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josemarco

IMPRESIONES

UN PAISAJE INÉDITO

UN PAISAJE INÉDITO

            A pesar del tiempo desapacible, algunas tardes invernales invitan a perderse en medio de la naturaleza y disfrutar de la contemplación de un paisaje inédito. En la comarca valenciana de la Ribera todavía se encuentran algunos parajes alejados del ruido, ajenos al cemento y sin contaminación.

           Mientras paseo en bicicleta por las riberas del Júcar, recuerdo la experiencia de Santiago Ramón y Cajal cuando, recién instalado en Zaragoza, se perdía entre las frondosas y umbrías alamedas que flanqueaban la ribera de un caudaloso Ebro. Sus palabras son elocuentes:    

         Para los hombres capaces de saborear sus encantos, es el campo soberano apagador de emociones, irreemplazable conmutador de pensamientos. ¿Qué añade a nuestra alma – se ha dicho por alguien – un cielo azul y una vegetación espléndida? Nada, en efecto, para el hombre orgulloso, egoísta que, alimentado con sus propias ideas, vive siempre dentro de sí mismo; pero mucho, muchísimo para quienes saben abrir sus sentidos a las fiestas de la luz y a las bellezas del paisaje. (Mi infancia y Juventud) 

PASEO MATINAL POR EL GUADALOPE

PASEO MATINAL POR EL GUADALOPE

          La fría pero apacible mañana de Navidad invita a realizar un paseo por las orillas del Guadalope y contemplar las gargantas y plegamientos verticales que las rocas que conforman el Parque Geológico de Aliaga han configurado desde hace siglos. Cualquier geólogo que visite estos parajes que conducen hasta el pequeño barrio de la Aldehuela se quedará sorprendido y casi extasiado ante semejante maravilla de la naturaleza. A esto se añade el serpenteante fluir del río que se encamina por inercia hasta que fuera embalse de la central térmica de Aliaga, cada vez más anegado y condenado al abandono más irremediable.     

       Después de una empinada subida y de una curva en herradura, asoma el esqueleto grisáceo de la Térmica, cerrada  desde 1981. Veinticinco años de abandono, veinticinco años de desidia, veinticinco años de declive económico y de población. La parte del pantano que aún permanece, está cubierta por una ligera capa de hielo. El invierno se está cebando en este pintoresco rincón. Un invierno crudo, seco y atípico. Visitamos con un trabajador ya jubilado las antiguas instalaciones de la central: las tolvas por donde entraba el carbón, los pozos, las básculas,… Todo en completo abandono. Y, desde arriba, el edificio de la central, que mantuvo vivo a este pueblo durante treinta años. Ahora todo es desolación, soledad y silencio.      

          De regreso hasta la villa turolense contemplamos el trazado de las vagonetas que traían el carbón desde las tres minas - Las Eras, doña Marina y Campos – antes de que llegaran los camiones que surcaban día a día unas carreteras estrechas y rudimentarias. 

         Todo son huellas de un pasado cada vez más lejano, recuerdos semiborrosos de una infancia entre chimeneas, contaminación y mitos inalcanzables. Una mañana adecuada para recorrer sendas solitarias y caminos sin retorno. Como las minas, como la central, como la chimenea de la antigua fábrica de tejidos, como las casas vacías, como las huertas abandonadas. Precisamente ahora que llega el progreso. Por desgracia, demasiado tarde, y a contratiempo.

ES OTRA NAVIDAD

ES OTRA NAVIDAD

Navidad en el valle. Navidad en la sierra.

Navidad en silencio, en soledad alegre.

Navidad sin bullicio, sin prisas, sin agobios.

Navidad sin grotescos, torpes Papás Noeles.

Navidad en un pueblo pequeño del Maestrazgo.

Navidad sosegada. Navidad de contrastes.

Murmura el Guadalope, fugaz y cristalino.

