí nació en el Palacio de los Sada Fernando el Católico en 1452.

    Pasear por sus calles, contemplar sus palacios y ascender hasta lo más alto del castillo es como un viaje hacia el pasado. Un viaje en el que la piedra se convierte en poesía y las casas silenciosas se apiñan como racimos de uva. A pesar de la mañana desapacible, han sido muchos los visitantes que desfilaban por las calles y contemplaban los portales, los blasones, los aleros y la cuidada arquitectura medieval.

     El pueblo zaragozano fue declarado en 1968 Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural. Hay que recordar también que en 1985 sirvió de escenario para el rodaje de la película La vaquilla, de Luis García Berlanga.

 

01/05/2009 19:40 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

PAISAJE INVERNAL EN ALIAGA

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     Como muchos zaragozanos, y a pesar del día desapacible y de las exageradas predicciones meteorológicas, hemos aprovechado esta fiesta local para alejarnos del entorno habitual y disfrutar de un día al aire libre. Esta vez hemos elegido Aliaga como lugar de destino. Nuestro querido pueblo presentaba esta mañana un aspecto invernal, mostraba una fisonomía envidiable, un encanto difícil de describir en estas líneas.

      Porque Aliaga no sólo ofrece al visitante una temperatura ideal en las noches de verano, un color inusual en las tardes de otoño o una sinfonía de olores y colores en primavera. Aliaga muestra su cara más oculta en estos días invernales, en los que la nieve se alía con unos tímidos rayos de sol para revelar sin recato su auténtica fisonomía. El valle silencioso comienza a desperezarse lentamente del largo letargo invernal. Desde el castillo, los tejados brillan al unísono y las huertas se empapan de una humedad que será de oro dentro de pocos meses. A lo lejos, se divisa la pequeña cúpula de la ermita y la silueta inconfundible del pabellón polideportivo.

     Ha sido un día de contrastes, una jornada de ida y vuelta, una visita casi relámpago al lugar que me vio nacer. De regreso hacia Zaragoza, nos hemos acercado hasta Castel de Cabra, muy cerca de Montalbán. Unos amigos se han desplazado a su pueblo para disfrutar también de la nieve y del invierno. Es otra manera de entender el ocio, lejos de las celebraciones multitudinarias y de las aglomeraciones de las estaciones de esquí. Al final de la tarde, la nieve comenzaba a cuajar en la carretera a la altura de Hoz de la Vieja. Por eso hemos regresado con precaución, sin prisas, sin agobios. La ciudad del cierzo nos ha recibido como el año pasado, con un tiempo que invita a quedarse en casa. Un tiempo que invita al recuerdo, a la reflexión, a disfrutar de lo que queda de este largo fin de semana.

05/03/2009 20:32 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR EL VALLE DE TENA

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     Aprovechamos la mañana preprimaveral del sábado para acercarnos al Valle de Tena, una zona con encanto. A poco más de veinte kilómetros de Huesca, en el pantano de Arguis, ya se adivinaba la huella que ha está dejando el invierno en los montes, valles, ríos y embalses. Una vez alcanzado el puerto de Monrepós, la panorámica del Pirineo oscense es inigualable. El manto blanco que cubre con generosidad las montañas más altas parece una postal, un telón de fondo de un teatro que la naturaleza brinda al visitante. El descenso hasta Sabiñánigo - punto de partida del Valle de Tena - es suave, sosegado y revelador. Cada curva reserva una sorpresa, cada eminencia hace gala de contrastes, cada recodo del camino regala al viajero los frutos sazonados del invierno: luz, color, silencio y amplitud del horizonte.

     Eso es, en definitiva, lo que nos tiene reservados el Valle de Tena. La naturaleza, el arte - iglesias románicas y arquitectura popular -, la historia, los recintos lúdicos, los rincones insospechados, la huella del paso del tiempo,...todo se conjuga en variopinta armonía para atraer al que desea cambiar por unas horas el cemento frío de la gran ciudad por el color blanco de la nieve y el tono oscuro de una naturaleza que no ha despertado aún del letargo invernal.

     Para los que no conocen el Valle de Tena, hay que apuntar como lugares más relevantes la situación privilegiada de Biescas, a orillas del Gállego; el Balneario de Panticosa, cargado de historia, misterio y modernidad; la impresionante arquitectura popular de Sallent de Gállego; los centros invernales de Panticosa y Formigal, para los amantes del esquí; los museos de Larrés y de Sabiñánigo; los embalses de Búbal y de Lanuza; los picos altivos que surgen como fantasmas entre zonas de árboles de hoja perenne, y muchos otros atractivos más que el viajero sensibilizado podrá descubrir. Eso sí, si el viaje se realiza con calma, sin prisas y sin horarios.

     Hacía años que no recorría este valle. Hoy sólo ha sido un recordatorio y una nueva visión del paisaje. Un paisaje totalmente invernal, con un manto de nieve generoso, con el hielo como invitado, con los riachuelos y torrentes a punto de convertirse en cascadas sonoras, con las calles empredradas por ese manto blanco que cruje, con la amenaza de aludes en algunas zonas, con las carreteras castigadas por el crudo invierno - especialmente la que accede al Balneario - y que piden a gritos un adecentamiento. Me ha sorprendido gratamente la estación invernal de Formigal, aunque me temo que las urbanizaciones previstas - grúas y proyectos por doquier - vayan ganando terreno a una naturaleza virgen y generosa.

     Habrá que esperar un par de meses más para volver a disfrutar de este valle en primavera, cuando los árboles comiencen a teñirse de un verde luminoso, cuando los rebaños regresen a la montaña, cuando la nieve comience a derretirse y nos regale el rumor de torrentes cristalinos. Pero el invierno también ha vestido al Valle de Tena de un encanto que se prolonga durante los doce meses del año.

22/02/2009 11:33 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

SIGÜENZA, CIUDAD MEDIEVAL

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     Hace ya tiempo que quería acercarme a esta ciudad castellana, que conserva todavía un auténtico sabor medieval. Sigüenza está asentada en una pequeña colina, a orillas el río Henares - que nace en su término municipal - y coronada por un majestuoso castillo, transformado actualmente en Parador Nacional. Pero Sigüenza nos ofrece mucho más: sus callejuelas empinadas reservan al viajero una sorpresa en cada recodo, sus establecimientos conservan un auténtico sabor tradicional y nos reconcilian con la artesanía más primigenia, sus restaurantes nos ofrecen una grastronomía variada, a caballo entre lo más clásico y lo más imaginativo. Cada vez que regreso a Sigüenza, descubro nuevas fisonomías en sus edificios más emblemáticos: la majestuosa catedral, con dos torres que la convierten en fortaleza, invita a la contemplación reposada y muestra - eso sí - un progresivo deterioro en ese frontis entre el románico y el gótico; la Plaza Mayor se renueva año tras año, sin perder su aliento renacentista; la ermita del Humilladero, mudo testigo de tantos peregrinos, de tantas procesiones, de tantos acontecimientos sociales y religiosos es un retazo de arte e historia.