Murmura suave el viento que acaricia la nieve.

 Es otra Navidad vivida desde dentro. 

Navidad de recuerdos. Navidad sin olvidos.

El paisaje se envuelve en un malva salvaje

y el monte se tapiza del verde de los pinos,

enebros y sabinas, como un belén de siempre. 

Navidad en Aliaga. Navidad como entonces:

sin agobios de luces o música estridente,

sin absurdos reclamos que invitan al consumo,

sin cemento a raudales, sin anuncios que mienten.  

Navidad con un plato vacío en cada mesa,

por si alguien se presenta sin el aviso previo

o la cita pendiente. Navidad bajo cero.

Navidad en familia, al calor de unos troncos.

Navidad donde bullen los anhelos de siempre.

FECHAS PARADÓJICAS

FECHAS PARADÓJICAS

   El 22 de diciembre ha sido siempre una fecha paradójica. Al menos, esa es mi modesta impresión. Alegría para unos pocos y desencanto para la mayoría. Dicen algunos que es el día de la salud. Yo diría que es el día de las buenas intenciones, de los deseos no cumplidos y de las promesas que quedan ahí pendientes.

   Siempre me ha gustado la musiquilla de la lotería y el monótono canturreo de los niños de San Ildefonso. Me recuerda mi infancia. Me recuerda una época de sueños, de ilusiones y también de pequeños desencantos.

   Hoy hemos descorchado unas botellas de cava para desearnos lo mejor todos los compañeros de trabajo. Necesitamos tranquilidad en la enseñanza. Necesitamos que los padres nos apoyen, que la sociedad nos apoye, que la prensa nos apoye. Ese es el auténtico deseo. Aunque no lo manifestemos en público. Porque el día a día nos sigue preocupando. Y hoy es un paréntesis con claroscuros: feliz para algunos y para los demás una mirada inquieta hacia el futuro.

FIN DE SEMANA PRENAVIDEÑO

FIN DE SEMANA PRENAVIDEÑO

       El fin de semana anterior a Navidad se desliza entre la niebla y el cierzo. El domingo se esfuma con rapidez. Muchos comercios están abiertos para facilitar las compras navideñas. Lo importante es que la gente compre, que consuma, que apure hasta el final la tarjeta de crédito. Ya llegarán las rebajas de enero, y los apuros para llegar a final de mes. ¿Qué ocurriría si los establecimientos comerciales abrieran sin interrupción? ¿Seguiría comprando la gente de madrugada?        

        Los menos consumistas se dedican a visitar museos – hay una exposición sobre el agua en Aragón en La Lonja y otra sobre las obras del Goya más joven en el teatro de Zaragoza – o a visitar el belén instalado en la plaza del Pilar. Cada vez es más grande. Parece un pequeño pueblo. Sólo le falta que los personajes sean reales – aunque se hielen de frío – y que los animales y las plantas produzcan y den fruto. Llegará un día en que el belén ocupe toda la plaza y tengamos que observarlo desde arriba, panorámicamente.     

        La tarde del domingo es breve, difusa, efímera. Se nota que estamos llegando al solsticio de invierno. Las tardes parecen noches y las noches se prolongan indefinidamente. En muchos bares contemplan rutinariamente la televisión. Maratón de partidos. Resultados caprichosos. Doses en la quiniela. Millonarios para el lunes, que espera agazapado en un rincón secreto.          

        Mientras tanto, la semana que se avecina será una semana de esperas. Espera de la Navidad. Espera de la lotería. Espera de algún viaje lejano. La vida es una espera. Así se solucionan los fracasos del pasado y los quebraderos de cabeza del presente. La espera como evasión, mientras el tiempo se nos escapa de las manos sin remedio. Como estas tardes invernales, mutiladas antes de comenzar.           