     Mi última visita en Sigüenza, antes de regresar a Zaragoza, es al hostal y restaurante "El Doncel". Enrique y Eduardo - este último cursó sus estudios de Hostelería en el Instituto de Miralbueno -, han restaurado un edificio antiguo y han creado un ambiente acogedor. Sus platos son para comensales con buen paladar, sus postres son exquisitos y su atención y servicio merecen todos los elogios. Charlamos un poco con Eduardo - flamante maître o jefe de sala - y recordamos sus tiempos de estudiante en Miralbueno. Me habla de sus inquietudes de cara al futuro. Se advierte en su mirada un espíritu vocacional. Realiza su trabajo con mimo y dedicación. Y quiere formar a futuros alumnos en el saber hacer hostelero y gastronómico. Porque Sigüenza vive del turismo. Y la hostelería es uno de sus pilares. En estos tiempos de crisis se agradece ese entusiasmo juvenil y ese espíritu emprendedor.

01/02/2009 12:56 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

EL HECHIZO DE MADRID

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     La capital de España siempre ha cautivado a literatos e historiadores. Madrid, en el corazón de la meseta, respira aire casi primaveral en esta tarde agradable del mes de enero. Antes de la llegada del crepúsculo, grupos de turistas pasean con curiosidad por el Parque del Retiro, fotografían la Puerta de Alcalá y se acercan con curiosidad a algunas de las más de cien vacas artísticamente decoradas que se esparcen por el centro histórico de la ciudad.

     Pasear por el centro de Madrid al filo del anochecer es sumergirse en un río de viandantes que sortean el intenso tráfico del Paseo de Recoletos y se encaminan hacia la Puerta del Sol, el centro neurálgico de la ciudad. Pasear por el Madrid histórico es embeberse de cultura, alimentarse de arte, emborracharse de sorpresas inesperadas. Porque Madrid siempre ofrece al visitante una fisonomía distinta, siempre brinda al viajero una rendija hacia lo insólito. Caminar por esas calles abarrotadas de ciudadanos de todos los países y culturas es sumergirse en un mundo distinto, distante y variopinto.

    He vuelto de nuevo a la capital de España. He viajado hacia el centro en ese tren de cercanías que me ha llevado inconscientemente hacia ese fatídico 11 de marzo de 2004. He ascendido por la carrera de San Jerónimo y he contemplado la fachada del Palacio las Cortes, escoltada por  los leones, cual mudos testigos de un Golpe de Estado que casi dio al traste con la joven democracia. Me he detenido en la Puerta del Sol, en ese borroso kilómetro cero, en la impresionante Plaza Mayor, en la Plaza de Oriente, en la Plaza de España. He caminado por la Gran Vía, orlada de reclamos para el consumidor, salpicada de salas de cine, teatro y otros espectáculos. He descendido hasta Atocha, dejando a mi izquierda el Museo del Prado y el Jardín Botánico. Han sido tres horas de recuerdos, de sensaciones, de nuevas experiencias.

31/01/2009 11:38 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

CARRETERAS SECUNDARIAS

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     Me gusta circular por carreteras secundarias - parafraseando la excelente novela de Ignacio Martínez de Pisón -. Me encanta alejarme de vez en cuando de la monotonía de las autovías y de la impersonalidad de los trenes de alta velocidad para sumergirme en un oasis de curvas, de pequeñas pendientes, de inesperados cambios de rasante y de rutas sinuosas que se perfilan en el horizonte como silenciosas aventuras.

    Esta tarde plácida de finales de enero, mientras regresaba de Madrid a Zaragoza, he decidido abandonar la autovía a la altura del famoso kilómetro 103 para acercarme a esa encantadora ciudad medieval que es Sigüenza. Las austeras encinas castellanas orlaban una carretera solitaria, acogedora, rural. Los veinte kilómetros que separan la antigua carretera general de la ciudad del Doncel han sido sólo el aperitivo de lo que vendría después. Tras una breve visita a la parte más monumental de la ciudad alcarreña, he decidido tomar la ruta que conduce hacia Medinaceli. Y lo he hecho por dos motivos: para recordar los seis meses vividos en la residencia marista durante el otoño-invierno de 1971 y para volver a evocar el pulso sereno de un paisaje con el que me he identificado inmediatamente, de unos pueblos - casi aldeas - que se quedaron grabados para siempre en mi memoria. He contemplado el Otero, vestido de verde y orlado de pequeños pinos. He observado la silueta inconfundible de la llamada Huerta del Obispo. He adivinado el humilde cauce del río Henares, libre todavía de la contaminación. He disfrutado con la contemplación de Alcuneza, de Horna, de Ambrona y de Torralba. Sólo la presencia de un ruidoso rebaño rompía el hechizo de una tarde invernal casi eterna, incandescente.

     Cuando uno viaja sin prisa, cuando uno se desplaza sin los agobios del reloj, cuando uno se deja llevar por el aliento del paisaje y por el hechizo de la soledad, valora más el contraste con el bullicio de la gran ciudad, con el hormigueo de un Madrid variopinto, tumultuoso, con la agitación interminable de los habitantes de la capital. 

30/01/2009 22:38 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

UN CAMINO CON HISTORIA

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     Hay caminos asépticos, monótonos, impersonales. Hay veredas que, aparentemente, no conducen a ninguna parte. Sin embargo, hay senderos y rutas con una historia de siglos a sus espaldas y con un eco literario innegable.  En España podemos destacar, entre muchos otros, el Camino del Cid. El héroe castellano medieval recorrió ocho provincias en su destierro de Burgos a Valencia. Dos de ellas - Teruel y Castellón - conservan todavía tramos de esta ruta histórica. Para fomentar el uso de estos itinerarios y para impulsar la literatura de viajes, el Consorcio Camino del Cid ha convocado la segunda edición de un premio literario para obras que se basen en esta ruta milenaria.

    Uno de los tramos más interesantes - y que se puede recorrer por senderos de montaña señalizados - es el que enlaza Mora de Rubielos (Teruel) con Jérica (Castellón). Como se puede observar en el mapa adjunto, la ruta surca los límites de las dos provincias y enlaza poblaciones de similares características climáticas y orográficas. En esta última población estuvo el Cid camino de Valencia y, al parecer, la conquistó a los musulmanes en 1098. Así ha quedado reseñado en los siguientes versos del Cantar de Mío Cid: "Por menos de una batalla esto no se resolverá; / vayan los recados a los que nos deben ayudar, / los unos a Jérica, los otros a Alucad". (versos 1106-1108)

23/01/2009 17:48 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

UN PUEBLO PINTORESCO

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      Como escribía José María Quadrado a mediados de siglo XIX, mientras recorría gran parte de la geografía española para salvaguardar los monumentos más importantes de la piqueta, de la ruina o del abandono, hay lugares que se caracterizan por su pintoresquismo, es decir, por su originalidad, por su contraste, por la ruptura de la armonía y por un cierto carácter agreste y primitivo. Uno de estos lugares es, sin duda alguna, la población de Jérica, en la comarca del Alto Palancia, en la provincia de Castellón.

     Desde la autovia mudéjar todavía se puede contemplar en lontananza la famosa Torre de las Campanas. Es la imagen típica de la localidad y la única de estilo mudéjar de toda la Comunidad Valenciana. Pero para disfrutar de Jérica hay que abandonar la autovía - esos "caminos trillados" de los que hablaba Quadrado - y acercarse hasta la plaza de este pequeño pueblo. Los edificios variopintos llaman la atención, el antiguo casino atrae la mirada de los visitantes y los arcos y estrechos pasadizos nos recuerdan a otros pueblos del Bajo Aragón turolense. Jérica ofrece, además, un entorno paisajístico privilegiado y cantidad de rutas para los amantes de la naturaleza.

     Conocí la silueta inconfundible de Jérica a finales de los años sesenta. Para acercarnos a Teruel desde Barcelona a disfrutar de las esperadas vacaciones dábamos, a veces, un sorprendente rodeo: viajábamos en un ruimentario tren desde la Ciudad Condal hasta Sagundo y en un convoy casi tercermundista entre Sagunto y Teruel. La torre de Jérica se erguía en el horizonte como una fortaleza inexpugnable. A pesar de que la estación-apeadero quedaba lejos del casco urbano, siempre me sedujo la altivez de esta torre y lo poco que queda de su castillo, destruido - como tantos otros - durante las lamentables guerras carlistas. Después de cuarenta años, he vuelto a Jérica y pienso desviarme del camino para adentrarme en su paisaje, en su historia y disfrutar - ¡cómo no! - de su excelente gastronomía.

22/01/2009 20:13 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

EL SECRETO DE SEGOVIA

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     Pasear por las calles de Segovia desde primeras horas de la mañana hasta el inicio del crepúsculo es un manjar artístico reservado a los más privilegiados. Porque Segovia es arte, es historia, es folklore, es cultura, es tradición. La ciudad castellana no sólo se ha convertido reclamo para todo tipo de turistas por su monumental y sublime acueducto. Segovia ofrece al viajero curioso mucho más que la mole del acueducto, la histórica catedral o el imponente Alcázar. Cada recodo de sus empinadas calles, cada plazoleta, cada manzana de casas ofrece al visitante una sorpresa inesperada, un contundente secreto.

     A principios del siglo XX, el gran escritor madrileño Ramón Gómez de la Serna llevó a la ficción su admiración por el acueducto. Escribió El secreto del acueducto, una novela poco conocida. Ramón expresó su admiración por este monumento, pero hizo extensivo su hechizo a toda la ciudad. Una ciudad que cautivó un siglo antes a los viajeros románticos José María Quadrado y Francisco Javier Parcerisa. Una ciudad que me ha vuelto a cautivar y que no ha perdido aún la esencia de su arte y de su historia. Aconsejo una visita a los que no la conozcan. Por algo está considerada como Patrimonio de la Humanidad.

06/07/2008 19:54 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

VIAJE AL LEVANTE

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Hoy, por primera vez, hemos recorrido toda la autovía mudéjar desde Zaragoza hasta Sagunto. ¡Ya era hora! A pesar de la densidad de tráfico, el viaje ha sido apacible y relajado. Además, a partir de Romanos, se puede contemplar un paisaje distinto. Hemos avistado Romanos, Villadoz, Anento y Villarreal de Huerva desde otra perspectiva. Eso sí, una vez se llega a las inmediaciones de Calamocha, el viaje comienza a hacerse algo más monótono. Son los inconvenientes de una vía rápida, sin áreas de descanso ni restaurantes donde tomarse un café.

Valencia capital nos ha recibido con 23 grados a la sombra. Soplaba una ligera brisa que hemos agradecido. Cerca de la ribera del Turia acababa de terminar una manifestación y paseaban grupos de personas con pancartas, con globos y con un aire lúdico. A lo lejos, poco antes de abandonar Valencia, el mar se mostraba calmado,impávido, acogedor. Las cañas de los pescadores se alzaban desafiando al horizonte. En la ciudad se notaba una calma poco habitual . Los pocos habitantes que quedaban, disfrutarán de los paseos urbanos, de la paz de los jardines y de la tranquilidad de los parques.

Vale la pena cambiar de aires durante unos días y acercarse al campo. Además, ahora el viaje se acorta media hora y son casi veinte kilómetros menos que hace diez años. Son algunas de las ventajas del progreso. Aunque conlleve su lastre de inconvenientes y servidumbres.

01/05/2008 21:23 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

ATRAPADOS EN EL HIELO

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     Vale la pena visitar la exposición de la Lonja de Zaragoza. Hasta el 4 de mayo  se pueden contemplar las fotografías y fragmentos del diario del fotógrafo australiano James Francis Hurley, que acompañó al legendario aventurero de origen irlandés Sir Ernest Shackleton en una empresa audaz e inédita hasta el momento: la primera travesía a pie de la Antártida.

     Con motivo de la celebración del Año Polar Internacional, esta exposición trata de difundir el conocimiento sobre las regiones polares y la importancia de su conservación. Hay que tener en cuenta que la investigación antártica es esencial en problemáticas tan acuciantes como el agujero de la capa de ozono y el cambio climático.

     Shackleton, Hurley y veintiséis hombres más fueron los pioneros de una empresa que no pudieron culminar y de la que salieron vivos de milagro. Es muy ilustrativo al respecto el texto del anuncio que Shackleton publicó en la prensa británica para reclutar a su tripulación: "Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito". ¿Cuántos se alistarían hoy con esas condiciones?

     Fueron dos años de aventura. Partieron en agosto de 1914, recién declarada la Primera Guerra Mundial y regresaron sanos y salvos en otoño de 1916. El barco Endurance quedó atrapado en enero de 1915 en el helado mar de Weddell y a sólo 160 kilómetros de su objetivo. La ambarcación quedó destrozada por el hielo y sólo el tesón y el afán de sobrevivir explican su llegada hacia los centros balleneros de South Georgia, donde fueron rescatados.

     "No se ha perdido ninguna vida y hemos pasado por el infierno", concluía Shackleton. Pero lo que despierta más la admiración del visitante de esta muestra son las fotografías de Hurley  y los fragmentos del Diario, que milagrosamente pudo rescatar. Después de esta durísima experiencia, llegó a escribir: "Es imposible concebir, incluso para nosotros, que estamos viviendo en una colosal balsa de hielo y que sólo cinco metros de agua helada nos separan de tres mil metros de océano, mientras viajamos al capricho del viento y las mareas hacia Dios sabe dónde". Se puede afirmar sin duda alguna que esta expedición ha sido una de las más importantes de la época contemporánea.