SOL Y GOLES EN EL CAMPO DEL SAN JOSÉ

SOL Y GOLES EN EL CAMPO DEL SAN JOSÉ

   Mañana de goles en el nuevo campo de la Unión Deportiva San José. Los alevines de segundo año han endosado una derrota escandalosa a los jugadores de Miralbueno: 12-0. Los espectadores queríamos que terminara cuanto antes el partido y que no se llegara al fatídico número trece. No es cuestión de abusar, ni de desanimar a los muchachos del equipo visitante. Doce goles son muchos goles. Y duelen mucho. Javier ha realizado un excelente encuentro y ha marcado tres goles. Ya era hora que se destapara y demostrara su clase. Parece que comienzan a confiar en él y, además, ha jugado en el puesto de delantero izquierdo.

   Además, hasta el día ha acompañado en este último partido de 2006. Por fin se ha ido la niebla y ha aparecido un sol de invierno, un "sol con dientes" - como decía mi madre. Todo ha contribuido a alegrar una mañana de despedidas, de buenos deseos y de venta de las últimas participaciones de lotería. A ver si esta noche el Zaragoza muestra su mejor cara ante un Valencia venido a menos y sin Cañizares. Sólo le vale la victoria si quiere seguir en el grupo de privilegiados. Clase no se falta y tendrá todo el ambiente a su favor. Menos el frío. Pero en estas fechas ya se sabe,... ¿No decíamos que no iba a llegar el invierno?

LOS VIEJOS OLIVOS

LOS VIEJOS OLIVOS

   Siempre se le ha asociado al olivo el calificativo de viejo, vetusto o centenario. Desde el huerto de Getsemaní hasta las composiciones de cantautores como Carbonell y Labordeta, sin olvidar al gran poeta Antonio Machado, los olivos han formado parte de un paisaje caracterizado por la adustez, lo otoñal y lo decrépito.

   Hoy he podido comprobar, sin embargo, que no siempre es así y que el olivo, este árbol de clima mediterráneo, brota en las tierras húmedas, flanqueando los campos de naranjos, con lozanía, altivez y frescura. Olivos de pocos años extienden sus ramas con ambición y cobijan bajo sus verdes "alas" a otros árboles más humildes. Son olivos jóvenes, con poco fruto, pero con un desarrollo ambicioso y exuberante. Hemos talado cuatro olivos en un pequeño solar porque se elevaban altivamente por encima de las paredes y amenazaban con crear un reino propio, un ecosistema único. Por una parte, me ha dado lástima. Y he recordado los viejos olivos del Bajo Aragón. Y los olivos que bordean la carretera de Belchite. Y los inmensos campos de olivares de Jaén. Y los olivos de Ahigal (Cáceres), que son motivo de un concurso literario desde hace bastantes años.

   De todos modos, me quedo con el olivo viejo, maduro, centenario. A pesar de su adustez y de su aparente decrepitud. 

OTOÑO APACIBLE

OTOÑO APACIBLE

   En la comarca valenciana de la Ribera Alta, en la comarca de Alzira, días aparentemente invernales como éste son, en realidad, jornadas apacibles. Pasear por los caminos que bordean los campos de naranjos a la hora del mediodía, contemplar un panorama verdeanaranjado con grandes extensiones de arbolado o buscar los templados rayos de sol en un recodo del camino, son pequeños placeres cotidianos a los que no estamos acostumbrados los habitantes de las sierras de Teruel o del valle del Ebro azotado por el cierzo o cubierto por la niebla.

   El agradable clima permite que, ya en diciembre, broten rebollones en las montañas de Bicorp, cerca de Navarrés. La temperatura suave va asociada a la lozanía de la huerta, al trabajo en el campo durante todo el año y  - por qué no - a las costumbres de los habitantes del mundo rural. Porque en las ciudades, los hábitos son muy semejantes y las conductas más miméticas y rutinarias. Aunque parezca paradójico, el campo nos brinda una oportunidad para el sosiego, la reflexión y la creatividad. Todo un regalo de la naturaleza.