DE VALDELINARES A LA RIBERA ALTA

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      El olvido del cable de conexión del ordenador en Zaragoza el pasado miércoles, me ha mantenido alejado durante cuatro días de esta página en blanco. Hay que reconocer que este alejamiento temporal del ordenador portátil y de la navegación por la red ha sido, en cierto modo, positivo. Porque la excelente climatología de este largo puente me ha permitido esquiar por primera vez en la estación turolense de Valdelinares. Paradójicamente, es la más cercana de Aliaga - a sólo 46 kilómetros - y una de las últimas estaciones invernales aragonesas que he conocido (sólo me falta acudir a la vecina de Javalambre). El día de la Constitución la afluencia de esquiadores a Valdelinares desbordó todas las previsiones: colas para comprar el forfait, colas para alquilar esquís y largas colas para acceder a los telesillas. Había pocas pistas abiertas y demasiadas ganas de esquiar. Los comentarios - casi todos en valenciano - no tenían desperdicio: "Podrían haber abaratado un poco los forfaits"; "se nota la falta de previsión"; "hay pocas pistas abiertas";...Había opiniones para todos los gustos. De todos modos, es verdad que redondean mucho los precios y que hacen el agosto en pleno mes de diciembre. Hasta cobran un plus de tres euros por cada forfait. Si te descuidas y no lo canjeas antes de las cinco de la tarde, no te devuelven esa simbólica fianza. ¿Os imagináis cuántos miles de euros pueden recaudar por este pequeño "impuesto"? Menos mal que al final todo se olvida si el día ha resultado a pedir de boca en lo que al esquí se refiere.

    Los tres días restantes me he acercado a la comarca valenciana de la Ribera Alta. Los días han sido espléndidos y las noches apacibles. El color rojizo de los caquis contrastaba con el verde de los naranjos, casi todos despojados ya del preciado fruto. No ha sido un año de buena cosecha, aunque los agricultores están bastante satisfechos. Peor les ha ido a los caquis, que han sufrido las consecuencias de cuatro días de tempranas heladas. Algunos han aguantado el tipo; otros, no. El campo exhibe toda su lozanía después de las generosas lluvias de octubre. Ha sido un otoño de lluvias copiosas. Todo lo contrario a lo ocurrido en otras zonas de España, especialmente en Aragón. El Júcar se desliza con orgullo hasta su desembocadura en Cullera y el río Verde muestra su mejor imagen a su paso por Massalavés, muy cerca de su nacimiento. Lástima que gran cantidad de esa agua haya ido directamente al mar y no haya supuesto una aportación importante a los embalses de la cuenca del Júcar.

     El regreso hacia Zaragoza ha sido más llevadero que en otras ocasiones. La inauguración provisional de las famosas cuestas del Ragudo es un alivio para el tráfico y supone un sensible acortamiento del tiempo de viaje. Por fin ya están unidas por autovía Valencia y Teruel. En menos de una hora y media se puede viajar de una capital a otra. ¡Quién lo hubiera imaginado hace dos o tres décadas! Hasta podríamos decir que los once años de larga espera han merecido la pena. Pero eso supondría una mentira piadosa.

09/12/2007 22:10 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

LA MAGIA DEL MONCAYO

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    Hoy he logrado realizar, por fin, una de mis aspiraciones en lo que a travesías de montaña se refiere. Después de muchos años de intentos, aplazados por diversos motivos, esta mañana he ascendido a uno de los picos más representativos de Aragón y a la cima más elevada del Sistema Ibérico. Desde primeras horas de la mañana, en un excelente día otoñal, nos hemos dirigido hacia Vera del Moncayo no sin antes detenernos en el Monasterio de Veruela, que estaba todavía cerrado para los visitantes. La mole del Moncayo se divisaba diáfana desde la carretera nacional que enlaza Zaragoza con Soria. A lo lejos, hemos podido contemplar la cresta del Moncayo, que tanto hechizó a Quadrado y a Parcerisa a mediados del siglo XIX, la silueta casi mítica de esa prominencia orgullosa que despertó la admiración del romántico sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, la espalda teñida de los colores del otoño que tanto sedujo a Machado cuando la contemplaba desde tierras Sorianas en primavera hace precisamente cien años, la sombra amenazante y casi sublime de ese dios que ya no ampara, en palabras de nuestro gran poeta y cantautor José Antonio Labordeta.

     Ha sido una subida difícil, exigente, progresiva. Ha sido una ascensión zigzagueante hasta la cresta de la cadena montañosa. Ha sido un recorrido del que he podido disfrutar casi tanto como cuando ascendí a los tres grandes del Pirineo Aragonés - Monte Perdido, Posets y Aneto - hace casi treinta años. Javier iba abriendo camino y me ha servido de guía precoz con su entusiasmo y sus ánimos. En en camino nos hemos encontrado con unos cincuenta montañeros que perseguían el mismo objetivo. Ya en la cumbre, hemos tenido que resguardarnos de un cierzo frío que parece ya crónico a esas alturas. En la cima, la fotografía de rigor - Javier con una pequeña bandera de su querido Real Zaragoza - y la contemplación de un paisaje tan vasto como nuestra vista podía alcanzar. Los Pirineos se veían a lo lejos hacia el norte. Y en el valle pequeños pueblos que punteaban de blanco un paisaje verdeamarillo: Lituénigo, San Martín del Moncayo, Trasmoz, Añón y Tarazona. En la vertiente soriana, Ágreda, Noviercas y algunos pueblos más pequeños casi desdibujados por el contraluz de un sol otoñal insolente.

    El descenso ha sido rápido y francamente maravilloso. Hemos dejado la cumbre con una cierta nostalgia y con el deseo de volver. Tal vez en primavera y, si puede ser, con ese manto de nieve que atraía e inspiraba a Antonio Machado. Pero el Moncayo tiene más tesoros escondidos. Lo importante es descubrirlos poco a poco. Y degustarlos. Como ese exquisito menú con el que hemos culminado una mañana de aventura y de regreso a la montaña. A una de nuestras montañas más legendarias.