JORNADA DE CONTRASTES

JORNADA DE CONTRASTES

   Hay viajes que nos proporcionan una visión de la realidad contrastada y, en ocasiones, complementaria. Desplazarse en menos de 24 horas de Zaragoza a Aliaga y de Aliaga a Massalavés nos ofrece un contraste de ambientes, de sensaciones y de colores. Del gris cárdeno que envuelve al viejo Belchite al llegar el crepúsculo, se pasa a la contemplación de la primera pequeña nevada de la temporada en las montañas más altas de Aliaga. Del frío amanecer turolense, se pasa a la tarde apacible de las tierras valencianas de la Ribera Alta.

   La vida está hecha de contrastes. Y el contraste alimenta las ilusiones y nutre la esperanza. También los recuerdos están tejidos de contrastes. Y los sueños están surcados de emociones opuestas con frecuencia a la cruda realidad. Por eso el viaje nos libera, nos abre los ojos a nuevos ambientes y colma nuestros sentidos de sensaciones distintas a las habituales.

   En Massalavés, muy cerca del Mediterráneo, el crepúsculo es más apacible, el clima más suave y la temperatura menos invernal. Pero también el contraste afecta al bullicio, al ajetreo, al continuo ir y venir de personas y automóviles. De la soledad más absoluta de muchos pueblos de la sierra turolense se pasa abruptamente al devenir casi multitudinario y prenavideño de personas. Sólo unos pocos prefieren la soledad de los valles o de la sierra, el silencio de las aldeas casi abandonadas, la melancolía de un otoño dulce y efímero.

TIEMPO SIN RETORNO

TIEMPO SIN RETORNO

   Se despide noviembre. Se despide un mes dulce y melancólico. Se nos va con sigilo, con sabor agridulce, con ansias de anticipo de un invierno cercano. Quedan atrás polémicas, declaraciones, promesas incumplidas, tareas inacabadas. Quizás se las haya comido la rutina. O la dejadez. O el silencio.  

   Se despide noviembre con el ocre en las miradas. Y el gris en muchos corazones. Con deseos de celebración y anticipos de puente. Y de Navidades. Aunque sean virtuales. Aunque sean profanas. Navidades sin nieve, laicas, secularizadas.   

   Se despide noviembre con exámenes, notas y muchas votaciones. Con problemas resueltos. Con problemas pospuestos. Con problemas eternos. Se agradece ya el frío. Y la nieve en las cumbres. Y los días tan breves. Y las tardes sin prisas al calor de la lumbre, en tertulia, en familia, o con un buen amigo. Viviendo ese presente que se esfuma sin tregua.  

  

  

NOVIEMBRE ATÍPICO

NOVIEMBRE ATÍPICO

   Avanza noviembre sorteando las nieblas y los fríos. Y las primeras heladas. Se acerca ya el mes de diciembre – inicio oficial del invierno – y da la sensación de que una primavera casi perpetua se está prolongando. Sólo se nota el otoño por las mañanas y al anochecer. Las ropas de abrigo siguen en el armario, aunque por la calle se ve de todo: ropa de verano y ropa de invierno. Los mayores no recuerdan algo similar. Al menos, eso dicen. Y los medios de comunicación insisten en el problema del calentamiento global del Planeta. ¿Qué Tierra heredarán nuestros descendientes?   

   Recuerdo noviembres fríos, gélidos, heladores. Hace cinco años estrené un tramo de la autovía mudéjar flanqueado por la nieve y con hielo en la calzada. ¿Será un año especial? O tal vez sean ciclos que se repiten cada cien o doscientos años. Porque, al parecer, el otoño de 2006 entra dentro de los cánones de la normalidad. Al menos, eso opinan algunos meteorólogos. ¿Quién tendrá la razón?  

   Pero, como decía mi amigo Matías, de algo hay que hablar. Y el tiempo es uno de los tópicos permanentes. Aunque haya otros problemas mucho más importantes como el acoso escolar, las obras de la Expo, la esperada tregua o la interminable guerra de Irak…  

  Hay que aprovechar estas tardes cada vez más cortas para disfrutar del sol. Y de la brisa suave. Y del paso implacable de los días. El frío llegará. Seguro. Y entonces nos acordaremos con nostalgia de los atardeceres apacibles de este noviembre aparentemente loco y atípico.

  

PUBLICIDAD SIN LÍMITES

PUBLICIDAD SIN LÍMITES

   No me ha sorprendido la noticia. Se veía venir. ¿Quién ha ganado el pulso por la incitación al consumo y el poder de las marcas? Evidentemente lo ha ganado la fiebre de la economía. No podía ser de otra manera. Además, han elegido unas fechas muy oportunas para anular la ley que ponía freno o limitación a las horas de anuncios por día en televisión. ¿Qué ocurrirá en las próximas Navidades? Que para ver un programa de veinte o treinta minutos, el sufrido teleespectador tendrá que soportar unos quince minutos de anuncios aproximadamente.

   Van a tener suerte los amantes de los anuncios. Pero la gran mayoría de los televidentes tendremos que zapear continuamente buscando alguna cadena que, en ese momento, no se halle en un espacio publicitario. La tarea puede ser ciertamente difícil. Por tanto, habrá que recurrir al vídeo o al DVD para ver películas o series sin interrupciones. O quizás acercarse al cine más próximo o alquilar la película más reciente. El bombardeo publicitario de las próximas Navidades aún está por llegar. Lo afrontaremos lo mejor que podamos. Quizás quedemos tan hartos que descansemos en enero de la televisión, cual si fueran unas rebajas. Todo sea para burlar esta imposición del sistema.

OTOÑEANDO

OTOÑEANDO

    Otoño agridulce y acelerado en la ciudad secreta. Otoño de pasión. Otoño de ilusiones y desencantos. Otoño de tonalidades verdeamarillas en el campo, en la montaña, en las riberas del alto Guadalope. Otoño de desencantos, de melancolía, de profunda y sincera verdad. Otoño idealizado, otoño de las utopías, otoño de los frutos tardíos. Otoño de libertad. 

A CÁMARA LENTA

A CÁMARA LENTA

   Se despereza el día, en esta mañana otoñal con sabor veraniego. La mañana toma cuerpo lentamente, a cámara lenta. A cámara lenta jugó ayer el Real Zaragoza, a ritmo sudamericano, una primera parte lamentable y soporífera. A cámara lenta avanzan las obras en Zaragoza: la calle Echegaray y Caballero sigue cortada durante meses; las obras de la Expo no acaban de convencer a los ciudadanos, la reforma del Seminario parece el cuento de nunca acabar. A cámara lenta avanzan las comunicaciones en Aragón: la línea de ferrocarril desde Canfranc a Francia sigue en eterno punto muerto; las obras de la autovía mudéjar avanzan a ritmo de tortuga; la mejora de nuestras carreteras se está demorando indefinidamente.

   Todo parece avanzar a cámara lenta, menos este tiempo fugaz que se nos escapa de las manos.

RECORDAR ES VIVIR DE NUEVO

RECORDAR ES VIVIR DE NUEVO

            Recordar es vivir de nuevo. Recordar es revivir con nostalgia vivencias del pasado, experiencias de infancia y juventud casi perdidas en el túnel oscuro de la memoria. Esas han sido tus impresiones mientras te dirigías a los huertos del río La Val en Aliaga a colocar de nuevo la palanca que, una vez más, se han llevado las últimas riadas del mes de julio. Impresiones nostálgicas, impresiones de melancolía teñidas de amarillo, como el manto de las hojas que anuncian el otoño que acaba de comenzar. Recuerdos agridulces tamizados por una memoria selectiva: la recogida de leña de los chopos que flanquean el río, la recogida de fruta con carretillos con la rueda de hierro, el caudal más crecido de los ríos, las truchas y los barbos que pescabas en el pozo cobijado por la roca enhiesta de La Porra. Rosario de recuerdos ya lejanos que, con la ayuda de otros habitantes de Aliaga mayores que yo, conforman un tejido de vivencias que, de no plasmarlas por escrito, se perderán definitivamente.