11/11/2007 19:58 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

OTOÑO EN LA SIERRA TUROLENSE

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    El color ocre y amarillo del otoño viste de nostalgia las riberas de los ríos Alfambra y Guadalope. El agua se desliza clara, cristalina, escasa. Las lluvias han brillado por su ausencia desde el mes de mayo y los montes muestran su color agrisado, en contraste con el verde de la vecina comunidad valenciana. El destino de nuestro viaje es el monte de Castelfrío, situado entre El Pobo, Cedrillas y Monteagudo. Hay un bosque de pinos jóvenes donde suele abundar el rebollón por estas fechas, pero este año es una proeza llenar una cesta de este espontáneo fruto otoñal. El día invita a realizar una travesía a pie o en bicicleta. Las bajas temperaturas matinales van aumentando paulatinamente hasta llegar a los veintitantos grados al mediodía. Desde la cumbre de Castelfrío contemplamos numerosos pueblos, perdidos en lontananza: Aguilar de Alfambra, Ababuj, Jorcas, Allepuz, Orrios, Perales, Escorihuela y Alfambra. Se dominan varias comarcas, en especial la comarca de Teruel. A lo lejos, se adivina la capital, oculta detrás de una loma verdinegra. Es un paisaje becqueriano, azoriniano, machadiano.

    Ya de regreso hacia Aliaga, nos dirigimos hacia Monteagudo del Castillo, dejamos Allepuz a nuestra izquierda y llegamos al puerto de Sollavientos al filo del mediodía. Placidez en las cumbres y solaz otoñal en los valles casi solitarios. Sólo algún hatajo de ovejas pone una nota de pintoresquismo entre el amarillo de los chopos y el verde de los pinares. Nos dirigimos a Villarroya de los Pinares y atravesamos Miravete, acompañando al rumoroso río Guadalope, que acaba de ver la luz. Hasta Aliaga nos acompaña una sinfonía de colores y de tenues sonidos. Aunque lo más destacado es ese silencio elocuente que nos transmite diversas sensaciones, aparentemente contradictorias. Es la soledad de los valles azorinianos, la atracción de los parajes pintorescos que tanto sedujeron a románticos como Gustavo Adolfo Bécquer, la desnudez de la naturaleza machadiana, tan cercana a las vecinas tierras de Soria. Jornada de sensaciones y de nostalgia. Otoño apacible en medio de unos parajes con su peculiar encanto, lejos de la agitación de la gran ciudad.

VERUELA, SÍMBOLO Y TRADICIÓN

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     Hace siglo y medio, el poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer permaneció durante casi un año en una de las celdas del Monasterio de Veruela, cenobio cisterciense ubicado en la ladera norte del Moncayo. El escritor sevillano aprovechó los meses de su estancia para colaborar en la prensa madrileña y para recorrer el entorno privilegiado de este cenobio que acababa de ser desamortizado. Gustavo reflejó estas impresiones en nueve excelentes "Cartas desde mi celda". En una de ellas nos habla del castillo de Trasmoz, de la brujería y de un cementerio solitario, acogedor e incluso pintoresco.
     Diez años antes - en el otoño de 1844 - dos intelectuales de la época visitaban Veruela el día 1 de noviembre, entonces dedicado a todos los difuntos. Estos viajeros intrépidos, interesados por la belleza de los monumentos artísticos y por su pervivencia para la posteridad, plasmaron el el volumen "Aragón" de la serie artístico-documental "Recuerdos y Bellezas de España" sus impresionea ante la sublimidad de este recinto, abandonado por los monjes tras la desamortización de Mendizábal y convertido poco después en hospedería. En aquel otoño frío y desapacible, José María Quadrado y Francisco Javier Parcerisa experimentan una estremecida emoción al contemplar la soledad, la amenaza de ruina y el entorno agreste y casi inhóspito de un lugar presidido por la formidable mole del Moncayo, que ya había recibido las primeras nieves.
     El escritor balear y el dibujante barcelonés se dejan envolver por los ecos de la belleza natural y del latido artístico y expresan una serie de sensaciones aparentemente contradictorias, acordes con la estética de lo sublime y con la captación romántica del paisaje claramente connotativa. Así describe Quadrado la contemplación del monasterio de Veruela a mediados del siglo XIX:


          Un monasterio bizantino del siglo XII nos aguarda pues a dos leguas de Tarazona y a una milla del pueblo de Vera: situado  en reducida llanura, su horizonte tiene algo de austero que degenera en monótono, si el Moncayo no descollara en frente, dominándolo ora cual poderoso protector, ora cual deidad formidable, soplando sus helados vientos a través de los sonoros corredores y alfombrando asimismo los techos con el mismo blanquísimo velo que cubre casi todo el año su propia cabeza.

01/11/2007 12:04 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

IMÁGENES DE UN VIAJE

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     Desplazarse en coche una mañana pre-primaveral de un sábado de marzo da para mucho. O para casi nada, según como se mire o se enfoque. Tomar la Vía Hispanidad y luego el inacabado Cuarto Cinturón nos acerca a los montes de Torrero y al futuro enclave del cacareado "Puerto Venecia". Muy cerca aparece el macroedificio de la multinacional sueca "Ikea", con su silueta azulada y su icono amarillo, solo y erguido en medio del páramo zaragozano. Un poco más a la derecha contemplamos las grúas que coronan los edificios de Valdespartera, cada vez más impersonales y abigarrados. A partir de ahí, nos dirigimos hacia Muel por le autovía mudéjar - la autovía eternamente inacabada -. A la izquierda,, edificios encadenados, construcciones anárquicas, urbanizaciones en pleno secarral: Cuarte, Santa Fe, Cadrete, María de Huerva, Mozota y Botorrita. ¿Les va a favorecer la cercanía a la capital del Ebro? El tiempo lo dirá.

     Ya en Muel, atravesamos un pueblo casi desierto, sesteando en esta mañana ventosa de marzo. Huele a cerámica, a cemento, a abono, a huerta, a primavera. Desde allí hasta Mezalocha, una carretera de las de antes, estrecha y sinuosa. Una carretera para ciclistas, para turismos de poca cilindrada, para el que no tiene prisa. Florecen los almendros y los manzanos. Las vides se mantienen todavía en la invernada. A lo lejos, el campanario de Mezalocha, que pide a gritos una restauración. Y, al fondo, el río Huerva, saneado pero cada vez más diminuto. Y un poco más arriba, el pantano, casi lleno, para tapar la boca a los agoreros y pesimistas. Es verdad que tiene que llover, pero no es para tanto. También hay que ahorrar y dosificar el uso del agua. Y pocos se lamentan de la irresponsabilidad de la mayoría.

     Son imágenes de una mañana de marzo camino de Mezalocha. Un viaje corto. Un viaje que nos ofrece una mirada distinta de la realidad. Un viaje que nos aparta un poco del tedio ciudadano, de los dimes y diretes de los políticos de turno, del agobio semanal, de los planes condenados al fracaso, de la incertidumbre de todos los días.