EL REGALO DEL AGUA

EL REGALO DEL AGUA

   El agua que ha caído en gran parte de España durante las últimas horas ha sido en algunos casos abundante, aunque no sirva aún para paliar la sequía. Pero lo que no se puede decir en algunos medios de comunicación es que estas últimas lluvias no van a servir para nada. ¿Adónde van entonces los más de cien litros que cayeron en Vivel del Río? ¿A dónde van las aguas de un Mijares crecidísimo? ¿Qué hacen con el agua que cayó en Almería, en Jaén, en Córdoba o en Cataluña? Si no se aprovechan estas ocasiones, la sequía puede ser crónica. Otro problema es el del despilparro y el del abuso del agua como si estuviéramos en un país nórdico.

   De todos modos, habrá que mirar al mar y pensar en las desaladoras. No es la mejor solución, pero no se puede descartar y dilatar así el problema indefinidamente.

¿SÍNDROME DE SEPTIEMBRE?

¿SÍNDROME DE SEPTIEMBRE?

    De entrada, no creo en el llamado "síndrome de septiembre". Es verdad que muchos profesionales, cuando vuelven a la rutina laboral, echan de menos los días relajados contemplando el mar o la montaña. Es verdad que muchos alumnos regresan a las aulas sin motivación alguna y con una pereza eterna a la hora de levantarse de la cama. Es verdad que el regreso a la gran ciudad conlleva cierta nostalgia del ambiente que dejamos en el pueblo o en la urbanización. Sin embargo, este mal llamado "síndrome" suele durar apenas dos o tres días porque en seguida se acerca el fin de semana y podemos saborear anticipadamente lo que intentaremos realizar para romper esa rutina laboral.

   Hoy han empezado las clases los alumnos de infantil y primaria. Mañana lo harán los de secundaria. Algunos - quizás unos pocos - regresarán motivados a las aulas; otros - tal vez la mayoría - indiferentes y los demás, apáticos. Pero lo importante es que volverán a reunirse con sus amigos y compañeros, que se contarán sus andanzas veraniegas y soñarán juntos con la próxima escapada o el próximo concierto pilarista. Lo importante es mirar hacia adelante, sin olvidar el presente. Soñar es gratis y el fin de semana está muy bien inventado. Sólo el regreso a la realidad permite relanzar nuevas ilusiones o nuevos proyectos. Lo demás sería la eterna rutina del ocio.

DÍAS DE SEPTIEMBRE

DÍAS DE SEPTIEMBRE

    Días de septiembre. Bochorno en el ambiente. Exámenes descafeinados y notas decepcionantes. Se preparan las aulas, se desempolvan los cuadernos, los libros y las mochilas. Se preparan las pizarras digitales y la tiza va a ceder el relevo al lápiz que se desliza sobre la pantalla.

     Días de septiembre. Calor pegajoso de julio y agosto. Último coletazo del verano. Fiestas en los barrios. Fiestas en los pueblos. En Aliaga comienzan prácticamente esta noche con la inauguración de las peñas. Más de quince peñas en un pueblo que en invierno ronda apenas los trescientos habitantes. Jolgorio en el ambiente y tensa espera del toro ensogado del sábado, uno de los actos estrella de estos días festivos. Lástima que haya desaparecido el mercado medieval. A ver si los camiones que transportan gas desde Sagunto también se unen a la fiesta y dejan tranquilo al vecindario por unos días.