17/03/2007 17:16 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR LAS CINCO VILLAS

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   La mañana otoñal de este sábado de noviembre invita a romper la rutina laboral de la semana y a acercarse a una de las comarcas aragonesas más pintorescas. Esta comarca zaragozana hace de cuña entre la provincia de Huesca y la comunidad de Navarra. Nos encaminamos desde Zuera en dirección norte hacia Las Pedrosas, en dirección a Erla y llegamos a Luna. Pero nuestro destino es Biel, que nos sorprende por la solidez de sus casas señoriales, las estrechas calles empinadas y, sobre todo, la iglesia de San Martín, construida en el Renacimiento sobre una primitiva iglesia románica. Hoy conserva todavía su aspecto de fortaleza medieval, al estilo de tantas iglesias fortificadas como el castillo de Loarre. El paisaje es encantador y el río Arba se desliza humilde y presuroso por un valle verdeamarillo que rezuma otoño por todas partes.   

   Para el regreso elegimos otra ruta que nos acerca a Luesia, pueblo rico en monumentos y con buenos servicios. De camino hacia Ejea de los Caballeros dejamos a la derecha Farasdués, rico en granjas y en producciones agrícolas. La vista de Ejea desde la dirección norte no es nada atractiva. Parece un arrabal. Sin embargo, luego aparece la ciudad zaragozana con sus avenidas y su animación habitual. Del resto del camino destacaría la altiva y suntuosa torre mudéjar de Tauste y poco más. La lluvia otoñal nos acoge en Zaragoza y el verde de los campos se torna gris. Un gris otoñal y urbano. Un gris de noviembre.

HACIA EL PUERTO DE MAJALINOS

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   En la última etapa de esta minivuelta ciclista veraniega nos hemos dirigido hacia el este y hemos coronado el cuarto puerto de la semana: el puerto de Majalinos (1.450 metros) que sirve de límite entre la comarca de las Cuencas Mineras y la de Andorra, Sierra de Arcos. Hemos salido de Aliaga a las 9 de la mañana en un día fresco y un poco desapacible. De todos modos, la temperatura era ideal para pedalear. El primer núcleo habitado es La Aldehuela. Desde allí hemos contemplado el esqueleto de la central térmica y un pantano cada vez más anegado. (¡Qué lástima verlo todo así!) Una vez en al alto de La Aldehuela, hemos iniciado el descenso hacia la masada del Río y hacia el cruce de Boca Infierno. Un cartel en inglés indica que, a pocos kilómetros, hay una central de cogeneración eléctrica con gas, que algunos intentaron presentar con el ficticio cartel de piscifactoría. La polémica está servida.  Una vez atravesado el puente del río Guadalopillo, comienza una larga ascensión hasta el cruce de Cirugeda, pequeño núcleo rural perteneciente al ayuntamiento de Aliaga. Desde allí continúa la subida hasta La Cañadilla, otro pequeño caserío en el que sólo vive una familia durante todo el año. El paisaje es extraordinario: pinos, sabinas, enebros, acacias,... orlan ambos lados de la carretera y proporcionan sombra, humedad y sosiego. Desde La Cañadilla comienza ya el ascenso al Majalinos. No es un puerto demasiado duro porque la subida es progresiva. Además, con un buen desarrollo y un ritmo pausado, se puede alcanzar la cima sin demasiados agobios. Ya en la cumbre del puerto, reposo, tentempié, satisfacción y excelente panorama - como el que aparece en la fotografía -. Una buena etapa para cerrar esta breve temporada ciclista estival.

POR LA SIERRA DE TERUEL

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                                       Vista panorámica de Aguilar del Alfambra

Después de más de una semana sin escribir, quiero plasmar en esta página algunas de mis andanzas en bicicleta durante estos días. Mis quince días de vacaciones en Aliaga me brindan la oportunidad de recorrer los pueblos más cercanos. En otoño o primavera prefiero los pueblos de la Val - Cobatillas, Hinojosa, Jarque, Cuevas de Almudén y Mezquita -; sin embargo, en verano me inclino más por los pueblos de la sierra de Teruel. El clima más benévolo y mi mejor preparación me permiten ascender por la ribera del río Gadalope hasta Miravete de la Sierra, seguir hasta Villarroya de los Pinares y, tras un pequeño refrigerio en la Fonda Mari Carmen, continuar el ascenso hasta el puerto de Sollavientos (1507 metros). Una vez allí y, después de disfrutar de una excelente vista panorámica, el descenso hacia Allepuz es apasionante. Allí encuentro un restaurante a pie de carretera donde se puede almorzar con tranquilidad y degustar la famosa conserva. Tomo luego la carretera hacia Aliaga - ¡qué pena de pavimentación - y me encamino hacia Jorcas, pueblo pequeño pero con unos habitantes muy inquietos y emprendedores. Mi próxima etapa es Aguilar del río Alfambra, pueblo encantador, orientado al sur y cuna del padre del famoso escritor Vicente Blasco Ibáñez. Su alcalde Vicente y mi amigo Teófilo me hablan de proyectos de futuro para un pueblo que en invierno apenas ronda los cuarenta habitantes. Entre otros proyectos está la futura construcción de un edificio que albergará los servicios esenciales para el pueblo. Este Multiservicio, que ya funciona en otros pueblos como Olba o La Cañada de Benatanduz, está dando buenos resultados y podrá frenar en cierto modo ese éxodo que es casi irreversible. Me comentan los habitantes de Aguilar que la gente acude para las fiestas y luego se va marchando a su lugar de trabajo o residencia. Hay un dato curioso: Ahora emigran más vecinos a Teruel que a Zaragoza, Valencia o Barcelona. Y algunos, como Teófilo se han comprado una casa en el pueblo y vuelven con asiduidad. Me voy satisfecho de Aguilar y continúo por la ruta de la sierra. Atravieso Camarillas - su iglesia sigue desmoronada - y tomo el camino hacia Aliaga. Buena travesía, excelente mañana. Cansancio en las piernas y frescura en la mente.

EL VALLE DE HECHO

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   La Val d'Echo o el Valle de Hecho es un paraje encantador en todos los sentidos. A pesar de la escasez de agua - aunque este verano se nota más verde que el anterior - emprender la ruta desde Jaca hasta Hecho, pasando por Puente la Reina, es un placer para la vista: una buena carretera nos acerca en dirección norte y paralelamente al río Aragón Subordán al pueblo de Hecho. Es una villa encantadora: rincones pintorescos, chimeneas originales, calles empedradas, limpieza y silencio por doquier.

   Pero lo mejor está por llegar: después de una breve visita al Monasterio de Siresa, del que sólo se conserva la iglesia de los siglos IX-XI, nos encaminamos por una carretera cada vez más estrecha y sinuosa a la Selva de Oza, uno de los rincones más salvajes y frondosos del Alto Aragón. Es una hermosa masa forestal de hayedos y abetos que cautiva al viajero e invita al paseo tranquilo, a la reflexión o al reposo. Es una auténtica selva que se dirige hacia el Puerto de Palo, lugar de paso desde Francia y ruta de muchos contrabandistas o evadidos de la Segunda Guerra Mundial. Hay que dejar el coche cuanto antes y caminar, aunque sea sin rumbo fijo. Cada recodo del camino tiene su encanto. La flora y la fauna se hermanan para recordarnos que aún quedan rincones naturales en el Pirineo, que a toda costa hay que cuidar, mimar y preservar.