    Días de septiembre. Aparente normalidad en Zaragoza. Tráfico lento y denso. Embotellamientos, obras y prisas de última hora. Todavía quedan algunas rebajas. Todavía colea el verano. A los barrios no llega casi nada. Sólo los ruidos nocturnos y algún que otro petardo de los que han sobrado. Ahora a soñar en El Pilar. Pero, de momento, a soñar en las fiestas de Aliaga. Aunque sólo sea un fin de semana fugaz. Como la vida misma.

EN EL PARQUE DE ORIENTE

EN EL PARQUE DE ORIENTE

     Estas tardes calurosas del final del verano invitan a acercarse a algunos de los numerosos parques de Zaragoza para leer pausadamente o para practicar algún tipo de deporte. Ayer, ya al caer de la tarde, nos desplazamos con Javier al Parque de Oriente, en el barrio de la Jota, para dar unos toques al balón y preparar así el inicio inminente de la temporada. Ya conocía este parque desde su inauguración y siempre me ha atraído por su amplitud y abundante sombra. Sin embargo, ayer me llevé una pequeña decepción al ver sus rótulos y mobiliario llenos de pintadas. También comprobé cómo un grupo de adolescentes -aburridos ya de tantas vacaciones- sesteaban en corro en una de las zonas de sombra y dejaban pasar las horas muertas. Pero lo que más me llamó la atención no fue el intenso olor a porro que salía del grupo, sino el rastro de basura que dejaron una vez abandonado el lugar. Y eso que la papelera estaba a menos de diez metros.

    Parece que la LOE (Ley Orgánica de Educación) va a implantar una asignatura de educación para los adolescentes. No sé si servirá para algo. Porque creo que la educación, los modales, el civismo,...se aprenden y se "maman" en la familia desde el momento en que se empieza a caminar. De lo contrario, las actitudes cívicas no sólo no mejoran sino que empeoran progresivamente. Quizás puede dar apuro o vergüenza a un muchacho ser coherente con sus principios. Igual lo tachan de raro o de exquisito. Es el mundo al revés.

LAS DOS CARAS DE LA CIUDAD

LAS DOS CARAS DE LA CIUDAD

            El regreso a Zaragoza después de un mes de vacaciones crea unas expectativas que sólo se cumplen a medias. Después del idealizado ambiente rural en el que uno ha permanecido alejado del tumulto, del agobio y de la contaminación acústica y ambiental, la incorporación paulatina a la ciudad supone contrastes, paradojas y algunas sorpresas. Contrastes entre lo que esperabas y lo que encuentras, entre lo que comenta la prensa y lo que observas paseando por tu barrio o por el centro de la ciudad. Porque esperabas algún carril-bici por la Gran Vía y no ves ni un esbozo; porque esperabas un avance considerable en las obras de la ciudad y sigue casi todo patas arriba. (Todos tienen derecho a su mes de vacaciones estivales). También se dan algunas paradojas: suciedad en las aceras y novedosa instalación de contenedores para depositar los excrementos caninos; tráfico fluido por el centro y problemas de aparcamiento en los barrios.          

           Pero lo más curioso es comprobar – al hilo de lo que lees en la prensa del día – que los inmigrantes (cada vez más numerosos) han contribuido a aumentar el PIB del estado español. Y los miras con una óptica distinta, más benévola e interesada. Compruebas también que la peregrina idea de cobrar peaje para acceder al centro de las grandes ciudades no encaja en Zaragoza ni por asomo. Porque han aumentado las calles peatonales – como la de Agustina de Aragón – y porque todavía los ciudadanos están por la labor de caminar, de patear las calles o utilizar el transporte público. Hasta que llegue el tranvía o el metro ligero. Pero de peaje, nada de nada. ¿Nos cobrarán peaje por respirar? Luis del Val lo comenta con ironía en su columna del Periódico de Aragón. El artículo no tiene desperdicio.