LOS BAROJA Y TERUEL

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    El escritor, periodista y crítico literario Francisco Lázaro Polo sintetiza en un jugoso artículo, dentro de la sección “Cuadernos Turolenses” del último número de la revista TURIA, las impresiones de los hermanos Baroja – Pío y Ricardo –  como fruto de su recorrido por diversas comarcas de Teruel.          

    Es curiosa y poco conocida la breve estancia en Teruel del mayor de los Baroja, destinado al Archivo de Hacienda de la capital. En el capítulo “Otros relatos” de su obra Gente del 98 narra con asombrosa plasticidad y con un toque de humor su viaje desde Madrid a Teruel, hasta Cuenca en Ferrocarril y hasta Teruel en diligencia atravesando los Montes Universales, en plena Sierra de Albarracín. Ricardo lo califica de “Viaje Extravagante” y años después lo plasmará en dos aguafuertes de la serie Escenas Españolas: “Interior de una posada” y “Patio de una casa de labranza”.      

      La experiencia turolense de Pío Baroja fue más prolongada y enriquecedora. En varias de sus obras recuerda sus incursiones por distintas comarcas turolenses. En sus Memorias evoca un viaje en automóvil por el Bajo Aragón en compañía de José Ortega y Gasset. En La nave de los locos el autor nos cuenta sus andanzas por tierras turolenses por boca del personaje Alvarito Sánchez de Mendoza. Pero son las novelas Los confidentes audaces (1930) y, sobre todo, La venta de Mirambel (1931) las que mejor evocan la experiencia viajera del autor de La Busca por las tierras bajoaragonesas, el Matarraña y el Maestrazgo. La venta de Mirambel  es, sin duda alguna, la novela barojiana del Maestrazgo.        

     Una buena propuesta para compaginar dos aspiraciones culturales en este caluroso verano: leer la novela barojiana y visitar Cantavieja y su comarca. Especialmente Mirambel.  

18/07/2006 20:24 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

UN ENTORNO NATURAL PRIVILEGIADO

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            Este domingo me he desplazado con mi familia a Nuévalos para visitar el Monasterio de Piedra. Estuve allí hace más de veinte años y prácticamente no recordaba casi nada de lo que hoy hemos podido contemplar. Lo que más sorprende es que, en medio de una zona seca, casi esteparia, surja este vergel, este oasis natural. Todo ello gracias al curioso y original serpenteo de un río denominado precisamente río Piedra.

            Lo primero que hemos visitado ha sido el monasterio cisterciense del siglo XIII. Poco queda ya de ese cenobio, que fue primero castillo musulmán y después estuvo habitado por los monjes hasta el siglo XVIII. La desamortización de Mendizábal en 1835 y el abandono y saqueo posterior lo privaron de casi todas sus riquezas escultóricas. En 1940, cuando lo compró la familia Muntadas, sólo quedaba el claustro y algunas dependencias que hoy hemos podido visitar: la bodega, la sala capitular y el refectorio. Lo que más sorprende es la iglesia en ruinas y las huellas de una restauración barroca que afean el gótico original.

            Pero lo mejor estaba por llegar: la visita al Espacio Natural Protegido del Monasterio de Piedra. Iniciamos un recorrido de casi dos horas por un itinerario surcado de árboles centenarios, lagos naturales, originales cascadas, fauna autóctona y variada flora. Mientras recorría estas cuevas y pasadizos y ascendía o descendía escaleras, me venía a la memoria el viaje que José María Quadrado y Javier Parcerisa realizaron a este pintoresco lugar en el otoño de 1844. Estaba muy reciente la huella del saqueo de las guerras carlistas y el escritor menorquín y el dibujante catalán captaron con especial sensibilidad la huella que la naturaleza dejó en este rincón de la provincia de Zaragoza y el estruendo constante e imparable de esa singular cascada de 50 metros denominada “Cola de Caballo”. Hoy he leído en una inscripción que Federico Muntadas descubrió en 1860 la gruta Iris, que desciende paralelamente a la cascada y atraviesa materialmente la caída del agua. Me han entrado mis dudas, porque Parcerisa ya dibujó del natural en 1844 una litografía de ese preciso lugar. ¿Se podría acceder desde el exterior? Lo intentaré averiguar, si es posible.

            Día de visita a uno de los monasterios cistercienses de Aragón. Están mejor conservados el de Veruela y el de Rueda. Pero el de Piedra merece un viaje como éste para disfrutar de su entorno natural privilegiado. Es un regalo para los sentidos en este día del Medio Ambiente y en esta etapa de sequía y de abandono del paisaje.

04/06/2006 19:19 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

POR TIERRAS DE TERUEL

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            Fin de semana en Aliaga. Contemplo con deleite la tardía primavera machadiana, con el renacer de las hojas de los chopos que flanquean la orilla del Guadalope y el brotar de las flores de los manzanos y perales: excelente contraste cromático. A Aliaga llegamos desde Andorra, donde los alevines del San José han logrado un valioso empate en un terreno de juego en excelente estado. Visito la nueva Andorra, con aspiraciones a ciudad, y reflexiono sobre la despoblación en Aragón, especialmente en la provincia de Teruel. Andorra y algunas poblaciones cercanas del Bajo Aragón – Alcañiz, Alcorisa, Calanda, Albalate – se van a salvar de momento de esa despoblación galopante que deja a los pueblos vacíos, a merced de la hiedra y de las zarzas. Aliaga está en ese triste camino, aunque hay muchos núcleos rurales en Teruel que le aventajan en esta metáfora de la muerte. Contemplamos alguno de ellos desde la solitaria carretera que une la Venta de la Pintada con Aliaga: Ejulve, La Cañadilla, Cirugeda. ¿Qué ocurrirá en estas zonas dentro de unos cincuenta años? ¿Serán coto de caza para algunos privilegiados como pretende el señor Boné? De momento, las perspectivas no son nada buenas.

            Ya en Zaragoza, vivo el final de un día de Aragón poco reivindicativo y predominantemente lúdico. Calles tranquilas, ciudadanos relajados. Libros en Independencia y resaca de un sábado en el que el Real Zaragoza ha vuelto a dar la de arena y ha iniciado un declive que le puede llevar casi al abismo. ¿Ganará alguno de los cuatro partidos que quedan? Lo dudo. Que acabe pronto la liga y que termine esta pesadilla. Y, si puede ser, que sigamos con Cani y con alguno más de la cantera. Los demás pueden pedir carta blanca, siguiendo el ejemplo de Savio. Y con la Romareda en su sitio, por supuesto.

23/04/2006 18:34 josemarco Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

CANTAVIEJA

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Casi todos los pueblos del Alto Maestrazgo turolense tienen un encanto especial. Y todas las fechas son idóneas para dejarse caer por estas tierras frías y, aparentemente, inhóspitas. Uno de los núcleos rurales más importantes de esta comarca es su capital, Cantavieja. La he visitado recientemente y he vuelto a sentir el sabor agridulce que experimentó el joven José Antonio Labordeta cuando en el ya lejano 1967 realizó una excursión con sus alumnos del Instituto Ibáñez Martín y del Colegio Menor San Pablo. Én el último número de la revista Turia (76) aparece un poema que escribió el cantautor y que refleja el subtítulo del artículo: "Un soplo de libertad en pleno franquismo". Los versos no tienen desperdicio:

Nunca sabemos dónde está la vida.

La plaza - el polvo y la agonía la rodean -

aparece desierta. Tras de una ventana

- hay luto en el ánimo del hombre -

una mujer contempla las arcillas:

barrancos, como cadáveres abiertos

llenos de sol, reverberan hacia el silencio.

Alguien - siempre hay un náufrago

para contar la historia de las piedras - vende

frutas tempranas. Todo lo demás

tuvo su historia y ahora reposa.

Solo el campanario

suena la brisa

y abajo, lejanamente, un ganado dormita su tristeza.

Cantavieja pervive

como un gran esqueleto de la tierra.

ALCARAZ

Alcaraz.jpgHay sueños dulces y sueños amargos. Hay sueños agradables y sueños para olvidar. Mi sueño de hoy con Alcaraz ha sido dulce, agradable y nostálgico. Allí pasé dos años de mi vida como profesor en el pequeño Instituto comarcal "Pedro Simón Abril" y allí disfruté de un entorno paisajístico ideal: Sierra del Segura, nacimiento del río Mundo,... El pueblo es un tesoro artístico e histórico: Desde la torre del Tardón, hasta la plaza Mayor, sin olvidar sus calles recoletas y sus mansiones señoriales. Os invito a visitar esta villa de Albacete y que la contempléis en vivo, no como un sueño. Seguramente repetiréis y os llevaréis recuerdos inolvidables para soñar o imaginar con nostalgia
05/10/2005 20:55 Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

LA TRISTEZA DEL PIRINEO

canfrancgare04.jpgDespués de pasar tres días de descanso en Villanúa, vuelvo a Zaragoza con una cierta desazón y melancolía al comprobar cómo la nieve está prácticamente ausente de los montes más alto, los árboles han perdido su verdor y su lozanía, los embalses están bajo mínimos y los ríos parecen aprendices de acequias. Es la triste realidad de este verano sofocante que sólo nos trae noticias de catástrofes y de incendios.
Pero no toda la culpa la tiene la climatología ni el efecto invernadero. También el hombre puede solucionar algunos problemas puntuales que afectan - ¡cómo no! - a nuestras precarias y casi tercermundistas comunicaciones. Me refiero sobre todo al Canfranc y al lamentable estado de su estación, la mayor de España y una de las más espectaculares de Europa, varada como una ballena en descomposición y abandonada a la suerte más triste si nadie lo remedia. Hay una pancarta a la entrada muy expresiva: "Estación de Canfranc, vergüenza nacional". Lo demás habla por sí solo: Un único tren de ida y vuelta a Zaragoza que tarda ¡4 horas! en realizar su recorrido; unas vías obsoletas y un despacho provisional que parece un garito de los años de posguerra. ¡Qué lejos queda ya aquel 1928 en que Alfonso XIII inauguró solemnemente esta estación! Su futuro es poco alentador. Hace falta una gran inversión y los gobiernos francés y español parece que no están por la labor. ¿Seguirá así en 2008? Nadie lo duda. ¿Seguirá así si Jaca logra ser olímpica en 2014? Tal ver siga así o peor.
Es sólo un botón de muestra del abandono del Pirineo que, sumado a la adversa climatología, me deja una sensación agridulce que espero se alivie en otoño cuando la nieve vuelva a coronar sus cumbres.
21/07/2005 13:15 Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

VIAJEROS

El verano no sólo es una estación ideal para emprender un viaje, dada la teórica disponibilidad de tiempo y quizás de dinero. El verano nos invita a buscar lugares recónditos, extraños, pintorescos y sorprendentes. Y aquí, muy cerca de Zaragoza, tenemos el Pirineo, con sus encantos paisajísticos y sus rutas inolvidables. Hoy día estamos saturados de información al respecto: prospectos, libros, enciclopedias e internet. De todos modos, lo ideal sería ir a la aventura desde un lugar concreto. Recuerdo en este momento el Camping los Vives, cerca de Saravillo, en pleno valle de Gistaín. Es un lugar paradisíaco, situado a orillas del río Cinqueta y muy idóneo para emprender pequeñas excursiones o grandes rutas hacia un ibón, hacia un pico o en dirección a la frontera francesa. El camping dispone de ludoteca y de una biblioteca infantil y juvenil. Y ha mejorado últimamente sus instalaciones. Hay otras rutas y otros caminos...Lo importante es la ilusión y el afán de aventura, de perderse en lo desconocido.
15/07/2005 12:37 Enlace permanente. VIAJES No hay comentarios. Comentar.

EL MONASTERIO DE RUEDA

El Monasterio de Rueda está situado en un enclave privilegiado a orillas del Ebro, cerca de Escatrón y no lejos de Sástago. El lugar, restaurado en 2003 por la DGA, bien merece una mañana dominical. La paz que se respira allí, la explicación clara y didáctica de la cicerone, el murmullo del agua que movía la antigua y descomunal rueda para abastecer al monasterio...todo contribuye a acercarnos a esta abadía cisterciense que tuvo su apogeo en el siglo XIII y su declive hacia 1837 con la desamortización de Mendizábal. Lástima no podamos contemplar más que lo poco que queda en pie: La planta del templo, muy semejante a la de Veruela, el recoleto y humilde claustro, la biblioteca, el refectorio y, especialmente, la Sala Capitular, una de las dependencias mejor conservadas.
Queda mucho por hacer: mejora de accesos - en especial los últimos kilómetros -, restauración de la primitiva hospedería, restauración de la rueda que da nombre al monasterio,... Pero vale la pena visitarlo y contemplar en contraste entre la erguida torre barroca y el humilde y recoleto claustro. San Bernardo lo quiso así: sencillo y austero, como la filosofía de sus discípulos. Hay que recordar, además, que este cenobio formaba parte del camino jacobeo que empezaba en Tortosa y seguía el cauce del Ebro hasta Zaragoza.
06/06/2005 14:35 Enlace permanente. VIAJES Hay 1 comentario.


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